El Exceso de Optimismo, puede ser insano (Optimismo Tóxico).

 

En los últimos años se ha puesto de moda un optimismo ingenuo que muy poco tiene que ver con la Psicología Positiva. De hecho, el optimismo a ultranza puede ser extremadamente dañino, e incluso tóxico. No es lo mismo tener esperanza que desarrollar un optimismo excesivo que le da la espalda a la realidad.
Tanto la esperanza como el optimismo se centran en un futuro positivo. Sin embargo, mientras que la esperanza implica tener fe en que vamos a obtener resultados positivos, el optimismo tóxico implica contar con ellos, darlos por hecho. Este tipo de optimismo se desarrolla cuando dejamos que nuestras emociones manipulen las estadísticas, hasta el punto que nuestro deseo porque algo ocurra sobrepasa con creces las probabilidades reales de que suceda.

El optimismo desmesurado, un mal que se contagia rápidamente

Podemos pensar que el optimismo tóxico es un mal raro pero en realidad no es así. De hecho, es la causa por la que muchos emprendedores fracasan. Estas personas tienen una idea de negocio y su excitación es tan grande que piensan que se trata de una idea brillante que tiene todas las cartas ganadoras para triunfar. Guiados por ese exceso de optimismo, no crean un plan de emergencia sino que invierten todo lo que tienen en esa idea. Ante las adversidades, contratiempos y problemas, que tarde o temprano siempre surgen, no tienen un plan que les cubra las espaldas, por lo que pueden terminar perdiéndolo todo.
En realidad, el problema no era que la idea no fuera brillante, quizá lo era. El verdadero problema fue su exceso de optimismo, que les llevó a asumir demasiados riesgos y les impidió realizar un plan objetivo de desarrollo que tuviera en cuenta los problemas que podían presentarse en la realidad.
Obviamente, el exceso de optimismo no solo es tóxico para los negocios sino también para nuestra vida personal y profesional. Comprometerse demasiado pronto en una relación de pareja con una persona que apenas conocemos también puede pasarnos una enorme factura emocional, por ejemplo.

En este sentido, resulta particularmente reveladora la paradoja de Stockdale. James Stockdale fue el prisionero estadounidense de mayor rango en la guerra de Vietnam. Lo retuvieron durante 8 años y lo torturaron repetidamente. Sin embargo, sobrevivió.

Mientras estuvo en cautiverio, Stockdale se dio cuenta de que los prisioneros que menos probabilidades tenían de sobrevivir eran precisamente los que tenían un exceso de optimismo. Estos prisioneros no se paraban de repetir que para Navidades todos estarían en casa. Sin embargo, cuando pasaban unas y otras Navidades y seguían allí, terminaban deprimidos y se rendían.

Al contrario, los prisioneros que mantenían la esperanza pero que, a la vez, eran más realistas y no intentaban evadirse de su situación sino que aceptaban los horrores que estaban viviendo con entereza, fueron los que sobrevivieron.

El problema es que el optimismo ingenuo daba lugar a una montaña rusa emocional marcada por la esperanza y la desilusión que, al final, terminaba agotando a la persona, tanto desde el punto de vista físico como psicológico.

5 consecuencias terribles del optimismo tóxico para nuestra vida

El optimismo nos permite mantener la esperanza y luchar por lo que queremos, pero el exceso de optimismo nos puede convertir en personas negligentes y miserables.
1. Te mientes a ti mismo. Mantener un optimismo desmesurado, sin tener en cuenta la realidad, equivale a mentirse a sí mismos, aunque lo peor de todo es que no somos plenamente conscientes de que nos estamos autoengañando.
2. Desarrollas una atención selectiva. Ser excesivamente optimista nos llevará a centrarnos exclusivamente en las cosas que queremos ver. Ese optimismo desmesurado hará que interpretemos incluso las señales de alarma como confirmaciones de que todo va bien, llevándonos a ignorar los pequeños problemas, que probablemente seguirán creciendo hasta convertirse en obstáculos insuperables.
3. Das pasos en la dirección equivocada. El optimismo excesivo impide realizar una valoración objetiva de la realidad, como resultado, no somos capaces de adaptar nuestro guión a lo que ocurre y terminaremos dando pasos en la dirección errónea, en pos de una meta inalcanzable.
4. No tienes un plan B. En la vida, sobre todo cuando emprendemos proyectos importantes, es fundamental mantenerse atentos a los cambios de dirección para corregir el rumbo y, si es necesario, aplicar el plan B. El optimismo tóxico nos impide siquiera valorar esa posibilidad, es como apostar todo a una única mano, sin ser conscientes de que existen probabilidades de perder.
 
