Los marranos: ¿víctimas o victimarios de España? VII

continúa…

APENDICE-B. EL CRIMEN RITUAL DEL SANTO NIÑO DE LA GUARDIA

El proceso completo del asesinato ri*tual de La Guardia no se ha podido hallar en los archivos inquisitoriales, lo cual no es de extrañar por cierto. José Amador de los Ríos examinó en 1845 una parte del mis*mo, probablemente alguna causa particu*lar, pero la documentación desapareció a principios del año 1861. (370) Felizmente, en 1864 la causa de uno de los criminales, el judío público Jucé Franco, llegó a manos de Timoteo Domingo y Palacio, jefe del Ar*chivo Municipal de Madrid, el cual entregó una copia al padre Fita, quien la publicó íntegra en 1887, en el tomo XI del Boletín de la Real Academia de la Historia de Es*paña. De este modo, se conocen los por*menores del sacrílego y horrendo suceso ocurrido el Viernes Santo del año 1489 en La Guardia, villa del partido de Lillo. En la indagatoria a que fue sometido Jucé Franco por los inquisidores de Avila, el martes 19 de julio de 1491, describió el crimen en estos términos:

“Estando este testigo y los dichos, don Ca Franco, su padre, y Mosé Franco, su hermano de este testigo, difunto, y maestre Jorra Tazarte, difunto, y David de Perejón, difunto, y Alonso Franco, y Juan Franco, y Lope Franco, y García Franco, y Juan de Ocaña, y Benito García en la cueva por él de suso declarada, que vio este testigo como los dichos cristianos (nuevos mencio*nados, F.R.C.) trajeron consigo un niño cris*tiano, que sería de edad de tres o cuatro años poco más o menos; y estando este testigo y todos los susodichos presentes en la dicha cueva crucificaron los dichos cris*tianos al dicho niño en unos palos cruza*dos; y allí le extendieron los brazos, estan*do desnudo en cuero y la cabeza hacia arriba, y le pusieron un badal en la boca, y le abofetearon, y mesaron, y azotaron, y escupieron, y le pusieron unas aulagas es*pinosas en las espaldas y en las plantas de los pies, y le ataron los brazos con unas sogas de esparto (re)torcidas, y le hicieron otros muchos vituperios. Y después de así puesto en los dichos palos y crucificado, el dicho Alonso Franco abrió las venas de am*bos brazos al dicho niño, y le dejó estar así un buen rato, más de media hora, desan*grándose; y que cogía la sangre de un bra*zo en un caldero de alambre, y la sangre de otro brazo cogía en una altamía amarilla, de las toscas que se hacen en Ocaña. Y que Juan Franco susodicho, estando así el dicho niño en los distintos palos puesto, le hincó un cuchillo por el costado al niño; y que era cuchillo de un palmo de estos bo*hemios. (371)

Y el dicho Lope Franco le azotó, y el dicho Juan de Ocaña le puso las aula*gas; y García Franco susodicho le sacó el corazón por debajo de la ternilla, y le echó en el dicho corazón un poco de sal. Y el dicho Benito Garcia le daba al niño bofeta*das y repelones. Y que el dicho maestre Juga dijo: “¿Por qué no ponéis una corona de espinas en la cabeza al dicho niño?”. Y no se la pusieron. Y que este dicho testigo dice que le dio al dicho niño un repelón; y el dicho maestre Juga le escupió y le dio ciertas bofetadas y repelones; y otro tanto hizo Mosé Franco, su hermano de este tes*tigo; y que no se acuerda que el dicho don Ca Franco, su padre, hiciese ni dijese cosa alguna, salvo que estaba presente, y que es muy viejo, de ochenta años, ni menos vio cosa que hiciese David de Perejón, sal*vo que estuvieron presentes como dicho es.

Y después de todo esto, dice este tes*tigo que él y todos los susodichos nombra*dos desataron al dicho niño, y le quitaron de los dichos palos, después que ya estaba muerto, y sacado el corazón, como de su*sodicho es. Y dice este testigo que le to*maron García y Juan Franco, y lo sacaron de la dicha cueva; y el dicho Juan Franco lo llevaba de la mano, y el dicho García Franco lo llevaba por el pie”. Añadió tam*bién Jucé Franco un dato muy significativo: cuando trasladaron el cadáver del mártir para ser enterrado, el converso Lope Fran*co, que tomó un azadón a tal efecto, “(a)de*más llevaba la sangre del dicho niño que estaba en la dicha caldera”. El nombrado declaró, asimismo, que el crimen tuvo lugar de noche, en una cueva, “en Cuaresma antes de la Pascua florida”. (372) Si bien re*sufta evidente que el acusado intenta echar el peso de la responsabilidad por lo ocurri*do sobre sus conraciales cristianos nuevos, admitiendo sólo una participación parcial y secundaria de los judíos públicos, flagrante mentira que descubrió el proceso, salta a la vista a través del relato el importante papel desempeñado por aquéllos.

En su declaración ampliatoria del 1° de agosto de 1491, Jucé Franco expresó que “el dicho Benito García salió de la cueva de suso declarada, y buscó unas hierbas espinosas, y volvió a la cueva, e hizo de ellas una guirnalda redonda a manera de chapereta, y la puso en la cabeza del dicho niño estando crucificado y aspado”. (373) Lo cual corrobora el converso aludido en su testimonio del sábado 24 de septiembre de 1491, manifestando que “primeramente ataron los pies y las manos al dicho niño con la dicha soga y le pusieron en la cruz; y después le clavaron los pies y las manos con clavos”, agregando luego que le azo*taron “y le pusieron en la cabeza una co*rona de hierbas, todo por escarnio y vitu*perio de Nuestro Señor Jesucristo”. (374)

Con antelación, el 27 de octubre de 1490, Jucé Franco testimonió en Segovia que la crucifixión había sido en “un Viernes de la Cruz”, es decir, en Viernes Santo, habiéndose realizado de “la misma forma que los judíos habían crucificado a Jesu*crista”. (375) Que el niño representaba a Je*sucristo fue reconocido por el nombrado en su declaración de viernes 16 de septiembre de 1491, (376) y en su postrera confesión de miércoles 2 de noviembre de 1491, a punto de aplicársele tormento, oportunidad en que dijo que el infante representaba “la per*sona de Jesucristo”. (377) El marrano Juan de Ocaña en la indagatoria del viernes 30 de septiembre del año referido, expresó que la crucifixión se efectuó para “hacer la re*membranza en vituperio de Jesucristo y de su Fe” (378) especificando más tarde, el vier*nes 4 de noviembre de 1491, que el peque*ño mártir había sido “crucificado en perso*na de Jesucristo” (379) Hasta tal punto era ello cierto que mientras martirizaban al Santo Niño, sus asesinos insultábanle como si fuera Jesús.

