Historia: La Saturnalia como fiesta romana (ahora llamada Navidad).

25 diciembre 2012 [1]

Io, Saturnalia!

Filed under: religión — Mendigo @ 2:10

El cristianismo es de todo menos original. No deja de ser la herejía occidentalizante que se generó en la Palaestina helenística a partir de otra religión, la hebrea, que ya era un verdadero refrito de tradiciones religiosas más antiguas (Súmer, Egipto, Babilonia…).

Cuando el cristianismo alcanzó el poder político en el Imperio Romano tras la batalla del puente Milvio, tenía la fenomenal tarea de desmontar una inextricable red de creencias religiosas de muy diversas procedencias que se desarrollaban a lo largo y ancho del imperio. Frecuentemente, lo que hizo fue, incapaz de derribar el edificio, cubrir su policromía con una mano de pintura y pintarle cruces por encima. Este sincretismo religioso genera absurdos como la pléyade de vírgenes y santos que se fueron inventando para disimular los cultos paganos a los dioses, daimones, lares a los que el pueblo rendía culto en fuentes, árboles, colinas… Curioso para una religión que se dice monoteísta (tanto el islam como el protestantismo reaccionaron contra esta fantochada).

Los acontecimientos religiosos más importantes en casi todas las religiones están relacionados con el ciclo solar. Es el más básico, fácilmente observable y de mayores consecuencias, especialmente en sociedades agrícolas. La Iglesia disfrazó la fiesta del solsticio de verano y sus hogueras, tan antiguas como el mundo, como la fiesta de San Juan. El resultado es como ponerle un calcetín en el morro de un burro y pretender que es un elefante.

Otro ejemplo de cristianización cogida por los pelos: el día santo de la semana, el Domingo (Dominicus dies, es decir, día del Señor), no es más que el día del Sol Invicto, la jornada de descanso romana de la cual aún se acuerdan los anglosajones cuando descansan en el Día del Sol (Sunday).

Pero volvamos al otro solsticio, que como os imagináis es de lo que os quería hablar. Según la tradición cristiana, Juan fue concebido seis meses antes que su primo: Jesús. Así que si situamos el nacimiento de uno en el solsticio de verano, el otro cae medio año después, en…¡qué casualidad, el solsticio de invierno! Exactamente, en la celebración del triunfo del Sol (el Dios de Dioses) sobre las tinieblas, el renacimiento que ya lleva en sí la promesa de la primavera, el inicio de otro ciclo vital.

De esta forma, el cristianismo contraprogramaba el nacimiento de la otra deidad oriental que le disputaba la hegemonía esos días en Roma: Mitra (también nacido durante el solsticio de invierno de una virgen, como otros tantos otros Dioses de la Historia de la Superstición Religiosa).

Por estos días, los romanos celebraban las Saturnales, festividad en la que se homenajeaba al padre de Saturno, el Dios de la agricultura, uno de los Dioses más antiguos del panteón romano. Durante la semana que precedía al solsticio de invierno, se cerraban los negocios, los tribunales y las escuelas, la gente dejaba el trabajo y se dedicaba a festejar junto a parientes y amigos. Se intercambiaban regalos, abrazos y buenos deseos, se decoraba la puerta de la casa con coronas de hojas, los árboles se engalanaban con figuritas de terracota y en las casas lucían las velas ofrendadas por los amigos, era una época de paz en la que estaba prohibido declarar la guerra ni condenar a muerte (lo cual no tiene mérito, ya que ni el Senado celebraba sesiones ni, como hemos dicho, había juicios).

Sin nada que hacer en el campo, con las barricas llenas de vino joven, los silos de grano y acabado el tiempo de la ceba y llegado el de la matanza, era un tiempo de abundancia y de holganza. Durante estos días la gente se prodigaba con la comida, la bebida y el sexo, y se permitían las apuestas en los juegos de azar. Dentro de esta categoría entraba un tipo de juego muy parecido a nuestra lotería de Navidad, con bolitas y todo, muy popular.

Octavio y Calígula intentaron recortar los días festivos de la Saturnalia; infructuosamente, pues era una fiesta demasiado arraigada. Lo cual tiene su gracia pues muestra que el mismo Augusto tenía menos dominio sobre sus súbditos que la Espe (que sí que ha logrado cargarse los puentes en Madriz). Y es que a la lideresa sólo le falta nombrar emperador a su caballo, para asemejarse a Calígula. Aunque bien pensado, Ignacio González…

Incluso tenían una costumbre sospechosamente similar a nuestro roscón de reyes: en el banquete se comía una torta de miel y frutos secos (similar a nuestro turrón) con un haba seca puesta al azar dentro de la masa. Quien la encontrara, sería el rey de la fiesta, el princeps Saturnalicius, al cual habría que obedecer sin rechistar por muy peregrinas que fueran sus órdenes (que lo eran, ahí estaba la gracia). El rey podía ser cualquiera, también un niño o un esclavo.

