Los marranos: ¿víctimas o victimarios de España? VI

305 Rofh, ob. cit., p. 260. En 1951 el Times destacó el papel de los marranos en el desarrollo del imperialismo inglés, desde los tiempos de Simón de Cáceres en adelante, señalando entre otros hechos su importante participación “en la conquista y colonización de las islas del oeste de Africa”: “La mitad de los que proyectaron esta expedición, activa y pasivamente, provinieron de la comunidad sefardí y quien los comandó fue un judío sefardí llamado Moses, luego Sir Morris, Ximenes”. “La otra mitad del mismo siglo -agrega el órgano de la plutocracia británica- vio a los sefaradíes ingleses, destacándose entre ellos los Passes y Bensusans, asumiendo el liderazgo en el desarrollo económico de Sudáfrica”, como lo hicieron con posterioridad en Australia los Montefiore (cf. Sephardim of England. City Aniversary of Gld Jewish Community, en Times, 18-12-1951). No hay que olvidar que merced al matrimonio de Catalina de Braganza con Carlos II, negociado por el marrano Coronel Chacón, “los británicos pudieron por primera vez poner el pie en la India” (v. Roth, ob. cit., pp. 226-227). Y no es casualidad sino causalidad, que el imperialismo británico haya alcanzado su máximo esplendor bajo el gobierno de Lord Beaconsfield, el sefardí Benjamín Disraelí. El título nobiliario de éste no fue, por cierto, un hecho excepcional. Agostino Coronel Chacón, que auxilió financieramente a Carlos II durante la restauración, también fue hecho caballero (¡bid., p.227}. No pocos marranos consiguieron tales mercedes, pero un número elevado se “ennobleció” mediante el matrimonio, por lo cual “en Inglaterra, no hay casi familia de la vieja aristocracia que esté libre de tales mezclas o alianzas” (¡bid., p. 232; acerca de esta cuestión ver Roth, La aristocracia inglesa, etc. y su estudio titulado An excursus upon the history of the Capadose family, que juntamente con el de Bertram Brewster, Soma account of the Capadose family, se incluyó como complemento de la obra de Isaac da Costa; Nobles familias among the sephardic jews, Oxford University Press, Londres, 1936).

306 Max J. Kohier, Los judíos en Cuba, en Revista Bimestre Cubana, vol. XV, n° 2, p. 127, La Habana, julio-agosto de 1920. Un hebreo público, Jacob Frank, de Nueva York, “fue contratista del Gobierno Británico, encargado de suministrar provisiones a la Armada inglesa en Jamaica, durante la campaña que dio por resultado en 1762 la captura de La Habana por los ingleses” (¡bid., p. 127).

307 Carta de los licenciados Cepeda y Lopidana y del doctor Arias de Ugarte, en Audiencia de Charcas. Correspon-dencia de Presidentes y Oidores, t. lü, pp. 450-451, ed. Colección de Publicaciones Históricas de la Biblioteca del Congreso Argentino, Madrid, 1922.

308 Véanse, entre otros, Roth, Historia, etc., p. 162, y Lewin, El judío en la época colonial, p. 47, ed. Colegio Libre de Estudios Superiores, Bs.As., 1939. En Francia, indica Elneaavé, “‘nación portuguesa’ significa simplemente judíos” (ob. cit., pp. 350-351). La asociación comunal de los judíos franceses a comienzos del siglo XVIII “adoptó el nombre de ‘Nación Portuguesa’, eufemismo porjudíos… El estatuto de la ‘Nación Portuguesa’ fue aprobado por Louis XV el 14 de diciembre de 1769” (¡bid., p. 351).

309 Günther Bóhm, Piratas judíos en Chile, en revista Judaica, año XII, nros. 142-143, pp, 156-158, Bs.As., abril-mayo de 1945. (Este artículo es reproducido por Böhm en su libro Nuevos antecedentes para una historia de los judíos en Chile colonial, pp. 53-55, ed. Universitaria, Santiago, 1963). La banda fue aniquilada en marzo de 1645 por una escuadra española, pero Deul escapó con sus tesoros y se refugió en los alrededores de La Serena, en una tribu indígena amiga, pasando allí, se cree, el resto de sus días. “La bahía de Guayacán, expresa el citado autor israelita, continuó siendo durante los siglos XVII y XVIII un punto de refugio y de reunión de piratas y corsarios” (ibid., p. 157).

310 Kohler, ob. cit., p. 127. Aarón Spivalc hace referencia también a piratas judíos en el Caribe durante la época hispana (v. Spivak, ob. cit., p. 120).

311 Günther Friendlénder, Los héroes olvidados, p. 30, ed. Nascimento, Santiago, Chile, 1966.

312 Caro Baroja, La sociedad criptojudía, etc., p. 77.

313 Respecto a las Indias debe señalarse ante todo que obstaculizó seriamente el desarrollo económico, corrompió la moral de los cristianos viejos y mestizos e introdujo también literatura herética y subversiva.

314 Lewin, Los críptojudíos, p. 145.

315 Ibid., p. 138.

316 Ibid., p. 148. En las actividades contrabandísticas que tenían lugar mediante el asiento negrero de la compañía inglesa South Sea Company, se puede apreciar el sobresaliente rol marrano. John Merewether, factor de aquélla en Kingston, hacía notar al vicedirector Peter Burrel, en carta del 25-1-1736, que ‘los judíos que están con nosotros, saben muy bien cómo desembarcar mercaderías en los muelles durante la noche, sin que se tenga noticia alguna de ello” (v. Elena F.S. de Studer, La trata de negros en el Río de la Plata durante el siglo XVFII, pp. 195-196, ed. Instituto de Historia Argentina “Dr. Emilio Ravignani”, Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, Bs.As., 1958). También los marranos realizaban un importante tráfico clandestino valiéndose de la tripulación de los barcos de esa empresa, según surge de informe confidencial que el médico John Burnett, antiguo funcionario de la South, entregó en 1728 al marqués de Barrenechea, plenipotenciario español en Soissons. En él “acentúa la importancia del contrabando que se efectuaba a raíz del comercio particular de los empleados de la concesionaria. Afirma que ese giro privado había llegado a tal extremo que los tripulantes se negaban a navegar con capitanes que se atrevían a restringir sus actividades mercantiles, y que no había marínero que no llevara una consignación por valor de 2.000 a 3.000 pesos de algún judío jamaicano en cada uno de los 4 o 5 viajes hechos anualmente por esas embarcaciones” (ibid., pp. 198-199). El comercio legal -entonces como hoy un excelente arma política- que realizaban las naciones enemigas de España, como Portugal (satélite inglés desde fines del siglo XVII), Holanda e Inglaterra, sirvió también eficazmente al marranismo internacional en su guerra contra España. Del dominio comercial marrano en Portugal ya está el lector informado, al igual que en el caso de Holanda. Acerca de ésta bien expresa Calmon que “detrás de los marinos holandeses estaban los judíos portugueses de Amsterdam y la Haya” (cf. Calmon, ob. cit., p. 81). En cuanto al famoso tráfico marítimo de los ingleses, el rabino Hertz observa que “una gran parte del comercio marítimo inglés ha estado durante largo tiempo en manos judías” (véase Dr. J.H. Hertz, The Jew in South Africa, Johannesburgo, 1905, cit. por Werner Sombart, Los judíos y la vida económica, p. 52, ed. Cuatro Espadas, Bs. As., 1981). Decir que esas “manos judías” correspondieron en muchos casos a marranos es una redundancia, como es innecesario hacer notar que la realidad histórica muestra que la dominación no fue sólo por un “largo tiempo”, iniciándose con el comercio inglés en gran escala.