Ocaña declaró el jue*ves 20 de octubre de 1491, que “cuando crucificaron este testigo y el dicho Jucé Franco, judío, y los otros, que dicho tiene, al dicho niño, que decían todos muchos vituperios al dicho niño contra la Fe de Je*sucristo, así como si Jesucristo, Nuestro Señor, estuviera allí; especialmente le decían cuando le azotaban: ‘A este traidor, engañador, que cuando predicaba, predica*ba mentiras contra la ley de Dios y contra la ley de Moisés; y ahora pagarás aquí las cosas que decías en aquél tiempo’. Y que decían los dichos judíos Ca Franco, y Mosé Franco, difunto, y Jucé Franco, sus hijos, y maestre Jupa Tazarte y David de Perejón: ‘Ahora pagarás aquí lo que hiciste en otro tiempo; que pensaste deshacer a nosotros y ensalzar(te) a tí; que más mal has de haber aun que esto; que pensaste destruir a nosotros y (te)destruiremos a ti, como a falso engañador’. Y que estas cosas decían los susodichos cristianos (nuevos, F.R.C.) y judíos, cuando estaban crucificando al di*cho niño y haciéndole los otros vituperios; y que este confesante y todos los dichos cristianos asimismo decían esto mismo res*pondiendo a los dichos judíos”. (380) En la indagatoria del 4 de noviembre del mencio*nado año, el marrano Benito García dijo que entre los “muchos vituperios” proferi*dos en el momento de la crucifixión, se gritó “iCrucifícale, a este perro, crucifícale!”. (381)

La participación de los conversos en el monstruoso crimen, no fue de ningún modo secundaria, según se ha visto. En la interpelación y careo que se realizó el 14 de noviembre de¡ año en cuestión, entre Ca Franco, Jucé Franco, Benito García, Juan de Ocaña y Juan Franco, éste admitió su culpabilidad y rectificó algunos detalles de la declaración de Jucé Franco respecto a lo hecho por sus hermanos, señalando que fue él, Juan Franco, quien sacó el corazón del niño. Agregó que junto con Benito Gar*cía había buscado un niño en Toledo, ha*biendo sido el declarante quien secuestró a la víctima en la Puerta del Perdón de la catedral de la ciudad. Reiteró también que el cadáver fue enterrado en las inmediacío*nes de Santa María de Pera. (382)

Quince días después del crimen se reunieron en la misma cueva los asesinos, y allí Juga Tazarte practicó unos conjuros con el corazón del mártir y una hostia con*sagrada que Alonso Franco robó de la igle*sia del Romeral. Tales conjuros tenían por finalidad provocar la ira y la muerte de los inquisidores y demás cristianos, así como el consiguiente dominio de los judíos y su ley. (383) Seis meses más tarde comisionaron a Benito García para que llevase a Zamora la caja conteniendo el corazón y otra hostia consagrada, (384) la que debía entregar, junto con una carta, al rabí Mosé Abenamías, a fin de que éste autorizase que hiciera nue*vos hechizos un “sabio de Zamora”, antiguo condiscípulo de Juga Tazarte. Pero el con*verso fue detenido de manera fortuita en una posada, sita en las cercanías de Astor*ga, y conducido ala prisión inquisitorial de Avila. (385) Abenarnías fue apresado y se le envió a la cárcel del Santo Oficio de Sego*via, pasando luego a la de Avila por orden de Torquemada. Logró salir indemne negando su participación en el crimen. (386)

La sentencia fue dictada por los inqui*sidores de Avila, doctor Pedro Viliada, abad de San Millán y San Marcial en las Iglesias de Burgos y León, y fray Fernando de San*to Domingo, profesor de la Orden de los Predicadores, habiéndose leído en el auto de fe que se llevó a cabo en dicha pobla*ción el miércoles 16 de noviembre dei año 1491. (387) Los asesinos fueron entregados al brazo seglar y quemados delante de la puerta principal de la iglesia de San Pedro. Ca Franco y su hijo Jucé Franco murieron quemados a fuego lento, en tanto que fue*ron estrangulados y después entregados a las llamas los judíos conversos Juan Fran*co, Alonso Franco, Lope Franco, García Franco, Juan de Ocaña y Benito García. Juga Tazarte, Mosé Franco y David de Pe*rejón fueron relajados en estatua. Encon*trándose atados al palo del quemadero Jucé Franco, Benito García y Juan de Oca*ña, reconocieron su culpabilidad declaran*do ser cierto cuanto habían confesado. (388) Que la Inquisición haya actuado esta vez contra los judíos públicos, se explica por las características singulares de cri*men. Aparte de responsabilizarlos de las prácticas judaizantes de sus cómplices conversos, se los acusó de inducirlos a par*ticipar en el atroz asesinato.

Los autores judíos y projudíos ante las evidencias incontrovertibles que surgen del proceso de Jucé Franco, adoptan la táctica tradicional: no analizan las pruebas ni refu*tan los hechos, sólo afirman que todo es una canallesca farsa al tiempo que farfullan histéricos sarcasmos contra los antisemi*tas, acompañados de los consabidos insul*tos. No obstante, Blázquez Miguel, que se vale de una pseudoobjetividad para mejor defender a Judá, admite, con los circunlo*quios del caso, la verosimilitud de este cé*lebre asesinato ritual. “Opino sinceramente -dice- que, por el momento nada cierto po*demos saber; sin embargo, me cuesta tra*bajo pensar que la Inquisición montase toda esta tramoya partiendo de falsas pre*misas, aunque verdad es que los procesos están llenos de contradicciones. (389) Por otra parte, si la Inquisición hubiese pretendido crear un mayor ambiente de odio contra los judíos o judaizantes -que, por otra parte, bastante cargado estaba ya-, fácil le hubie*se sido crear no un Niño de La Guardia, sino una legión de niños mártires por toda España, convirtiéndoles en símbolos para azuzar las rnasas, y, sin embargo, a pesar del ‘éxito’ obtenido con este proceso, nada nuevo creó o inventó. Así las cosas, me cuesta mucho considerar que los inquisido*res se inventaran enteramente este asunto. No considero improbable que hubiese, en efecto, un asesinato más o menos ritual y que después la Inquisición lo ‘politizó’ de alguna manera, y esto no quiere decir, en modo alguno, que este crimen haya que achacárselo al pueblo judío en bloque, pero qué duda cabe que entre los judíos, como entre los cristianos, existían exaltados y supersticiosos capaces de cualquier acto para lograr sus fines.

