Los marranos: ¿víctimas o victimarios de España? I

Este texto del historiador revisionista Federico Rivanera Carlés es sumamente esclarecedor y hecha luz sobre algo que muchas veces nos preguntamos: ¿por qué se disolvió el Imperio Español?, ¿por qué la Argentina con sus formidables recursos naturales y humanos está como está?, ¿qué le pasa a la Iglesia?, ¿por qué el separatismo en distintas regiones de España?, ¿qué papel juega Portugal en el complot antihispánico y Brasil en el antiargentino?, ¿quiénes fueron los “bandeirantes”? En este trabajo veremos que el enemigo hace mucho que está entre nosotros: infiltrado en la nobleza española, en las familias tradicionales de Argentina y Brasil y hasta en la cúpula de la Iglesia. Buena lectura (pegué el texto completo):

– Introducción

– Prefacio

– 1. El Fenómeno Marrano

– 2. Practicas judaizantes y sacrilegios

– 3. El asesinato de San Pedro de Arbues

– 4. La influencia de los Cristianos Nuevos

– 5. Los Estatutos de Limpieza de Sangre

– 6. La internacional Mercantil y financiera Marrana

– 7. Los banqueros y mercaderes Conversos en España e Indias. Su gravitación social y politica

– 8. La invasión de conversos portugueses. Su importanca

– 9. Marranos, Comuneros y Herejes

– 10. La Guerra marrana contra España

– 11. Los conversos y la Leyenda Negra en la conquista de las Indias

– 12. La vigencia del marranismo

– Apéndice B. El crimen ritual del Santo niño de la Guardia

– Apéndice C. Conspiraciones y Planes para establecer un estado judio en Indias

– Apéndice D. El proyecto de Simon de Caceres para la conquista de Chile

Federico Rivanera Carles

INTRODUCCIÓN

En vísperas del V Centenario de la llegada a América y del Edicto de Expul*sión, España comienza a ser bombardeada por una campaña orquestada internacionalmente (1), mediante la cual se acusa a nues*tro pueblo de haber cometido un horrible genocidio contra !os virtuosos y ejemplares conciudadanos israelitas, a los que tanto debemos por su aporte excepcional y desinteresado en todos los campos de la ac*tividad humana. Por el inmenso daño que les hemos causado; los pobres judíos per*seguidos piden reparaciones, exigen que reconozcamos nuestros pecados y públicamente les pidamos perdón por ellos. Respecto a los judíos convertidos al cristianismo, los denominados en esa épo*ca como marranos, esa propaganda les presenta como víctimas de la monstruosa persecución inquisitorial, como seres mar*ginados sometidos al yugo despótico de re*yes sanguinarios, apoyados por un pueblo sumido en las tinieblas del oscurantismo medieval.

¿Es verdad esto? ¿Fue España una gigantesca cárcel para los judíos conver*sos, muchos de los cuales sufrieron el mar*tirio en aras de la libertad? Si los cristianos nuevos eran tan nobles y distinguidos com*patriotas, ¿por qué el odio y el desprecio popular? ¿Tan vilmente se han comportado los españoles?. No dispuesto a seguir la línea impues*ta por los historiadores a sueldo de los amos del planeta, el investigador argentino F.R.C. -un fiel español de ultramar- ha de*cidido salir al ruedo en defensa de España y de la Verdad. Su trabajo sintético pero integral, fácilmente comprensible y escru*pulosamente documentado, permitirá res*ponder a los interrogantes planteados: los judíos conversos, ¿vivieron en la miseria o en la opulencia? ¿Han sido leales o traido*res al pueblo español? ¿Mártires o asesi*nos de España? ¿Quién merece, en ver*dad, reparaciones? ¿Ellos, o el pueblo español?

PREFACIO

Para la mayoría de los españoles to*dos los judíos fueron desterrados de Espa*ña en el año 1492, excepto unos pocos que se hicieron cristianos, y en la actualidad existe una pequeña comunidad de judíos públicos. No sólo no conocen el judaísmo público sino tampoco el secreto, es decir, el marranismo. Después de la guerra civil comenzó el estudio sistemático del marranismo, pero !a tarea ha estado a cargo, por lo general, de conversos, ex-conversos y filojudios. En el campo nacional hasta ahora nadie se ha ocupado del tema. Peor aún, no se tiene !a menor idea de la existencia del problema converso, sin cuyo conocimiento no es po*sible aprender la Historia de España ni ex*plicar el presente. En estos momentos, en vísperas del V Centenario de la llegada a Indias y del Edic*to de Expulsión de los judíos públicos, Es*paña comienza a ser bombardeada por una mentirosa campaña orquestada internacio*nalmente, tan mendaz y canallesca como la que se lanzó contra la Alemania Nacio*nalsocialista.

Los pobres judíos persegui*dos exigen reparaciones por los daños in*mensos causados por la España atrasada e inquisitorial. Respecto a los cristianos nuevos, esa propaganda les presenta como víctimas de la monstruosa persecución in*quisitorial, como seres marginados someti*dos al yugo despótico de reyes sanguina*rios, apoyados por un pueblo ignorante. Urge, pues, realizar una activa campa*ña de esclarecimiento popular, para que el noble pueblo español recupere su memo*ria, conozca lo que sabían sus mayores acerca de los judíos conversos. La Historia enseña que el pueblo que no reconoce a sus enemigos es aniquilado por éstos. El esclarecimiento es, por tanto, la primera etapa de la liberación. No pretendo de ningún modo un estu*dio exhaustivo ni ser original. Mi objetivo es brindar una visión somera pero global, fá*cilmente comprensible y sustentada en pruebas irrefutables. Y sacar las conclusio*nes, todas las conclusiones que los demás callan y tergiversan. Con el objeto de documentar rigurosa*mente cada una de mis afirmaciones, no obstante afectar el estilo, he decidido recu*rrir a numerosas citas. Mi condición de cristiano viejo y de argentino, esto es, de español indiano, me habilitan para salir a la liza en defensa de España y de la Verdad, impidiéndome inte*grar el coro de los sirvientes del oro de Judá.

Federico Rivanera Calés, Buenos Aires, Enero de 1991.

1- El presente trabajo fué escrito antes de la celebración del V Centenario del descubrimiento de América. (N. del Editor)

1. EL FENÓMENO MARRANO

En sentido estricto se denomina ma*rrano, como se sabe, al judío convertido al cristianismo que continúa observando se*cretamente los ritos judaicos. Este vocablo por lo general se hace derivar del conocido anatema de san Pablo: “Siquis non amat Dominum nostrum lesum Christum sit anat*hema. Maran atha” (“Si alguno no ama al Señor, sea anatema. Nuestro Señor viene”, I Corintios 16, 22). Según algunos autores judíos la palabra, que designa al cerdo, ex*presa el odio popular hacia aquél, en tanto otros afirman que se trata de un término de raíz hebrea, el cual denota la conversión forzosa. (2) No obstante, parece que la expli*cación correcta es que marrano proviene del verbo marrar, del latín aberrare, “des*viarse de lo recto”, y del sufijo ano. Vale decir que la voz se aplicó en España, desde principios del siglo XV o antes, a los cris*tianos nuevos que se desviaban “del buen camino iniciado con la conversión”, (3) guardando de forma oculta el ritual hebreo.