317 J. Capristano de Abreu (apellido tipicamente marrano) ha dicho con toda franqueza que el Río de la Plata era “considerado por todos los autores portugueses el límite austral de Brasil”! (v. J.C. de Abreu, Sobre a Colonia do Sacramento, introducción a la obra del cristao novo Simón de Sá, Historia topographica e betlica de a nova colonia, Río de Janeiro, cit. por Carlos Correa Luna, Antecedentes coloniales, en Campaña del 8rasil, t. l, p. XXXVI, ed. Archivo General de la Nación, Bs.As., 1931).

318 Lewin, El judío, etc., p. 143. El clérigo Pedro Logu, calificador del Tribunal del Santo Oficio limeño, en nota del 6-6-1754, ponía de relieve al inquisidor general que en Colonia del Sacramento, “donde se junta toda la escoria de Portugal y del Brasil”, “no es poca la levadura vieja del judaísmo que viene entre ellos” (cf. José Toribio Medina, El Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en las provincias del Plata, p. 391, 2a edic., ed. Huarpes, Bs.As., 1945).

319 Memoires de G.J. Ouvrad, sur sa vie et ses diverses opérations financiéres, t. lll, pp. 348-350, cit, por Caro Baroja, Los judíos, etc., t. lll, p. 172.

320 Caro Baroja. ob.cit., t. 111, p. 172

321 Rivanera Carlés, “La Independencia de América: una subversión marrana contra España” (de próxima aparición).

11. LOS CONVERSOS Y LA LEYENDA NEGRA EN LA CONQUISTA DE LAS INDIAS

Para concluir esta somera visión de la guerra marrana contra España, hay que mencionar un arma vital que se empleó exi*tosamente: la Leyenda Negra. Junto a sus hermanos públicos, los conversos lanzaron una campaña propagandística mundial de desprestigio, basada en calumnias y falsedades, que todavía sigue difundiéndose y que en el presente, en vísperas del V Cen*tenario de la llegada a las Indias y del Edic*to de Expulsión de los judíos públicos, cir*cula con renovado vigor, en especial la parte referida a estas cuestiones. La conquista del Nuevo Mundo se presenta signada por la avidez de riquezas, el despojo y la esclavitud de los indios, el cri*men y la tiranía de los corrompidos funcio*naríos reales, etc., enmascarado todo en la evangelización de los naturales. Ante ello, los hispanistas han forjado una contrale*yenda que la transformó en una gesta misional católica, cuyos protagonistas, salvo excepciones, fueron héroes, santos y asce*tas. Ambas versiones distorsionan torpe*mente la verdad histórica. Su esclareci*miento es de singular trascendencia para el prestigio y él honor de España, así como para su porvenir y el de los pueblos hispanoamericanos.

La documentación existente prueba que las metas de la empresa han sido la evangelización y el aumento de los domi*nios españoles, mas que desde un principio muchos de sus principales actores fueron marranos, que tenían por finalidad el lucro y el encumbramiento político y social y, pa*ralelamente, sabotear en el nuevo conti*nente la política de la Corona, prosiguiendo desde allí la conjura contra el imperio. E incluso existieron planes, y algo más que planes, para crear un Estado judío. (322) A pesar de la falta de datos estadísticos pre*cisos, está comprobado que ha sido excep*cionalmente alto el número de conversos que arribó a las Indias, los cuales, y esto es lo que interesa, predominaron en la vida política y social.

Si bien ha habido en las Indias gober*nantes justos y funcionarios honestos, sa*cerdotes idealistas y sinceros propagado*res de la Fe, del mismo modo que honorables y esforzados pobladores cristia*nos viejos, algunos de los que sufrieron sinnúmero de penalidades y hasta dieron la vida por Dios y por España, ellos han constituido, desgraciadamente, una exigua minoría. La conducta de los más respondió a la descrita por la Leyenda Negra, pero la mayoría de los responsables del com*portamiento criminal y delictivo en la conquista y población de las Indias han sido judíos conversos y no españoles. En síntesis, los judíos conversos explotaron las nuevas tierras en perjuicio de los natu*rales y españoles, pero el desprestigio fue para España a la que se adjudicó lo reali*zado por aquéllos, desfiguración histórica de la cual encargáronse con singular entu*siasmo los propagandistas marranos y sus agentes.

Ahora bien, es evidente que esto no hubiera sido posible sin el ingreso ma*sivo de cristianos nuevos a las Indias – transgrediendo reiteradas disposiciones prohibitivas- y su virtual hegemonía en ellas, hechos ambos imputables a la Coro*na española o, más precisamente, a los marranos que operaban en su seno, cuya gravitación se acentuó de manera significa*tiva a partir del reinado de Felipe IV. De ese modo, la conquista incorporó un Nuevo Mundo para el cristianismo, la Hispanidad y Occidente, pero su magna obra fue saboteada y alterada desde el co*mienzo por el marranismo. Aarón Spivak tras destacar que “la influencia del judaís*mo dejábase sentir en todos los aspectos de la vida de la colonia”, hasta el punto de que “si no hubiese sido por el Santo Oficio, toda la América Latina sería hoy ‘cristiana nueva”‘, plantea la cuestión en términos exactos: “La historia de la América colo*nial es, si se mira bien, la historia de la lucha entre judaísmo y antijudaísmo”. (323) Entre Sefarad y España.

Los judíos quieren hacer del Descubri*miento (más propiamente habría que hablar de población y conquista, puesto que otros llegaron antes que Colón) una empresa ju*deoconversa. Esto es inexacto, pero tam*bién lo es afirmar que los conversos nada tuvieron que ver en ella. En realidad fue una empresa de la Corona de España en la cual los marranos han tenido una rele*vante participación, con finalidades rner*cantíles y políticas propias. Cristóbal Colón, que era marrano, (324) fue apoyado por influ*yentes cristianos nuevos como Diego de Deza, obispo de Palencia a la sazón y tutor del príncipe de Asturias, que sería luego arzobispo de Sevilla y sucesor de Torque*mada en el cargo de inquisidor general; los marqueses de Moya, Andrés Cabrera y Beatriz de Bovadilla; Juan Cabrero, cama*rero de Fernando; Alfonso de la Caballería, vicecanciller aragonés; el banquero Luis de Santángel, escribano de ración y Gabriel Sánchez, tesorero de Aragón, y sus cuatro hermanos. También recibió apoyo del prior de La Rábida, Antonio de Marchena y de su sucesor, Juan Pérez, conversos am*bos. (325) El primer viaje fue financiado por Santángel, pero el préstamo no fue hecho a Colón sino a la Corona. (326)