Y esto no era una excep*ción de España y su momento histórico. Muy pocos años después, en 1503, se co*rrió la voz en Brisgau -y algo similar se dio en Friburgo- que un padre había vendido a su hijo a unos judíos para que le sacrificasen. El asunto está muy oscuro, pero indu*dabiemente algo debió de suceder, pues tres personas, incluso el padre de la pre*sunta víctima, fueron ejecutadas”. (390)

370 Fray Fidel Fita, La verdad sobre el martirio del Santo Niño de La Guardia, o sea el proceso y quema (16 noviembre, 1491) del judío Jucé Franco en Avila, en BRAH, t. XI, p. 134, Madrid, 1887.

371 Daga o puñal corvo.

372 Fita, ibid., pp. 42-44.

373 ibid., p. 46.

374 Ibid., p. 55.

375 ibid., p. 28.

376 Ese día solicitó un rabino, aduciendo que se encontraba a punto de morir, y los inquisidores le enviaron un fraile disfrazado, que sabía hebreo, al cual el judío le manifestó “que estaba allí por una mita, (muerte, F.R.C.) de un nahar (muchacho, F.R.G.), que había sido como de la manera de otohays (“ese hombre”: Cristo, F.R.C.)” (ibid., p. 59).

377 Ebid., p. 83.

378 lbid., p. 54. Lo mismo admitió Ca Franco en su confesión del jueves 3-11-1491 (ibid., p. 91).

379 bid., p. 90.

380 Ibid., pp. 63-64. En la indagatoria del jueves 3-11-1491. Ca Franco detalla otros insultos similares (ibid., pp. 91-92), al igual que el converso Juan Franco, que declaró el mismo día (ibid)., p. 92). En términos parecidos expresóse Jucé Franco en su confesión del 2-11-1491, manifestando que entre las blasfemias dichas se había negado la Inmaculada Concepción de la Virgen: “especialmente decían que yendo José gelighod (Sefdot, F.R.C.), que quiere decir a oraciones como a maitines, que entró un moro a dormir con Mariam, que los judíos dicen por Nuestra Señora; y que de allí se concibió y nació Jesucristo” (ibid,, p. 84). En su declaración complementaria del lunes 7 de noviembre de 1491, el citado señaló “que decían que era hijo de María, que había concebido de un hombre moro” (ibid., p. 98). Marín Padilla reproduce el pasaje precedente y señala que la sacrílega fábula circulaba entre los cristianos nuevos de Castilla (cf. Marín Padilla, Relación, etc., La Ley, p. 136). En Aragón la blasfema leyenda era repetida por los conversos, reemplazando al moro por un herrero (ibid., pp. 136-137).

381 Ibid., p. 93.

382 Ibid., p. 95. El 17-10-1491 Juan Franco ya había declarado delante de Ca Franco y Jucé Franco que él había arrancado el corazón del niño (ibid., p. 68).

383 Declaraciones de Jucé Franco del 11-10 y 2-11-1491 (ibid., pp. 51,83, 85 y 87) y testimonio de Ca Franco del 4-11-1491 (ibid., p. 92).

384 Por pedido de su tío Alonso Franco fue entregada a Benito García por el converso Juan Gómez, sacristán de la iglesia de La Guardia, según confesó éste el viernes 18-11-1491 (ibid., pp. 109-110).

385 Testimonios de Jucé Franco de 9-4, 28-7 y 2-11-1491 (ibid., pp. 34, 47 y 85), así como declaración conjunta del 17-4-1491) efectuada por el nombrado Juan de Ocaña y Benito García (ibid., p. 67).

386 Fila, La Inquisición de Torquemada. Secretos íntimos, t. cit., p. 429.

387 La sentencia contra Jucé Franco y Benito García en Fita, La verdad, etc., pp. 101-106 y 112-122.

388 Ibid., pp. 107-108.

389 No puede hablarse de procesos dado que el único hallado es el de Jucé Franco y, por otra parte, no es cierto que esté lleno de contradicciones, registrándose sólo algunas diferencias de detalle, comunes en las causas criminales.

390 Blázquez Miguel, ob. cit., pp. 179-180.

APÉNDICE-C. CONSPIRACIONES Y PLANES PARA ESTABLECER UN ESTADO JUDIO EN INDIAS

Diversos hechos y testimonios ponen en evidencia que, como dice Pineda Yañez, para los judíos las Indias eran “la nueva Tierra de Promisión”. (391) En tal sentido, es más que sugestiva la observación de Lewin sobre los objetivos de la colonia marrana de Amsterdam, “la Jerusalem holandesa”. En el siglo XVII, expresa, ella “mantenía relaciones económicas y emocionales con sus correligionarios establecidos en Lati*noamérica. Además, estaba interesada ern la fundación oficial de empresas de ambi*ción económica y de conquista territo*rial”. (392) Esto no quedó en meros deseos, pues en varias oportunidades los marranos intentaron apoderarse de parte de territorio español ultramarino para instalar un Estado judío. La llamada Complicidad Grande lime*ña fue para todos los historiadores una sim*ple redada de la Inquisición, a fin de impedir la práctica secreta del judaísmo y adueñar*se de cuantiosos bienes. Se considera, eso sí, que ha sido importante por el número de detenidos, pero nada más. Sin embargo, un autor judío, Günther Friedlánder, ha des*cubierto la verdadera naturaleza del proce*so, llegando a la conclusión que se trató de una conspiración política de los judíos conversos, muy bien organizada y con apoya*tura internacional que, recurriendo incluso a la insurrección armada, tenía por finalidad tomar el poder y establecer un Estado ju*dío.