Porque aquí acaban las semejanzas con la Navidad. El cristianismo consintió seguir celebrando este culto pagano bajo otro nombre, pero lo que no toleró es el carácter igualitario de la fiesta, el cual consideraba que atentaba contra el orden divino. Y es que, durante la Saturnalia, amos y esclavos comían de la misma mesa, y estos tenían licencia para hablar con libertad a sus amos, cubriéndolos de reproches. En algunas familias, portaban los vestidos de los amos (principalmente el pileus, marca del hombre libre) y se hacían servir la mesa por estos. Durante estos días locos la sociedad se volvía del revés, diluyéndose en la fiesta las convenciones y clases sociales.

Lamentablemente, esta confraternización interclasista no perduró a la cristianización de la fiesta.

Tras la prohibición con Teodosio de todo culto que no fuera el cristiano (medida radicalmente ajena a la tradicional tolerancia romana), el Imperio-Iglesia se vio ante la tesitura de tener que hacer la vista gorda, cambiando oficialmente el nombre de las cosas para no caer en el absurdo de poner fuera de la legalidad a la mayoría de la población, aún seguidora de los antiguos ritos. Como no podían impedir que siguieran celebrando el Natalis Solis Invictis, disimulaban haciendo creer que creían que lo que celebraban era el nacimiento del profeta de la nueva religión (años más tarde aupado a la categoría de Dios, en el Concilio de Nicea). Y con esa mentira oficial, todos tan contentos. Poco a poco, el poder consiguió que el origen de la fiesta quedara en el olvido, introduciendo el nuevo catecismo que, con la fuerza de los años, fue adoptado por la población en la ignorancia de que, bajo las formas cristianas, estaban aún festejando a los dioses de sus antepasados.

Nota: Forzar el nacimiento de Cristo en el solsticio de invierno (el Papa Julio I en el año 350…d.C) para desplazar cultos anteriores lleva a contradecir a su propio texto sagrado y lo que es peor, al mismísimo sentido común. Lucas (2:8) nos cuenta que un ángel se les apareció a los pastores que velaban el ganado para anunciar el natalicio. Nadie que tenga un poco de cerebro puede pensar que en lo más duro del invierno, la noche más larga del año, los pastores duerman al raso junto con el ganado (esta noche pronostican mínimas de 5ºC en Jerusalén, en cuyos alrededores está Belén). Aún hoy, en Palestina, el ganado es estabulado al final del otoño y no salen con los rebaños hasta acabar Marzo. Si Yahveh y los sionistas lo permiten.

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Para acabar os dejo con un divertido cómic sobre este asunto. Lástima que esté en lengua bárbara, pero creo que se sigue bastante bien aun para los que tenemos un nivel flojo.

La Saturnalia…¡Por Júpiter! Que estaban locos aquellos romanos

Por Plácido RODRÍGUEZ

Qué bonito es todo lo que envuelve la Navidad. Cuánta magia en sus orígenes. La ternura de la adoración de los pastores, el amor de los padres por el recién nacido, el calor que desprenden la mula y el buey. «… en el portal de Belén hay estrellas, Sol y Luna, la Virgen y San José, y el niño que está en la cuna…»

Sí, todo muy bonito, pero que no nos la quieran meter doblada con las fechas en las que ocurrió un acontecimiento tan relevante para la historia de la humanidad y de los centros comerciales, y menos con el desprestigio de un oficio ancestral en el que la gente estaba más que curtida física e intelectualmente en cuestiones climatológicas. Me refiero al pastoreo al aire libre, pues de la modalidad Indoor o pista cubierta no quedan reseñas de aquella época.

Si la Virgen María dio a luz en una cuadra, ¡qué le vamos a hacer! Pero… ¿Por el invierno? «Nasti de plasti». Que no, que en esa época del año, en Belén, en los Montes de Judea, como en cualquier otro sitio en el que  nevase o hiciese una rasca del copón, las ovejas se estabulaban donde buenamente se podía, las cuadras estaban llenas de animales y lo menos que quedaba era sitio para un matrimonio okupa a la espera de un recién nacido.

