El cártel de Holly-CIA-wood (3): cine de propaganda al servicio de la CIA y el Pentágono (I)

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El cine de la CIA-Pentágono se puede decir que alcanza su punto de inflexión en el siglo XXI con el “pistoletazo” de salida del autoatentado terrorista de las Torres Gemelas en el año 2001. Curiosa “coincidencia” o no, la posterior guerra del imperio y sus socios contra el “terror” dará pie a que Hollywood se configure como una de las herramientas más visibles de legitimación de la política exterior de Washington y sus brazos armados. Aunque previamente, unos meses antes, una película patriotera, Pearl Harbor (2001) fue una preparación para lo que llegaría después. La televisión merecería otro capítulo aparte, con sus aburridas, postmodernas, propagandísticas y reiteradas series de policías con las que nos llevan fustigando desde hace varios años. Con notables excepciones, ya añejas (qué le vamos a hacer): por ejemplo, ese descriptivo teniente Colombo (Peter Falk) plasmado como un policía que sobrevive con cuatro “duros” y un coche Peugeot semidesvencijado, vistiendo casi indigente y hecho a posta un zote para engañar a los poco habilidosos e idiotas asesinos ricos; aquella Hill Street Blues de comienzo imprescindible (imposible olvidar la música de Ted Post) con alcohólicos (Kiel Martin, Daniel J. Travanti), sobrios (Michael Conrad), algunos mugrientos (Bruce Weitz), otros enérgicos (Dennis Franz), algunos humanistas (Joe Spano, Michael Warren) y, por qué no, a veces conmovedores policías y, también, por supuesto, abogadas para seducir irremediablemente (Veronica Hamel) o, en fin, la elegante Corrupción en Miami, que iba más allá de la obscena superficialidad de un Ferrari Testarossa, la estimulante (a veces) música ochentera de la “New Wave”, los cameos de Frank Zappa o Phil Collins y, cómo no, los trajes de Armani de la pareja protagonista (Don Johnson-Philip Michael Thomas), sobreimponiéndose la soberbia construcción analítica del personaje a cargo de Edward James Olmos, el Teniente Castillo y, ya más en un segundo plano, la presencia un tanto anémica de las dos protagonistas femeninas (Saundra Santiago-Olivia Brown). La ficción, entonces, era un cuento de hadas (sociológicamente casi eran de izquierdas) comparada con la cruda o cocida realidad de ahora, como bien se puede comprobar en esa epidemia de terrorismo policial que está sacudiendo al Tío Sam en los últimos tiempos.

En el  blog Screechingkettle se hace un muy buen análisis de una serie de películas que se considera de acusada propaganda imperial en este siglo y que han sido financiadas por el Departamento de Defensa y la propia CIA. En función de ello y para hacer una crítica con sentido (desde la óptica política, ojo, por tanto apenas se van a encontrar aquí, por no decir nada, elementos objetivos –o subjetivos- puramente cinematográficos) he decidido que tenía que ver al menos alguna de ellas (a pesar de mi congénita repulsión hacia el cine actual).  No he visto un par de ellas (las dos primeras), otras las abandoné a mitad de la sesión  y el resto he llegado hasta el final con la nariz tapada ya que ponerse una venda en los ojos no era lo más recomendable, por razones evidentes. Empecemos:

1. Pearl Harbor (2001)

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Esta es una película que se hizo por y para los militares del Pentágono, con supervisión directa, en el rodaje, del Departamento de Defensa. Destinada, principalmente, intuyo, a fagocitar el patrioterismo fácil entre el ciudadano medio consumidor de Macdonald’s, la Superbowl y la NBA. Dicen que Pearl Harbor fue una de las primeras falsas banderas. No he puesto especial interés en estudiar esta cuestión así que no voy a opinar o montar una conspiración alegremente sobre si hubo o no “false flag”, ni tampoco, obviamente, sobre sus supuestas “cualidades” cinematográficas, que las desconozco, ni es mi objetivo aquí describirlas, puesto que, fundamentalmente, de lo que se trata es de destripar su carácter político-panfletario-propagandístico que, sin, repito, haberla echado un vistazo, es lo que pinta.