El vocablo extendiose después al conjunto de los judíos conversos y se empleó para de*nominar al puerco, evidenciando el despre*cio y la indignación que en el pueblo espa*ñol provocó la conducta de los mismos. Marrano pasó a significar, pues, judío con*verso. Pese a la filiación hispánica de la voz, el fenómeno que así se denomina no co*menzó en la península ibérica, ya que se registra desde la aparición del cristianismo, tal lo demuestran las primeras sectas judai*zantes de ebionitas y nazarenos, compues*tas por hebreos convertidos. (4) Dejando de lado las conversiones forzosas, que no con*taron con el aval de la Iglesia, siempre hubo judíos conversos en todas partes, sobre todo durante los siglos XIV y XV en la Es*paña anterior al Edicto de Expulsión. Mu*chos de ellos judaizaban (empleo este equivoco término, debido a que está con*sagrado por el uso) y manteníanse en es*trecho contacto con los judíos públicos, in*cluso en tiempos de la Inquisición, aunque en menor medida, claro está. (5)

Blázquez Mi*guel escribe al respecto que los conversos “estaban muy relacionados con los verda*deros judíos”, señalando que “la visita de un converso a un hogar judío y su trato elevaba su prestigio entre ellos” (6). Son innumerables, dice, los “anusin, o sus descendientes, que continuaron manteniendo relaciones con las comunidades judías”, habiéndose dado inclusive el caso, en el año 1480, “que dos rabinos visitasen Guadalupe para cerciorarse sí los conversos de allí observaban adecuadamente el judaís*mo”. (7) No pocos asistían a las sinagogas (8) o iban a la judería a escuchar sermones. (9) Algunos llegaron a concurrir a ella los Jue*ves y Viernes Santos, “aunque les vieran los guardadores cristianos”. (10) Además, “en los primeros momentos del criptojudaismo, durante todo el siglo XV y parte del XVI, era frecuente circuncidar a los niños, pero cuando la Inquisición comenzó su tarea de aniquilamiento estas señales tan evidentes del judaísmo no podían ser realizadas y este rito prácticamente desapareció”. (11) La preocupación por observar de modo riguro*so el rito judaico era tal, que a fines del siglo XV los cristianos nuevos de Teruel solicitaron un rabino que les instruyese. (12)

Fueron esas prácticas judaizantes y no razones políticas ni de otra índole, las que impulsaron a los Reyes Católicos a decre*tar, el 31 de marzo de 1492, el destierro de los judíos públicos, a quienes se responsa*bilizó de las mismas: “consta y (a)parece el gran daño que a los cristianos (nuevos, F.R.C.) se ha seguido y sigue de la partici*pación, conversión (y) comunicación que han tenido y tienen con los judíos, los cua*les se prueba que procuran siempre, por cuantas vías y maneras pueden, de sub*vertir y sustraer de nuestra Santa Fe Cató*lica a los fieles cristianos, y apartarlos de ella, y atraer y pervertir a su dañada creen*cia y opinión, instruyéndolos en las cere*monias y observancias de su ley… Y como quiera que de mucha parte de esto fuimos informados antes de ahora, y conocimos que el remedio verdadero de todos estos daños estaba en apartar del todo la comu*nicación de los dichos judíos con los cris*tianos nos…”. (13)

Pese al elevado número de israelitas públicos que salió de reino -parte de los cuales regresó poco después para “convertirse”-, muchos optaron por hacerse cristianos, habida cuenta de las ventajas que ello entrañaba. Resulta evidente que la medida dispuesta pretendía la conversión forzosa de la mayor cantidad posible de judíos públicos, de lo contrario se hubiera declarado que, salvo excepciones, no sería admitida la conversión desde la promulga*ción del Edicto hasta el 31 de julio de 1942, fecha que vencía el plazo para abandonar la península. Las autoridades españolas creían sin duda que con el transcurso del tiempo y sin el contacto de sus conraciales públicos, se lograría la conversión sincera de no pocos de ellos y, sobre todo, de sus hijos. Sin embargo, los resultados no fueron los que se esperaban: una buena propor*ción de los neófitos siguió judaizando ocul*tamente y, lo que era más importante, muchos de sus descendientes continuaron haciéndolo durante siglos, pese a no estar en relación directa con los judíos públi*cos. (14) Los hechos demostraron, asimismo, que el resto de los “cristianos nuevos de judíos” no judaizaba simplemente por te*mor a ser descubierto, salvo un reducido grupo de indiferentes ala religión, quienes no por ello dejaban de ser judíos.

Por otra parte, los que creyeron que el destierro de 1492 tendría también como re*sultado la modificación de la conducta an*tisocial de los conversos, a causa de su apartamiento de los judíos públicos, se vie*ron defraudados por completo. En síntesis, las consecuencias de la “conversión” ma*siva provocada por la disposición real, no pudieron ser más funestas. El marranismo fue producto de la ig*norancia de la cuestión judía por parte de los no-judíos y !os judíos al bautizarse en*gañaban deliberadamente a los cristianos. Porque el judaísmo no es una religión sino una raza, la que posee una pseudo*religión para su uso exclusivo. (15) Los judíos siguen siendo judíos aunque se bauticen -del mismo modo que un negro bautizado no se convierte en blanco-, por lo tanto, el marranismo, se judaice o no, es sólo la transformación del judaísmo público en ju*daísmo secreto, lo que le otorga mayor pe*ligrosidad al hacerse más dificultosa su de*tección. Realice o no las ceremonias y ritos hebreos, en rigor todo judío judaiza porque no puede dejar de actuar como judío. La aplicación del término marrano a todos los conversos sin distinción reflejó esta realidad.

Son los cristianos quienes ingénua*mente aseguran la posibilidad de la conver*sión real de los judíos. Estos piensan de otra manera: “Ya fue dicho de antiguo que hay tres aguas que se pierden por comple*to: el agua del bautismo derramada so*bre un judío, el agua que cae en el mar y el agua que cae en el vino”. (16) No se puede ser judío durante cien generaciones, -ex*presa el hebreo Liamgot-, y de pronto le*vantarse una mañana como cristiano”, de ahí que los judíos al abrazar el cristianismo se limitasen a colocar un antifaz. (17) Pero éste no era usado solamente por un indivi*duo, se empleaba a través de las genera*ciones. Roth explica que “el fenómeno del marranismo va, sin embargo, más allá de la conversión forzosa y de la consecuencia práctica del judaísmo en secreto. Su carac*terística esencial es que esa fe clandes*tina transmitíase de padres a hijos. (18) Una de las muestras externas de esto son los nombres bíblicos que, usualmente, han dado a sus hijos. (19) Asimismo, los conver*sos proseguían ateniéndose a las leyes ra*ciales judías casándose entre ellos, exceptuando, desde luego, los consabidos matrimonios mixtos entre conversas y gentiles. (20) *Cabe poner de relieve que los judíos no practican sólo una endogamia racial sino también, parcialmente, familiar, costumbre ésta que entre los cristianos nuevos alcanzó particular desarrollo. (21)

