Los marranos: ¿víctimas o victimarios de España? II

Era en Semana Santa cuando más se hacía sentir el odio de los cristianos nue*vos, que llevaban a cabo todo tipo de sa*crilegios, según se advierte en los numero*sos procesos inquisitoriales analizados por la nombrada. Por ejemplo, alrededor del año 1463, en la iglesia de San Pedro Mártir, de Calatayud, tuvo lugar una representa*ción nocturna de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo, oportunidad en que “unos siete u ocho conversos de la ciudad, entre ellos Juan Pérez de Santa Fe, alias de Ariza, y el trapero Martín Díez, presenciaban la escena riéndose y ‘hacien*do escarnio’.” (28) También en esos días eran más frecuentes las injurias contra Cristo y la flagelación del Crucifijo. (29)

Fue precisamente el Viernes Santo del año 1489 que se produjo el famoso crimen ritual del Santo Niño de La Guardia. La incesante propaganda judía (basada en trastocar los hechos, convirtiendo en vícti*mas a los victimarios) ha sostenido desde siempre que jamás los judíos han cometido asesinatos de esa naturaleza, atribuyendo la acusación a una ridícula calumnia anti*semita. Sin embargo, existen más que su*ficientes pruebas de numerosos crímenes rituales de cristianos perpetrados por los judíos, cuyas víctimas fueron en su mayoría niños de corta edad. Algunos de estos már*tires han sido canonizados o beatificados por la iglesia, como Santo Domingo de Trento. (30)

En España se registraron varios de estos asesinatos, entre ellos el del niño Domingo del Val, ocurrido en 1250 en Zaragoza. (31) El horrendo crimen de La Guardía interesa aquí porque en él participaron judíos conversos. Los asesinos públicos fueron Ca Franco y sus hijos Jucé y Mosé Franco, el médico Juga Tazarte y David de Perejón, en tanto que los conversos eran Benito García, Juan de Ocaña y los cuatro hermanos Franco, integrantes de una encumbrada familia marrana: Alonso, Juan, Lope y García. El Santo Oficio intervino y luego del auto de fe que se hizo en Avila el 16 de noviembre de 1491, los criminales fueron entregados al brazo seglar y quema*dos, relajándose las estatuas de Mosé Franco, Juan Tazarte y Perejón, fallecidos con anterioridad al descubrimiento del he*cho, que causó honda conmoción. (32)

Este asesinato ritual influyó, a juicio de Fita, en el decreto de expulsión de los judíos públi*cos: “Las piezas del proceso inquisitorial, donde se atribuye a los judíos la perversión de los judaizantes, pudieron y debieron ser*vir para razonar o fundar el motivo capital que el edicto alega; esto es, el daño de inducción y perversión que a los cristianos (nuevos, F.R.C.) se había seguido y seguía del trato con los judíos”. (33) Refiriéndose a los sacrilegios conver*sos en el siglo XVI, Blázquez Miguel señala que a principios de la centuria en Córdoba, “ciudad que prácticamente estaba domina*da por los conversos”, “los sacrilegios me*nudeaban; las formas consagradas eran pi*soteadas, troceadas y arrojadas al excusado; se profanaba a una muñeca que representaba al Niño recién nacido y se parodiaban diversas ceremonias cristianas. Asimismo el bachiller (un marrano llamado el bachiller Membreque, F.R.C.) les daba cierta agua mezclada con otras sustancias para que los conversos que habían recibido la comunión con anterioridad vomitasen”. (34) Las profanaciones de la Santa Cruz eran muy frecuentes. “Como caso específico de un judaizante sacrílego, representativo de otros muchos, tenemos el de Hernando de Viseo, que azotó un crucifijo y fue quemado vivo por la Inquisición de Calahorra en 1559”. (35) Los actos sacrílegos aumentaron en el siglo XVII. “En las primeras décadas aparecen en diversas localidades de la ju*risdicción del Tribunal de Logroño personas procesadas por jugar al llamado ‘Juego de Jesús’.

El núcleo principal de este tipo de procesos se dio en Sangüesa, donde fue*ron detenidos todos los miembros de la familia de Pedro de Lumbier, en 1620. Este juego consistía en que una persona se sen*taba en un banco de la Locina, arrimado a la pared, con los brazos abiertos, al que se denominaba Cristo, y a ambos lados se colocaban otros dos y le sujetaban los bra*zos. Entonces de las habitaciones conti*guas salían todos los demás con sartenes llenas de agua, gritando: ‘Aquí los truenos’, y le rociaban el cuerpo y el rostro”. (36) Otro sacrilegio destacable fue el llevado a cabo por la conversa Catalina Silva, que destru*yó a martillazos una imagen de Nuestro Señor Jesucristo, enterrando los pedazos en el retrete de su casa. Este hecho acae*ció en Murcia en la mitad del siglo mencio*nado. (37) En las acciones sacrílegas se des*tacaba el numeroso clero cristiano nuevo. “En el momento de la implantación de la Inquisición, expresa dicho autor, son relati*vamente numerosos los religiosos judai*zantes que fueron por ella procesados… Muchos fueron condenados por este delito de profanación de formas religiosas, cosa que estaba fácilmente a su alcance…

Ejem*plo de esto, y uno de los primeros de que tenemos noticias es Pedro Fernández de Alcaudete, tesorero de la Catedral de Cór*doba. ‘Este sacerdote llevaba una hostia en el zapato, para pisarla continuamente’. (38) La gran cantidad de religiosos judaizantes que existían en la península se reflejó en los procesos inquisitoriales, abriéndose causas contra ellos en casi todos los Tribu*nales, desde el establecimiento del Santo Oficio hasta principios del siglo XVI, (39) y si con posterioridad decrece el número de en*causados siempre se registran procesos, algunos de ellos resonantes. Esta situación no se limitó al bajo clero, puesto que fueron procesados importantes dignatarios, tales como Juan Arias Dávila y Pedro de Aranda, Obispos de Segovia y Calahorra, respecti*vamente, hijos ambos de judaizantes conocidos. (40)

El odio de los conversos se extendía, como es de suponer, a los cristianos viejos, a quienes insultaban frecuentemente en sus conversaciones. (41) “Perros cristianos”, “perros”, “chinches”, “perros chinches”, eran las expresiones más comunes que empleaban para referirse a ellos, aparte de “muchos motes en hebraico”. (42) La práctica secreta de los ritos judíos no cesó ni aun en la época de mayor in*fluencia de la Inquisición. El propio Carlos V denunció que en el año 1518, en Aragón, se habían descubierto dos sinagogas, “que mucho tiempo han estado ocultas, donde algunos de esta generación se juntaban a judaizar con un rabí que los instruía en la ley de Moisés”. (43) También se registraron muchos casos en que supuestos conversos modelos, al salir de España o Portugal se “reconvertían” al judaísmo. El de fray Vi*cente de Rocamora es particularmente elo*cuente: “nacido en Valencia por el año 1600, había sido un fraile dominico famoso por su piedad y elocuencia, a lo cual debió su nombramiento de confesor de la infanta María, más tarde emperatriz de Austria, que lo tenía en alta estima. En 1643 desa*pareció de España. Volvió a tenerse noti*cias de él cuando bajo el nombre de Isaac estudiaba medicina en Amsterdam, y desempeñaba un rol prominente en la vida general de la comunidad”. (44) Por más es*tricta que sea la observancia del ritual de una religión, esto no implica de ninguna manera vivir de acuerdo a sus cánones. Por otro lado, la beatería externa, tan alejada de la verdadera religiosidad, es típicamente marrana y constituye la contracara de las prácticas judaizantes.