2. The sum of all Fears (La suma de todos los miedos o Pánico Nuclear, 2002)

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Este film sería una demostración de cómo el Pentágono y la CIA pueden manejar y teledirigir a su antojo un guión en Hollywood. Aunque esta vez tuvieron a su escritor ultra favorito, Tom Clancy, para adaptarla libremente ya que éste había retratado originalmente en su novela a los siempre “odiosos” comunistas (el maccarthismo es siempre un fantasma altamente rentable), a unos palestinos de Hamás que trabajaban conjuntamente con Al-CIA-eda para, al parecer, montar un pollo en Denver (EEUU) y hasta algún renegado indígena americano sioux. Un cóctel de fascismo ideal para el patán medio americano, al que proporcionar un engendro con palomitas y Patriot Act. Pero el guión se reelaboró y se sustituyeron los “terroristas” favoritos de Hollywood (árabes y comunistas) por un despistado neonazi, algo que no hizo nada de gracia a los espectadores ultraconservadores norteamericanos que querían fidelidad a la obra escrita y no lo que ellos denominaban “sacrificio de la obra original en aras de la corrección política”. Tiene su guasa…pero esos criterios “correctores” fueron solamente de oportunidad política en el país que más brutalmente ha demonizado a los musulmanes. El avispero político anti-árabe lo azuzaron con el 11-s un año antes y simplemente, en el cine, dejaron la criminalización en “stand-by”. Con todo el resultado es, al parecer, una obra cien por cien propaganda imperial.

El autor del blog de referencia dice que la sumisión de la película al Pentágono fue el precio a pagar por utilizar los abundantes “juguetes” bélicos que proporcionó a este film el ejército norteamericano. El actor protagonista, Ben Affleck, parece ser que es el niño mimado de la CIA ya que en esta película (al igual que en Argo) interpreta a un agente de esa organización. Nada tendría de particular, lo de encasillarse en un personaje, si no fuera porque la afinidad de Affleck con la CIA ha ido más allá de una pantalla de cine ya que incluso fue a visitar las instalaciones de la Agencia en Langley, en “tour” personal acompañado del entonces jefe de la banda, George Tenet. Morgan Freeman es de suponer que saldría airoso del pastiche y daría vuelta y media al mediocre Affleck.

3. United 93 (2006)

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Predecible e infame propaganda de la versión oficial del 11-s, estrenada incluso de forma oportunista cuando se estaba produciendo el juicio contra un chivo expiatorio del 11-s, Zacarias Moussaoui, el presunto vigésimo secuestrador que se sacaron de la chistera los perpetradores de la fabulada y criminal opereta bufa de tan infausta fecha. United 93 es el nombre del vuelo (el cuarto avión) que dicen se “estrelló” en Shanksville (Pennsylvania) pero que, en realidad, fue detectado en el espacio aéreo de Indiana e Illinois, después de haber petado oficialmente en Pennysilvania (un caza del ejército americano se encargó de hacer un boquete en la tierra, cerca de una zona boscosa situada en las afueras de la localidad de Shanksville) gracias a la información proporcionada (indirectamente) por los Acars (registros liberados del FOIA) del despachador terrestre Ed Ballinger.

United 93 es un fraude hecho a mayor gloria de la versión oficial y los conspiradores. La película busca el recurso fácil, simplista y artificioso de impactar al espectador con el impostado y fabricado “heroísmo” de los pasajeros, antes que poner sobre la mesa cualquier elemento “crítico” con la versión oficial. El objetivo: inocular lo que fue un engaño de principio a fin adornado con recursos cinematográficos de película de entretenimiento. La Comisión Oficial del 11-s y los ejecutores del autoatentado debieron estar especialmente satisfechos y agradecidos con Greengrass

4. En tierra hostil (2008)

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La guerra-agresión de EEUU y sus aliados de la OTAN contra Irak ha sido trasladada, en los últimos años, al cine de Hollywood como vehículo de propaganda en favor del intervencionismo militar de EEUU en diversas partes del mundo. Esta En Tierra Hostil  ha sido una de esas deleznables operaciones de manipulación ideológica y justificación de la “guerra” por parte del imperio, en donde la directora (Kathryn Bigelow) se recrea a gusto con un guión fabricado enteramente por la CIA, a pesar de que, según dicen, no fue muy del agrado del Pentágono, ya que la bulimia compulsiva de los halcones militares del Departamento de Defensa exigía en pantalla “algo más de ardor guerrero”.