2- Entre los primeros se encuentra el renombrado historiador Cecil Roth, Historia de los marranos, pp. 33-34, 2ª edic., ed. Israel, Bs.As., 1946. Lázaro Schallman, en cambio, dice que “en cuanto a la etimología de la voz marrano, nos parece más conforme a razón su inferencia de dos voces hebreas: ‘mar’, que significa a un tiempo ‘señor’ y ‘amargo’, ‘amargor’, y ‘anús’, que significa forzado. Obligados, forzados, a convertirse al cristianismo, los judíos de España y Portugal se reconocían diciéndose: Mar-anús, esto es, ‘Señor anús, o ‘El Señor es un anús’, o ‘Es amargo ser un anús’.” (L. Schallman, Diccionario de hebraismo y voces afines, p. 122; ed. Israel, Bs. As., 1952). En hebreo se llama a los marranos, anusím, vale decir, forzados (ibid., p. 34).

3- David Gonzalo Maeso, Sobre la etimología de la voz ‘marrano’ (crípto judio), en revista Sefarad, año XV, 2, pp. 382-383, Madrid-Barcelona, 1955. Este órgano de gran prestigio en el mundo judío, es publicado por el Instituto Arias Montano, dependiente del Conseja Superior de Investigaciones Científicas de España.

4- Marcel Simon-André Benoit, El judaísmo y el cristianismo antíguo, pp. 198 y 200, ed. Labor, Barcelona, 1972. Antes del cristianismo también hubo “marranos'”, esto es, judíos convertidos falsamente a las distintas religiones y con posterioridad, hasta el día de hoy, existen judíos que abrazan, a parte del catolicismo, los otros credos y sectas. El marranismo, en su significado más amplio, es inherente al judaísmo: “el marranismo es tan viejo como el judaísmo” (cf. Aarón Spivak, Judecamérica, en revista Judaica, año V, nros. 51-53, p. 109, Bs. As., septiembre – noviembre de 1937). A través de él los hebreos se introducen en la sociedad gentil y con su dinero y malas artes alcanzan posiciones dominantes.

5- Encarnación Marín Padilla, Relación judeoconversa durante ia segunda mitad del siglo XV en Aragón: nacimientos, hadas, circuncisiones, en Sefarad, año XLI, 2, pp. 273-275, Madrid. 1981. “La relación judeoconversa no fue sólo la que muestran los procesos inquisitoriales. Existía otra relación importantísima, la económica, simultánea y coexistente con otras relaciones de la vida de estos grupos” (cf. E. Marín Padilia, Relación judeoconversa durante la segunda mitad del siglo XV en Aragón: La Ley, p. 9, ed. de la autora, Madrid, 1986). Esta autora sefardí es quien mejor ha estudiado la relación entre conversos y judíos públicos en España.

6- Juan Blázquez Miguel, Inquisición y criptojudaísmo, p. 49, ed. Kaydeda, Madrid, 1988. El editor califica este trabajo como la “obra más moderna y profunda de cuantas hasta el presente se han acercado al apasionante mundo del criptojudaismo”. LLeva prólogo nada menos que del embajador israelí en España, Schlomo Ben Ami, quien pone de relieve que se trata de un “escrupulosamente documentado trabajo”. Por su patronímico es probable que dicho autor sea sefardí.

7- Ibid., p. 52.

8- José María Lacalle, Los judíos españoles, p. 111, 2ª edic., ed. Sayma, Barcelona, 1964.

9- Marín Padilla, Relación, etc.: La Ley, pp. 96-100.

10- Ibid., p. 159.

11- Blázquez Miguel, ob. cit., p. 55. Acerca de la práctica de la circuncisión entre los judaizantes, ver Marín Padilla, Relación, etc.: nacimientos, etc., pp. 290-300.

12- Manuel Sánchez Moya-Jasone Monasterio Aspiri, Los judaizantes turolenses en el siglo XV, en Sefarad, XXXII, 1, pp. 111, 132 y 136, Madrid-Barcelona, 1971.

13- Fray Fidel Fita, Edicto de los Reyes Católicos (31 marzo, 1492) desterrando de sus estados a todos los judíos, en Boletín de la Real Academia de la Historia, t. XI, pp. 514-515, Madrid, 1887. En el inciso A del Apéndice se reproduce este documento fundamental, al cual todos se refieren pero es poco conocido por el gran público. Para una mejor comprensión modernicé la grafía de los documentos antiguos, preservando el estilo.

14- Digo relación directa porque el contacto secreto, epistolar y a través de corresponsales y mensajeros, no se interrumpió jamás entre los judíos conversos y los públicos.

15- Ver Federico Rivanera Carlés, La naturaleza del judaísmo, ed. Instituto de investigaciones sobre la cuestión judía, Bs.As., 1985, Los iudíos son nuestros enemigos y El Judaísrno desenmascarado a través del Zohar, ed. cit., Bs.As., 1987. (Las dos últimas obras constituyen, respectivamente, las primeras antologías de las versiones castellanas del Talmud y del texto básico de la Cábala). El movimiento político judío es una falsa religión pseudomonoteísta que carece de fines trascendentes y sólo expresa el proyecto político de dominación mundial del judaísmo. Sus normas criminales y delictivas revelan el odio rrofundo hacia los no-judíos, a quienes los judíos anhelan únicamente oprimir. Esto no es una calumniosa invención de una mente febril, pudiendo verificarlo el lector en dichos textos judíos, así como en la literatura rabinica en general e incluso en la “profana”.

16- Salomón Iba Verga, La Vará de Judá, cit. por Alberto Liamgot, Marginalidad y Judaísmo en Cristóbal Colón, p. 40, Biblioteca Popular Judía, ed. Congreso Judío Latinoamericano, Rama del Congreso Judío Mundial, Bs.As., 1976.

17- Liamgot, ob. cit., p. 15.

18- Roth, ob. cit., pp. 13-14.

19- Pablo Link, El aporte judío al descubrimiento de América, p. 29, B.P. Judía, ed. C.J. Latinoamericano, Rama del C.J. Mundial, Bs. As., 1974.

20- Los casamientos mixtos casi siempre se realizan entre mujeres judías y gentiles, evitando asi que por una relación extramatrimonial nazca un goy puro: “mater certa, pater áncertus”. Al margen de las ventajas que entraña la influencia de la madre en la educación de los hijos, tales matrimonios permiten la penetraciórn e influencia de los judíos en la sociedad no-judía.