Podrá argüirse que han existido algu*nas relevantes personalidades conversas de intachable ortodoxia católica, autores in*cluso de tratados antijudíos. Sin embargo, es significativo lo acaecido con los hijos, nietos y parientes de los de mayor fama, como Pedro de la Caballería, autor de Ze*lus Christi contra judeos, Jerónimo de San*ta Fe, ex-rabí Jehosuáh Ha-Lorqui, que es*cribió el conocido Nehreomastix (El azote de los hebreos), y Pablo de Santa María, otrora rabí Selemoh Ha-Leví, obispo de Burgos y encumbrado personaje, autor de Scrutinium Scripturarem, sin duda el más célebre de los cristianos nuevos españoles. Francisco de Santa Fe, hijo de Jerónimo, fue uno de los que planearon el cobarde y brutal asesinato del inquisidor de Aragón, Pedro de Arbués, a cuyos asesinos prófu*gos brindó auxilio Alfonso de la Caballería, hijo de micer Pedro. Jaime de la Caballería, otro de los hijos del rabino converso, que actuó en la campaña de Nápoles al lado de Fernando el Católico, fue procesado y pe*nitenciado por delitos judaicos el 25 de mar*zo de 1504; (45) Juan de la Caballería días más tarde su mujer, Beatriz de Ribasaltas; otro sobrino carnal, Fernando de la Caballería, fue reconciliado el 15 de mayo de ese año; (47) un homónimo, Pedro de la Caballe*ría, sobrino del mismo grado, resultó peni*tenciado por judaizante como los anteriores el 17 de julio de dicho año; su mujer, Isabe¡ Vida¡, murió en la cárcel de¡ Santo Oficio, en tanto los padres de la misma, Ramón y Fresnia Vidal, así como sus hermanos Mi*guel, Luis y Leonor Vidal, “todos fueron quemados en Barcelona por heréticos ju*daizantes”; (48) la madre de este Pedro de la Caballería, Beatriz Beltrán, fue penitencia*da por igual causa el 16 de septiembre de 1492 en compañía de su nieto Gaspar de la Caballería, sobrino nieto de micer Pedro; (49) otra sobrina nieta de éste, Aldonza de la Caballería, corrió la misma suerte el 14 de enero de 1491; (50) Luis de la Caballe*ría, pariente aunque de otra rama de¡ autor de Zeleus Christi, que ocupó las funciones de camarero de la Seo, también debió re*conciliarse por judaizante el 17 de julio de 1491. (51)

Blanca Climente de la Caballería, familiar de micer Pedro, salió penitenciada el 30 de enero de 1489. (52) Y conste que, salvo estos dos últimos, no se mencionan los miembros de ramas colaterales ni los parientes cercanos de distinto apellido. También fueron sometidos a diversos procesos por judaizantes los nietos de Pa*blo de Santa María. (53) Gonzalo de Santa María, su sobrino nieto, asesor del gober*nador de Aragón, “fue tres veces preso por la Inquisición; las dos veces sacado a pe*nitencia y la tercera le dieron la cárcel per*petua en su casa y en ella murió”. (54) La mujer de éste, la conversa valenciana Vio*lante de Velvivre, salió penitenciada el 24 de septiembre de 1486. (55) Hijo de esta pa*reja fue Gonzalo de Santa María, sobrino bisnieto del obispo, también penitenciado e! 7 de septiembre de 1488. (56)

22- Marín Padilla, ob. cit., pp. 278-279. Es fácil de imaginar que cuando desaparecieron los judíos públicos, una nodriza conversa se encargaría de esas funciones.

23- Blázquez Miguel, ob. cit., p. 54.

24- Marín Padilla, Relación, etc.: La Ley, pp 136-137, 146, 149 y 179-180.

25- Ibid., p 152.

26- Ibid., p. 161. “El símbolo cristiano de fa cruz producía en algunos conversos una especie de repulsión, que no soportaban” (ibid., p. 169).

27- 1bid., pp. 162-163.

28- Ibid., p. 155.

29- Ibid., pp. 152-160 y 170-174. Las irreproducibles blasfemias contra Jesucristo eran comunes entre los cristianos nuevos (cf. ibid., p. 182). Como una forma de profanar el Jueves y el Viernes Santo, los marranos acostumbraban esos días a jugar a los naipes (ibid., pp. 159-160).

30- Sobre el tema en general, consultar Julius Streicher-Alberto Monniot, Los crímenes rituales. ¿Una patraña antisemite?, ed. Milicia, Bs. As., 1976.

31- Esto explica que no obstante el filosemitismo de las prescripciones sobre los judíos de la Séptima Partida, redactada en 1263, se aluda expresamente en ella a los asesinatos rituales: “E porque oymos dezir, que en algunos lugares los Judíos fizieron e fazen el día del Viernes Santo, remembranga de la Passion de nuestro Señor Jesu Cristo, en manera de escarnio, fumando los niños, e poniéndolos en cruz, e faziendo ymagines de cera, e crucificandolas, quando los niños non pueden auer; mandamos, que si mas fuere de aquí adelante, en algund lugar de nuestro Señorío, tal cosa assi fecha, si se pudiere auerigar, que todos aquellos que se acertaron y en aquel fecho, que sean presos, e recabdados, e duchos ante el Rey: e después que el Rey sopiere la verdad, deuelos mandar matar abiltadamente, quantos quier que sean” (Las Siete Partidas, t. 111, Séptima Partida, Título XXIV, Ley II, p. 482, Compañía General de Impresores y Libreros del Reino, Madrid, 1844).

32- Véase inciso B del Apéndice.

33- Fita, La Guardia, villa del partido de Lillo, en BRAH, t. cit., p. 424, 1887.

34- Blázquez Miguel, ob. cit., p. 171.

35- Ibid., p. 175. “Esta ferocidad en la aplicación del castigo desapareció en los procesos posteriores, pues fueron muchos los denunciados por delitos similares y, no obstante, muy pocos los condenados a relajar” (ibid., p. 175). Por desgracia, la Inquisición no estaba siempre a la altura de su cometido.

36- bid., pp. 23q-231. El proceso se encuentra en el Archivo Histórico Nacional de España, sección Inquisición, libro 836, fol. 192 y ss.

37- Ibid., p. 213. A Blázquez Miguel le asombra que fue benignamente castigada.

38- Ibíd., PP. 174-175.

39- ibid., pp. 192 y 235. En Portugal ocurría otro tanto, especiafmente en las tres primeras décadas del siglo XVII. En ese lapso “conoció una extraordinaria proliferación de religiosos que practicaban el judaísmo; situación que llegó a preocupar de un modo especial a la Inquisición portuguesa” (ibid., p. 235).