Según los evangelios: «En la misma región había pastores que estaban en el campo, cuidando sus rebaños durante la noche» (Lucas 2:8). Pues bien, por muy bucólica que pueda parecer la estampa, los pastores eran gente experimentada que no se quedaban al raso en una noche en la que te podía caer una helada que te dejaba más tieso que una mojama del Mar Rojo. Aquellos pastores sabían que no pintaban nada en medio de un paraje que, si no estaba cubierto de nieve, tenía menos pasto que la arena del circo de Roma. Bucólico, sí; pero más falso que una fotocopia del retrato de Poncio Pilatos.

Entonces, si Cristo no nació a finales de diciembre, ¿por qué se eligió esa fecha para conmemorar su nacimiento? Según palabras de un precoz filósofo romano que se estancó al poco de tanto pensar y pasó al anonimato por haberse entregado al vino y a las delectaciones mundanas: «Siempre que ocurre lo mismo sucede igual», y que es, en esencia, lo que lleva siglos haciendo la Iglesia Católica para sepultar los ritos paganos bajo el Credo, los muros de las iglesias y el calzado de la Santa Inquisición.

Los romanos celebraban la Saturnalia, que no era más que un festival que venía a representar el solsticio de invierno y servía para honrar al dios Saturno. Era una fiesta en la que se alborotaba mucho; en las calles el ruido era continuo —no sé por qué me vienen a la cabeza las fiestas del Carmen en Cangas del Narcea—, y las comilonas, borracheras y juerga eran el soporte básico de varios días de locura parrandera. Y claro, los cristianos, que aunque por aquella época eran pocos pero bien avenidos, no estaban precisamente de acuerdo con tanto desenfreno. Es por eso que se dice que la Navidad surgió para sustituir a la Saturnalia.

Siglos más tarde, al imponerse la religión cristiana en el Imperio Romano, un tal Justiniano que ostentaba el cargo de Rey hizo los posibles para que la Navidad fuese una fiesta más seria; aunque, con el paso del tiempo, existen indicios más que suficientes de que la voluntad humana tiende a retornar a su estado primigenio y disoluto.

Al parecer, además de ponerse «tibios», los romanos solían realizar en la Saturnalia intercambios de regalos, declarar treguas en las guerras,  y a sus esclavos les daban cierta libertad temporal. Podría decirse que la Navidad sustituye aquellas antiguas costumbres por otras más adaptadas a los tiempos modernos en los que el consumismo, el tráfico de armas y la explotación del prójimo continúan ejerciéndose con la cobertura que proporcionan las bendiciones papales y los anuncios de la Coca-Cola. Si bien es cierto que en España nos salva y nos guía, cuan hiciera el recto Justiniano,  el mensaje del Rey en Nochebuena.

 

Feliz Saturnalia a tod@s

Navidad y Saturnalia [3]

Jesús, el niño que no nació el 25 de diciembre

Aunque Papa Noel acapare todo el protagonismo, todavía están los villancicos, los belenes, las postales, y hasta los décimos de Lotería que nos recuerdan que el motivo de la fiesta de la Navidad es el nacimiento de Jesús. Pero no ocurrió así. Fue cosa del Emperador Constantino El Grande, hace unos 1700 años, que, actuando como lo haría un creativo publicitario de esta época, creyó conveniente hacer coincidir el nacimiento de Cristo con la fiesta pagana más multitudinaria y popular del Imperio Romano, el Festival de la Saturnalia, que celebraba el nacimiento de un “nuevo” Sol. Las Navidades del siglo XXI se van pareciendo cada vez más a aquellas bacanales romanas.

sol

La celebración más antigua y universal siempre ha estado centrada en el solsticio de invierno, un término astronómico que se refiere a la posición del sol. A mediados de diciembre, los días son muy cortos (en el Hemisferio Norte) y, después del solsticio, empiezan a alargarse de nuevo. En la antigüedad, imaginaban que el sol se hacía viejo, hasta morir, y que después nacía un niño Sol.

En el antiguo Imperio Romano, la fiesta del solsticio era el acontecimiento social más importante del año y se llamaba Festival de Saturnalia en honor a Saturno, el dios de la agricultura y las cosechas. El Sol Invencible (Sol Invictis) era otro de los dioses favoritos, cuyo nacimiento se celebraba el 25 de diciembre.