5. Desarrollas expectativas irreales. Organizamos gran parte de nuestra vida en base a lo que esperamos conseguir, lo cual significa que alimentar expectativas irreales hará que vivamos en el mundo de nuestra mente, alejándonos cada vez más de la realidad. En práctica, sería como pensar siempre: “¿para que necesito el paraguas si no va a llover?”

¿Cómo protegerse del optimismo tóxico sin caer en el pesimismo?

Cuando pensamos en el optimismo lo relacionamos con la metáfora del vaso. Ser optimistas es pensar que el vaso está medio lleno, ser pesimistas es pensar que está medio vacío. Obviamente, nadie cuestiona la existencia del vaso, el énfasis siempre se pone en la perspectiva y la interpretación del nivel del agua.
También es curioso que en la cultura occidental tenemos la tendencia a pensar que las cosas buenas, mientras más, mejor. Sin embargo, lo cierto es que el exceso de alegría puede degenerar en moria y el autocontrol emocional puede convertirse en embotamiento afectivo. Los extremos, incluso los que catalogamos como “positivos”, pueden convertirse en un arma de doble filo.
En el taoísmo, dado que los eventos no se catalogan como buenos o malos, se promueve un equilibrio entre los extremos. En esta filosofía se piensa que cualquier extremo, sea negativo o positivo, no brinda la felicidad y, a la larga, resulta dañino.
1. Comprender qué es realmente el optimismo. Algunas personas asumen el optimismo como una negación. De hecho, incluso muchos gurús del Desarrollo Personal lo venden como tal. El mantra es: “¿Te ha ido mal? No importa, pon mente positiva”. En realidad, si nos ha ido mal, debemos buscar las causas y aprender de los errores para no volver a cometerlos. El optimismo beneficioso es aquel que nos permite seguir adelante, a pesar de las cosas negativas pero siendo conscientes de ellas.
2. Abrazar el optimismo proactivo. Ser optimistas es positivo, decenas de investigaciones han demostrado sus beneficios para nuestra salud mental y física. Sin embargo, sentarse a desear algo no hará que ocurra. Por eso, es importante que el optimismo se acompañe con un plan de acción. Si deseamos algo, no debemos quedarnos de brazos cruzados, debemos trazar un plan realista para lograrlo. Solo así el optimismo dará sus frutos, caso contrario conducirá a la frustración.
3. Bebe una dosis de negativismo estratégico. Alguien dijo: “planea lo mejor y prepárate para lo peor”. No es adoptar una actitud pesimista sino adelantarse a los posibles problemas y buscar soluciones, de manera que no tengamos que renunciar a nuestros sueños. El negativismo estratégico consiste en prever los problemas y contratiempos, para que estos no se conviertan en obstáculos insuperables.

Fuente: http://www.rinconpsicologia.com/2016/08/optimismo-toxico-exceso-positividad.html

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La Burocracia como arma psicologica contra la poblacion.

Hay una conspiracion de las Elites nacionales contra el pueblo juntadas en pocos lobbies, carteles y/o servicios secretos muy poderosos, para poder seguir parasitando y atormentando a los espanoles o dichas elites estan influenciadas, manipuladas y dirigidas por organismos extranjeros para la destruccion del pueblo espanol mediante operaciones psicologicas constantes?