Entre los más conocidos miembros de la tripulación que acompañó a Colón en su primera expedición, destácanse los nom*bres de los intérpretes Luis de Torres, el médico Bernal -penitenciado en 1490 por judaizante-, el cirujano Marco, Alonso de la Calle, Rodrigo de Triana, que figuraban como marineros, y Rodrigo Sánchez de Se*govia, superintendente del almirante, em*parentado con el tesorero Sánchez. (327) Las ideas que tenían los judíos con*versos sobre las Indias, se advierten con nitidez en Colón. “No cabe duda, observa Madariaga, de que en sus sueños íntimos el Almirante-Virrey se veía a sí mismo como un cuasi-monarca de las Indias. Los Reyes se enteraron con desagrado de que se lle*vaba a las Indias un contingente de continos, privilegio entonces considerado como real… Es probable que sintiesen cierta in*quietud por si Colón abrigaba el pensa*miento de ir poco a poco organizándose un servicio propio, separado del real, que le permitiera en su día cortar las amarras con la autoridad de Castilla”. (328) Estas no son divagaciones.

En la carta que Colón escri*bió a los reyes en su último viaje, datada en Jamaica el 7 de julio de 1503, se atrevió a decirles que mientras se hallaba adorme*cido una voz desde lo alto, la voz de Yavé, le dijo que Dios le había dado las Indias en propiedad: “Cansado, me (a)dormecí gimiendo: una voz muy piadosa oí, diciendo: ‘iOh estulto y tardo a creer y a servir a tu Dios, Dios de todos! ¿Qué hizo El más por Moisés o por David su siervo? Desde que naciste, El tuvo de tí muy grande cargo. Cuanto te vio en edad en que El fue con*tento, maravillosamente hizo sonar tu nom*bre en la tierra. Las Indias, que son parte de mundo, tan ricas, te las dio por tuya*s’.” (329) Coincido plenamente con Pineda Ya*ñez: “la voz de lo alto no es otra que la de Jehová; quien le escucha, un elegido del Señor de Israel, a la manera de los viejosprofetas”. (330)

Estos datos, por demás significativos, muestran la antinomia que desde su inicio caracterizó el proceso histórico fundacional de las Indias y su ulterior desarrollo. Cristóbal Colón y los conversos que lo secundaban, en conformidad con el criterio mercantilista con el cual encararon la em*presa indiana, desde el principio se aboca*ron a explotar y esclavizar a los indios. Las ideas esclavistas de Colón son innegables y se reflejan en el Diario de Navegación del primer viaje. Colón y su familia fueron los iniciadores de la política de esclavización de los indios, instaurando la esclavitud y trata en La Española durante su gobierno (1492-1500). (331) Desde 1493 el almirante estaba asociado con el negrero converso y banquero florentino Juanoto Berardi, esta*blecido en Sevilla, (332) ciudad a la que aquél llevó varios contingentes de indios para vender. Sus propósitos se vieron frustrados por la firme oposición de Isabel y su con*fesor Cisneros, dictándose la RC del 13 de abril de 1492 que prohibió de manera tran*sitoria, hasta consultar a “letrados, teólogos y canonistas”, (333) que se vendieran los in*dios como esclavos. Pero en la práctica la trata fue tolerada hasta la Real Cédula del 6 de junio del año 1500, que la prohibió en forma definitiva, ordenando a Colón que de*volviera los tainos a Haití. Tal política era diametralmente opuesta a la de Portugal, que implantó en Brasil idéntico régimen es*clavista que en sus dominios del Congo y Guinea.

Desgraciadamente, las cosas sufrie*ron un vuelco total al asumir Fernando V la regencia de Castilla, ya que su gobierno estuvo en manos del clan confeso aludido, que alcanzó un dominio absoluto en la ad*ministración de las Indias, donde desalojó de sus posiciones a la facción de Colón, también marrana. La cabeza visible de go*bierno indiano era el ministro Juan Rodrí*guez de Fonseca, obispo de Burgos, per*sonaje carente de escrúpulos e inmoral, (334) pero el verdadero amo era el judío conver*so Lope Conchillos, más inteligente y astuto que el anterior, quien desempeñaba un car*go equivalente al de subsecretario de In*dias. Desde 1500 tenía un modesto empleo en la secretaría real, encumbrándose súbi*tamente al morir la gran reina Isabel. Como el obispo, fue espía de Fernando en la corte de Felipe el Hermoso y en 1507 se lo de*signó secretario real con un sueldo de 100.000 maravedíes anuales, adscrito con Fonseca al gobierno de las Indias. En esa función, escribe Giménez Fernández, “em*pezó a adquirir puestos, derechos, granje*rías y enchufes que, a la muerte del Rey, le proporcionaron cuatro millones de mara*vedíes anuales. En efecto, desde 20-III-*1508 era escribano de minas en La Espa*ñola, y desde 3-XII del mismo año, en Puerto Rico, llevando, mediante sus tenien*tes, tres reales de derechos por cada licen*cia para sacar oro, y exigiendo además ile*galmente regalos y propinas. En 2-IV-1510 obtuvo el cargo de fundidor, con cien indios repartidos en La Española, a los que en 12-IV-1513 se agregaron otros doscientos en Cuba, logrando se aumentaran a tres*cientos en cada isla por el repartimiento de Alburquerque (XII-1514).

Desde 1513 go*zaba de 50.000 maravedíes anuales para ayuda de costa, que hoy llamaríamos gra*tificación; en 21-III-1515 obtuvo el Registro del Sello de Indias y, además, por medio de sus tenientes, desempeñaba la secreta*ría o escribanía del Tribunal de Apelación… fuente además de suculentos cohechos, y se arrogó como anejo al cobro de los de*rechos de Registros de Naos, de la Visita de Cárceles y de herrar los indios esclavos, percibiendo dos reales por cada pieza, en cuya calificación como tales holgaba todo escrúpulo. Se reservó (9-VIII-1513) las fun*ciones de escribanía, Registro de Sello y fundición de oro en Tierra Firme, que ejer*cía como teniente su protegido y hechura el historiador imperialista Gonzalo Fernán*dez de Oviedo; nombraba aprovechados administradores de las granjerías reales, de los bienes de difuntos y de los secuestra*dos por la justicia, reservándose gran parte de sus ilícitos provechos; vendía el favor real a quienes estaban comprometidos con la justicia, como a Vasco Núñez de Balboa; estancaba y detenía por su cuenta y razón los expedientes resultantes de las residen*cias y visitas; daba repartimiento de indios a sus protectores en la Corte, como a Al*mazán, Cabrero y Hernando de Vega, y concedía fructuosas capitulaciones a sus protegidos, como Nicuesa, y depredadoras capitanías a sus parientes, como a su cu*ñado Luis Carrillo, cuyas matanzas y sa*queos en el Darién dejaron atrás las de Espinosa, Becerra y los peor afamados lu*gartenientes de Pedradas.