La síntesis de este libelo militarista la proporciona el autor del blog, Jon Reynolds, quién señala su carácter ferozmente propagandístico. Dice que en el mundo de las películas de propaganda de Hollywood, cuando fuerzas extranjeras atacan a los Estados Unidos son descritas como bárbaros salvajes que se lanzan en paracaídas sobre las escuelas y abren fuego contra los estudiantes. Aquí, además de la demonización colectiva ejercida sobre todo un pueblo, se invisibilizó, muy calculadamente, el millón y medio de muertos iraquíes ocasionados por el embargo y posterior invasión estadounidense, además de no reflejar el sadismo torturador de los marines “usanos” contra miles de personas inocentes e indefensas.

La perspectiva deliberadamente miope de Bigelow consiste en verlo todo bajo el prisma americano que, normalmente, suele ser profundamente maniqueo cuando se trata de glorificar a sus huestes de las barras y estrellas. Suficiente pecado y crimen para considerar a esta En Tierra Hostil como la plena justificación de un genocidio masivo en el que los americanos son retratados poco menos que como víctimas y no como lo que deberían haber sido: verdugos equiparables a la barbarie nacionalsocialista desatada en el frente oriental de Europa durante la II Guerra Mundial. Estas “justificadas aventuritas” del imperio ya se sabe que son unas cosas tan patriotas y oscarizables….

5. Iron Man (El hombre de Hierro, 2008)

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Se pregunta Jon Reynolds ¿Qué demonios está haciendo en esta lista Iron Man? Así es, una adaptación cinematográfica de un cómic de la serie Marvel parece una cosa ciertamente “superficial y aséptica” y, de partida, sin carga política para un consumidor que no busca ir más allá de visualizar en el cine un tebeo de “superhéroes”. Pero nuestro autor nos refresca la memoria sobre cuál fue el pasado de este personaje herrumbroso. El Hombre de Hierro fue, en origen, novelado (años sesenta) como un personaje anticomunista que servía a los propósitos de la guerra fría pero ha sido readaptado en esta película al fenómeno del “terrorismo” global, esa engañifa patrocinada, como es bien sabido, por EEUU-Europa-Israel. Si uno leía en el pasado infantil cómics de Marvel sin esa carga ideológica subyacente, ahora lo más lógico es que te parezcan una cosa bastante infumable y no digamos sus versiones adaptadas al cine, como ha sido el caso. Son las cosas de ir creciendo y tal..

Este Iron Man (Tony Stark, hombre de negocios en la ficción del cómic, interpretado por Robert Downey Jr) es una pieza más de propaganda del imperialismo americano que el blogger Reynolds apunta en una cita del crítico Robert Ebert: Iron Man es un superhéroe capitalista para quien la guerra es un buen negocio, y cuyo interés es garantizar que ese “negocio” siga funcionando ya que la guerra será siempre el mejor activo posible para lucrarse. Como la vida misma trasladada al complejo militar-industrial. Y es que, digo yo, los héroes de chatarra, cartón-piedra, plastilina y demás super-hombres americanos de Marvel-CIA pueden con todo (incluido el “comunismo”) y además son rentables asesinos a sueldo de Wall Street. Desde luego, no iban a ser aliados del NKVD, pero uno esperaba algo más de “neutralidad” cinematográfica. Algo así como un James Bond (la entrada que seguirá) luchando contra Spectra y su gatito persa (construido, solapadamente, todo hay que decirlo, como la encarnación de la maldad “comunista”).

En definitiva, Iron Man, además de aburrirme hasta el bostezo, rezuma el mensaje de siempre de los EEUU: somos los mejores (hasta que nuestros superhéroes de papel de fumar, los reales, salen escaldados de lugares como Vietnam). A la hora de la verdad, son los mejores en su propio país: disparando afroamericanos por la espalda.