La conspiración de los burócratas [1]

Si se quiere echar a perder un país y propagar la pobreza, nada mejor que eliminar toda zona de sombra, todo espacio a la espontaneidad, e imponer la tiranía del burócrata.

Parece que fue hace un siglo, pero no han pasado ni cuatro años desde que Mariano Rajoy compareció en el Congreso para anunciar una reducción del gasto de 65.000 millones de euros en dos años para dar respuesta a las exigencias de la Unión Europea. Desde Bruselas no le dijeron cómo y dónde debía meter la tijera, fue el Gobierno español el que lo decidió. Y el ajuste fue una obra maestra del apaño, la improvisación y la urgencia.

Aquellos eran los días en los que la prima de riesgo ascendía a velocidad de escape terrestre, los del inminente rescate total, que nunca llegó, y del IBEX 35 presa de un ataque de nervios; en definitiva, el fin del mundo (siempre hay un fin del mundo, ahora es el Brexit). Poco después, bastaría pactar un contenido rescate financiero con la UE para enjugar el latrocinio de las Cajas de Ahorro (pelillos a la mar), un puñado de recortes arbitrarios y falsas promesas de reducción del déficit para que la tormenta perfecta pasara a ser un chaparrón… en lo que al Estado se refería. Afuera siguió jarreando, por supuesto.

Fueron ajustes coyunturales que dejaron intacta a la crème de la crème, humo que pronto se disipó

La crisis que en la Administración nunca existió

Es verdad que la intensidad del crack económico y la consiguiente indignación del ciudadano raso fue tal que durante un tiempo hasta los burócratas y el establishment vieron peligrar su statu quo. Aunque nada se dijo, se llegó a especular con revisar el sagrado precepto según el cual ser funcionario lleva aparejado un empleo de por vida, ocurra lo que ocurra. Pero al final no llegó la sangre al río. Si acaso, se congelaron los salarios de los funcionarios y su suprimió la extra de Navidad de 2012; durante un par de ejercicios se vieron afectados los contratos temporales con las Administraciones y, también, se redujo al mínimo la tasa de reposición. Pero fueron ajustes coyunturales que dejaron intacta a la crème de la crème, humo que pronto se disipó.

A pesar de que en el último trimestre de 2013 se marcó un mínimo de 2,9 millones de empleados públicos, a finales de 2015 ya había vuelto a situarse por encima de los tres millones. Concretamente, 3.000.700. Además, en enero de 2015, el Ejecutivo les devolvió el 25% de la extra de Navidad suprimida en 2012 y, más tarde, en octubre ingresó otro 26,23%. Y en marzo de 2016 se reintegró prácticamente el 50% restante. Como colofón, sus sueldos han dejado de estar congelados al aprobarse una subida del 1%, lo que supondrá un desembolso adicional. De esta forma, el Gobierno se ha reconciliado con quienes trabajan por y para el Estado, como si la crisis nunca hubiera existido, mientras, en el sector privado, el desempleo continúa por encima del 20%.

Ganadores y perdedores

No sólo los empleados públicos son los beneficiarios de este tipo de sobreprotección, hay otra enorme bolsa de votantes que también ha recibido cierto trato de favor: los pensionistas, que en la práctica son funcionarios pasivos. Si sumamos ambos grupos, nos encontramos con más de 11 millones y medio de personas (el 31,5% del número total con derecho a votar) cuyas expectativas dependen poco del ciclo económico, o de las consecuencias de una determinada política, y mucho del reparto arbitrario, de las decisiones discrecionales de los burócratas. 11 millones y medio de votos potenciales suponen una tentación enorme. Con una sencilla reasignación de recursos se pueden “comprar”… o al menos, intentarlo.