21- “A medida que las investigaciones acerca de los judaizantes portugueses y españoles van haciéndose más concretas y ceñidas, se va viendo con mayor claridad que constituían unos núcleos familiares muy cerrados, que practicaron la endagamia siglo tras siglo. Cuando se quebraba la ley de buscar pareja dentro del grupo familiar, se buscaba ésta dentro de la gente de la misma religión” (cf. Julio Caro Baroja, La sociedad criptojudia en la Corte de Felipe IV, p. 64, ed. Real Academia de la Historia, Madrid, 1963). (Este hecho no pasaba desapercibido a los cristianos viejos, a diferencia de nuestros días donde parece natural el matrimonio entre “cristianos”). El reputado historiador de los judíos españoles dice que la costumbre de casarse entre primos así como tíos con sobrinas, es típica de los cristianos nuevos (ibid., p. 73), registrándose en no pocas ocasiones el enlace entre un maduro o anciano viudo con la hermana de su nuera. Esta endogamia familiar ha resultado muy beneficiosa para el historiador y el genealogista: “La costumbre rígida y observada, generación tras generación, permite que podamos reconstruir las historias familiares con mucha más facilidad que en otros casos, ya que los archivos inquisitoriales dan materiales preciosos para esto” (ibid., p. 65).

2. PRACTICAS JUDAIZANTES Y SACRILEGIOS

Si bien poco importa que los judíos conversos se atengan a !os preceptos reli*giosos hebreos, en razón del carácter racial del judaísmo, será útil echar un vistazo a la conducta de los judaizantes. Encarna*ción Marín Padilla proporciona abundantes ejemplos de las costumbres judaizantes, que comenzaban desde el nacimiento. “Fue práctica entre algunos conversos judaizan*tes, -escribe-, tener dispuesta una nodriza judía que se encargaba de alimentar al niño recién nacido en cuanto llegaba de la igle*sia de recibir las aguas bautismales. Des*pués de haber sido bañado para hacer de*saparecer hasta el último vestigio del crisma bautismal, la nodriza se hacía cargo de él. Se trataba con ello de borrar todo indicio, huella o recuerdo en el nuevo cris*tiano, tanto en su interior como exterior*mente”. (22)

Al casarse un converso también era común que se realizara una doble boda, la judía y la cristiana. “A veces -manifiesta Blázquez Miguel- la ceremonia se celebra*ba en la iglesia y después en el hogar había una ceremonia suplementaria, ya plena*mente judía”, pero por lo general sucedía a la inversa. (23) Los conversos profesaban su odio vis*ceral hacia Cristo y su Iglesia. Entre ellos circulaban historias sacrílegas en las cua*les se negaba la virginidad de la Madre de Dios, a la que se vituperaba en forma soez. (24) “Las burlas e historias basadas en la vida y nacimiento de Jesús eran frecuen*tes cada vez que a él se aludía”, de modo especial en Semana Santa, dice Marín Pa*dilla. (25) Ante las procesiones era manifiesta la animosidad de los cristianos nuevos, “so*bre todo al ver pasar la cruz”. (26) Al paso de ésta ingresaban a sus viviendas, cerraban las ventanas o incluso atrevíanse a escu*pir. (27)

Era en Semana Santa cuando más se hacía sentir el odio de los cristianos nue*vos, que llevaban a cabo todo tipo de sa*crilegios, según se advierte en los numero*sos procesos inquisitoriales analizados por la nombrada. Por ejemplo, alrededor del año 1463, en la iglesia de San Pedro Mártir, de Calatayud, tuvo lugar una representa*ción nocturna de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo, oportunidad en que “unos siete u ocho conversos de la ciudad, entre ellos Juan Pérez de Santa Fe, alias de Ariza, y el trapero Martín Díez, presenciaban la escena riéndose y ‘hacien*do escarnio’.” (28) También en esos días eran más frecuentes las injurias contra Cristo y la flagelación del Crucifijo. (29)

Fue precisamente el Viernes Santo del año 1489 que se produjo el famoso crimen ritual del Santo Niño de La Guardia. La incesante propaganda judía (basada en trastocar los hechos, convirtiendo en vícti*mas a los victimarios) ha sostenido desde siempre que jamás los judíos han cometido asesinatos de esa naturaleza, atribuyendo la acusación a una ridícula calumnia anti*semita. Sin embargo, existen más que su*ficientes pruebas de numerosos crímenes rituales de cristianos perpetrados por los judíos, cuyas víctimas fueron en su mayoría niños de corta edad. Algunos de estos már*tires han sido canonizados o beatificados por la iglesia, como Santo Domingo de Trento. (30)

En España se registraron varios de estos asesinatos, entre ellos el del niño Domingo del Val, ocurrido en 1250 en Zaragoza. (31) El horrendo crimen de La Guardía interesa aquí porque en él participaron judíos conversos. Los asesinos públicos fueron Ca Franco y sus hijos Jucé y Mosé Franco, el médico Juga Tazarte y David de Perejón, en tanto que los conversos eran Benito García, Juan de Ocaña y los cuatro hermanos Franco, integrantes de una encumbrada familia marrana: Alonso, Juan, Lope y García. El Santo Oficio intervino y luego del auto de fe que se hizo en Avila el 16 de noviembre de 1491, los criminales fueron entregados al brazo seglar y quema*dos, relajándose las estatuas de Mosé Franco, Juan Tazarte y Perejón, fallecidos con anterioridad al descubrimiento del he*cho, que causó honda conmoción. (32)

Este asesinato ritual influyó, a juicio de Fita, en el decreto de expulsión de los judíos públi*cos: “Las piezas del proceso inquisitorial, donde se atribuye a los judíos la perversión de los judaizantes, pudieron y debieron ser*vir para razonar o fundar el motivo capital que el edicto alega; esto es, el daño de inducción y perversión que a los cristianos (nuevos, F.R.C.) se había seguido y seguía del trato con los judíos”. (33) Refiriéndose a los sacrilegios conver*sos en el siglo XVI, Blázquez Miguel señala que a principios de la centuria en Córdoba, “ciudad que prácticamente estaba domina*da por los conversos”, “los sacrilegios me*nudeaban; las formas consagradas eran pi*soteadas, troceadas y arrojadas al excusado; se profanaba a una muñeca que representaba al Niño recién nacido y se parodiaban diversas ceremonias cristianas. Asimismo el bachiller (un marrano llamado el bachiller Membreque, F.R.C.) les daba cierta agua mezclada con otras sustancias para que los conversos que habían recibido la comunión con anterioridad vomitasen”. (34) Las profanaciones de la Santa Cruz eran muy frecuentes. “Como caso específico de un judaizante sacrílego, representativo de otros muchos, tenemos el de Hernando de Viseo, que azotó un crucifijo y fue quemado vivo por la Inquisición de Calahorra en 1559”. (35) Los actos sacrílegos aumentaron en el siglo XVII. “En las primeras décadas aparecen en diversas localidades de la ju*risdicción del Tribunal de Logroño personas procesadas por jugar al llamado ‘Juego de Jesús’.