Cuando las tareas en el campo se terminaban y llegaba la noche más larga, los romanos se relajaban, colgaban la toga en el armario, se vestían de forma informal y se olvidaban por unos días de las reglas que les oprimían durante el resto del año. Todo empezaba en el templo de Saturno, con un estupendo banquete (lectisternium) y al grito multitudinario de “Io, Saturnalia”.

saturnal

El poeta Catullus (84 a.C-54 a.C) decía que eran “los mejores días” y Séneca El Joven (4 a.C-65 d.C) que “toda Roma se volvía loca” durante las fiestas: “La multitud se deja llevar por los placeres”, escribió.

Pero, como ocurre ahora con la Navidad, también había quien no quería ni oír hablar del tema: Plinio el Joven (63-113) cuenta que se aislaba en unas habitaciones de su Villa Laurentina: “Especialmente durante la Saturnalia, cuando el resto de la casa está ruidosa por la licencia de las fiestas y los gritos de festividad. De esta forma, no obstaculizo los juegos de mi gente y ellos no me molestan en mis estudios”. Cicerón (106 a.C-43 d.C) también se refugiaba en su casa de campo.

Intercambio de regalos

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Los romanos salían a la calle a bailar y cantar con guirnaldas en el pelo, portando velas encendidas en largas procesiones. La Saturnalia era una ocasión para visitar a los amigos y parientes e intercambiar regalos.

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Lo tradicional era regalar fruta, nueces, velas de cera de abeja y pequeñas figuritas hechas de terracota (figurines, abajo en la foto).

figurines

Quizás lo más curioso era el intercambio de roles: los esclavos actuaban como amos y los amos como esclavos. Incluso se les dejaba usar las ropas de su señor. Ese trato era temporal, por supuesto. Petronio (396-455) hablaba de un esclavo imprudente que preguntó en algún momento del año si ya era diciembre.

Los hijos también invertían los papeles con sus padres y pasaban a ser los jefes de la casa. Además, cada familia tenía que elegir un Rey de la Saturnalia, o Señor del Desgobierno, que podía ser un niño. Ese “rey de mentira” presidía las fiestas, y se le tenía que hacer caso, por muy extravagantes y absurdas que fuesen sus órdenes.

Excesos con la comida y bebida

Se cerraban las escuelas, los tribunales y las tiendas, se paraban las guerras, se liberaba a los esclavos, y los romanos cometían todo tipo de excesos con la bebida y la comida.

Era la fiesta de la libertad y la desinhibición, y se organizaban juegos, bacanales, bailes de máscaras y espectáculos desenfrenados que estaban prohibidos el resto del año. Los cristianos utilizaban el término saturnalia cuando querían decir orgía.

Las fiestas de Saturnalia comenzaban el 17 de diciembre y su duración varió a lo largo de los años. Cada vez era más larga, como ocurre ahora con la Navidad. Al principio, era un día. A finales del siglo I, duraban una semana. Hubo intentos de acortar las fiestas por parte del Emperador Augusto, pero también hubo quien propuso que se alargaran hasta finales de enero.

El nacimiento del Sol Invencible

Al final de la Saturnalia, el 25 de diciembre, se celebraba el nacimiento del Sol —Natalis Solis Invictis (nacimiento del sol invencible)— personificado en el dios Mitra. Aunque el culto a Mitra tenía orígenes persas, se convirtió en la religión dominante en Roma, especialmente entre los soldados.

Después del día 25, empezaba el festival de Sigillaria, dedicado, sobre todo, a hacer regalos a los niños: anillos, muñecos de terracota, sellos, tablas de escritura, dados, pequeños objetos, monedas, y, ¡bolsas llenas de canicas! Hay muchos bajorrelieves y documentos que reflejan a los niños romanos jugando a las canicas durante la Saturnalia.

canicasbajorelieve

Durante estos días, se decoraban las casas con plantas verdes, se encendían velas para celebrar la vuelta de la luz, y se colgaban figuras de los árboles. Pero no metían árboles dentro de casa. Los romanos sólo adornaban los que estaban plantados en la tierra. La tradición del árbol de Navidad tiene sus orígenes en el siglo XVI.

Cristianismo legalizado

Hacia la época del Emperador Constantino I (272-337), el cristianismo había avanzado muy poco y Roma era predominantemente pagana. El mitraísmo era la religión dominante y el cristianismo era ilegal. Pero Constantino I cambió las cosas después de tener una visión, antes de una batalla, en el año 312. Se dedicó a favorecer el cristianismo, sin dejar de rendir culto a los dioses paganos de Roma.

mitra

Por ejemplo, uno de los dioses romanos más populares era el Deus Sol Invictus, y los romanos lo adoraban un día a la semana, el Dies Solis (como en inglés, “sunday” = “día del sol”). Constantino, que era sumo sacerdote en el culto a Sol Invictus, decretó que ese día fuese también jornada de descanso y adoración para la los cristianos.