Privilegiar a quienes dependen directamente de la Administración ha terminado abriendo una enorme brecha entre empleados públicos y privados

Para comprobar cómo el Estado no trata a todos por igual, bastan algunas magnitudes muy elementales. Habrá quien lo tache de demagógico, pero dan qué pensar. Mientras el gasto sanitario público para atender a una población de 46 millones de personas es de 62.000 millones de euros, sólo las nóminas de los empleados de las Administraciones casi duplican esa cifra (114.537 millones de euros). Lo mismo sucede con la partida destinada a pensiones, que se ha disparado por encima de los 135.000, entre otras razones de peso porque, desde 2008, los sucesivos gobiernos las han revalorizado más de un 17%. En cambio, el subsidio por desempleo (incluida la renta agraria), a repartir entre 1 millón de personas, apenas supone 5.250 millones de euros.

Privilegiar a quienes dependen directamente de la Administración ha terminado abriendo una enorme brecha entre empleados públicos y privados; entre jubilados y ocupados; también, entre adultos y jóvenes. En definitiva, entre los que cobran directamente del Estado y los que no. Por ingresos, las clases medias parecen haberse reubicado en la Administración y en los pensionistas; el resto, se proletariza, vive en la precariedad o es carne de paro. Lo que explicaría en alguna medida que los segmentos más jóvenes aparezcan en las estadísticas como los grandes perdedores: todavía no han opositado y la jubilación les queda muy lejos.

Es cierto que la crisis ha impactado en todos, pero el sector privado es, con mucho, el más damnificado. Y no sólo porque ahí se amontonan los parados: hoy, sólo el 10% de los asalariados públicos gana menos de 1.200 euros al mes; en el sector privado es el 36%. Y en la parte alta, el 58% de los empleados públicos gana más de 2.000 euros al mes; en el sector privado sólo el 23%. Habría que analizar puesto por puesto, es verdad. Pero la realidad es que las expectativas laborales ofrecidas desde la Administración son en conjunto mejores que las del sector privado. Es lógico qué prolifere el descreimiento hacia “lo privado” y que la mayoría de los jóvenes crea que “lo público” es la solución. Y que, por tanto, en vez de pedir la reforma del Estado para liberar recursos, la tendencia sea a exigir su expansión: el clientelismo masivo.

Los funcionarios, mediante sus propias puertas giratorias, llevan tiempo accediendo al Poder

La infiltración de los funcionarios

Es verdad que en este Estado de partidos, los políticos profesionales son quienes, para perpetuarse en el poder, han convertido el Estado en una distopía, en un ente conchabado con los grupos de intereses que no cumple sus nobles y presuntos cometidos, como son la redistribución de la riqueza y la salvaguardia de los más desfavorecidos. Pero, asómbrese querido lector, quienes más beligerantes se muestran para revertir la situación son… los funcionarios, pero no cualesquiera sino los de cierto nivel.

Se quejan de que los políticos profesionales han colonizado las instituciones, colocado a sus afines en los altos cargos de la Administración, promocionando no al más capaz sino al más servil, incluso denuncian que los políticos otorgan la categoría de funcionario a quien no ha hecho oposición, lo que ha llevado a la Administración a ser extremadamente ineficiente; también denuncian el capitalismo de amigotes y las famosas puertas giratorias, por las que los ex altos cargos acceden a los consejos de las grandes empresas como pago a los servicios prestados. Y tienen razón. Pero obvian que el político tradicional hace ya tiempo que está siendo reemplazado por un híbrido, personajes a medio camino entre burócrata y político, o político y burócrata; una nueva especie dispuesta a controlar simultáneamente el Gobierno y la Administración. Los funcionarios, mediante sus propias puertas giratorias, llevan tiempo accediendo al Poder. En la última legislatura, 126 de los 350 diputados (el 36%) provenían de la función pública.

Tampoco dicen que sus asociaciones gremiales les sirven de trampolín hacia la política para, una vez allí, defender con más eficacia sus intereses corporativos y una visión de la Administración ad hoc que es incompatible con la realidad de quienes trabajan fuera de la Administración. Este asociacionismo está vulnerando en origen el principio de neutralidad, puesto que no tiene sólo como objeto velar por los derechos de sus asociados, sino que promueve cambios legislativos. ¿No era sagrada la neutralidad?