Como es lógico, la mala fama de Conchillos era general”. (335) Aparte de medrar con los asuntos indianos, lo hacía también en los negocios de la cor*te. Este todopoderoso tirano de las Indias, proveniente de la judería bilbilitana, se desempeñaba, asimismo, como secretario de las Ordenes de Santiago, Montesa y Cala*trava, poseyendo la encomienda de Mon*real en esta última. (336) En las postrimerías de gobierno fernandino el binomio Conchill!os-Fonseca gozaba de tal poder e impu*nidad que llegó a falsificar descaradamente reales cédulas y provisiones. (337)

La Casa de Contratación, donde abun*daban los conversos, (338) respondía dócil*mente a las órdenes de Conchillos -“co*mendador secretario de Sus Altezas”-, siendo los oficiales Juan de Samano y Juan de Oviedo sus más fieles agentes. Oviedo, a quien Giménez Fernández define como el “principal y corrompido oficial de Lope Conchillos en la Secretaría de Indias”, era cristiano nuevo (339) El cómplice más impor*tante del clan judeoconverso en las Indias era Miguel de Pasamonte, antiguo criado de Fernando V y converso aragonés, (340) quien se convirtió en el amo supremo de La Española a través de su cargo de teso*rero general y del cual puede decirse que “mandaba más en las Indias que el Sobe*rano español, cuyas mercedes interfería o retrasaba”. (341) Sujeto de costumbres depra*vadas, disponía de un nutrido harén de jó*venes indígenas y era homosexual. (342) Así lo caracteriza Giménez Fernández: “malig*no, insolente, artero y codicioso, ni respe*taba superior ni reconocía igual, siendo un tirano para los españoles y una plaga para los indios”. (343) Quien encabezaba la larga nómina de judíos conversos que lo secun*daban en sus fechorías, era el toledano Lucas Vázquez de Ayllón, juez de apelación de la Audiencia local. (344)

El régimen de encomiendas quedó ins*titucionalizado a partir del repartimiento de indios realizado en La Española el año 1514 por el converso Rodrigo de Aiburquer*que, (345) conjuntamente con su hermano de raza Pasamonte. Los beneficiarios del re*parto fueron, como es fácil de imaginar, los integrantes del clan marrano de la penín*sula y del Nuevo Mundo. Las Leyes de Bur*gos, dictadas el 27 de diciembre de 1512, no obstante ser un avance doctrinario en la condición indígena, al prohibir la esclavitud e imponer la obligatoriedad de la enseñan*za cristiana y el buen trato de los nativos, consagraron la explotación de los rnísmos a través del sistema de encomiendas. Sus redactores, decididos partidarios de la ex*plotación de los indios, fueron el bachiller Martín Fernández de Enciso, el conventual franciscano de la provincia de Santoyo, fray Alonso de Espinar y el comerciante burga*lés Pedro García de Carrión. Este, que ha*bía residido y traficado durante varios años en las Indias, era el ‘Vocero de los más acérrimos esclavistas” y sin duda cristiano nuevo, como lo indican su apellido, oficio y relaciones. (346)

Con las leyes de referencia, los con*versos, que no pudieron legalizar la escla*vitud y trata de los indios y vieron amena*zados los repartimientos de éstos, que iniciara Colón (denunciados ante la Corona por su naturaleza esclavista, que diezmó a los naturales), lograron salvar el principio esencial: la explotación del trabajo índíge*na. De hecho, el sistema convirtió la servi*dumbre en esclavitud. No puede sorpren*der, entonces, que uno de los autores de la legislación que creó las encomiendas, el representante de los esclavistas, haya sido un judío converso y que también poseyeran esa condición los funcionarios reales que realizaron el repartimiento que las puso en práctica.

Alburquerque debía llevar a cabo su cometido junto con el licenciado Pedro Ibá*ñez de Ibarra, en cuya compañía arribó a Santo Domingo el 15 de julio de 1514, pero al morir pocos días después este último, su lugar fue cubierto por el tesorero Pasamon*te. (347) El reparto se hizo entre el 15 de no*viembre de ese año y el 1° de enero del siguiente, abarcando a Concepción de la Vega, Santiago, Puerto de Plata, Santo Do*mingo, Salvaleón, Azúa, Buenaventura, Bo*nao, Puerto Real, Lares de Guahava, San Juan de la Maguana, Vera Paz, La Sabana y Villanueva de Yaquimo. Se distribuyeron 22.344 indios de servicio, cantidad a la que hay que adicionar casi 10.000 ancianos y niños, es decir, la totalidad de los que que*daban en La Española. (348) La importancia de este repartimiento, observa Giménez Fernández, se debe a que “supone la ge*neralización y legalización de la institución del repartimiento, y!a sustitución de este nombre por el de ‘encomiend’ consagran*do su uso la Cédula de Concesión”. (349)

Aparte de los beneficios inherentes a la de*senfrenada explotación de los indígenas, las encomiendas “sirvieron para pagar óp*timos sueldos a los Jueces y Oficiales en Indias, y para proveer de provechosas si*necuras a los favoritos asentistas en Cas*tilla, como Fonseca, Vega, Zapata, Cabre*ro, Conchillos y Almazán, entre otros”. (350) Los omnímodos poderes con que la cama*rilla conversa hizo revestir a Alburquerque, que hacían posible violar hasta las mismas leyes de Burgos, permitieron que sus miembros, en España e Indias, participaran en el reparto, pese a que dichas leyes ex*cluían a los funcionarios reales. Así Con*chillos recibió 800 indios; Fonseca, 300; Cabrero, 400; Zapata, 200:, Vázquez de Ay*ilón, 250, etc. (351) Un signo elocuente de lo que ocurría en el nuevo continente, es que el primer tesorero de la Santa Cruzada (352) en Indias fue el jurado de Toledo Hernán o Fernando Vázquez, “converso notorio”, el cual desig*nó su factor en La Española a Lope de Bardeci. El marrano Vázquez se valió de sus funciones, que ejerció varios años (to*davía las desempeñaba en 1518), para tra*ficar y beneficiarse con repartimientos de indios. (353)

Difícil resulta describir las depredacio*nes, crímenes, robos, ultrajes e inmisericor*de explotación de los indios que llevaron a cabo los “todopoderosos tiranos conver*sos”, como llama el precitado autor a la cúpula gobernante en La Española. (354) Pese a la prohibición de junio del año 1500, la esclavización y trata del indio se efectua*ba mediante diversas argucias legales, siendo una de las más comunes la captura en guerra justa. El omnímodo reinado de estos sa*queadores de las Indias llegó a su término al asumir la regencia el Cardenal Cisneros. El 22 de abril de 1516 el obispo Fonseca fue dejado cesante y en junio de ese año se exoneró a Conchillos, que también debió abandonar la secretaría de Ordenes Militares. La banda marrana, empero, siguió par*ticipando del gobierno indiano por interme*dio de Juan de Oviedo que, inexplicablemente, permaneció en su pues*to. Los jueces de La Española -Ayllón, el converso Marcelo de Villalobos y Juan Ortiz de Matienzo(?)- fueron sometidos a resi*dencia, la que puso al desnudo la extraordinaria corrupción, los delitos y la escanda*losa vida de la oligarquía isleña. Cisneros sabía muy bien lo que había pasado y se*guía pasando en los dominios de ultramar, pero su plan de reforma del gobierno de las indias finalmente quedó sin efecto.