40- ibid., pp. 195-197. El obispo de Segovia era, además, sodomita.

41- Marín Padilla, ob, cit., p. 65.

42- Ibid. pp. 39, 44-45, 62 y 132.

 

 

43- Instrucciones del emperador a Lope Hurtado de Mendoza, datadas en Barcelona el 23-9-1519, designándolo embajador extraordinario en Roma “por cosas y negocios del Santo Oficio de la Inquisición”, a raíz de la bula que estaba a punto de dictar León X, a instancias de los conversos, cuyas disposiciones herían de muerte al Tribunal (cf. Fita. Las judaizanfes españoles en los cinco primeros años (1516-1520) del reinado de Carlos I, BRAH, t. XXXIII, p. 366, Madrid, 1898).

44- Roth, ob. cit., p. 178. En muchos casos estos “reconvertidos” al judaísmo reuníanse en el exterior con sus padres, hermanos, primos, etc., que eran judíos públicos. Prácticamente todos los cristianos nuevos de España y Portugal contaban con parientes en el extranjero, de este modo gente que ocupaba elevadas posiciones políticas, sociales y eclesiásticas tenían allí familiares judíos públicos. “Los ejemplos conocidos -escribe Caro Baroja- son cada vez más abundantes y sorprendentes” (cf. Caro Baroja, ob. cit., p. 35). Inclusive a veces unos hermanos eran judíos públicos y los otros religiosos, como la familia judeoportuguesa de Manuel Pereira Coutinho, “cuyas cinco hijas eran monjas en el convento de La Esperanza, de Lisboa, mientras que sus hijos vivían como judíos en Hamburgo, bajo el nombre de Abendana” (ver Roth, ob. cit., p. 73).

45- Sobre Jaime de la Caballería, cf. Juan de Anchías, Libro Verde de Aragón„ en Revista de España, año 18, t. CVI, n° 424, p. 592, Madrid, septiembre-octubre de 1885. En este famoso texto, escrito en 1507, se detallan las genealogías y causas inquisitcriaies de los altos funcionarios de la corte fernandina y sus familias, así como de los principales cristianos nuevos de Aragón. El autor es una fuente particularmente autorizada, puesto que se desempeñó como notario del secreto al instalarse la inquisición en ese reino, ocupando también el cargo de asesor de la misma. En 1623, a requerimiento del Consejo de Aragón, Felipe IV lo hizo retirar de circulación, permaneciendo sepultado en el olvido hasta que Amador de los Ríos halló una copia del manuscrito en la Biblioteca Colombina. Su hijo Rodrigo, miembro de la Academia Real de Ciencias de Lisboa, !o publicó en la Revista de España, año 18, t. CV, n° 420, pp. 547-579, Madrid, julio-agosto de 1885 y t. CVf, n° 422, pp. 249-288 y n° 424, pp. 567-603, Madrid, septiembre-octubre de 1885. En la introducción hace resaltar este último, filosemita como su padre, que “las noticias recogidas por Anchias revisten el carácter de autenticidad incontrovertible” (cf. ibid., n°420, p. 553). En su Historia social, política y religiosa de los judíos de España y Portugal, Amador de los Rios volcó abundante información extraída del Libro Verde de Aragón, reproduciendo textualmente en el Apéndice de su obra la preciosa nómina de quemados y penitenciados que Anchfas proporciona. Han recurrido también a este valiosa fuente, entre otros, Manuel Serrano y Sanz y Julio Caro Baroja. (Existe otra edición, a cargo de Isidro de las Cagigas, que vio la luz en Madrid el año 1929 a través de la Compañía Ibero-Americana de Publicaciones).

46- Anchias, ob. cit., n° 424, pp. 586 y 589. Pedro de la Caballería, de judío público llamado Bonafós o Bonafóx, tenía un hermano de nombre Simuel, que al convertirse llamóse Juan de la Caballería. El hijo de éste, que llevaba su mismo nombre, es el que fue quemado (sobre su genealogía, cf. ibid., n° 420, p. 575).

47- Ibid. n° 424, p. 586. Hijo de Fernando de la Caballería, antes de convertirse llamado Isaac, quien era hermano de micer Pedro y casóse con una conversa (ibid., n° 420; p. 576).

48- Ibid., n° 420, p. 577 y n° 424, p. 589. Este Pedro de la Caballería era hijo de otro de los hermanos de micer Pedro, de judío público Salomón, que al hacerse “cristiano” eligió el mismo nombre que el afamado converso y también tenía por mujer a una confesa (ibid., n° 420, p. 577).

49- Texto de Pielbid., n° 424, p. 589. El análisis de las genealogías de ibid., n° 420, pp. 577-578 permite afirmar que, no obstante la existencia de varios individuos con el nombre de Pedro de la Caballería, la Beltrán es la progenitora del Pedro que nos ocupa. Gaspar era hijo de Alonso de la Cabal!ería, hermano de este Pedro (cf. ibid., n° cit., p. 577).

50- lbíd., n° 424, p. 590. Su padre fue Francés de la Caballería y su madre, una hija de converso Ximeno Gordo. Su abuelo, Felipe de la Caballería, de judío público Acab, era hermano de micer Pedro (cf. ibid., n° 420, p. 574).

51- Ibid., n° 424, p. 589. El padre de este Luis, que también llamábase Luis de la Caballería, se convirtió siendo niño y ocupó el puesto de tesorero de Juan II de Aragón, padre del Rey Católico (ibíd., n° 420, p. 57s).

52- Ibid., no 424, p. 586. Por error Amador de los Ríos consigna como fecha del auto de fe el 20 de enero (ver A. de los Ríos, Historia, etc, t. II, p. 607, ed. Baje¡, Bs.As., 1943).

53- A. de los Ríos, ob. cit., t. II, p. 367.

54- Anchías, ob. cit., n° 420, p. 561. Ver también n° 422, p. 254. Tomás García de Santa María, hermano del Burguense, se bautizó con su mujer y un hijo de corta edad al que dio el nombre de Gonzalo Garcia de Santa María. Este, de oficio mercader, casó con Brianda Sánchez, viuda de hermano de micer Pedro de la Caballería, Francisco (de judío público Abraham). Fruto del connubio es este Gonzalo de Santa María triplemente penitenciado (ibid., no 420, pp. 561 y 577 y n° 424, p. 254). La prisión domiciliaria es una evidencia del poder alcanzado por esta familia marrana.

55- Ibid., n° 420, p. 562; no 422, p. 254 y no 424, p. 587.

56- Ibid., no 424, p. 588. Acerca de su genealogía, cf. ibid., n° 420, p. 562.