Nadie más alejado del mundo real y más atento a sus propios intereses que aquel que se atreve a ser juez y parte y, además, se cree ungido para gobernar porque aprobó una oposición

Los funcionarios-políticos son responsables de la hiperregulación que soportan empresarios, autónomos y trabajadores; también de los numerosos disparates legislativos que complican sobremanera la vida cotidiana. Sucede que estos son en su mayoría abogados o juristas y, en consecuencia, fieles a esa peligrosa máxima según la cual no hay problema que no pueda resolverse mediante la redacción de una ley. Pero de un tiempo a esta parte no son sólo los abogados del Estado, jueces y demás juristas en situación de “servicios especiales” los que desembarcan en la política, también algunos inspectores de Hacienda se han vuelto paracaidistas. Y a la hiperregulación se ha añadido una nueva caza de brujas: la lucha contra el fraude fiscal.

Al igual que los juristas creen que la redacción de nuevas leyes es la panacea, los inspectores están convencidos de que si se elimina el fraude podremos (podrán) atar los perros con longaniza. Lo cual se ha demostrado una estupidez. Además, su vocación inquisitorial les lleva a creer que la economía sumergida es un lugar localizado en un mapa, un entorno estático y siniestro. Y no un espacio dinámico, de transición, el lugar en el que germinan infinidad de futuras empresas, negocios y empleos que, en el futuro, serán perfectamente legales. Y entretanto cristalizan, generan una riqueza que, por una u otra vía, termina tributando. Hasta en Dinamarca, cuya eficiencia fiscal es manifiestamente mejor que la española, la economía sumergida representa el 19% del PIB. Las sociedades son así, en Madrid y en Copenhague. Si se quiere echar a perder un país y propagar la pobreza, nada mejor que eliminar toda zona de sombra, todo espacio a la espontaneidad, e imponer la tiranía del burócrata. Nadie más alejado del mundo real y más atento a sus propios intereses que aquel que se atreve a ser juez y parte y, además, se cree ungido para gobernar porque aprobó una oposición.

O es la burocracia una herramienta para desetabilizar al gobierno y los funcionarios españoles por un ente extranjero, como la CIA? [2]

(ANTIMEDIA) Cuando la mayoría de la gente piensa que la CIA, es solo el sabotaje: piensan de golpes de estado, asesinatos, guerras de poder, grupos rebeldes armados, e incluso falsas banderas – la estupidez no estratégica y la ineptitud burocrática con propósito. Sin embargo, de acuerdo con un documento desclasificado del 1944, la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS), que más tarde se convirtió en la CIA, utiliza y se formó una curiosa raza de los “ciudadanos-saboteadores” en las naciones ocupadas como Noruega y Francia.

El documento de la época de la Segunda Guerra Mundial, denominado Manual Simple de Sabotaje campo, se describen las formas en que los operarios pueden perturbar y desmoralizar a los administradores del enemigo y las fuerzas policiales. La primera sección del documento, que se puede leer en su totalidad aquí, se dirige a “Organizaciones y Conferencias” – y cómo convertirlos en un “desastre disfuncional”:

– Insistir en hacer todo a través de Nunca permita que los atajos que se deben tomar con el fin de agilizar las decisiones “canales”..
– Hacer “discursos”. Reacciona con tanta frecuencia como sea posible y en la gran longitud. Ilustrar sus “puntos” por largos anécdotas y relatos de experiencias personales.
– Cuando sea posible, se refieren todos los asuntos a los comités, por intento de hacer que el comité lo más grande posible “mayor estudio y consideración.” – No menos de cinco.
– Hacer referencia a cuestiones irrelevantes con tanta frecuencia como sea posible.
– Regatear sobre formulaciones precisas de comunicaciones, actas, resoluciones.
– Referirse a cuestiones decididas en la última reunión y tratar de volver a abrir la cuestión de la conveniencia de esta decisión.
– Abogado “. Precaución” sea “razonable” e instar a sus compañeros de los conferenciantes que ser “razonable” y evitar la prisa que podría dar lugar a situaciones embarazosas o dificultades más adelante.