Conchillos y Fonseca no permanecie*ron inactivos, instalándose el primero en la corte de Carlos de Flandes, donde por me*dio del cohecho del omnipotente Xebres, la intriga y la calumnia contra Cisneros, logra*ron retornar en los últimos días de la re*gencia de éste, cercano ya a la muerte y desmoralizado por la actividad de Flandes. Fonseca y Conchillos volvieron a sus anti*guas posiciones, inclusive recuperó el se*gundo la secretaría de Ordenes. Esta vez, no obstante, los días de Conchillos estaban contados. Por falsificación de reales cédu*las y provisiones -a las que estaba acostumbrado en tiempos de Fernando- el gran canciller Johannes le Sauvage lo dejó ce*sante en los primeros días de febrero de 1518. Sin embargo, fue muy bien gratifica*do, retirándose a Toledo donde vivió en la opulencia durante cuatro años hasta que murió en mayo de 1522. (355) El obispo Fonseca, empero, permaneció en su cargo hasta septiembre de 1518, aunque ya su poder no fue el de antes, mas al producirse la muerte repentina de Sauvage el 7 de junio de dicho año, volvió a manejar a su guisa la política indiana, en el breve interi*nato de Juan de Carondelet, lo que le per*mitió reponer en sus cargos a los delin*cuentes jueces de La Española, cuyos juicios de residencia había hecho suspen*der el funesto binomio a fines de 1517.

Esta situación duró hasta el nombramiento del nuevo gran canciller Mercurino Arborio de Gattinara, el 10 de octubre del mismo año, pero el corrupto obispo no dejó de participar durante un tiempo prolongado en el manejo de los asuntos indianos, dirigiéndolos junto con Xebres de enero a junio de 1520. Y pensar que se trataba de un súbdito infiel, ya que aunque en la rebelión comunera estuvo del lado real, posición comprensible dado su cargo, hablase opuesto a la pro*clamación de Carlos en marzo de 1516 y junto con Conchillos, así como el resto del bando confeso, peninsular e indiano, era partidario del infante Fernando. (356) El anti*guo habitante de la Judería Nueva de Ca*latayud, Lope Conchillos, que en Toledo ejercía el cargo de regidor, brindó ayuda a los alzados comuneros, logrando salir in*demne de esta traición por influencia de su yerno el conde de Olivares. (357)

Pronto el joven emperador tomó firme*mente las riendas del poder y, con clara conciencia del problema converso, hizo cuanto pudo para impedir la influencia de los cristianos nuevos, política que continuó y profundizó Felipe II. Las medidas tomadas por Carlos V, y ampliadas por su hijo, modificaron de ma*nera sustancial la legislación que reglaba la condición de los naturales. Las llamadas Leyes Nuevas, promul*gadas en la Ciudad Condal el 20 de no*viembre de 1542, prohibieron que ¡os indios pudieran ser esclavizados “por ninguna causa de guerra ni otra alguna”, ordenando “sean tratados como vasallos nuestros de la Corona de Castilla, pues lo son”. Las diversas disposiciones modificatorias del régimen de encomiendas prohibieron en forma terminante la explotación del Indio. Pero, no obstante las nobles intenciones de estos grandes reyes (absorbidos por los decisivos asuntos europeos y alejados física*mente del Nuevo Mundo), en la práctica prosiguió, más o menos atenuada, esa ini*cua explotación. Esto ha sido imputado tra*dicionalmente a la codicia de los encomen*deros, explicación cierta pero incompleta, pues omite el carácter judeoconverso de la mayor parte de los mismos y el papel fun*damental de los conversos del “pueblo ele*gido” en la instauración del sistema de en*comiendas.

Se aclara así el infundio repetido hasta el cansancio: el desprecio de los españoles por el trabajo corporal. Fueron los judíos conversos, que odian el trabajo físico, y el agrícola en particular, los que se valieron de la mano de obra ajena, estableciendo un régimen que impulsó a hacer lo propio a los españoles, los cuales si bien en su mayoría iban a las Indias con la finalidad de enriquecerse fácilmente y de escalar posiciones, eran casi todos “gente del común” y no hidalgos, esto es, perso*nas que desempeñaban oficios manuales. Aunque no faltaron agricultores entre los españoles del Nuevo Mundo, no arribaron, salvo algunos, con el fin de labrar la tierra. Lamentablemente la idea de poblar las In*dias con labradores que se dedicaran a su noble oficio, nunca se concretó. A este pro*yecto se opusieron tenazmente los conver*sos. (358)

Por otra parte, los marranos de Brasil desde el primer momento se dedicaron a la trata de indios, que alcanzó su esplendor con los bandeirantes conversos, quienes iniciaron sus operaciones en gran escala cuando Portugal se encontraba bajo sobe*ranía española, asaltando no sólo las al*deas indígenas brasileñas sino también, de modo continuo y sangriento, las reduccio*nes jesuíticas ubicadas en jurisdicción de la Corona de España. Respecto a la esclavitud negra, que algunos pretendieron justificar en parte para evitar la del indio, resulta tan conde*nable como la de éste. España limitóse a actuar en este terreno como otros países europeos, lo cual no la exime de culpa, desde luego. Debe señalarse, empero, que su desarrollo tiene lugar recién en 1595, poco antes de morir Felipe II, y se incre*menta aún más en la época borbónica. Ahora bien, los traficantes y, por lo tanto, quienes fomentaron dicha explotación, tam*bién han sido los judíos conversos. (359) No obstante que en los reinados de Carlos V y de Felipe II el gobierno de ¡as Indias dejó de ser controlado por los cris*tianos nuevos, éstos siempre tuvieron una marcada gravitación en los asuntos del nuevo continente por medio de la Casa de Contratación, de los numerosos funciona*rios reales marranos de ultramar y la in*fluencia de algunos altos personajes de la corte pertenecientes a su misma estirpe, que no faltaron, como se ha visto, ni siquie*ra en tiempos de los nombrados. Luego del fallecimiento de Rey Prudente ya sabemos lo que sucedió.

Lo expuesto permite entender lo que de otro modo resulta incomprensible, sobre todo bajo los reinados de Isabel, Carlos V y de su hijo, a saber, que pasara a indias una enorme cantidad de conversos espa*ñoles simulando ser cristianos viejos, el in*greso clandestino aluvional de los marra*nos portugueses y el posterior encumbramiento de casi todos ellos, el mo*nopolio converso del tráfico transatlántico, el contrabando, la explotación de los natu*rales, la corrupción y el despotismo en los dominios ultramarinos, etc. Como si no bastara la mentirosa Le*yenda Negra que ocultó el verdadero pro*ceso histórico indiano, se logró borrar hasta el nombre de Indias Occidentales con que España bautizó al Nuevo Mundo. Si bien no llevó este el del marrano Colón, se le dio el de otro individuo que, de acuerdo a diversas evidencias, habría sido también ju*dío converso: Américo Vespucci. (360) El odio marrano, así como la envidia y el interés de las naciones enemigas de la noble Es*paña, que intentaban afectar sus títulos so*bre el nuevo continente, lograron imponer esa denominación a todas luces arbitraria e injusta (y que constituye una afrentosa burla si, como se cree, Vespucci era con*verso), aceptada finalmente por la anti-Es*paña borbónica, en cuyos gobiernos pulu*laban los “de la nación”.