El núcleo principal de este tipo de procesos se dio en Sangüesa, donde fue*ron detenidos todos los miembros de la familia de Pedro de Lumbier, en 1620. Este juego consistía en que una persona se sen*taba en un banco de la Locina, arrimado a la pared, con los brazos abiertos, al que se denominaba Cristo, y a ambos lados se colocaban otros dos y le sujetaban los bra*zos. Entonces de las habitaciones conti*guas salían todos los demás con sartenes llenas de agua, gritando: ‘Aquí los truenos’, y le rociaban el cuerpo y el rostro”. (36) Otro sacrilegio destacable fue el llevado a cabo por la conversa Catalina Silva, que destru*yó a martillazos una imagen de Nuestro Señor Jesucristo, enterrando los pedazos en el retrete de su casa. Este hecho acae*ció en Murcia en la mitad del siglo mencio*nado. (37) En las acciones sacrílegas se des*tacaba el numeroso clero cristiano nuevo. “En el momento de la implantación de la Inquisición, expresa dicho autor, son relati*vamente numerosos los religiosos judai*zantes que fueron por ella procesados… Muchos fueron condenados por este delito de profanación de formas religiosas, cosa que estaba fácilmente a su alcance…

Ejem*plo de esto, y uno de los primeros de que tenemos noticias es Pedro Fernández de Alcaudete, tesorero de la Catedral de Cór*doba. ‘Este sacerdote llevaba una hostia en el zapato, para pisarla continuamente’. (38) La gran cantidad de religiosos judaizantes que existían en la península se reflejó en los procesos inquisitoriales, abriéndose causas contra ellos en casi todos los Tribu*nales, desde el establecimiento del Santo Oficio hasta principios del siglo XVI, (39) y si con posterioridad decrece el número de en*causados siempre se registran procesos, algunos de ellos resonantes. Esta situación no se limitó al bajo clero, puesto que fueron procesados importantes dignatarios, tales como Juan Arias Dávila y Pedro de Aranda, Obispos de Segovia y Calahorra, respecti*vamente, hijos ambos de judaizantes conocidos. (40)

El odio de los conversos se extendía, como es de suponer, a los cristianos viejos, a quienes insultaban frecuentemente en sus conversaciones. (41) “Perros cristianos”, “perros”, “chinches”, “perros chinches”, eran las expresiones más comunes que empleaban para referirse a ellos, aparte de “muchos motes en hebraico”. (42) La práctica secreta de los ritos judíos no cesó ni aun en la época de mayor in*fluencia de la Inquisición. El propio Carlos V denunció que en el año 1518, en Aragón, se habían descubierto dos sinagogas, “que mucho tiempo han estado ocultas, donde algunos de esta generación se juntaban a judaizar con un rabí que los instruía en la ley de Moisés”. (43) También se registraron muchos casos en que supuestos conversos modelos, al salir de España o Portugal se “reconvertían” al judaísmo. El de fray Vi*cente de Rocamora es particularmente elo*cuente: “nacido en Valencia por el año 1600, había sido un fraile dominico famoso por su piedad y elocuencia, a lo cual debió su nombramiento de confesor de la infanta María, más tarde emperatriz de Austria, que lo tenía en alta estima. En 1643 desa*pareció de España. Volvió a tenerse noti*cias de él cuando bajo el nombre de Isaac estudiaba medicina en Amsterdam, y desempeñaba un rol prominente en la vida general de la comunidad”. (44) Por más es*tricta que sea la observancia del ritual de una religión, esto no implica de ninguna manera vivir de acuerdo a sus cánones. Por otro lado, la beatería externa, tan alejada de la verdadera religiosidad, es típicamente marrana y constituye la contracara de las prácticas judaizantes.

Podrá argüirse que han existido algu*nas relevantes personalidades conversas de intachable ortodoxia católica, autores in*cluso de tratados antijudíos. Sin embargo, es significativo lo acaecido con los hijos, nietos y parientes de los de mayor fama, como Pedro de la Caballería, autor de Ze*lus Christi contra judeos, Jerónimo de San*ta Fe, ex-rabí Jehosuáh Ha-Lorqui, que es*cribió el conocido Nehreomastix (El azote de los hebreos), y Pablo de Santa María, otrora rabí Selemoh Ha-Leví, obispo de Burgos y encumbrado personaje, autor de Scrutinium Scripturarem, sin duda el más célebre de los cristianos nuevos españoles. Francisco de Santa Fe, hijo de Jerónimo, fue uno de los que planearon el cobarde y brutal asesinato del inquisidor de Aragón, Pedro de Arbués, a cuyos asesinos prófu*gos brindó auxilio Alfonso de la Caballería, hijo de micer Pedro. Jaime de la Caballería, otro de los hijos del rabino converso, que actuó en la campaña de Nápoles al lado de Fernando el Católico, fue procesado y pe*nitenciado por delitos judaicos el 25 de mar*zo de 1504; (45) Juan de la Caballería, sobri*no carnal de micer Pedro (46), murió quemado por judaizante el 8 de julio de 1491, siendo penitenciada nueve
– Introducción

– Prefacio

– 1. El Fenómeno Marrano

– 2. Practicas judaizantes y sacrilegios

– 3. El asesinato de San Pedro de Arbues

– 4. La influencia de los Cristianos Nuevos

– 5. Los Estatutos de Limpieza de Sangre

– 6. La internacional Mercantil y financiera Marrana

– 7. Los banqueros y mercaderes Conversos en España e Indias. Su gravitación social y politica

– 8. La invasión de conversos portugueses. Su importanca

– 9. Marranos, Comuneros y Herejes

– 10. La Guerra marrana contra España

– 11. Los conversos y la Leyenda Negra en la conquista de las Indias

– 12. La vigencia del marranismo

– Apéndice B. El crimen ritual del Santo niño de la Guardia

– Apéndice C. Conspiraciones y Planes para establecer un estado judio en Indias

– Apéndice D. El proyecto de Simon de Caceres para la conquista de Chile

Federico Rivanera Carles

INTRODUCCIÓN

En vísperas del V Centenario de la llegada a América y del Edicto de Expul*sión, España comienza a ser bombardeada por una campaña orquestada internacionalmente (1), mediante la cual se acusa a nues*tro pueblo de haber cometido un horrible genocidio contra !os virtuosos y ejemplares conciudadanos israelitas, a los que tanto debemos por su aporte excepcional y desinteresado en todos los campos de la ac*tividad humana. Por el inmenso daño que les hemos causado; los pobres judíos per*seguidos piden reparaciones, exigen que reconozcamos nuestros pecados y públicamente les pidamos perdón por ellos. Respecto a los judíos convertidos al cristianismo, los denominados en esa épo*ca como marranos, esa propaganda les presenta como víctimas de la monstruosa persecución inquisitorial, como seres mar*ginados sometidos al yugo despótico de re*yes sanguinarios, apoyados por un pueblo sumido en las tinieblas del oscurantismo medieval.