3. EL ASESINATO DE SAN PEDRO DE ARBUES

El crimen del inquisidor de Aragón, el canónigo Pedro de Arbués, destinado a im*pedir el establecimiento del Santo Oficio allí, puso de manifiesto hasta qué punto habíanse encumbrado los conversos judai*zantes. El asesinato fue organizado por destacados cristianos nuevos, varios de ellos con altos cargos en la corte, y se con*sumó el 16 de septiembre de 1485 en la catedral de Zaragoza. Juan de Anchías, en*tonces notario del secreto, nos descubre la envergadura de la siniestra conjuración. “Los inicuos y pérfidos conversos de la di*cha ciudad -expresa-, por estorbar el oficio y libre ejercicio de la Santa inquisición de la Fe, siendo herejes judaizados, con favor y consejo de los herejes que estaban en la Corte del Rey don Fernando, que el prin*cipal de ellos era Gabriel Sánchez, su tesorero, el cual les escribió que mata*sen un inquisidor, deliberaron muchas ve*ces tener en diversas casas congregacio*nes, conventículos y conspiraciones contra el dicho Santo Oficio e Inquisición y oficia*les de ella, tratando que matarían al dicho Mre. Pedro Arbués, inquisidor”. (57)

En la pri*mera reunión que tuvieron en la casa de Luis de Santángel, se hallaron presentes, entre otros, Jaime de Montesa, Gaspar de Santa Cruz, García de Morós, Pedro de Almazán y Juan Pedro Sánchez, notario y mercader. Este era hermano de Gabriel Sánchez, tesorero de Aragón, Luis Sán*chez, baile general del reino, Guillén Sán*chez, maestre racional de Aragón y Fran*cisco Sánchez, despensero mayor de la corte aragonesa. Los complotados, conti*núa Anchías, manifestaron allí que “sabían de cierto que a muchos de ellos se les hacía proceso en la Inquisición y que lo habían escrito a la Corte a sus parientes, y que no hallaban otro remedio sino matar al inquisidor, como así de la Corte se les escribió”. (58) Tras juramentarse para el cri*men, fueron elegidos “bolseros” (recauda*dores) del dinero que se entregaría a los asesinos, Juan Pedro Sánchez, Jaime de Montesa y Gaspar de Santa Cruz, “herejes judaizados y circuncisos”. (59) Luego se su*cedieron otras conferencias secretas, una de ellas en el domicilio del mencionado Sánchez y otra en la de Pedro de Almazán, a la que asistieron muchos individuos, ha*llándose entre los presentes el asesor del gobernador del reino, Francisco de Santa Fe, vástago de Jerónimo de Santa Fe, al ex-rabíno converso. En la oportunidad se ratificó el plan de matar al inquisidor. (60)

Cuatro veces se intentó sin éxito ase*sinar a San Pedro de Arbués, el cual, sin embargo, no llevaba nunca escolta, (61) Los ejecutores materiales elegidos fueron los conversos Juan de Esperandeu, un servi*dor de éste, Vidal Durango, Juan de la Ba*día o Abadía, Mateo Ram, su escudero Fustanico o Tristanico, y otros tres cuyos nombres no pudieron averiguarse. El día 16 de septiembre del precitado año, a la una o dos de la madrugada, se realizó el aten*tado mortal en momentos en que el santo se hallaba entregado a la oración en la Seo, arrodillado en el Pilar, debajo del púlpito, situado entre el altar mayor y el coro. Por indicación de Badia, Vidal Durango tomó la iniciativa. “El dicho Vidal, relata el funcio*nario de la inquisición, le dio una cuchillada de revés, que le tomaba desde la cerviz hasta la barba, que de ella le cortó la varilla y la vena orgánica; y como el glorioso mártir se levantáse, turbado del gran golpe, para ir al coro, el Juan de Esperandeu le dio una estocada que le pasó (un) brazo de claro en claro; y con golpes tan grandes vino a caer donde hoy en día es su cuerpo sepul*tado, que es debajo su sepultura y su ben*dita, ánima en el cielo; y después que di*chos asesinos y traidores le vieron en el suelo, todos juntos dieron a huir y se fueron de la iglesia”. (62) El golpe mortal es el que le asestó tan cobardemente el marrano Es*perandeu. (63) Veinticuatro horas más tarde, el mártir de la Inquisición fallecia. (64)

El suceso provocó consternación y también asombro ante la audacia de los criminales. Las autoridades dispusieron una rápida investigación, logrando detener a los autores materiales, salvo el escudero de Pam. El proceso incoado y sus resulta*dos no dejan de llamar la atención del historiador, confirmando el extraordinario po*der de los confesos, pues a algunos de los principales responsables, como el tesorero Gabriel Sánchez, ni siquiera se los molestó y otros escaparon de la muerte y aun de la pública humillación, siendo únicamente pe*nitenciados en secreto, castigo completa*mente extraño a las normas del Santo Ofi*cio. Por su importancia, transcribo el invalorable testimonio del autor del Libro Verde de Aragón:

“Y hallóse por verdad que, después del dicho caso, perpetrada dicha muerte, el dicho Micer Luis de Santángel y Micer Jai*me Montesa, Juan de Pedro Sánchez y Gaspar de Santa Cruz y otros de ellos, de*mostrando ya con hablar del dicho caso y muerte en presencia de algunas personas conversas, les respondieron y dijeron pro*fetizando que ‘su alegría se les convirtiese en lloro’, y respondieron ellos que ‘no te*mían nada, pues tenían en la Corte quien les favorescía’, y diciendo muchas pala*bras escandalosas que no son de escribir. Todo lo sobredicho está probado por pro*cesos auténticos de los que fueron peniten*ciados, como asesinos y matadores del glo*rioso mártir, y confesiones de ellos; y permitió Dios por intercesión de este glo*rioso mártir, o, porque como fueron muchos confesos de ellos prendidos, se descubrie*ran infinitas herejías nefandísimas, que co*metían dichos conversos, que estaban ocultas, contra la Fe de Nuestro Señor Je*sucristo y (la) religión cristiana, de los cuales, por los inquisidores de la Fe fueron penitenciados, castigados y quemadas sus personas y huesos de los muertos, y sus personas abolidas y memorias, como a miembros del diablo, echados de la Iglesia militante de Dios; y fue por tan entera des*cubierta la dicha conspiración del martirio y muerte del glorioso mártir inquisidor, como se demuestra aquí por las sentencias y nombres de los consejeros, asesinos y matadores que intervinieron, los cuales son los infrascriptos y siguientes, aunque no se ponen aquí algunos que cupieron en el consejo, que fueron penitenciados de secreto.

Los bolseros y consejeros de bol*sero fueron: Micer Jaime Montesa, quema*do en persona; Juan de Pedro Sánchez, huido y quemada su estatua; Gaspar de Santa Cruz, quemada su estatua. Los que aconsejaron y favorecieron en la dicha muerte: Mosén Luis de Santángel, desca*bezado y quemado; Micer Francisco de Santa Fe, asesor del Gobernador, se de*sesperó (suicidó, F.R.C.) en la Aijaferia, y después fue quemado; García de Morós, mayor, quemado; Micer Alonso Sánchez, quemado; Pedro de Almazán, huido y que*mada su estatua. (Este era abuelo del Prior de la Seo, llamado Mosén Juan Miguel de Artal, padre de su madre). Los que fueron penitenciados, que merecieron no ser que*mados y con favor del tesorero Gabriel Sánchez: Sancho de Paternoy, Maestre Racional de Aragón; don Alonso de Alagón, Señor de Pina, porque los favorecía aun*que no era confeso. Los que fueron asesi*nos matadores del glorioso mártir inquisi*dor: Juan de Esperandeu, hijo de Salvador, el que le dio la estocada en el brazo, descuartizado y quemado; Mateo Ram, des*cuartizado y quemado; Juan de la Badía, quemado (éste se mató en la Aljafería, que se comió una lámpara de vidrio); Vidal Du*rango, francés, mozo de Esperandeu, que le dio la cuchillada, descuartizado y quema*do; Tristanico, escudero, huido, quemada su estatua”.