322 Ver inciso C del Apéndice.

323 Spivak, ob. cit., p. 117.

324 La condición marrana de Colón ha sido demostrada en forma concluyente. Ver entre otros a Salvador de Madariaga, Vida del Muy Magnífico Señor Don Cristóbal Colón, ed. Sudamericana, Bs. As., 1940; Rafael Pineda Yañez, La Isla y Colón, ed. Emecé, Bs.As., 1955, y especialmente su artículo Para los que aún dudan que Colón era judío, en revista Comentario, n° 35, Bs. As., 1963; cf. también los citados trabajos de Link y Liamgot.

325 Madariaga, ob. cit., pp. 222 y 253; Pineda Yañez, La isla y Colón, p. 220 y Para los que aún duden, etc., pp. 45 y 46 y Liamgot, ob. cit., p. 7. Respecto al carácter marrano de Marchena y Pérez, cf. Liamgot, ob. cit., p. 28.

326 Los fondos salieron de las rentas de la Santa Hermandad, que Santángel arrendaba en sociedad con el “ginovés” Francisco Pinelo. Roth afirma que Abraham Senior también financió el primer viaje de Colón, pero no aporta pruebas (ob. cit., p. 198). Link, por su parte, sostiene que Gabriel Sánchez fue quien proporcionó el dinero junto con Santángel, mas tampoco suministra elementos demostrativos (ob. cit., p. 9). Lo mismo dice Torroba Bernaldo de Quirós, el cual afirma que también aportaron sus caudales Senior, Isaac Abarbanel y el médico judeoportugués Josef Vecinho (Vizinho), integrante de la corte de Juan II (v. T.B. de Quirós, Historia de los sefarditas, p. 256, ed. Eudeba, Bs.As., 1968). Estos autores, como Liamgot y Pineda Yañez, sostienen en forma inexacta que el dinero fue prestado a Colón. Este último avisó a Santángel de su llegada a Indias antes que a los reyes. (El mismo día, 15-2-1493, también hizo saber la novedad al tesorero Sánchez, enviándole una carta con el mismo texto que la de aquél). A. de !os Ríos, ob. cit., p. 279. El escribano de ración fue elevado a la dignidad de consejero real. Más adelante se le otorgó un insólito privilegio: “es verdaderamente pasmoso comprobar que en 1497 se confiriese a converso tan caracterizado como Luis de Santángel, en pago a sus servicios, nada menos que los bienes correspondientes a la hacienda real en las confiscaciones del Santo Oficio en todo el reino de Valencia. Y esto a perpetuidad, a modo de mayorazgo transmisible a sus descendientes” (cf. Márquez Villanueva, ob. cit., pp. 521-522). Este judio converso fue uno de los primeros que comerciaron con el Nuevo Mundo.

327 cit., p. 197; Link, ob. cit., pp. 9-10 y Liamgot, ob. cit., pp. 27-28.

328 Madariaga, ob. cit., p. 353.

329 Ibid., p. 522.

330 Pineda Yánez, La isla y Colón, p. 203.

331 Giménez Fernández, ob. cit., t. l, pp. 25 y 27-28 y t. ll, p. 465.

332 Ibid., t. II, p. 455. En cuanto al marranismo de Berardi, cf. Pineda Yañez, Américo Vespucci, etc., p. 47.

333 Giménez Fernández, ob. cit., t. II, p. 461.

334 Tuvo varias hijas naturales, “sobrinas” muy “cortejadas por cuantos aspiraban a enriquecerse en Indias” (ibid., t. l, p. 12).

335 Giménez Femández, ob. cit., t. l, pp. 14-15. Interesará al lector saber que el sanguinario déspota de Castilla del Oro, Pedrarias, era marrano al igual que los mencionados lugartenientes. Respecto a Pedrarias, v. Francisco Cantera Burgos, Pedrarias Dávila y Cota, capitán general y gobernador de Castilla del Oro y Nicaragua: sus antecedentes judfos, ed. Instituto Arias Montano, CSIC, Madrid, 1971; vertambién Link, ob. cit., p. 12. Era converso, asimismo, el agente de Conchillos, el famoso cronista indiano Gonzalo Fernández de Oviedo: su madre, Juana de Oviedo, pertenecía a una familia cristiana nueva (cf. Giménez Fernández, ob. cit., t. II, p. 295). Antes de marchar a Indias, desde el 14-12-1507, Oviedo ocupó en Madrid el cargo de escribano de la Inquisición, nombramiento que se hizo, parece, a instancias de Diego de Deza (ibid., t. II, p. 296).

336 Ibid., t. I, pp. 8 y 118. Su tío, el secretario Pedro Quintana, poseía la encomienda de Almendralejo (ibid., t. l, p. 8). También otros conversos recibieron encomiendas de las órdenes militares castellanas, entre ellos Cabrero y Almazán, pariente éste de Conchillos (ibid., t. II, p. 23). Con excepción al parecer de Pedro, el primogénito, los hermanos de Conchillos fueron favorecidos con cargos y honores: “Jacobo o Jaime, que llegó a obispo de Geraces y de Catania, mal afamado diplomático, fallecido en 1542; García, Comendador de Calafrava; Juan, ayo del bastardo D. Hemando de Aragón, y Gonzalo, deán de Jaca; y dos hembras: Isabel y María, casadas con escuderos encumbrados por su cuñado” (ibid., t. l, p. 13). Conchillos contrajo matrimonio con María Niño de Ribera, señora de Nuez y Mazarambroz, hija de Hernando Niño y de Elvira Barroso, de la Casa Malpica. Pertenecía a la nobleza de título, más no de sangre como cree erróneamente Giménez Fernández, pues por el linaje de los Malpica corría “sangre infecta” (Ver cardenal Mendoza y Bovadilla, ob. cit., p. 4).

337 Giménez Femández, ob. cit., t. II, pp. 282-283. En la falsificación de documentos reales colaboró con Conchillos su entonces criado y escribiente, Francisco de los Cobos (ibid., t. l, pp. 283-284), cómplice en sus sucios manejos, que supo alcanzar luego fama, honores y elevadas posiciones. Cuando aquél fue despedido definitivamente de la secretaría de Indias, Cobos ocupó su lugar.