Continuará…

El cártel de HollyCIAwood (3): cine de propaganda al servicio de la CIA y el Pentágono (II)

6. Skyfall (2012)

 

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Reconozco que el conservador, monárquico, anticomunista y mujeriego (o putero de alto “standing”) James Bond (JB) de Sean Connery o Roger Moore tenía un punto de nostalgia, sentido del humor y “savoir faire” casi empático…si lo comparamos con los prototipos de JB que han ido apareciendo en las últimas paridas del remozado JB. El actual sale perdiendo por goleada, incluido su predecesor (Pierce Brosnan, un actor que únicamente estuvo aceptable en la serie televisiva Remington Steele). Y es que reinventar el personaje en el siglo XXI es, literalmente, dejarlo deformado y, por tanto, irreconocible. Ese chulo diseñado con escuadra y cartabón, body-gym inexpresivo y anodino, llamado Daniel Craig, ya me resultó descafeinado cuando apareció en escena como el “nuevo” JB (Casino Royale). Así que no se podía esperar gran cosa de este Skyfall y menos de las anteriores entregas con papel protagonista para el susodicho armario.

Pero hablamos de la vieja propaganda política imperial. Y aquí (al igual que ha sucedido siempre con JB) hay repertorio en favor de la OTAN y los hijos de la Gran Bretaña. La excusa es el “ciberterrorismo”, como una suerte de analogía sobre Wikileaks (o PufoLeaks) para que veamos qué tipo de gente son los que filtran, supuestamente, los delitos de Estado. Aquí el malo de la peli (Javier Bardem) pilla secretos de la banda armada OTAN y otros conspiradores de Estado, como el servicio secreto británico en el exterior, el MI6, no por amor a una causa justa, como así debiera ser, sino por la típica y sobada venganza contra sus ex colegas de contubernio y cloaca.

El autor del blog sobre los once panfletos proCIA, Jon Reynolds, señala atinadamente que “los verdaderos James Bond de la vida real se infiltran en grupos como el ANC (la que fue organización guerrillera de Nelson Mandela), el Occupy Wall Street y otros movimientos de activistas en el mundo para engañarlos y manipularlosDe esta forma se organiza desde el Estado la represión contra la disidencia. Y, sin embargo, dice Reynolds, Skyfall está destinada a que sintamos lástima por esos tipos (los espías) cuando un mal llamado ciber-terrorista expone su engaño o crimen (el de los servicios de inteligencia) al mundo. Es decir, estamos ante un ejemplo de psy-op cinematográfica que, sin duda, funcionará hábilmente entre el rebaño (grande o pequeño) de crédulos. Que les aproveche a ellos y a la Reina Isabel de las Cogorzas.

7. La noche más oscura (2012)

 

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He aquí como legitimar la tortura y el asesinato de Estado en una pantalla de cine. La imperialista Kathryn Bigelow (que se empeña en mostrar que es más marimacho testosteronada que nadie) expone al espectador una construcción ideológica basada en una gigantesca mentira. Bajo el patronazgo absoluto de la CIA (como en su anterior obra “iraquí”) Bigelow realiza un subproducto fascista basado en una grosera representación de la “verdad” americana sobre la engañifa del teatro-“ejecución” de Bin Laden en Pakistán por los marines de EEUU. La diferencia entre esta película y el montaje que orquestó el Pentágono para mostrarlo al mundo es, como es lógico, ninguna. Ambas se funden en una sola por lo que cabe decir que primero se escenificó la farsa “real” (el “matarile” de Laden) y luego se realizó el metraje para dar consistencia a la opereta bufa binladesca.

No hace falta decir, por enésima vez, que el terrorista saudí Bin Laden estuvo a sueldo de la CIA en sus “años mozos” talibánicos, luchando contra los soviéticos, y que luego cayó en desgracia para Washington porque ya no le era útil, una vez caído el bloque comunista. Más exactamente, no les fue tan inútil del todo puesto que el barbas les vino de perlas para explotar el otro Gladio, el islámico, y sus prefabricados enemigos musulmanes. Bin Laden es altamente probable, y así se documentó en su día por diversos medios (incluida la ultraconservadora Fox News norteamericana), que falleció de muerte natural (era conocido que padecía una enfermedad renal) en diciembre de 2001, en las montañas de Tora-Bora, en Afganistán. Desde entonces, la CIA (hasta el año oficial de la muerte-ejecución de Laden, 2011) se dedicó a fabricar videos y audios falsos del saudí para seguir alimentando el mito del propio terrorista y, por extensión, el del terrorismo islámico, patrocinado por EEUU e Israel, básicamente mediante falsas banderas, para consolidar el dominio geopolítico de los globalistas.