¿Es verdad esto? ¿Fue España una gigantesca cárcel para los judíos conver*sos, muchos de los cuales sufrieron el mar*tirio en aras de la libertad? Si los cristianos nuevos eran tan nobles y distinguidos com*patriotas, ¿por qué el odio y el desprecio popular? ¿Tan vilmente se han comportado los españoles?. No dispuesto a seguir la línea impues*ta por los historiadores a sueldo de los amos del planeta, el investigador argentino F.R.C. -un fiel español de ultramar- ha de*cidido salir al ruedo en defensa de España y de la Verdad. Su trabajo sintético pero integral, fácilmente comprensible y escru*pulosamente documentado, permitirá res*ponder a los interrogantes planteados: los judíos conversos, ¿vivieron en la miseria o en la opulencia? ¿Han sido leales o traido*res al pueblo español? ¿Mártires o asesi*nos de España? ¿Quién merece, en ver*dad, reparaciones? ¿Ellos, o el pueblo español?

PREFACIO

Para la mayoría de los españoles to*dos los judíos fueron desterrados de Espa*ña en el año 1492, excepto unos pocos que se hicieron cristianos, y en la actualidad existe una pequeña comunidad de judíos públicos. No sólo no conocen el judaísmo público sino tampoco el secreto, es decir, el marranismo. Después de la guerra civil comenzó el estudio sistemático del marranismo, pero !a tarea ha estado a cargo, por lo general, de conversos, ex-conversos y filojudios. En el campo nacional hasta ahora nadie se ha ocupado del tema. Peor aún, no se tiene !a menor idea de la existencia del problema converso, sin cuyo conocimiento no es po*sible aprender la Historia de España ni ex*plicar el presente. En estos momentos, en vísperas del V Centenario de la llegada a Indias y del Edic*to de Expulsión de los judíos públicos, Es*paña comienza a ser bombardeada por una mentirosa campaña orquestada internacio*nalmente, tan mendaz y canallesca como la que se lanzó contra la Alemania Nacio*nalsocialista.

Los pobres judíos persegui*dos exigen reparaciones por los daños in*mensos causados por la España atrasada e inquisitorial. Respecto a los cristianos nuevos, esa propaganda les presenta como víctimas de la monstruosa persecución in*quisitorial, como seres marginados someti*dos al yugo despótico de reyes sanguina*rios, apoyados por un pueblo ignorante. Urge, pues, realizar una activa campa*ña de esclarecimiento popular, para que el noble pueblo español recupere su memo*ria, conozca lo que sabían sus mayores acerca de los judíos conversos. La Historia enseña que el pueblo que no reconoce a sus enemigos es aniquilado por éstos. El esclarecimiento es, por tanto, la primera etapa de la liberación. No pretendo de ningún modo un estu*dio exhaustivo ni ser original. Mi objetivo es brindar una visión somera pero global, fá*cilmente comprensible y sustentada en pruebas irrefutables. Y sacar las conclusio*nes, todas las conclusiones que los demás callan y tergiversan. Con el objeto de documentar rigurosa*mente cada una de mis afirmaciones, no obstante afectar el estilo, he decidido recu*rrir a numerosas citas. Mi condición de cristiano viejo y de argentino, esto es, de español indiano, me habilitan para salir a la liza en defensa de España y de la Verdad, impidiéndome inte*grar el coro de los sirvientes del oro de Judá.

Federico Rivanera Calés, Buenos Aires, Enero de 1991.

1- El presente trabajo fué escrito antes de la celebración del V Centenario del descubrimiento de América. (N. del Editor)

1. EL FENÓMENO MARRANO

En sentido estricto se denomina ma*rrano, como se sabe, al judío convertido al cristianismo que continúa observando se*cretamente los ritos judaicos. Este vocablo por lo general se hace derivar del conocido anatema de san Pablo: “Siquis non amat Dominum nostrum lesum Christum sit anat*hema. Maran atha” (“Si alguno no ama al Señor, sea anatema. Nuestro Señor viene”, I Corintios 16, 22). Según algunos autores judíos la palabra, que designa al cerdo, ex*presa el odio popular hacia aquél, en tanto otros afirman que se trata de un término de raíz hebrea, el cual denota la conversión forzosa. (2) No obstante, parece que la expli*cación correcta es que marrano proviene del verbo marrar, del latín aberrare, “des*viarse de lo recto”, y del sufijo ano. Vale decir que la voz se aplicó en España, desde principios del siglo XV o antes, a los cris*tianos nuevos que se desviaban “del buen camino iniciado con la conversión”, (3) guardando de forma oculta el ritual hebreo.

El vocablo extendiose después al conjunto de los judíos conversos y se empleó para de*nominar al puerco, evidenciando el despre*cio y la indignación que en el pueblo espa*ñol provocó la conducta de los mismos. Marrano pasó a significar, pues, judío con*verso. Pese a la filiación hispánica de la voz, el fenómeno que así se denomina no co*menzó en la península ibérica, ya que se registra desde la aparición del cristianismo, tal lo demuestran las primeras sectas judai*zantes de ebionitas y nazarenos, compues*tas por hebreos convertidos. (4) Dejando de lado las conversiones forzosas, que no con*taron con el aval de la Iglesia, siempre hubo judíos conversos en todas partes, sobre todo durante los siglos XIV y XV en la Es*paña anterior al Edicto de Expulsión. Mu*chos de ellos judaizaban (empleo este equivoco término, debido a que está con*sagrado por el uso) y manteníanse en es*trecho contacto con los judíos públicos, in*cluso en tiempos de la Inquisición, aunque en menor medida, claro está. (5)

Blázquez Mi*guel escribe al respecto que los conversos “estaban muy relacionados con los verda*deros judíos”, señalando que “la visita de un converso a un hogar judío y su trato elevaba su prestigio entre ellos” (6). Son innumerables, dice, los “anusin, o sus descendientes, que continuaron manteniendo relaciones con las comunidades judías”, habiéndose dado inclusive el caso, en el año 1480, “que dos rabinos visitasen Guadalupe para cerciorarse sí los conversos de allí observaban adecuadamente el judaís*mo”. (7) No pocos asistían a las sinagogas (8) o iban a la judería a escuchar sermones. (9) Algunos llegaron a concurrir a ella los Jue*ves y Viernes Santos, “aunque les vieran los guardadores cristianos”. (10) Además, “en los primeros momentos del criptojudaismo, durante todo el siglo XV y parte del XVI, era frecuente circuncidar a los niños, pero cuando la Inquisición comenzó su tarea de aniquilamiento estas señales tan evidentes del judaísmo no podían ser realizadas y este rito prácticamente desapareció”. (11) La preocupación por observar de modo riguro*so el rito judaico era tal, que a fines del siglo XV los cristianos nuevos de Teruel solicitaron un rabino que les instruyese. (12)