También fue relajado en per*sona Domingo La Naia, otro de los organi*zadores del crimen. (65) El proceso permitió detectar, como señaló Anchías, a numero*sos judaizantes emparentados con los cri*minales, los que participaron de algún modo en el asesinato o estaban al tanto de la conjura. De este modo, la mayoría de los juzgados en los autos de fe zaragozanos de 1486 a 1492, “pertenecían al proceso del asesinato de Pedro de Arbués”. (66) He*cho éste de suma importancia y que agrava aún más la conducta de los Caballería en*causados en ese lapso. Los asesinos prófugos recibieron ayu*da de altos personajes, debiéndose men*cionar al mismísimo Jaime de Navarra, so*brino de Fernando V y a Alfonso de la Caballería, hijo de micer Pedro y vicecan*ciller de Aragón. También les prestó auxilio Luis de la Caballería, canónigo y camarero de Nuestra Señora del Pilar, la basílica de Zaragoza. (67) Procesado por la Inquisición, Alfonso de la Caballería recurrió al Papa rechazando la jurisdicción del Santo Oficio aragonés e incluso de Torquemada, logran*do que por breve del 28 de agosto de 1488 Inocencio VIII avocara a sí la causa, arbi*traria resolución apelada por los inquisido*res, que no pudieron impedir otro breve ra*tificatorio del anterior, fechado el 20 de octubre del referido año. (68)

57- Anchías, ob. cit., n° 422, p. 281.

58- Ibid., p. 282.

59- Ibid., p. 282.

60- Ibid., pp. 283-284.

61- Blázquez Miguel, ob, cit., p. 114.

62- Anchías, ob. cit., n° 422, p. 285.

63- A. de los Ríos, ob. cit., t. !i, p. 181. Amador dice que Esperandeu intervino personalmente en el asesinato más por venganza que por el oro, en razón de que era un individuo adinerado (ibid., p. 181).

64- Amador de los Ríos sostiene que el atentado fue el día 15 y la muerte cuarenta y ocho horas más tarde (ob. cit., t. II, pp. 179-180), en tanto que Blázquez Miguel afirma que el crimen ocurrió el 14 (ob. cit., p. 114). De acuerdo a la información de Anchías el asesinato se realizó el 16 de septiembre, ya que Esperandeu fue a buscar a Badía el día 15 “entre once y doce horas de medianoche” (cf. Anchías, ob. cit., n° 422, pp. 284-285). El fallecimiento se produjo el 17, a la misma hora: “murió el dicho mártir (al día) siguiente, que se contaba a 17 de septiembre, entre una y dos horas después de medianoche, que fue a la misma hora que le hirieron” (ibid., p. 285).

65- Anchías, ob. cit., n° 422, pp. 286-287 y n° 424, p. 585. Los autos de fe tuvieron lugar en Zaragoza en 26-6-1486, 28-7-1486, 21-10-1486, 25-1-1487, 14-3-1487, 15-3-1487, 18-8-1487, 20-8-1487, 20-3-1488 y 9-9-1492. En esta última fecha fue condenado a cárcel perpetua Sancho de Paternoy, que se salvó de la hoguera merced a la influencia del tesorero Sánchez. Este, sin embargo, no logró evitar la quema de su cuñado Luis de Santángel, prominente confeso zaragozano, con cuya hermana Albamunta estaba casado (respecto a dicho parentesco, cf. ibid., n° 420, p. 563 y n° 422, p. 250). Domingo La Naja, señor de Pradilla, era marido de !a hija de Pedro de Afmazán. Aunque cristiano viejo veníale la judaización por herencia, dado que su progenitor, también titular del señorío, se había casado -en segundas, parece- con una conversa de Huesca llamada Beatriz Varo, quemada por judaizante (ibid., n° 422, p. 259).

66- A. de los Ríos, ob. cit., t. ll, p. 182. Por desgracia no he podido evaluar los diversos grados de responsabilidad en e! crimen de dichos procesados, debido a que por entender que no correspondía al carácter de la obra, Rodrigo Amador de los Ríos suprimió del Libro Verde, de modo harto arbitrario, el capítulo titulado La conjuración contra Maestre Epila. No obstante, de acuerdo al Sumario dé los confesos condenados a fuego desde el año 1482 hasta el año de 1489 (en realidad abarca hasta 1502), que inserta Anchías, se puede colegir la responsabilidad de algunos. Por ejemplo, el 18-8-1487 entregóse a las llamas a Valentina Tamarft, mujer de Juan Pedro Sánchez y dos días después, junto con su sobrino Jaime, sucedió lo mismo con Leonor de Montesa, en tanto el 18-9-1491 fue relajada Isabel Cryllas, esposa de Pedro de Almazán. Sin hablar de varios miembros de la importante familia Santángel, que sufrieron idéntico castigo (cf. Anchías, ob. cit., n° 424, pp. 584-586).

67- A. de los Ríos, ob. cit., t. II, pp. 181-182.

68- ibid., p. 182. El hijo mayor de Alfonso, Sancho de la Caballería, casó en segundas nupcias con Margarita Cerdán, hija de Miguel Cerdán, señor de Sobradie[, nieto de la judía conversa Brianda Sánchez (de judía pública Orosol), la viuda de Francisco de la Caballería -hermano de micer Pedro- que casó con Gonzalo García de Santa María, con el que tuvo una hija que contrajo matrimonio con mosén Galarián Cerdán, señor de Castellar, cuya hija enlazó con el citado Miguel Cerdán (cf. Anchías, ab. cit., n° 420, pp. 561-562 y 572). El hijo de Sancho de la Caballería y de Margarita Cerdán, Francisco de la Caballería, se unió a Juana de Aragón, hija natural de Alfonso de Aragón, bastardo de Juan II, padre del Rey Católico, o sea con la prima, aunque por línea ilegítima de Carlos V. Alfonso de la Caballería, uno de los que posibilitaron la fuga de varios de los asesinos de Pedro de Arbués, pudo contemplar satisfecho la increíble elevación de su nieto.