La Gran Complicidad, como también es llamada, se inició el 2 de abril de 1635 al ser apresado el comerciante hebreolusi*tano converso Antonio Cordero. En carta al inquisidor general, del 18 de mayo de 1636, los inquisidores de Lima, licenciados Ma*ñozca, Gaitán y Castro, dieron cuenta que habían descubierto “la mayor máquina que se ha visto”, en la que se detectó “tanta copia de judíos derramados por todas par*tes”, que “las cárceles están llenas y por falta de ellas no ejecutamos algunas prisio*nes de personas de esta ciudad”. Sobre sus alcances manifestaron que, a esa altura de la investigación, “ya pasa a otros lugares y naciones”, por lo cual creían “que es mayor el daño de lo que ahora parece, y si Vuestra Real persona no manda poner remedio efi*caz en extirpar esta peste que así cunde, ha de abrazar toda la tierra”, reiterando que “esta máquina…(es) la mayor que se ha visto en tribunal eclesiástico y seglar”. (393) El proceso finalizó en el auto de fe del 23 de enero de 1639, oportunidad en que 10 individuos fueron entregados al brazo se*cular y se relajaron los huesos de uno ya fallecido, habiéndose reconciliado 51 con*fesos, a los cuales se impusieron diversas penas: destierro perpetuo de Indias, gale*ras, azotes y confiscaciones de bienes, que en muchos casos no se hicieron efectivas o se cumplieron a medias. (394)

“Es de sorprender que tamaño juicio y auto de fe -observa con razón Friedländer*no haya suscitado hasta ahora más interés en los historiadores”. (395) El nombrado resal*ta en primer término que, de acuerdo a la documentación del proceso, entre los israe*litas conversos, “a menudo se hablaba del Perú como de la ‘tierra de promisión’.” (396) Al analizar la causa inquisitorial, llega a las siguientes conclusiones: “Es demasiado simple acusar a los in*quisidores de una supuesta sed de oro para motivar la persecución de los miembros de la ‘gran complicidad’, como lo hace Palma. La ‘complicidad’ existió, la rebelión estuvo en marcha… Para algunos de los pocos historiadores que se ocuparon de los he*chos mencionados, la supuesta conjuración con los holandeses ha sido algo fantástico, que no aceptaban. Anotaron las pocas no*ticias al respecto que encontraron, como un rasgo pintoresco más de la historia del co*loniaje. Pero no es así… Después de un análisis de todos los datos del juicio no puede haber duda de que eran judaizantes y revolucionarios”. (397) Tras referir que la conspiración se hallaba protagonizada por dos grupos, el del riquísimo y poderoso mercader Manuel Bautista Pérez, conocido como el “Capitán Grande” de los judíos conversos de Lima, y el del capitán Antonio Morón, jugador profesional, agrega que “no puede caber duda de que los dos grupos conjuntamente con el resto de sus correli*gionarios, habían pensado en una acción económica, política y, en último caso, ar*mada, porque en todas partes encontramos indicios de este plan.

Ya en 1634, los judíos portugueses trataron de arrendar el almo*jarifazgo, o sea, el impuesto sobre el co*mercio entre España y la Colonia, lo que les habría asegurado un control completo de esta actividad. No puede haber duda de que tenían un vínculo estrecho con los ju*díos de Europa, antes de todo en Amster*dam… El interés de los holandeses en las Indias Occidentales dio un margen amplio de combinaciones y proyectos que apoya*rían las pretensiones de los judíos en el Perú y las ambiciones de los holandeses en la América del Sur (cuatro años después de la ‘gran complicidad’, los holandeses to*maron Valdivia en una expedición arma*da)… No puede caber duda de que las verdaderas proyecciones de la gran empresa de los judíos de Lima se conocían en mu*chos lados, y también entre los poetas ju*díos, que bajo el antifaz del catolicismo se*guían viviendo en España”, lo que explica la proliferación repentina de versos de con*tenido guerrero. (398)

“Indudablemente, prosi*gue Friedländer, los conversos estaban de*cididos a llegar hasta las últimas consecuencias, la rebelión armada… Ma*nuel Bautista Pérez había, en vano, trarni*tado ante el virrey su nombramiento como administrador del arsenal de armas de Lima, y la joven Isabel Antonia, hija del capitán Antonio Morón, por orden de su familia trató de preparar el terreno para vo*lar el polvorín de Santa Guadalupe, acción que tenía que ser realizada en cornbínación con los judíos holandeses… No es de ex*trañar que los conversos soñaran con una rebelión armada y una toma de Lima y po*siblemente del Perú… El sueño de tomar el Perú por la fuerza y transformarlo en una ‘tierra de promisión’ fue comparti*do, posiblemente, por muchos conver*sos y era conocido fuera del país”. (399) No es una interpretación caprichosa la del au*tor precitado, como lo prueba una compulsa de los autos del proceso inquisitorial: los judíos secretos querían una “República con Rey y Gobernador de su propia san*gre”, según denunció el franciscano José de Cisneros en el sermón del auto de fe de enero de 1639. (400)

Acerca de los implicados, escribe Friedländer que “a algunos habrá empujado la noción de un trascendental cambio en la distribución de las fuerzas políticas: Ingla*terra y Holanda estaban desplazando a Es*paña”, en tanto a otros les “inquietaron es*peranzas mesiánicas”, las mismas que “empujarían a los judíos de Europa a seguir las promesas del falso mesías Shabetai Zeví”, (401) Recuerde el lector que en tales cambios en la política mundial tuvieron los marranos y ex-marranos un rol esencial. Un aspecto que llamó la atención es el alto grado de organización de los cons*piradores, hasta el punto que los detenidos se comunicaban a través de los esclavos negros y de un auxiliar del alcaide de la prisión y otros empleados de ella, a los que sobornaron, escribiendo sus mensajes en papel blanco, en el que se reemplazaba la tinta por jugo de limón, haciéndose visible el texto al acercarse al fuego.

Morón falleció en la cárcel durante el proceso y Pérez, que intentó suicidarse en la prisión hiriéndose de varias puñaladas, fue quemado el 23 de enero de 1639. La información inquisitorial revela la importan*cia del personaje: “Manuel Bautista Pérez, de todas partes cristiano nuevo, natural de Anzán, obispado de Coimbra, de edad cua*renta y seis años, vecino de esta ciudad, casado con doña Guiomar Enríquez, prima suya, cristiana nueva, que trajo de Sevilla, y con hijos en esta ciudad.

Hombre de mu*cho crédito y tenido por el oráculo de la nación hebrea, y a quien llamaban el Capi*tán Grande y de quien siempre se entendió era el principal en la observancia de la ley de Moisés. Teniánse en su casa las juntas en que se trataba de la dicha ley, (las) que presidía. Tenía muchos libros espirituales, trataba con teólogos descendientes de por*tugueses de varias materias teológicas (y) daba su parecer. Tenía en su persona, la de su mujer, hijos y casa, gran ostentación. El coche en que andaba entonces se ven*dió por orden del Santo Oficio a 19 de febrero del año corriente, entre los bienes confiscados, en tres mil ochocientos pesos corrientes, que hacen treinta mil cuatrocien*tos reales de contado, tan rico y costoso era desde su principio. Fue estimado de eclesiásticos, religiosos y seglares, dedicá*banle actos literarios, aun en la Universidad Real, con dedícatorias llenas de adulación y encomios, dándole los primeros asientos. En lo exterior parecía gran cristiano, cui*dando de las fiestas del Santísimo Sacra*mento, oyendo misa y sermones, principal*mente si se trataban en ellos alguna historia del Testamento Viejo. Confesaba y comul*gaba a menudo, era congregante, criaba a sus hijos con ayos sacerdotes (pero tan afecto a su nación que quiso fuesen bauti*zados de mano de portugués).