Fueron esas prácticas judaizantes y no razones políticas ni de otra índole, las que impulsaron a los Reyes Católicos a decre*tar, el 31 de marzo de 1492, el destierro de los judíos públicos, a quienes se responsa*bilizó de las mismas: “consta y (a)parece el gran daño que a los cristianos (nuevos, F.R.C.) se ha seguido y sigue de la partici*pación, conversión (y) comunicación que han tenido y tienen con los judíos, los cua*les se prueba que procuran siempre, por cuantas vías y maneras pueden, de sub*vertir y sustraer de nuestra Santa Fe Cató*lica a los fieles cristianos, y apartarlos de ella, y atraer y pervertir a su dañada creen*cia y opinión, instruyéndolos en las cere*monias y observancias de su ley… Y como quiera que de mucha parte de esto fuimos informados antes de ahora, y conocimos que el remedio verdadero de todos estos daños estaba en apartar del todo la comu*nicación de los dichos judíos con los cris*tianos nos…”. (13)

Pese al elevado número de israelitas públicos que salió de reino -parte de los cuales regresó poco después para “convertirse”-, muchos optaron por hacerse cristianos, habida cuenta de las ventajas que ello entrañaba. Resulta evidente que la medida dispuesta pretendía la conversión forzosa de la mayor cantidad posible de judíos públicos, de lo contrario se hubiera declarado que, salvo excepciones, no sería admitida la conversión desde la promulga*ción del Edicto hasta el 31 de julio de 1942, fecha que vencía el plazo para abandonar la península. Las autoridades españolas creían sin duda que con el transcurso del tiempo y sin el contacto de sus conraciales públicos, se lograría la conversión sincera de no pocos de ellos y, sobre todo, de sus hijos. Sin embargo, los resultados no fueron los que se esperaban: una buena propor*ción de los neófitos siguió judaizando ocul*tamente y, lo que era más importante, muchos de sus descendientes continuaron haciéndolo durante siglos, pese a no estar en relación directa con los judíos públi*cos. (14) Los hechos demostraron, asimismo, que el resto de los “cristianos nuevos de judíos” no judaizaba simplemente por te*mor a ser descubierto, salvo un reducido grupo de indiferentes ala religión, quienes no por ello dejaban de ser judíos.

Por otra parte, los que creyeron que el destierro de 1492 tendría también como re*sultado la modificación de la conducta an*tisocial de los conversos, a causa de su apartamiento de los judíos públicos, se vie*ron defraudados por completo. En síntesis, las consecuencias de la “conversión” ma*siva provocada por la disposición real, no pudieron ser más funestas. El marranismo fue producto de la ig*norancia de la cuestión judía por parte de los no-judíos y !os judíos al bautizarse en*gañaban deliberadamente a los cristianos. Porque el judaísmo no es una religión sino una raza, la que posee una pseudo*religión para su uso exclusivo. (15) Los judíos siguen siendo judíos aunque se bauticen -del mismo modo que un negro bautizado no se convierte en blanco-, por lo tanto, el marranismo, se judaice o no, es sólo la transformación del judaísmo público en ju*daísmo secreto, lo que le otorga mayor pe*ligrosidad al hacerse más dificultosa su de*tección. Realice o no las ceremonias y ritos hebreos, en rigor todo judío judaiza porque no puede dejar de actuar como judío. La aplicación del término marrano a todos los conversos sin distinción reflejó esta realidad.

Son los cristianos quienes ingénua*mente aseguran la posibilidad de la conver*sión real de los judíos. Estos piensan de otra manera: “Ya fue dicho de antiguo que hay tres aguas que se pierden por comple*to: el agua del bautismo derramada so*bre un judío, el agua que cae en el mar y el agua que cae en el vino”. (16) No se puede ser judío durante cien generaciones, -ex*presa el hebreo Liamgot-, y de pronto le*vantarse una mañana como cristiano”, de ahí que los judíos al abrazar el cristianismo se limitasen a colocar un antifaz. (17) Pero éste no era usado solamente por un indivi*duo, se empleaba a través de las genera*ciones. Roth explica que “el fenómeno del marranismo va, sin embargo, más allá de la conversión forzosa y de la consecuencia práctica del judaísmo en secreto. Su carac*terística esencial es que esa fe clandes*tina transmitíase de padres a hijos. (18) Una de las muestras externas de esto son los nombres bíblicos que, usualmente, han dado a sus hijos. (19) Asimismo, los conver*sos proseguían ateniéndose a las leyes ra*ciales judías casándose entre ellos, exceptuando, desde luego, los consabidos matrimonios mixtos entre conversas y gentiles. (20) *Cabe poner de relieve que los judíos no practican sólo una endogamia racial sino también, parcialmente, familiar, costumbre ésta que entre los cristianos nuevos alcanzó particular desarrollo. (21)

2- Entre los primeros se encuentra el renombrado historiador Cecil Roth, Historia de los marranos, pp. 33-34, 2ª edic., ed. Israel, Bs.As., 1946. Lázaro Schallman, en cambio, dice que “en cuanto a la etimología de la voz marrano, nos parece más conforme a razón su inferencia de dos voces hebreas: ‘mar’, que significa a un tiempo ‘señor’ y ‘amargo’, ‘amargor’, y ‘anús’, que significa forzado. Obligados, forzados, a convertirse al cristianismo, los judíos de España y Portugal se reconocían diciéndose: Mar-anús, esto es, ‘Señor anús, o ‘El Señor es un anús’, o ‘Es amargo ser un anús’.” (L. Schallman, Diccionario de hebraismo y voces afines, p. 122; ed. Israel, Bs. As., 1952). En hebreo se llama a los marranos, anusím, vale decir, forzados (ibid., p. 34).

3- David Gonzalo Maeso, Sobre la etimología de la voz ‘marrano’ (crípto judio), en revista Sefarad, año XV, 2, pp. 382-383, Madrid-Barcelona, 1955. Este órgano de gran prestigio en el mundo judío, es publicado por el Instituto Arias Montano, dependiente del Conseja Superior de Investigaciones Científicas de España.

4- Marcel Simon-André Benoit, El judaísmo y el cristianismo antíguo, pp. 198 y 200, ed. Labor, Barcelona, 1972. Antes del cristianismo también hubo “marranos'”, esto es, judíos convertidos falsamente a las distintas religiones y con posterioridad, hasta el día de hoy, existen judíos que abrazan, a parte del catolicismo, los otros credos y sectas. El marranismo, en su significado más amplio, es inherente al judaísmo: “el marranismo es tan viejo como el judaísmo” (cf. Aarón Spivak, Judecamérica, en revista Judaica, año V, nros. 51-53, p. 109, Bs. As., septiembre – noviembre de 1937). A través de él los hebreos se introducen en la sociedad gentil y con su dinero y malas artes alcanzan posiciones dominantes.

5- Encarnación Marín Padilla, Relación judeoconversa durante ia segunda mitad del siglo XV en Aragón: nacimientos, hadas, circuncisiones, en Sefarad, año XLI, 2, pp. 273-275, Madrid. 1981. “La relación judeoconversa no fue sólo la que muestran los procesos inquisitoriales. Existía otra relación importantísima, la económica, simultánea y coexistente con otras relaciones de la vida de estos grupos” (cf. E. Marín Padilia, Relación judeoconversa durante la segunda mitad del siglo XV en Aragón: La Ley, p. 9, ed. de la autora, Madrid, 1986). Esta autora sefardí es quien mejor ha estudiado la relación entre conversos y judíos públicos en España.