En su página web oficial, la CIA cuenta sobre la búsqueda de formas innovadoras para lograr el sabotaje, llamando a sus tácticas de desestabilización “sorprendentemente relevante.” Si bien admiten que algunas de las ideas pueden parecer un poco anticuadas, afirman que “Juntos son un recordatorio de la facilidad con la productividad y el orden puede ser socavados”.

En una segunda sección dirigida a los gerentes-saboteadores, la guía enumera los siguientes movimientos tácticos:

– Al hacer las asignaciones de trabajo, siempre cerrar la sesión los trabajos sin importancia en primer lugar. Ver que los trabajos importantes se les asigna a los trabajadores ineficientes.
– Insistir en la obra perfecta en productos relativamente poco importantes; enviar de vuelta para el repintado de los que tienen el menor defecto.
– Para bajar la moral y, con ella, la producción, ser agradable a los trabajadores ineficientes; darles promociones inmerecidos.
Realizar conferencias cuando hay trabajo más importante por hacer.
– Multiplicar los procedimientos y autorizaciones que participan en la emisión de instrucciones, cheques de pago, y así sucesivamente. Ver que tres personas tienen que aprobar todo donde se podría hacer por una.

Por último, la guía presenta protocolo de cómo saboteador-empleados pueden interrumpir las operaciones del enemigo, también:

– Trabajar lentamente.
– Idear tantas interrupciones a su trabajo como sea posible.
– Hacer su trabajo mal y echarle la culpa a malas herramientas, maquinaria o equipo. Se quejan de que estas cosas le impiden hacer su trabajo correctamente.
– Nunca pase de su habilidad y experiencia a un trabajador nuevo o menos hábil.

La CIA está orgullosa de su manual de campo kafkiano y, evidentemente, todavía lo ve como una forma poco ortodoxa pero efectiva de las operaciones del enemigo desestabilizadores en todo el mundo. Por supuesto, también pueden anarquista o mirada revolucionaria en este tipo de tácticas y verlas en el contexto de la interrupción de ciertas estructuras de poder nacionales, muchos de los cuales ya están construidas como un castillo de naipes burocrático.

http://vozpopuli.com/analisis/84887-la-conspiracion-de-los-burocratas [1]

http://theantimedia.org/declassified-cia-manual-shows-how-us-uses-bureaucracy-to-destabilize-governments/ [2]

El disparate de la Violencia de Género .

La LVG es una ley de corte totalitario por violar principios fundamentales y utilizar el derecho penal de forma abusiva.

Hombre empapelado – Foto Ryan McGuire

Esta frase de apenas nueve palabras, “acabar con la asimetría penal por cuestiones de sexo” desató una tormenta colosal durante la última campaña electoral. Todos los partidos, de izquierda o derecha, excepto lógicamente la formación que la había incluido de manera disimulada en su programa, comenzaron a golpearse el pecho con violencia y a tachar la ocurrencia de barbaridad. Cual jauría de lobos al olor del voto fácil, se lanzaron de inmediato sobre su víctima. Incluso, el socialista Antonio Hernando quiso mostrarse más calvinista que Calvino, llegando a afirmar: “Si ustedes no son conscientes de que las mujeres mueren y son asesinadas precisamente por su condición, es que no han entendido nada”. En realidad, el inconsciente e irresponsable, amén de desaforado demagogo, era él.

En su novela “1984”George Orwell describió un régimen totalitario, regido por un dictador omnímodo, el “Gran Hermano”, que vigilaba permanentemente a sus súbditos a través de la policía del pensamiento. E imponía a la población la neolengua, una jerigonza donde  el significado de las palabras era justo el contrario al habitual. Existía un “Ministerio de la Verdad”, cuya misión era manipular la historia o un “Ministerio de la Paz”, con el objetivo de alentar la guerra. Pero ni siquiera Orwell podía imaginar que, casi 70 años después, la España actual desbordaría por todos los flancos su genial distopía. Con extremada insensatez, nuestros dirigentes proclaman que buscan la igualdad… ¡generando desigualdades ante la ley!, creando leyes, como la de Violencia de Género (LVG), que no solo atenta contra la gramática; lo más grave es que violenta principios básicos del Estado de derecho.