Finalmente, hacía tales obras de buen cristiano que deslumbraba aun a!os más atentos, a ver si podrá haber engañado en acciones semejantes, mas no pudo al Santo Oficio de la Inquisición”. (402) Respecto a esta aparen*te devoción de los cristianos nuevos, los responsables del Tribunal habían señalado ya con anterioridad, que “Justamente nos tememos de un grandísimo daño solapado con pretexto y capa de piedad; porque usan mucho de la hipocresía; generalmente, nin*guno se prende (de los participantes en la Complicidad Grande, F.R.C.) que no ande cargado de rosarios, reliquias, imágenes, cinta de San Agustín, cordón de San Fran*cisco y otras devociones, y muchos con cilicio y disciplina; saben todo el catecismo y rezan el rosario”. (403)

Entre los detenidos se hallaba Ambro*sio Morales, “familiar de esta Inquisición, con informaciones hechas en Portugal”, y el “portugués” Sebastián Delgado, preten*diente a igual cargo. (404) También aparece un personaje destacado: “el capitán Martín Morata, portugués, natural del Algarbe, de oficio jugador fullero, que de pocos años a esta parte se ha hecho caballero. Fue maestresala del marqués de Guadalcazar, con quién pasó a España, y en esta corte obtuvo cédulas honoríficas de Vuestra Real persona, y una para que el virrey, conde de Chinchón, le ocupase en uno de los mejo*res oficios de su provisión; es casado en Sevilla, donde fue platero, y ha andado es*tas Indias todas; por ser tan insigne bellaco, ha puesto silencio en las prisiones pasa*das”. (405)

Por desgracia, no pudieron ser apre*sados todos los implicados. “Se han huido muchos”, informaban los inquisidores, por*que “el interés abre camino por todas par*tes”, (406) sin contar con el bien montado ser*vicio de inteligencia que tenían los conversos. En el complot participaron, como he señalado, confesos de Cartagena de In*dias, pero unos pocos años más tarde re*cién se vio cuán extendida se hallaba la conspiración, al desbaratarse una nueva conjura en la ciudad de México. El líder de la comunidad judeoconversa era allí Simón Váez de Sevilla, oriundo de Portugal, a quien Lewin caracteriza como “el más po*deroso mercader criptojudío de la época”, que debido a sus negocios había tenido “conflictos con la autoridad real”. “Se con*ducía -dice el citado- como un gran señor”, viviendo en el mayor lujo y ostentación. A su casa concurrían judíos conversos de Ita*lia y España, así como de otras regiones de las Indias (Perú, Filipinas, etc.). (407)

Un documento del Santo Oficio indica que Váez de Sevilla -cuyo progenitor había sido condenado por judaizante- guardaba “los mayores secretos de lo que se hacía y tra*taba en orden al aumento del judaísmo en estas partes”. (408) El otro personaje que se destaca en la Complicidad Grande mejica*na de 1642-1649 es Juan Pacheco de León (Salomón Machorro), rabino de la colectivi*dad de los judíos secretos. Nacido en An*tequera, Andalucía, donde fue bautizado, “siendo de edad de dos años lo llevaron sus padres ala ciudad de Liorna, del estado de! duque de Florencia, donde lo criaron y eran vecinos, guardando públicamente la ley de Moisés… y que para que fuese consumado en los ritos y ceremonias de su caduca y muerta ley lo enviaron los dichos sus padres, siendo de diez a doce años, con Abraham Israel, su tío, a Esmirna, lugar de Turquía, para que allí lo acabase de perfeccionar en la observancia de la dicha ley”, y con posterioridad, cuando contaba alrededor de veinte años, “habiendo venido a España, pasó a estos reinos por el año pasado de mil seiscientos treinta y nueve. Y subió a esta ciudad (México, F.R.C.) y vivió en casa de Simón Váez de Sevilla, como el común hospedaje de los demás judaizantes que venían a esta parte reco*mendados a él, como su cabeza y superior, acomodándolos y repartiéndolos por toda la tierra con mercaderías, como lo hizo con el dicho Juan Pacheco de León… que en casa del dicho Simón Váez llegó a tener la veneración y mando que si fuera el propio Simón Váez”.

Pacheco de León, “siendo judaizante, dogmatista, rabino, y por esto, como apóstata estando excomulgado, se había atrevido a asistir a los divinos oficios en todas las partes y lugares de católicos en que había estado, oyendo misa y, lo que peor era, haciendo irrisión y escarnio de la confesión sacramental y del santísimo sa*cramento de la Eucaristía, a comulgar y confesar” (409) Después de vivir dos años con el potentado converso judeolusitano, éste lo estableció en Querétano como mer*cader.

Pacheco de León fue detenido por la Inquisición el 30 de mayo de 1642 y tras*ladado a la ciudad de México el 7 de junio, apresándose simultáneamente a Váez de Sevilla y numerosos criptojudíos. El proce*so reveló que los judíos ocultos mejicanos tenían igual propósito que los de Perú. El viernes 29 de agosto de 1642 el inquisidor fiscal doctor don Juan Sáenz de Mañozca, expresó en su alegato “que el dicho Juán de León se halló de ordinario en ciertas juntas que los observantes de la ley de Moisés hacían y tenían en casa de cierta persona observante de la dicha ley, que es la principal cabeza que en estos reinos la guardan (Váez de Sevilla, F.R.C.)”; que en tales juntas, al margen de cometer sacrile*gios contra la Santa Fe Católica, y “que el dicho Juan de León, como dogmatista y rabino, les enseñaba la dicha Ley de Moi*sés”, se trataron muchas cosas contra la Corona de Castilla y contra el Rey, Nues*tro Señor, y de levantarse con este Rei*no, como lo han hecho con el de Portu*gal (en Brasil en connivencia con el holandés, F.R.C.), y de matar a los caste*llanos y destruir el Santo Oficio de la In*quisición y quemar sus casas y hacer no*tables maldades en los ministros de esta Inquisición”. (410) Del mismo modo que sus conraciales de Lima, los marranos estaban animados de un intenso mesianismo, espe*ranzados “en el nacimiento de un mesías en su propio seno en la cuarta década del siglo XVII. Coincidía esto con la creencia de comunidades judías europeas y asiáti*cas en la materialización del milagro me*siánico en 1648, basada en el Zohar”, (411) fecha ésta que coincide con la Complicidad Grande mejicana.