338 Alfonso Gutiérrez de Madrid, que vivió parece en Sevilla desde 1510, donde gozaba de una veintícuatría, “se hallaba en excelentes relaciones con los elementos influyentes de la Casa de Contratación de quienes frecuentemente fuera compadre a juzgar por los asientos de los libros parroquiales de Sevilla” (ibid., t. II, p. 275). Un ejemplo de la nutrida presencia conversa en la Casa es Diego de Porras, quien a fines de la segunda década del siglo XVI era notorio jefe de la misma (v. Pike, ob. cit., p. 100). En la obra de Gímenez Femández hallará el interesado más datos al respecto. Un listado de los funcionarios de la Casa, con sus datos de filiación, trabajo que aún no se ha hecho, comprobará la supremacía conversa.

339 Giménez Fernández, ob. cit., t. ll, pp. 55, 79 y 295-296. Juan de Oviedo era hermano de Juana de Oviedo, la madre del cronista. Samano desde el 1-8-1524 se haría cargo interinamente de la secretaría de Indias, a cuya titularidad accedió por renuncia de Cobos el 10-11-1539, desempeñándose hasta su muerte el 4-12-1558.

340 Ibid., t. l, p. ll y t. II, pp. 72, 130 y 409. La exhaustiva investigación de Giménez Fernández se halla rigurosamente documentada, con material en parte inédito. Al margen de no pocos conceptos errados, producto de su ideología democrática (incompatible con su sincero pero heterodoxo antimarranismo), es un texto imprescindible para el estudio de la conquista y población de las indias.

341 Ibid., t. l, p. 30.

342 Ibid., t. l, p. 30 y t. II, p. 130.

343 Ibid., t. l, p. 31. Cuando murió lo reemplazó su sobrino Esteban de Pasamonte, a quien sucedió su hijo, caracterizándose ambos por continuar fielmente su acción despótica y criminal.

344 Ibid., t. l, p. 343 y t. II, pp. 145 y 172.

345 Ibíd., t. II, pp. 516-517. El primo y protector de Alburquerque era el “Rey Chiquito”, el converso Luis Zapata, en ese tiempo favorito del rey Fernando (ibid., t. l, p. 116 y t. ll, pp. 80 y 516). Alburquerque se enriqueció en el nuevo continente por medio de “escandalosos cohechos”, actuando como un lacayo de Pasamonte (ibid. t. II, pp. 151 y 621).

346 Ibid., t. l, p. 44 y t. ll, p. 93. García de Carrión, “durante su estadía en Indias fue mercader, encomendero de muchos indios y enviado por sus congéneres como procurador para lograr la perpetuidad de sus encomiendas” (ibíd., t. II, p. 93). En efecto, en un memoria¡ titulado parecer de los vecinos de Indias que aquí están, entregado a Sauvage en Valladolid entre diciembre de 1517 y febrero de 1518, donde se solicita que no quiten los indios a los encomenderos, entre las personas “imparciales” que se citan para avalar su posición, las cuales residieron en Indias “harto tiempo”, figura Pedro García de Carrión, entonces residente en Burgos (ibid., t. tl, pp. 92-93). Los firmantes de la petición, casi todos funcionarios de S.M., eran miembros conspicuos de la oligarquía conversa esclavizadora de los indios. Se cree que dicho documento fue escrito por Gil González Dávila, procurador y contador de La Española (ibid., t. II, p. 409), cristiano nuevo.

347 Ibid., t. II, p. 516.

348 Ibid., p. 516. Comentando el número de indígenas distribuidos Giménez Fernández observa que constituía el “mísero resto del millón crecido que en 1495 había en La Española” (ibid., p. 516).

349 lbid., p. 517.

350 Ibid., p. 517.

351 Ibid., t. l, pp. 35-36.

352 Recaudaba los fondos de las Bulas de Indulgencias para la lucha contra los turcos y moros. De hecho, esta importante fuente de recursos empleóse para solventar las necesidades de la Corona.

353 Giménez Femández, ob. cit., t. II, pp. 224 y 539. “Hemán Vázquez, que debía ser próximo pariente del también converso toledano e influyente Juez de la Española Lucas Vázquez de Ayllón, quien fue su fiador por 1.500 ducados de oro en 29-11-1524 (LH.C.; T. 5°, n° 359) actuó como socio mediante la persona interpuesta de su criado Juan de Siruela en la compañía para comerciar en Indias formada en 10-III-1523 por Bartolomé de Hontiveros, Juan de Velasco, Juan de la Rada, Juan de Soria y Lope de Bardeci (Bardesia) (LH.C.; T. 40, númes. 182 y 183). Posteriormente en 10-1-1527 aparece como socio de los negreros genoveses Adán de Bivaldo y Tomás y Domingo de Fome (LH.C.; 5°, 1267)” (ibid., t. II, p. 539; por error en vez de Adán dice Adrián de Bivaldo; i.H.C. es la sigla del Instituto Hispano-Cubano de Sevilla). Los socios eran todos o casi todos conraciales y respecto a los agentes de Vázquez, los dos sin duda lo eran: Siruela es un típico nombre marrano y Lope de Bardeci o Bardesia parece que en realidad se llamaba Baeza (ibid., t. II, p. 539), patronímico converso éste muy conocido.

354 Ibid., t. ll, p. 132

355 Ibid., t. II, pp. 95-99. “Además de respetarle todos sus suculentos enchufes en Indias, salvo las encomiendas de 800 indios de los que fue privado por la R.C. de observancia general de 3-111-1519, se le conservó el sueldo de Secretario Real de 103.000 mrs. de incluso, ‘aunque no sirva ni resida en la Corte’, la ayuda de costa o gratificación anual de 50.000 mrs., por R.C. de 22-111-1518, que le fueron pagadas a su apoderado, el Contador Juan López de Recalde en 2-VI-1518” (ibid., t. II, p. 106).

356 Ibid., t. l. pp. 288 y 330-331 y t.ll, p. 127.

357 Ibid., t. ll, pp. 68 y 191. Pedro de Guzmán, primer conde de Olivares, comandó los efectivos realistas que durante las Comunidades envió a Toledo su hermano, el duque de Medina Sidonia, siendo capturado allí por el obispo Acuña. Mientras estuvo en prisión recibió la asistencia de la hija de Conchillos, joven viuda del tercer conde de Fuensalida, Pedro López de Ayala, con la que casó el año 1522. Esta mujer es la abuela del conde-duque de Olivares. (Recuérdese que en Sevilla el levantamiento comunero adoptó una posición anticonversa, lo que explica la conducta de los Guzmán). Pese a todo cuanto hizo Conchillos contra España y Carlos V, su hijo Pedro Niño de Conchillos logró el hábito de Calatrava el 17-5-1542 (ibid., t. II, p. 191). También estuvo implicado en el alzamiento comunero un pariente de Conchillos, el hijo de Pedro de Almazán, antiguo secretario de Fernando (ibid., t. ll, p. 68).

358 La explotación de los indios resulta provechosa desde todo punto de vista a los marranos, y respondía a la naturaleza racial de éstos, pero, asimismo, había otra razón: el clan confeso de Conchillos mostró una “acérrima oposición a todo intento de crear en las Indias núcleos de población que pudieran, por su independencia económica, oponerse ala tiranía explotadora de Pasamonte, Ayllón y demás compinches” (ibid., t. ll, p. 616).