En el año 321, Constantino legalizó el cristianismo, y declaró que el día del “nacimiento del sol invencible”, que se celebraba el 25 de diciembre, debía ser considerado como una nueva fiesta cristiana para celebrar el nacimiento de Cristo. Con estas tácticas, no se alteraba el calendario romano, y las tradiciones paganas se fueron adaptando al cristianismo.

En el 350, el papa Julio I reconoció oficialmente el 25 de diciembre como la Fiesta de la Natividad.

Distintas opiniones

La Navidad llegó a Egipto hacia el año 432, y a Inglaterra al final del siglo VI. Alcanzó los países nórdicos a finales del siglo VIII.
En la actualidad, los cristianos occidentales lo celebran el 25 de diciembre pero los ortodoxos lo hacen el 6 de enero, basándose en las referencias de un académico griego, Clemente de Alejandría, que a su vez escribió sobre otro maestro griego, Basillides, que dijo que Jesucristo nació el 6 de enero. Clemente se refiere a la Fiesta de la Epifanía, que en España se celebra como el Día de los Reyes Magos.

Los primeros estudiosos cristianos, como el teólogo Orígenes (185-253), condenaban la celebración del nacimiento de Cristo “como si fuese un faraón”. Decía que sólo se festejaba el nacimiento de los pecadores y no de los santos. Hoy, algunos grupos fundamentalistas, como los testigos de Jehová, no celebran la Navidad, por su origen pagano. Tampoco los cumpleaños, dicho sea de paso.

¿Cuándo nació Jesucristo?

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Parece bastante claro que Jesucristo no nació en diciembre. Es muy improbable que los pastores durmiesen con sus ovejas a la intemperie en diciembre, cuando las temperaturas en Judea caían hasta bajo cero y era época de lluvias.

Se ha especulado con muchas fechas: el 16 de mayo, el 9 o 20 de abril, el 29 de marzo,…pero es algo imposible de averiguar con certeza. Hay gente dedicada a investigar la Biblia, como los de ASK (Associates for Scriptural Knowledge), de Wisconsin. Una de sus últimos estudios asegura que la Estrella de Belén que guió a los tres Reyes Magos —probablemente, una conjunción de Venus y Júpiter— ocurrió el 17 de junio del año 2 a.C. Para entonces, Jesús debía tener entre 0 y 2 años. Así que, según esta aproximación, Jesús pudo haber nacido en algún momento entre los años 4 a.C. y 2 a.C.

¡Haz lo inesperado!

Todavía hoy, muchas culturas celebran el solsticio de invierno. Para los pueblos indígenas, como aimaras, quechuas, rapanui y mapuches, la llegada de estas fechas coincide con la tradición de agradecer por el año anterior y pedir al padre Sol que retorne con mayor fuerza después de su retiro invernal.

La Saturnalia y las fiestas en torno al solsticio de invierno trataban de la familia, la fertilidad, el cambio, la renovación, la protección, el nuevo ciclo. Diciembre siempre has sido una época para la rebelión, la celebración, la esperanza. Sería una buena idea adoptar algunas de esas tradiciones paganas que se han perdido por el camino. Por ejemplo, el intercambio de papeles: con los niños, con los empleados, con los alumnos,… Frances Bernstein, en su libro Classical Living: Reconnecting with the Rituals of Ancient Rome, dice: “¡Agita las cosas un poco! ¡Haz lo inesperado! Porque estas acciones pequeñas recuerdan el espíritu de la Saturnalia y tienen importancia religiosa, al conectarnos directamente con la Naturaleza”.

Io Saturnalia! Ave Sol Invictus! ¡Feliz Navidad!

Fuente:

https://esmola.wordpress.com/2012/12/25/io-saturnalia/ [1]

http://lavozdeltrubia.es/2016/12/24/la-saturnaliapor-jupiter-que-estaban-locos-aquellos-romanos/ [2]

http://www.kindsein.com/es/15/tradiciones/362/ [3]

Otras:

http://www.sentadofrentealmundo.com/2011/12/la-fiesta-que-celebraba-la-igualdad.html

http://www.revistafeminity.com/cestas-navidad-imperio-romano

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