4. LA INFLUENCIA DE LOS CRISTIANOS NUEVOS

Los conversos no se limitaron a judai*zar, cometer sacrilegios y manifestar san*grientamente su odio profundo a Cristo y a los cristianos. Eran judíos y, según expresó el converso Pedro Serrano, habrían de “prevallescer” sobre los cristianos. (69) Y obraron en consecuencia. Inicialmente los confesos podían ocu*par todos los cargos públicos y gozaban de idénticas prerrogativas que los cristianos viejos, lo cual permitió a los judíos continuar detentando puestos claves en la corte y afianzar su dominio en el comercio y las finanzas. La “conversión” hizo posible, ade*más, alcanzar elevadas posiciones dentro de la Iglesia, hasta entonces inaccesible para ellos. Veamos el panorama que pre*sentaban las cortes de Castilla y Aragón en el reinado de los Reyes Católicos. Cuando Juan II de Aragón entregó la corona de Sicilia en 1469 a Fernando, “le había formado un consejo áulico, cuya ma*yor parte se componía de conversos” y “pertenecían al mismo linaje sus más allegados servidores”. (70)

Al ascender al trono de Aragón se rodeó aun más que sus pro*genitores de cristianos nuevos: micer Alfon*so de la Caballería, vicecanciller; su herma*no micer Jaime de la Caballería, consejero real; Miguel de Almazán y Gaspar de Barrachina, secretarios reales; Luis Sánchez, tesorero de Aragón y luego baile general del reino; Gabriel Sánchez, hermano del anterior, le sucedió en el cargo de tesorero; Guillén Sánchez, otro de los hermanos y antiguo copero de Fernando, maestre ra*cional de Aragón, reemplazado al morir por el converso Gonzalo de Paternoy, nieto de Sancho de Paternoy; Francisco Sánchez, hermano de los nombrados, despensero mayor; Alonso Sánchez, también hermano de los precedentes, lugarteniente del teso*rero general y especia¡ de Valencia; (71) Luis de Santángel, escribano de ración (puesto equivalente al de ministro de finanzas) y más adelante consejero real; Luis Gonzá*lez, conservador de Aragón; Pedro de la Cabra, merino de Zaragoza; Miguel de Se*villa, yerno de mosén Judáh Janoquilla, se*cretario de mandamientos del justicia; micer Jaime de Luna, lugarteniente del justicia; Juan de Albión, nieto de Jerónimo de Santa Fe, alcalde de Perpiñán, entonces importante cargo; Martín de la Caballería, capitán de la armada de Mallorca; Luis de Santángel, emparentado por otra rama con su homónimo el escribano de ración, alcalde de Pamplona, etc. En cuanto a las jerarquías eclesiásticas, Pedro de Monfort era vicario general del arzobispado de Za*ragoza; Martín Cabrero, arcediano del mis*mo; el doctor López, prior del Pilar; Fernan*do Torrijos, archipreste de Daroca, etc. Más adelante sería prior de la Seo Juan de Artal, nieto de Pedro de Almazán, uno de los ase*sinos de San Pedro de Arbués.

Todos pertenecían a familias judaizan*tes, algunas de las principales ya conoce*mos. Respecto a los otros, la abuela de Jaime de Luna, por ejemplo, fue relajada en persona por judaizar (72) y por idéntica razón Pedro de Monfort murió en la hogue*ra el año 1486. (73) Se acaba de ver el rol de los Sánchez, sobre todo del tesorero Ga*briel; en el crimen del inquisidor aragonés. En la corte de ¡sabel la Católica se encontraban Pedro Arias Dávila, contador mayor y consejero real; Pedro de Cartage*na, también consejero; Fernando Alvarez, Alfonso de Avila y Fernando del Pulgar (el influyente autor de Claros varones de Cas*tilla, obra que exalta a destacados confe*sos), secretarios de la reina; Gonzalo Fran*co, contador de cuentas; Hernando de Talavera, confesor de S.M. desde 1478, etc, (Felizmente este último sería suplanta*do por Torquemada y Cisneros). Obispo de Coria era Juan de Maluenda; Alfonso de Valladolid, de la diócesis vallisoletana; Alonso de Palenzuela, de Ciudad Rodrigo; Pedro de Aranda, de Calahorra; Juan Arias Dávila, de Segovia, etc. Estos dos últimos fueron los encausados por judaizantes al igual que Talavera, quien consiguió salir sobreseido tras un largo proceso. (74)

Entre otros personajes de relevancia se hallaban el confeso Andrés de Cabrera, marqués de Moya, y su mujer Beatriz de Bovadilla, cristiana nueva, que hasta el final mantuvo una estrecha amistad con la so*berana. Ferrand Núñez Coronel era otro de los influyentes cristianos nuevos de la cor*te, cuya “conversión” ha sido una de las más famosas: Abraham Senior, rabino ma*yor de la aljama de Castilla y Factor general de los ejércitos del reino, gozaba de singu*lar predicamento en la corte isabelina, y poco antes de la expulsión de los judíos públicos, el 15 de junio de 1492, se hizo bautizar con su hijo. También abrazó el cris*tianismo el renombrado rabí Isaac Abarba*nel, arrendador de las rentas reales, que pasó a llamarse Juan Sánchez de Sevilla y más tarde “reconvirtióse”.

El matrimonio entre Fernando e lsabel lo concertaron un judío converso y un judío público. Fernando designó representante a Alfonso de la Caballería, el hijo de micer Pedro, en tanto el delegado castellano fue el entonces rabí Abraham Señor. (75) Tam*bién desempeñó un importante papel me*diador el obispo de Segovia, Juan Arias Dávila. (76) Y quien llevó la buena nueva del enlace a Juan II de Aragón fue otro confe*so, Guillén Sánchez, el copero de Fernan*do (77). Refiriéndose a la influencia conversa en la época de los Reyes Católicos, el he*breo Liamgot observa que “en todos los estratos de aquella sociedad, incluso en la propia Casa Real, los judíos desempeñaron un papel preponderante”. (78) Hay que dejar bien claro, sin embargo, que de ningún modo era Isabel filosemita, pero tenía una visión errónea del problema converso. Luego, debido a Torquemada, tornose más desconfiada de la sinceridad de los neófitos judíos. Y, finalmente, en las postrimerías de su reinado, por consejo de Cisneros, expul*só de su corte a los consejeros y altos fun*cionarios marranos, (79) con excepción de los marqueses de Moya.

 

Tras la muerte de Isabel, el 26 de no*viembre de 1504, y el fugaz reinado de Felipe I el Hermoso, muerto sorpresivamente el 25 de noviembre de 1506, asumió Fernando la regencia castellana hasta la mayor edad de su nieto Carlos. Este perío*do de gobierno fernandino se caracteriza por el dominio de un clan marrano, cuyos integrantes provenían en su mayoría de Aragón. Entre sus consejeros confesos hay que citar al licenciado Luis Zapata, “el Rey Chiquito” (80), y a Diego Beltrán. (81) En cuanto a los secretarios, todos eran judíos conver*sos: Miguel Pérez de Almazán, Pedro de Quintana, Lope de Conchillos, (82) Juan Ruiz de Calcena (83) y Hernando de Zafra. (84) Al igual que el tesorero Gabriel Sánchez y su hijo y sucesor Luis, marido éste de una nieta bastarda del rey, (85) así como el cama*rero Martín Cabrero, reemplazado luego por su sobrino del mismo nombre. (86) Tam*bién gozaba de gran predicamento en la corte, los Santángel y Caballería, entre otros. (87) Al hacerse cargo el cardenal Cisneros de la regencia (a raíz del fallecimiento de Fernando el 15 de enero de 1516), esta camarilla disminuyó sensiblemente su po*der y algunos de sus miembros más cons*picuos fueron desalojados de sus posicio*nes.