Volviendo a los nexos de la CIA con este film, Jon Reynolds, sirviéndose del FOIA (el Acta de la libertad de información estadounidense) afirma que el guionista de La Noche más Oscura, Mark Boal, realizó cinco llamadas de conferencia a la Oficina de Asuntos Públicos de la CIA, a finales de 2011. Durante esas llamadas Boal informó a la CIA, línea a línea del guión, para que la Agencia editase las partes que “no le gustasen”. Además, Boal se sabe que visitó la misma sede de la CIA. La colaboración de la directora y el guionista de La Noche más Oscura con la CIA se hizo con el pleno conocimiento y aprobación del entonces director de la Agencia, Leon Panetta.

Por tanto, esta bazofia (que dejé de ver a mitad de proyección) se hizo, exclusivamente, para glorificar propagandísticamente a la CIA y sus métodos oscarizables de tortura y asesinato.

8. Argo (2012)

 

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Ergo…tocaba Irán y ya tardaban en las cloacas de HollyCIAwood en hacer la correspondiente propaganda contra la Revolución islámica a cuenta de la “crisis de los rehenes” de 1979. Algunos apuntes iniciales sobre este otro panfleto de la CIA son prometedores. Dice Jon Reynolds: Argo comienza así: “En 1950, el pueblo de Irán elige de Primer ministro al laico Mohammad Mossadegh, quién nada más tomar el poder nacionalizó las explotaciones petroleras británicas y estadounidenses, para devolver el petróleo de Irán a su pueblo.”Vaya, esto sí qué es una gran novedad. Una película norteamericana que critica, sin ambages, el imperialismo “usano” y se “posiciona” con los oprimidos. Pero nuestro autor echa rápidamente un jarro de agua fría: A partir de ahí, todo va cuesta abajo. Efectivamente, el engaño es para principiantes y hasta uno se creyó que la cosa iba a tener unas lecturas menos complacientes para los amos del mundo.

Una película que parecía iba a ser narrada en clave “progresista” (risas), deja de serlo a los pocos minutos para mostrarse como lo que realmente es: se trivializa el golpe de Estado de la CIA contra el presidente democrático Mossadegh y pasa directamente a configurar a los iraníes como previsibles fanáticos sedientos de sangre, mientras que la CIA es elogiada por la operación de rescate de los rehenes en la embajada USA en Teherán. Lógico que la Casa Blanca y la propia CIA estuvieran entusiasmadas con esta película. Una monumental patraña de este calibre (con el engañabobos “progre” del comienzo) no podía dejar de lado a sus “sponsorizadores”. Pero en el guión hollyCIAwoodiense faltaban algunos flecos capitales que hubieran dejado en evidencia toda la operación de la CIA en el asunto de los rehenes y que, lógicamente, habrían trastocado todo el film.

Fara Mansoor, un destacado intelectual iraní disidente, sostuvo hace algunos años, mediante miles de documentos que obraban en su poder, que la “crisis de los rehenes” fue una operación política creada por la facción pro-George Bush de la CIA con el propósito de crear una alianza con el fundamentalismo islámico de Jomeini. Todo ello con dos objetivos:

1) Que Irán estuviese libre de comunistas bajo el control del Ayatollah

2) Para desestablizar al gobierno del entonces presidente norteamericano, el demócrata Jimmy Carter, y colocar a George Bush en la Casa Blanca.

En USA habrían buscado a su Bin Laden-B (Jomeini) para luchar contra el laicismo comunista en Irán. Nada nuevo en las alianzas anticomunistas usanas, con tal de frenar y aniquilar a su gran enemigo histórico. Así pues, una vez logrado el objetivo interno de los “ayatollahs” del exiliado Jomeini de neutralizar a los comunistas iraníes, al igual que sucedió con el saudí Bin Laden en Afganistán, en Washington utilizaron la maquiavélica fórmula de demonizar a su anterior y provisional aliado teocrático para crear una guerra progresiva de desgaste contra el país iraní, que ha continuado hasta el día de hoy.