6- Juan Blázquez Miguel, Inquisición y criptojudaísmo, p. 49, ed. Kaydeda, Madrid, 1988. El editor califica este trabajo como la “obra más moderna y profunda de cuantas hasta el presente se han acercado al apasionante mundo del criptojudaismo”. LLeva prólogo nada menos que del embajador israelí en España, Schlomo Ben Ami, quien pone de relieve que se trata de un “escrupulosamente documentado trabajo”. Por su patronímico es probable que dicho autor sea sefardí.

7- Ibid., p. 52.

8- José María Lacalle, Los judíos españoles, p. 111, 2ª edic., ed. Sayma, Barcelona, 1964.

9- Marín Padilla, Relación, etc.: La Ley, pp. 96-100.

10- Ibid., p. 159.

11- Blázquez Miguel, ob. cit., p. 55. Acerca de la práctica de la circuncisión entre los judaizantes, ver Marín Padilla, Relación, etc.: nacimientos, etc., pp. 290-300.

12- Manuel Sánchez Moya-Jasone Monasterio Aspiri, Los judaizantes turolenses en el siglo XV, en Sefarad, XXXII, 1, pp. 111, 132 y 136, Madrid-Barcelona, 1971.

13- Fray Fidel Fita, Edicto de los Reyes Católicos (31 marzo, 1492) desterrando de sus estados a todos los judíos, en Boletín de la Real Academia de la Historia, t. XI, pp. 514-515, Madrid, 1887. En el inciso A del Apéndice se reproduce este documento fundamental, al cual todos se refieren pero es poco conocido por el gran público. Para una mejor comprensión modernicé la grafía de los documentos antiguos, preservando el estilo.

14- Digo relación directa porque el contacto secreto, epistolar y a través de corresponsales y mensajeros, no se interrumpió jamás entre los judíos conversos y los públicos.

15- Ver Federico Rivanera Carlés, La naturaleza del judaísmo, ed. Instituto de investigaciones sobre la cuestión judía, Bs.As., 1985, Los iudíos son nuestros enemigos y El Judaísrno desenmascarado a través del Zohar, ed. cit., Bs.As., 1987. (Las dos últimas obras constituyen, respectivamente, las primeras antologías de las versiones castellanas del Talmud y del texto básico de la Cábala). El movimiento político judío es una falsa religión pseudomonoteísta que carece de fines trascendentes y sólo expresa el proyecto político de dominación mundial del judaísmo. Sus normas criminales y delictivas revelan el odio rrofundo hacia los no-judíos, a quienes los judíos anhelan únicamente oprimir. Esto no es una calumniosa invención de una mente febril, pudiendo verificarlo el lector en dichos textos judíos, así como en la literatura rabinica en general e incluso en la “profana”.

16- Salomón Iba Verga, La Vará de Judá, cit. por Alberto Liamgot, Marginalidad y Judaísmo en Cristóbal Colón, p. 40, Biblioteca Popular Judía, ed. Congreso Judío Latinoamericano, Rama del Congreso Judío Mundial, Bs.As., 1976.

17- Liamgot, ob. cit., p. 15.

18- Roth, ob. cit., pp. 13-14.

19- Pablo Link, El aporte judío al descubrimiento de América, p. 29, B.P. Judía, ed. C.J. Latinoamericano, Rama del C.J. Mundial, Bs. As., 1974.

20- Los casamientos mixtos casi siempre se realizan entre mujeres judías y gentiles, evitando asi que por una relación extramatrimonial nazca un goy puro: “mater certa, pater áncertus”. Al margen de las ventajas que entraña la influencia de la madre en la educación de los hijos, tales matrimonios permiten la penetraciórn e influencia de los judíos en la sociedad no-judía.

21- “A medida que las investigaciones acerca de los judaizantes portugueses y españoles van haciéndose más concretas y ceñidas, se va viendo con mayor claridad que constituían unos núcleos familiares muy cerrados, que practicaron la endagamia siglo tras siglo. Cuando se quebraba la ley de buscar pareja dentro del grupo familiar, se buscaba ésta dentro de la gente de la misma religión” (cf. Julio Caro Baroja, La sociedad criptojudia en la Corte de Felipe IV, p. 64, ed. Real Academia de la Historia, Madrid, 1963). (Este hecho no pasaba desapercibido a los cristianos viejos, a diferencia de nuestros días donde parece natural el matrimonio entre “cristianos”). El reputado historiador de los judíos españoles dice que la costumbre de casarse entre primos así como tíos con sobrinas, es típica de los cristianos nuevos (ibid., p. 73), registrándose en no pocas ocasiones el enlace entre un maduro o anciano viudo con la hermana de su nuera. Esta endogamia familiar ha resultado muy beneficiosa para el historiador y el genealogista: “La costumbre rígida y observada, generación tras generación, permite que podamos reconstruir las historias familiares con mucha más facilidad que en otros casos, ya que los archivos inquisitoriales dan materiales preciosos para esto” (ibid., p. 65).

2. PRACTICAS JUDAIZANTES Y SACRILEGIOS

Si bien poco importa que los judíos conversos se atengan a !os preceptos reli*giosos hebreos, en razón del carácter racial del judaísmo, será útil echar un vistazo a la conducta de los judaizantes. Encarna*ción Marín Padilla proporciona abundantes ejemplos de las costumbres judaizantes, que comenzaban desde el nacimiento. “Fue práctica entre algunos conversos judaizan*tes, -escribe-, tener dispuesta una nodriza judía que se encargaba de alimentar al niño recién nacido en cuanto llegaba de la igle*sia de recibir las aguas bautismales. Des*pués de haber sido bañado para hacer de*saparecer hasta el último vestigio del crisma bautismal, la nodriza se hacía cargo de él. Se trataba con ello de borrar todo indicio, huella o recuerdo en el nuevo cris*tiano, tanto en su interior como exterior*mente”. (22)

Al casarse un converso también era común que se realizara una doble boda, la judía y la cristiana. “A veces -manifiesta Blázquez Miguel- la ceremonia se celebra*ba en la iglesia y después en el hogar había una ceremonia suplementaria, ya plena*mente judía”, pero por lo general sucedía a la inversa. (23) Los conversos profesaban su odio vis*ceral hacia Cristo y su Iglesia. Entre ellos circulaban historias sacrílegas en las cua*les se negaba la virginidad de la Madre de Dios, a la que se vituperaba en forma soez. (24) “Las burlas e historias basadas en la vida y nacimiento de Jesús eran frecuen*tes cada vez que a él se aludía”, de modo especial en Semana Santa, dice Marín Pa*dilla. (25) Ante las procesiones era manifiesta la animosidad de los cristianos nuevos, “so*bre todo al ver pasar la cruz”. (26) Al paso de ésta ingresaban a sus viviendas, cerraban las ventanas o incluso atrevíanse a escu*pir. (27)

 

https://educacionlibreysoberana.wordpress.com/2019/04/25/los-marranos-victimas-o-victimarios-de-espana-i

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