El domingo 10 de julio de 1650, en auto particular de fe realizado en la iglesia de Santo Domingo, Pacheco de León -que mintió y se contradijo reiteradamente du*rante el proceso- fue admitido a reconcilia*ción y condenado a “cárcel y hábito perpe*tuo irremisible”, trescientos azotes, ocho años en galeras y destierro perpetuo de las Indias, Sevilla y Madrid. Cumplido el perío*do de galeras, debía presentarse ante el Santo Oficio sevillano, el cual habría de fijar el sitio donde “ha de cumplir lo que le res*tare de hábito y carcelería, acudiendo todos los domingos y fiestas de guardar a oír misa y sermón, cuando lo hubiere en la iglesia catedral, y los sábados en romería a la igle*sia que se le señalare”. (412)

El año anterior dictóse la sentencia contra Váez de Sevilla: destierro perpetuo de las Indias y confisca*ción de bienes, admitiéndose su reconcilia*ción. Ignoro cuál fue la suerte ulterior de Pacheco de León, pero bien puede haber huido de los dominios hispanos terminando sus días como judío público o permanecido como marrano, quizá en libertad. Váez de Sevilla no fue desterrado e incluso, nos in*forma Lewin, “en 1660 dictaminó en su plei*to con los acreedores del doctor Pedro de Medina Rico, Visitador de la Inquisición en el Virreinato de Nueva España. De suerte que la personalidad que aquí nos interesa tuvo la dicha de vivir muchos años después de la condena inquisitoria!”. (413) Un dato de sumo interés, ocultado por Lewin y Friedlánder, es que el tráfico de esclavos negros era la principal ocupación de los mercaderes que dirigieron estos frus*trados alzamientos. Manuel Bautista Pérez y su cuñado Sebastián Duarte, otro de los cabecillas de la conspiración de Lima, eran “los dos negreros más importantes en estos años” y “dominaban el mercado limeño”. (414) Vila Vilar hace notar que a raíz de la Com*plicidad Grande de Lima y Cartagena fue*ron detenidos los armadores y tratantes de esclavos, conversos todos ellos. (415)

Las ri*quezas obtenidas por Váez de Sevilla pro*vinieron dei comercio de esclavos, el cual realizaba con su flota de siete barcos y valiéndose de una red de contactos inter*nacionales. (416) Cecil Ftoth dice que “tan ve*nerada era la familia por sus correligiona*dos que (como hemos visto) su hijo Gaspar Váez de Sevilla, nacido en 1624, era considerado el futuro Mesías”. (417) Este Mesías negrero es el más acabado ejemplo de la concepción que de él tienen los judíos: el Mesías es el gran esclavizador de los no*judíos. (418) Como en Lima y Cartagena, tam*bién en la Complicidad Grande de México se advierte la singular participación de los traficantes de esclavos negros.

No mucho después de estas desbara*tadas insurrecciones, en 1655, el influyente y rico mercader marrano portugués Símón de Cáceres, que había viajado por los do*minios españoles sudamericanos y “cono*cía de primera mano los sueños y los pro*yectos de los judíos peruanos” (419) propuso a Cromwell la conquista de Chile. Cuñado de Baruj Spinoza y pariente de Francisco de Cáceres -cofundador de la colectividad judeolusitana de Amsterdam-, este individuo era uno de los dirigentes de la comu*nidad sefardí de Londres y se hallaba rela*cionado con elevados personajes, entre ellos e! rey de Dinamarca y la reina Cristina de Suecia, habiendo sido uno de los que posibilitaron, justamente ese año 1655, la invasión inglesa a Jamaica. Simón de Cá*ceres presentó su plan por escrito, solici*tando conducir la expedición militar y con*tratar “algunos jóvenes de mí Nacíón”.

El proyecto fracasó, observa Böhm, en razón de la “inestabilidad política reinante en In*glaterra en estos años”, ya que al ascender al trono Carlos II, tras el fallecimiento de Cromwel!, en 1670 tuvo lugar la frustrada invasión al fuerte de Valdivia, conducida por el marrano Carlos Henríquez. (420) Teniendo en consideración la alianza con Holanda en las conspiraciones de Lima, Cartagena y México, es de suponer que una parte de territorio conquistado se*ría destinado al establecimiento de un Es*tado judío y el resto se convertiría en do*minio holandés. Lo mismo ocurriría en Chile respecto a la participación de Inglaterra, se*gún se desprende del plan de Cáceres. El proyecto de éste contaba con la ayuda que le brindarían sin duda los conversos chile*nos, como sucedió en Jamaica y Brasil du*rante la invasión holandesa. La idea de establecer un Estado judío en estas regiones resulta así de antigua y no comenzó, ciertamente, con el Plan An*dinia. (421)

391 Pineda Yañez, Cómo disimulaban al Judío, etc., p. 49.

392 Lewin, Los criptojudíos, p. 25.

393 José Toribio Medina, Historia del Tribunal de la Inquisición de Lima. (1569-1820), t. II, pp. 62, 64, 66 y 69, ed. Fondo Histórico y Bibliográfico J.T. Medina, Santiago de Chile, 1956.

394 Los 10 quemados fueron Antonio de Vega, Antonio de Espinosa, Diego López de Fonseca, Juan Rodríguez de Silva, Juan de Acevedo, Luis de Lima, Manuel Bautista Pérez, Rodrigo Váez Pereira, Sebastián Duarte y Tomé Cuaresma. Manuel de Paz, que se había ahorcado en su celda, fue relajado en estatua (cf. Medina, ob. cit., t. II, pp. 116-137).

395 Friedlánder, ob. cit., pp. 57-58.

396 Ibid., p. 15. En el proceso varios de los conversos se refieren a Perú como ‘Tierra de Promisión” (v., por ejemplo, Medina, ob. cit., t. II, p. 65). Friedlánder destaca el hecho de que la empresa inicial de conquista del Perú fue financiada por el licenciado Gaspar de Espinosa, según todas las evidencias cristiano nuevo, quien se asoció con Francisco de Pizarro y Diego de Almagro, utilizando como testaferro al clérigo Fernando de Luque (cf. Friedländer, ob. cit., pp. 15-16; acerca de la participación de Espinosa, ver William H. Prescott, Historia de la conquista de Perú, pp. 95-96, 107-111, 294-295 y 477-480, ed. János Peter Kramer, Bs.As., 1944; el contrato societario, fechado en Panamá el 10-3-1526, se reproduce en pp. 477-480). A mi juicio Espinosa buscó sólo ganar dinero, pero la cuestión es que la conquista del territorio que luego los marranos considerarían una ‘Tierra Prometida”, ha sido financiada por un converso. Lo que no dice Friediánder es que Espinosa, alcalde mayor del tirano converso Pedrarías Dávila, fue autor de numerosas atrocidades y desmanes en Tierra Firme, en las provincias de Pocorosa y Comagre, por lo cual fue denunciado a la Corona en 1517 por uno de sus compañeros, fray Francisco de san Román (cf. Giménez Fernández, ob. cit., t. 11, pp. 115, 191 y 204).