En síntesis, y volviendo a Argo, éste es otro subproducto realizado a mayor gloria de la CIA que tuvo la recompensa de llegar hasta los Oscars y hacerse con algunos de ellos. Pero los verdaderos triunfadores fueron, además de la propia CIA, el Pentágono y el lobby sionista de Israel.

9. Capitán Phillips (2013)

 

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Después de deformar la realidad del 11-s, con una potable porquería propagandística, como fue el United 93, el maniobrero y bufón británico de la CIA, Paul Greengrass, dejó hace un par de años otro recado intoxicador cinematográfico. Esta vez el turno era para los que dicen son “piratas” que actúan en las costas somalíes contra buques del Primer Mundo, esos que van a faenar (o robar) recursos pesqueros a las zonas más deprimidas del planeta. En el negocio sucio de la desinformación occidental los llamados “piratas” somalíes han sido, en los últimos tiempos, objeto de demonización cotidiana en los medios que manipulan y sesgan a su antojo a través de sus “noticiarios” y tabloides escritos.

¿Qué podía esperarse, entonces, de una película norteamericana sobre ese “conflicto” sino que resultara un instrumento en favor de la propaganda imperialista económica occidental? El autor del blog de referencia, Jon Reynolds, pone el dedo en la llaga cuando dice que se estima que 300 millones de dólares de recursos pesqueros es robado de las aguas de Somalia cada año. Sin embargo esto parece que no es peor que el secuestro de buques de carga occidentales. Y citando a The Independent señala que en 1991, el gobierno de Somalia colapsó en una crisis sin precedentes. Sus nueve millones de habitantes se han hundido en el hambre desde entonces y las multinacionales del primer mundo capitalista vieron una gran oportunidad para robar alimentos del país mediante sus barcos de pesca, además de verter residuos nucleares en sus mares.

Así es, los desechos radiactivos de las centrales nucleares, europeas o americanas, es el regalo envenenado que ha entregado Occidente a los somalíes como contrapartida del robo pesquero. Ironías aparte, (el autor) pone sobre la mesa algunas cuestiones incómodas sobre este muy serio asunto de la contaminación nuclear: tan pronto como el entonces gobierno somalí se fue del poder, misteriosos barcos europeos comenzaron a aparecer en las costas de Somalia, vertiendo enormes barriles con residuos nucleares en el océano. La población costera comenzó a enfermar. Al principio sufrieron erupciones cutáneas extrañas, náuseas y bebés malformados. Luego, después del tsunami de 2005, cientos de barriles con fugas radiactivas aparecieron en las costas somalíes. La gente comenzó a sufrir enfermedades por radiación y más de 300  personas murieron. Este acto de bandidaje internacional por parte de los depredadores de Occidente apenas tuvo trascendencia alguna en las brunetes mediáticas del Primer Mundo y tampoco Greengrass quiso reflejarlo en su película, ofreciendo únicamente una imagen distorsionada y pro-imperialista del “conflicto”.

En definitiva, Capitán Phillips es otro producto hecho por y para el capitalismo expoliador de EEUU omitiendo hechos que podrían hacer que el espectador valorase de muy diferente manera una película que resulta ser, en lo sustantivo, un canto al neocolonialismo de Wall Street. Si a ello añadimos esa odiosa y estúpida forma de hacer cine (y TV) de hoy en día, a golpe de “steadycam” (o baile de san vito de la cámara, en el que acabas además de mareado de muy mala hostia), que el guión es patético (cuatro tontos somalíes adolescentes hacen frente a un ejército de Navy Seals), que Tom Hanks me repele….Capitán Philips es simplemente olvidable cinematográficamente y, ya no digamos, políticamente.