Sin embargo, no faltaron cristianos nuevos en elevadas funciones estatales y eclesiásticas, no obstante la oposición del prelado hacia ellos. (88) Esta situación no duró mucho y el clan marrano, valiéndose de su dinero e intrigas ante la corte de Flandes, volvió a ejercer su notable influen*cia aun antes de que el joven Carlos I asu*miera el trono, alcanzando singular vali*miento en la etapa inicial de su gobierno. Basta mencionar a Lope Conchillos en la secretaría de Indias, al camarero Cabrero, al secretario Quintana, al tesorero Luis Sánchez y al obispo de Badajoz, primer limosnero del rey y titular de la capilla de la Casa Real, Pedro Ruiz de la Mota, “má*ximo inspirador” de Guillermo de Croix, se*ñor de Xebres, el todopoderoso ministro. (89) Con posterioridad las cosas cambiaron por*que el César era consciente del peligro ma*rrano y trató de conjurarlo, aun así en su reinado no escasearon encumbrados per*sonajes de sangre judía, como el tesorero real Alfonso Gutiérrez de Madrid, quien fi*nanció el proyecto iniciado en 1518 para anular el Santo Oficio. (90) Por otra parte, ca*rente siempre de recursos -consumidos por las permanentes guerras que debió librar-, Carlos recurrió a!os prestamistas conver*sos, que de ese modo no dejaron de gra*vitar en los asuntos de Estado.

Pese al mayor rigor de la acción inqui*sitorial y las prevenciones tomadas respec*to a los cristianos nuevos, en el reinado de Felipe II, éstos también ocuparon algunos puestos claves. El más famoso fue sin duda Antonio Pérez, apodado el Portugués, (91) que se desempeñó como secretario del Rey, a quien traicionó, confabulándose con los enemigos de España y de la Cristian*dad. “Aseguro -dijo Felipe- que los delitos de Antonio Pérez son tan graves, como nunca vasallo los hizo contra su Rey y Se*ñor”. El indulgente y en cierta medida ad*mirador biógrafo de Pérez, Marañón, seña*la (92) que “estuvo toda su vida prendido en la red de los banqueros, especialmente de los genoveses”, a los que “empujaba e in*troducía en los presupuestos reales”, con propósitos mercantiles y también “induda*blemente, con un sentido político”. Buena parte de estos “ginoveses” (y no algunos, como sostiene Marañón) eran hebreos conversos. (93) Pérez estuvo en secreta alianza con Inglaterra, apoyó la causa del marrano Don Antonio, pretendiente a la corona lusi*tana, y perteneció clandestinamente a “la falsa y depravada secta de los hugono*tes” (94), cuya cabeza en Amberes era en ese entonces Marco Pérez, con el que estaba emparentado. (95) Durante años se dedicó al saqueo de las arcas reales y a otros ilícitos, viviendo con un lujo desusado y, como si esto no bastara, era un pervertido sexual. Juzgado por traición, crímenes y herejía, fue condenado por la Inquisición y quema*do en estatua (96) el 20 de octubre de 1592 en la plaza del mercado de Zaragoza. Está de más señalar que cuando huyó de Espa*ña, Pérez siguió conspirando desde el ex*tranjero.

Una visión muy elocuente de la impor*tancia de los conversos en la sociedad es*pañola en tiempos de Felipe II, la propor*ciona el célebre memorial que le presentó el cardenal-obispo de Burgos, Francisco de Mendoza y Bovadilla -por cuyas venas co*rría sangre judía-, cuya veracidad es cues*tionada por los numerosos afectados, pero que contiene datos demoledores sobre la nobleza de título de sangre marrana, gran parte de cuyos miembros, además de otros entronques, descendía del famoso judío converso Ruy Capón, almojarife (97) de la rei*na Urraca, y de la hebrea Isabel Droklin: los marqueses de Villena, Villanueva, Villa*nueva del Fresno, Villafranca, Aguilar, Vé*lez del Carpio, etc.; los duques de Maqueda, Osuna, Alburquerque, Alcalá, Medina Sidonia, etc.; los condes de Benavente, Aranda (antecesores, no se olvide, del fu*nesto ministro de Carlos III), Monteagudo, Oropesa, Fuensalida, Palma, Soria, Monte*rrey, Cifuentes, Nieva, Puñonrostro, de la Puebla, etc.; el condestable de Castilla, los mariscales de Navarra, los Padilla -adelan*tados de Castilla-, los Portocarrero, Puebla de Montalbán, Girón, Alvarez de Toledo, Medinaceli, Enriquez -almirantes de Casti*lla, Peñaranda, Castilla, etc. (98) Las informa*ciones del memorial, referidas fundamentalmente a Castilla, junto con las que brinda el Libro Verde de Aragón, proporcionan un cuadro alarmante de la infiltración judeo*conversa en la nobleza de los reinos más importantes de España, Lo que produce mayor asombro es la extrema celeridad con que se operó el fenómeno, cuya causa prin*cipal, como denunció el ilustre Siliceo, fue la riqueza de los conversos.

Ni siquiera el Santo Oficio estuvo exento de tal infiltración, según lo prueba el caso del propio cardenal Mendoza y Bovadilla, que era miembro del mismo y se*ñaló la existencia en Navarra de inquisido*res confesos. (99) Basta recordar al inquisidor general Diego Deza y al inquisidor general de Aragón, Martín de Santángel, tío de Luis de Santángel, ¡el asesino de San Pedro de Arbués! (100) Felipe II fue quien combatió con mayor celo y eficacia, pese a todo, a los falsos conversos. El Santo Oficio fue apoyado sin reservas y bajo su reinado se extendieron los estatutos de limpieza de sangre. Sin embargo, la falta de una fundamentación racista integral del problema, hizo que cre*yera factible la conversión de algunos ju*díos. Es así que en 1589 el rey y la infanta fueron padrinos de bautismo de un acau*dalado rabino. (101) A partir dei reinado de Felipe III, cuan*do se inicia la vertiginosa descomposición del gran imperio, se acrecienta en forma considerable la presencia de los cristianos nuevos en la conducción del Estado, situa*ción que se agrava hasta límites alarman*tes con Felipe IV y su corte plagada de banqueros judeo-portugueses.

Una muestra de la influencia de los conversos en España la constituye el con*trol que ejercían sobre numerosos cabildos. Márquez Villanueva observa que “los car*gos concejiles se volvieron hereditarios, o al menos patrimoniales, durante el siglo XV… Los conversos debieron favorecer con todas sus fuerzas estas tendencias a la transformación en aristocracia de la bur*guesía concejil. El manejo de los asuntos locales durante varias generaciones les permitía acumular riquezas y entroncar con las familias nobles o tenidas por tales. Así se han originado predominios locales que han llegado hasta el siglo XIX”, (102) “No pa*rece haber existido una sola familia conver*sa -agrega el citado autor- que no haya tenido su representación en algún mundillo concejil” (103) Ni la Inquisición ni las prohibi*ciones reiteradas contra los cristianos nue*vos y descendientes de judaizantes para desempeñar tales oficios, pudieron impedir que los conversos siguieran detentando un inusual número de cargos concejiles. (104) De este modo, manifiesta Blázquez Miguel, “las mismas familias estaban siempre pre*sentes, aunque con sobresaltos. Las Cor*tes de 1542, 1551 y 1563 insisten en que los cargos sean inaccesibles a los inhábi*les, lo que indica que el problema estaba latente. El dinero y los buenos servicios allanaban muchos caminos”. (105) El acceso de los conversos a los cabildos no fue obs*taculizado, salvo casos excepcionales, bajo Felipe II y, por supuesto, marchó viento en popa con los monarcas que le sucedieron, no obstante la reiteración de las reales cé*dulas y provisiones en contrario.