397 Friedländer, ob, cit., pp. 58 y 73.

398 Ibid., pp. 61-62 y 64-66.

399 ibid., pp. 68-69.

400 Ibid., p. 73. El texto completo del sermón, que lamentablemente no he podido ver, se publicó con el siguiente título: Discurso que en el insigne Auto de Fe, celebrado en esta Real ciudad de Lima a veinte y tres de Enero de 1639 años predicó el M. R.P. F. loseph de Cisneros, Calificador de la Suprema y General Inquisición, Padre de la S. provincia de la Concepción, y Comisario General en todos los Reynos del Perú y Tierra Firme, de la Orden de ALP.S. Francisco, dirigido al Excmo. señor don Luis Geránimo de Cabrera y Bobadilla, conde de Chinchón, Virrey, Gobernador y Capitán General de los Reynos del Perú y Tierra Firme, Gentilhombre de Cámara de su Majestad y de su llave dorada, de los Consejos de Guerra y Estado, Comendador de Campo de Criptana, de la Orden de Santiago. Impreso en Lima por Gerónimo de Contreras, año 1639 (v. Medina, La imprenta en Lima (1584-1824), t. 1, p. 314, ed, del autor, Santiago, 1904; también es mencionado por Medina en un texto anterior: Epítome. Imprenta en Lima (1584-1810), p. 25, ed. del autor, Santiago, 1890).

401 Friedländer, ob. cit., p. 73.

402 Medina, Historia del Tribunal de la Inquisición de Lima, t. II, pp. 134-135.

403 Carta cit. del 18-5-1636, en Medina, ob. cit., t. II, p. 65.

404 Ibid., pp. 64 y 68.

405 Ibid., p. 68.

406 Ibid., p. 55.

407 Lewin, Singular proceso de Salomón Machorra (Juan de León), israelita liornés condenado por la Inquisición (México, 1650), pp. XXII-XXIII, ed. del autor, Bs.As., 1977. Este marrano y su mujer, Juana Enríquez, también procesada en 1649, “eran visitados por los oidores y oidoras, regalados y respetados como si fueran los más nobles del reino” (v. Gregorio M. Guijo, Diario. 1648-1664, t. 1, pp. 46-47, México, 1953, cit. por Enriqueta Vila Vilar, Hispanoamérica y el comercio de esclavos. Los asientos portugueses, p. 117, ed. Escuela de Estudios Hispano-Americanos de Sevilla, Sevilla, 1977).

408 Relación inserta en Documentos para la historia de México, p. 87, t. XXVIII, publicados por Genaro Díaz, México, 1910, cit. por Lewin, ibid., p. XXII.

409 Considerandos de la sentencia del Santo Oficio, fechada el 8-7-1650, transcrita por Lewin, ob. cit., pp. 418-419 y 423.

410 Lewin, ob. cit., p. 154.

411 lbid., p. XIX.

412 Ibid., p. 428. Si Pacheco de León estaba obligado a concurrir a la catedral o a otra iglesia, esto significa que estaría de hecho en libertad, como sucedía a menudo en las prisiones inquisitoriales, aunque esto asombre al lector. Blázquez Miguel, cuyo testimonio resulta inobjetable, dice respecto a las famosas cárceles: “en modo alguno eran, por lo general, calabozos inmundos, sino frecuentemente mejores que los reales, era la sensación de aislamiento lo más difícil de sobrellevar por el prisionero. Claro que esto era la teoría, sobre la que tanto se ha escrito, muchas veces a base de lo anteriormente escrito, y sin consultar las fuentes documentales. El riguroso y exhaustivo estudio de éstas nos hace entrever un mundo algo diferente, pues, de momento, el reo podía pagarse comida especial, no comía del rancho común, que, por otra parte, no era malo y no son pocos los presos que comían aquí mucho mejor que en sus casas, como rutinariamente hacen ver los inquisidores en sus escritos. También solían tener acceso, en determinados casos, a pluma y papel y, de todas formas, se ingeniaban para conseguirlo y para lograr hasta tinta simpática También se daban casos de tener consigo criados y hasta esclavos, que fueron motivo de escándalo en muchas ocasiones.

Por otra Parte, lo de la incomunicación tampoco era posible llevarlo estricta y rigurosamente a la práctica; las relaciones entre los detenidos era una preocupación constante para los inquisidores, sobre todo por lo que respecta a los judaizantes, de que, gráficamente, se escribió a la Suprema: ‘esta gente que es astuta y proterva, hace las causas inmortales’… Las sentencias eran varias, pero para los judaizantes casi todas tenían ciertos denominadores comunes, cuales eran la confiscación de sus bienes y la cárcel por un determinado período de tiempo, que se cumplía en las llamadas cárceles de penitencia. No era infrecuente la condena a cárcel perpetua e irremisible, pero que de perpetua e irremisible no tenía más que el nombre. La vida de los penitenciados, como veremos en páginas posteriores, distaba mucho de ser terrible, ya que tenían que salir a diario a buscarse la vida, lo que daba lugar a choques con los comerciantes locales, por la competencia que se entablaba… Era, asimismo, corriente que la sentencia, cuando era de poco tiempo, se cumpliese en la propia casa del penitenciado y, finalmente, una vez transcurridos dos o tres años, los condenados a cárcel perpetua solicitaban, alegando miserias o enfermedades, que se les dejase salir en plena libertad, lo cual se llevaba a cabo al poco tiempo de las solicitudes, previa autorización de la Suprema” (v. Blázquez Miguel, ob. cit., pp. 87 y 90).