  1. Pingback: El cártel de HollyCIAwood (3). Cine de propaganda al servicio de la CIA y el Pentágono (y II) | educacionlibreysoberana
  2. Ayala

    -Me acordé mucho de tí al leer en este blog, no puedo reproducir sus imágenes pero si no te importa agrego el enlace.
    http://elterritoriodellince.blogspot.com.es/search/label/C%C3%B3mo%20nos%20manipulan%20%28o%20una%20de%20las%20drogas%29

    Otra de espías (y de imbéciles)

    Los espías, los de siempre (ellos). Los imbéciles, los de siempre (nosotros). Continuando la saga de servicios secretos, espías, traición a la patria y secretos de Estado que os comentaba el lunes -por cierto, el fiscal alemán ha sido “obligado” a dimitir por ello, estamos en periodos convulsos en Europa y no conviene mostrar demasiado la patita neonazi- vamos con el mentor de todos: Estados Unidos.

    Han llegado a mis manos dos documentos, uno del Ejército de Tierra y otro del Ejército del Aire de EEUU sobre…. ¡películas y documentales que hay que ver y que no hay que ver! Son miles y miles de películas y documentales que el Pentágono estadounidense considera que hay que ver, o que no, en las y los que han influido, etc. Películas y documentales tanto de EEUU como de otros países. Pero no sólo, también programas de entrevistas en la televisión. O sea, de todo. Como son miles de páginas y no os vais a entretener con todas, os pongo sólo la primera parte para que al menos os hagáis una idea de lo que digo si no os molestáis en pinchar.

    Es de suponer que las democracias -¡ironía!- informen en los cines, en las televisiones o donde sea que tal película ha sido “supervisada” por el Ejército y ha dado su visto bueno para que se emita. Porque es sabido que las democracias no censuran y respetan la libertad de expresión. Supongo que nadie será tan estúpido como para pensar que es así. Hay un dato esclarecedor y que lo dice todo: el Pentágono censuró el guión inicial de la película “Iron Man”. Eso supone que los estudios enviaron el guión a los militares antes de ponerse a rodar.

    Los informes llevan unas calificaciones de las que desconozco su significado, pero seguro que son evaluaciones de películas y su idoneidad para transmitir los valores que le interesa al Ejército de EEUU transmitir. Y estos valores no sólo son de películas bélicas, sino de programas de entretenimiento en televisión como “MasterChef” o los numerosos “Got Talent” que se han puesto ahora de moda. Como no me puedo resistir, diré también que el Pentágono diseñó películas como “Gozdzilla”, “Transformers” o “Superman, el hombre de acero”.

    Hay otras calificaciones que son claras: “la evaluación que se hace es que su cancelación está en el interés del Ejército de EEUU”.

    Os puedo ofrecer una muestra de dónde hay inversión e intervención directa del Pentágono ahora mismo. Es solo una muestra, hay más, mucho más.

    Para mucha gente no será una sorpresa, pero sí merece la pena que lo difundáis por ahí. No por sabido deja de ser importante. Porque una cosa es saberlo y otra constatarlo. Tampoco falta el interés del Pentágono en los videojuegos como “Call of Duty”, del que se dice “ayuda a nuestras instituciones y mantiene nuestra superioridad de combate”.

    Hollywood está al servicio del imperialismo, es sabido. Los productores (excepciones habrá, pero son eso, excepciones) no dudan en aceptar la censura, en rehacer personajes, en cambiar escenas, en incorporar escenas o lo que haga falta. Así tienen acceso a lugares militares, a vehículos o lo que sea. Todo a mayor gloria del patriotismo. Y de sus carteras, que llenamos nosotros, los imbéciles, cuando vamos a ver una de estas películas. Por no repetir lo de ver la televisión y demás.

    El Lince

 

Fuente:  https://berlinconfidencial.com/2015/06/19/el-cartel-de-hollyciawood-3-cine-de-propaganda-al-servicio-de-la-cia-y-el-pentagono-i/

https://berlinconfidencial.com/2015/07/23/el-cartel-de-hollyciawood-4-cine-de-propaganda-al-servicio-de-la-cia-y-el-pentagono-ii-2/

https://berlinconfidencial.com/2016/03/05/el-cartel-de-hollyciawood-3-cine-de-propaganda-al-servicio-de-la-cia-y-el-pentagono-y-iii/

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