Los conversos contribuyeron de modo singular a la extensión y agravamiento de la corrupción concejil. A pesar de que Már*quez Villanueva afirma que los cristianos viejos no le iban en zaga en cuanto a in*moralidad, los datos que suministra permi*ten llegar a la conclusión de que los confe*sos sobrepasaban en mucho a aquéllos. El nombrado llama la atención sobre “las enormes riquezas que muchos conversos lograron acumular desde sus puestos de mando”. (106) Pero, aparte del entroncamien*to con linajes nobles, la corrupción y el en*riquecimiento ilícito, la más grave resultante de este masivo acceso a las funciones con*cejiles, fue que muchas villas y ciudades eran gobernadas por judíos conversos, (107) detentadores del poder económico y finan*ciero. En Portugal se vivió, en escala mayor, un proceso similar. Hacia allí se había diri*gido primeramente el grueso de ¡os judíos públicos que salieron de España. Pero, poco después, a instancias de la Corona española, se dictaron medidas para expul*sar a los hebreos profesos, llegándose in*clusive a la conversión forzosa de 1497, dispuesta por el rey Manuel, donde la ma*yoría de los israelitas, nacidos en el reino u oriundos del país vecino, fueron bautiza*dos.

Este hecho hizo que permanecieran en Portugal numerosos judíos, lo cual trajo aparejado los mismos resultados que en España. Refiriéndose a los tiempos de Manuel I, Pineda Yañez escribe que “en lo alto sólo se contemplaban audaces cristianos nuevos dominando los puestos claves de la Administración pública, y los accesos de la primera sociedad”, (108) El judío Link, entre otros, hace referencia también al papel ju*gado por los conversos en las cortes lusi*tanas, sobre todo en el aspecto financiero y político. (109) En cuanto al comercio y las finanzas, la hegemonía de los “cristaos no*vos” era aplastante. “Los más vitales ele*mentos del mundo comercial de Lisboa, manifiesta Roth, especialmente los que se interesaban en toda nueva rama de activi*dad, pertenecían a esa categoría”. (110) Pero para este estudio, obviamente, lo que interesa es seguir la evolución del ma*rranismo en España que, por otro lado, go*bernó Portugal desde 1580 hasta 1640.

69- Yitzhak Baer, Hístoria de los judíos en la España cristiana, t. II, p. 586, ed. Altalena, Madrid, 1981. Marín Padilla repara en esa convicción marrana y también cita la referencia de Baer (cf. Marín Padilla, ob. cit., p.65).

70- A. de los Ríos, ob. cit., T. II, p. 163.

71- El padre de los Sánchez era el notario Pedro Sánchez, apellidado Usuf cuando era judío público, y la madre era una conversa de Tortosa (cf. Anchías, ob. cit., n° 420, p. 563). Creo de interés anotar que el nieto del tesorero Gabriel Sánchez, Francisco de Gurrea (vástago de su hija Aldonza, que casó con Miguel de Gurrea) fue gobernador de Aragón y se unió a doña Isabel de Moncada, hija de don Juan de Moncada, señor de Aytona (ibid., p. 564).

72- Anchías, ob. cit., n°422, p. 280.

73- Ibid., n° 424, pp. 582 y 584.

74- Su expediente inquisitorial desapareció, igual que el del obispo de Segovia. Hubiera sido de mucho interés examinarlo.

75- Respecto a la misión cumplida por Alfonso de la Caballería, hecho muy conocido, puede consultarse entre otros a Amador de los Ríos, ob. cit., t. ll, pp. 147-148 y Francisco Fernández y González, Instituciones jurídicas del pueblo de Israel en los diferentes estados de la Península ibérica, desde su dispersión en tiempo del Emperador Adriano hasta los principios del siglo XVI, t. l, p. 308, ed. Biblioteca Jurídica de Autores Españoles, Imprenta de la Revista de Legislación, Madrid, 1881. Acerca de Senior, cf. Haim Beinart, Judíos en las cortes reales de España, pp. 8 y 27, B.P. Judía, ed. C.J. Latinoamericano, Rama del C.J. Mundial, Bs.As., 1975. Antes de su conversión este rabino, que además era una potencia financiera, fue designado tesorero de la Hermandad y “como este puesto estaba prohibido a los judíos (públicos, F.R.C,) las entradas del mismo se inscribían a nombre de uno de los cortesanos de la reina” (ibid., p. 8). No es cierto, sin embargo, que el collar que envió el futuro monarca de Aragón a Isabel lo haya proporcionado Alfonso de la Caballería o un judío público de nombre Selemoh. La joya, valuada en 40.000 florines de aro, pertenecía a Juan II y había sido empeñada en Valencia el año 1486 por 10.000 florines. Fue devuelta con la condición de que se entregara a ia princesa Isabel dentro de los ocho meses, caso contrario debería ser reintegrada a los prestamistas. El collar fue puesto en manos de Isabel por el arzobispo de Toledo, Alonso del Carrillo (cf. Manuel Danvila, Tres documentos inéditos referentes al matrimonio de los Reyes Católicos. 1468, 1469 y 1470, en BRAH, t. 40, pp. 135-136 y 143-146, 1902).

76- A. de los Ríos, ob. cit., t. If, p. 166.

77- Ibid., t. II, p. 148.

78- Liamgat, ob, cit., pp. 7-8-.

79- Diego López de Ayala, el fiel camarero de Cisneros y su delegado ante la corte de Flandes, escribía al cardenal desde Bruselas el 2-12-1516: “Hágole saber que hablando con Su Alteza de esta materia (los conversos, F.R.C.), me preguntó que le dijese cuáles eran confesos de los que estaban acá. Yo se los nombré, así los que están recibidos cuanto los que trabajan (para) entrar. Dijo Xebres que el Rey Católico (que) era tan sabio, que por qué se servia de ellos. Respondile que era tanta su sagacidad y manejo que se entraban sin meterlos, y de estar tan arraigados jamás los pudo apartar de sí. Y que la Reina, que Dios haya, por consejo de Su Señoría (Cisneros, F.R.C.) los echó de su Casa. Que el Rey Nuestro Señor (Carlos, F.R.C.) se preciase de parecerse a ella y ahora, al principio, se excusase de ellos” (cf. Manuel Giménez Fernández, Bartolomé de las Casas, t. l, p. 274, ed. Escuela de Estudios Hispano-Americanos de Sevilla, Sevilla, 1953). Resulta evidente la defensa de los confesos que intentó Xebres, quien se dejó sobornar por ellos como se verá.

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