Refiriéndose al Tribunal granadino expresa dicho autor que “era corriente, desde el primer momento de la instalación de esta Inquisición, el que los penitenciados pudiesen salir diariamente -o por más largas temporadas- a la calle a ganarse la vida”, señalando que los penitenciados judeoportugueses “la mayoría de los cuales eran emprendedores comerciantes, ponían tenderetes por las calles o iban vendiendo por las casas sus mercancías a precios muy inferiores a los de los comerciantes oficiales y haciéndoles una desleal competencia… a finales de siglo (XVII, F.R.C.) los comerciantes portugueses penitenciados fueron perseguidos por vender tabaco por las calles y se refugiaron en su cárcel, desde donde seguían con la venta. Las autoridades no podían entrar en ella, pero vigilaban a los compradores y en cierta ocasión prendieron a uno, pero los penitenciados, viendo en peligro su negocio si se sentaba un precedente, salieron armados con palos y a golpes liberaron a su cliente. Estas situaciones se repitieron continuamente” (ibid., pp. 222-223). Lamentablemente no existieron las famosas mazmorras.

413 Lewin, Los criptojudíos, p. 156.

414 Vila Vilar, ob. cit., p. 220.

415 Ibid., p. 53.

416 Ibid., p. 117.

417 Roth, ob. cit., p. 205.

418 Sobre el mesianismo, cf. Rivanera Car!és, La naturaleza del judaísmo, pp. 97-121.

419 Friedländer, ob. cit., p. 70

420 Bóhm, Nuevos antecedentes, etc., p. 62. (Ver en Inciso D de este Apéndice la versión original y la correspondiente traducción del Project of a jew to conquer Chih).

421 Nombre de proyecto judío, descubierto hace unos años en Argentina, para erigir un Estado judío en el sur de país. Este plan no es una fantasía antisemita, existiendo una sólida documentación probatoria. También hay antecedentes del mismo en el siglo XIX, según demostré documentalmente en mi trabajo El “reino” patagónico del judío Popper, ed. Instituto de Investigaciones sobre la cuestión judía, Bs.As., 1987.

APÉNDICE-D. EL PROYECTO DE SIMON DE CÁCERES PARA LA CONQUISTA DE CHILE

PROYECTO DE UN JUDÍO PARA LA CONQUISTA DE CHILE

(La humilde proposición de Simón de Cáceres). (422)

1. Que su Alteza prepare cuatro bu*ques de guerra fragatas, junto con cuatro buques de abastecimiento, cargados con provisiones de alimentos y municiones y aproximadamente de mil soldados.

2. Que a éstos se encargue navegar a los mares del sur a través del Estrecho de Le Maire, o mejor dicho, al sur de éste donde hay mucho mar y amplio lugar.

3. Que después de su entrada a los mares del Sur naveguen directamente a la costa de Chile, particularmente a la ciudad de Valdivia, de la cual se ha expulsado a los españoles hace mucho tiempo.

4. Que vayan a la isla de La Mocha, que yace no más de algunas leguas de ella, de donde tendrán provisiones de maiz y otro alimento de los indios a precios bajos, y donde podrán intentar construir un peque*ño fuerte, si es necesario, para asegurar su desembarco y navegar con seguridad por las islas donde hay un buen ancladero. Y que si parece bueno, podrá servir como buen escondite y punto de reunión para sus barcos mientras estén en ese mar y en esas costas, pues allí no hay españoles, sino solamente indios, enemigos mortales de los españoles.

Los beneficios de tal expedición:

1. El territorio de Chile tiene indiscuti*blemente más oro que el Perú o cualquier territorio del mundo, habiendo muy pocas partes donde se explota, entre las cuales está principalmente la arriba mencionada ciudad de Valdivia.

2. Este país tiene un clima sano y bien templado, abundando en él frutas, trigo, ga*nado, pesca y aves para la vida del hombre.

3. Hay en su gente un odio irreconci*liable contra los españoles por sus cruelda*des anteriores y ellos se juntarán con cual*quier gente que esté dispuesta a expulsarlos. Son los más guerreros entre todos los indios.

4. Además de esto, las fragatas servi*rán para explorar todo el mar dei Sur, sobre las costas de las Indias Occidentales, y para llevar el tesoro español (como se ha aconsejado anteriormente) de Chile a Anca y de allí a Panamá, por Lima y Guayaquil.

5. Servirán para asaltar los dos buques que suelen llegar de las Filipinas a Acapul*co cada año, cargados de riquezas de valor extraordinario, de las Indias Orientales.

6. En esta forma, los españoles serán atacados por ambos lados y mares a la vez y se desesperarán y se destruirán mucho antes que si se les atacara solamente por el lado del Mar del Norte.

Además de esto, se ofrece humilde*mente:

1. Que yo, S.(imón de Cáceres), vaya a Holanda y hable con aquellos que fueron con Brouwer en su expedición a Chile y bajo pretexto de ir al Río de la Plata (sin decirles cuánto más allá) emplearlos con buenas promesas de sueldo y comisión, para tomar parte en semejante expedición.

2. Que emplearé algunos jóvenes de mi Nación prometiéndoles conducirles en persona, con el permiso del Señor, y si le parece bien a su Alteza se negociará todo esto con la mayor reserva.

3. Se ofrece también con humildad, que yo vaya como jefe activo, o próximo a este puesto, en las condiciones equivalen*tes y honorables que su Alteza estime convenientes.

4. Que el conjunto de los oficiales y gente sean ingleses, y que aquellos de mi Nación o cualquier otra persona que se ad*mita, irán por la cuenta de Inglaterra y como ingleses y solamente al servicio de su Al*teza.

5. Tomad nota (que lo cual debiera ha*ber sido mencionado) que fue resuelto por la Compañía de las Indias Occidentales en Holanda, de acuerdo con una información fidedigna, que ningún país será de tan fácil conquista de los españoles que Chile, y que ningún país sería más provechoso que ese en todas las Indias; aquél que fuera terreno de la expedición de Brouwer cuando tomó Valdivia. Pero al morir allí, sus hombres, siendo de distinta nacionalidad y queriendo un jefe, volvieron a sus hogares y dejaron el lugar para que Inglaterra resolviera este problema en forma justa. (423)

422 A Collection of the State Papers of John Turloe, esq.; Secretary, First, to the Council of State. And after wards to the two Protectors, Oliver and Richard Cromweff, vol. IV, publicada por Thomas Birch el año 1742 en Londres. El documento fue reproducido por George Kohut en Simon de Caceres and his plan for the Conquest of Chili in 1655, press of Philip Cowen, Nueva York. En su trabajo Nuevos antecedentes para una historia de los judíos en Chile colonial, Böhn lo incluye en pp. 121-122.

http://hispanismo.org/historia-y-antropologia/3221-los-marranos-victimas-o-victimarios-de-espana.html

https://analisis06.wordpress.com/2019/04/19/los-marranos-victimas-o-victimarios-de-espana-vii

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