359 Rivanera Car!és, Buenos Aires, etc.

360 Pineda Yañez, Améríco Vespucci, etc., pp. 43-52.

12. VIGENCIA DEL MARRANISMO

Los judíos constituyen una raza dado que poseen caracteres hereditarios comu*nes, caracteres que se ven considerablemente reforzados por la endogamia que vienen practicando desde hace más de 2.400 años, cuando Esdras estableció su famosa ley racial 430 a.C. De ahí que la sangre judía tenga una inusual potencia y explique lo que denunciaba fray Francisco de Torrejoncillo: “Para venir (los judaizan*tes, F.R.C.) a ser enemigos de (los) cristia*nos, de Cristo y de su ley divina, no es necesario ser (de) padre y madre judíos; uno solo basta. No importa que no lo sea el padre: basta la madre, y ésta aun no entera; basta la mitad, y ni aun tanto; basta un cuarto, y aun un octavo; y la Inquisición Santa ha descubierto en nuestros tiempos que hasta distante veintiún grados se han conocido judaizar”. (361) En efecto, el judío Nossig hace notar que “una sola gota de sangre judía ejerce influencia durante una larga serie de generaciones sobre la fiso*nomía espiritual de familias enteras”. (362)

La característica fundamental del marranismo, sin embargo, no es la existencia de un an*tepasado judío hace 500 ó 600 años: es la persistencia a través de generaciones de los vínculos raciales, mediante reiterados casamientos entre supuestos cristianos. Un ejemplo harto elocuente lo proporciona el caso del arzobispo chileno Crescente Errázuriz, integrante de una de las familias más “aristocráticas” del país trasandino, conver*tida hace más de cuatrocientos años. Entrevistado en 1919 con motivo de la Decla*ración Balfour por un periodista judeochileno -quien “fue recibido con parti*cular amabilidad”-, Monseñor Errázuriz de*claró que consideraba la Declaración Bal*four como una reparación de una injusticia histórica cometida contra la judeidad. Lue*go añadió que recibía alborozado el retorno del pueblo de Israel a la Tierra Prometida, en virtud de su origen judío… aunque ‘es un secreto que no es conveniente divul*gar, porque, como quiera que sea, soy el jefe de la Iglesia chilena”‘. (363)

Esto demuestra que los marranos no se han “disuelto” en el medio, como sostie*nen engañosamente los judíos públicos. Pese a la democracia y la llamada eman*cipación de los judíos, el marranismo sigue vigente. (364) Esto se explica porque, insisto, es un hecho racial y no religioso. Es bien significativo que dicha “emancipación” (que entraña de hecho el sometimiento de los no judíos) no haya producido el retorno pú*blico al judaísmo, en forma masiva, de los conversos de España, Portugal e Iberoa*mérica, epicentros del marranismo. La exis*tencia de judíos conversos sigue siendo una realidad que abarca a un importante sector de la población de esos países, pre*dominando en sus estratos superiores so*bre todo en Hispanoamérica y Brasil.

Desde el siglo pasado se afirma que en España (y Portugal) no hay problema judío. Esta enormidad se basa en el escaso número de hebreos públicos que residen en su territorio y es compartida por falan*gistas y tradicionalistas, quienes como má*ximo hacen la salvedad de que el judaísmo ejerce su dominación por intermedio de la masonería. En España no existe el proble*ma judío público: existe el problema marra*no, que es mucho peor. Mientras éste no se conozca y resuelva, no hay solución para España ni para Hispanoamérica, don*de también en la mayoría de los países, con excepción de Argentina, los judíos pú*blicos son escasos.

El marranismo, el judaísmo secreto, resulta hoy más peligroso por la falta de los mecanismos defensivos de otrora -la Inqui*sición y los estatutos de limpieza de san*gre- y por el desconocimiento de su natu*raleza. (365) Seguros de no ser reconocidos, los judeoconversos desarrollan tranquila*mente su acción deletérea en todos los campos, simulando ser nuestros compatriotas, amigos o camaradas. Como en el pa*sado, no son pocos los que hacen gala de ortodoxia católica, actuando en los círculos integristas y, en el ámbito político, además de los partidos democráticos y marxistas, se advierte su presencia en el tradicionalis*mo y el nacionalsindicalismo. También como antaño, más de los que suponemos llevan hábito religioso y uniforme militar.

Las prácticas judaizantes han caído en desuso, pero hay excepciones. A principios de siglo se descubrió en Portugal una co*munidad de cristianos nuevos que observa*ban secretamente el ritual judío, confirman*do de manera contundente que el marranismo no es un fenómeno del pasa*do. Las observaciones que el hecho mere*ció del hebreo Samuel Schwarz, me eximen de todo comentario: “Ya desapareció el siniestro Tribunal y subsiste, empero, triunfante, el Ideal judai*co, entre los descendientes de sus vícti*mas… La existencia de judíos clandestinos, en pleno siglo XX, en un país democrático y republicano de Europa, parece, a primera vista inverosímil… Todavía existen, sin em*bargo, en Portugal. Son los dignos descen*dientes de los cristianos nuevos… se nos aparecen, en el presente, conscientes de su antigua religión, habiendo conservado a pesar de las vicisitudes de más de cuatro siglos de cristianismo oficial, y de tres ho*rribles siglos de Inquisición, la pureza de su raza y de su alma judaica”. (366) La realidad confirma plenamente el viejo refrán hebreo: ¡El agua bautismal de*rramada sobre un judío se pierde por com*pleto! Nadie puede dejar de ser lo que es.

361 Fr. F. de Torrejoncillo, Centinela contra judíos, cap. IV, p. 62, edic. de 1720.

362 Alfred Nossig, Integrales Judentum, p. 76, Viena, 1922.

363 Moisés Senderey, “Vestigios judíos en el plasma social chileno. Chuetas, marranos, renegados y mártires, en Comentario”, n° 19, p. 75, Bs.As., abril-junio de 1958.

364 Incluso el llamado asimilacionismo de la época modema, el movimiento de aparente inserción de los judíos en la sociedad gentil, es una diversidad del marranismo que se ha originado entre los conversos sefaradíes (v. Aarón Steinberg, Los judíos en la época moderna, p. 22, B.P. Judía, ed. por el C.J. Latinoamericano, Rama del C.J. Mundial, Bs.As., 1970).

365 Los refranes españoles son una prueba del esclarecimiento popular: “No te fíes del judío converso, ni de su hijo, ni de su nieto” (cf. Luis Martínez Kléiser, Refranero general ideológico español, refrán 34.773, cit. por Caro Baroja, ob. cit., t. l, p. 86). Uno de ellos muestra hasta qué punto se conocía la cuestión: “No hay que fiar de judío romo ni de hidalgo narigudo” (v. Caro Baroja, ob. cit., t. 1, p. 85).

366 S. Schwarz, Os cristaos novos em Portugal no século XX, separata de la revista Arqueología e Historia, IV, pp. 5-114, Lisboa, 1925.

 

http://hispanismo.org/historia-y-antropologia/3221-los-marranos-victimas-o-victimarios-de-espana.html

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