La machacona propaganda ha convencido al público de que la democracia no es más que la decisión de la mayoría

La igualdad ante la ley no se negocia

Lamentablemente, la machacona propaganda ha convencido al público de que la democracia no es más que la decisión de la mayoría. Pero no es cierto: la democracia es mucho más que eso. El voto es sólo una parte, un mecanismo último de control del poder. Hay elementos cruciales, fundamentales, principios que no pueden conculcarse ni por presión de la opinión pública, ni por la tan sobada como manipulada sensibilidad social, ni mediante el voto mayoritario. Son la columna vertebral, la piedra angular sin la cual la democracia degenera en la pavorosa ficción orwelliana.

¿Se podría privar de derechos a un colectivo racial si la mayoría de la población lo votase afirmativamente? La respuesta es taxativa: no. ¿Se podría enviar a la cárcel a un inocente si la mayoría de la gente estuviese de acuerdo? De nuevo, la respuesta es clara: jamás. Hay ciertos valores que no pueden estar al albur de las modas, las sensibilidades, los grupos organizados, la presión mediática, las encuestas o los votos, sin que el Estado de derecho acabe quebrando. Los principios fundamentales de la democracia no son discutibles… sin que se ponga en cuestión la propia democracia.

El principio de igualdad de todos los ciudadanos ante la ley constituye el pilar básico de la democracia moderna. Y una de sus consecuencias lógicas es que los delitos deben quedar definidos por la propia naturaleza del acto y no por el grupo social al que pertenece quien lo comete. La LVG viola flagrantemente este principio al establecer el delito de autor, una aberración que se suponía extinguida con la caída de los regímenes totalitarios del pasado siglo XX. Contempla determinadas conductas que constituyen delito si las lleva a cabo un hombre pero no lo son si las comete una mujer, al igual que en la Alemania Nazi determinados actos eran punibles si los cometía un judío pero no si los llevaba a cabo un ario. Lo mismo sucedía en la Sudáfrica del apartheid racial. Tal como hoy, sus promotores inventaron justificaciones absurdas que, desgraciadamente, convencieron a buena parte del público.

El totalitario ha impuesto sus cláusulas y depurado cualquier discordancia. No way out

Peor aún. Cuando el activismo reemplaza a la política, cuando los grupos mejor organizados y más ruidosos, que suelen ser los menos respetuosos con la libertad individual, acaparan los focos mediáticos y convencen a los negligentes legisladores para retorcer el Estado de Derecho, la democracia ni siquiera alcanza a ser ese remedo basado en la imposición de la voluntad de la mayoría, sólo lo aparenta. Mediante el ruido, la algarada, el matonismo dialéctico, la hiperreacción, el señalamiento del disidente, se apropian en su propio beneficio de ese concepto gelatinoso que es la “sensibilidad social”. Y al final, por más que los electores sean convocados a las urnas, los programas de todos los partidos quedan censurados en origen. El totalitario ha impuesto sus cláusulas y depurado cualquier discordancia. No way out.

Una ley de corte totalitario

Hay que decirlo claramente: la LVG es una ley de corte nítidamente totalitario, no sólo por violar principios fundamentales, como la igualdad ante la ley y la presunción de inocencia, también por utilizar el derecho penal de forma abusiva. En lugar de reservarlo para lo que fue ideado, para casos graves, introduce el delito, de forma sesgada y discriminatoria, en cualquier discusión de pareja que suba de tono y emplee palabras vulgares. Cualquier actitud como insultos, comportamientos poco educados o menosprecios de un hombre a su mujer, nunca al revés, se convierten en delitos, cuando frecuentemente no son más que meras manifestaciones de grosería o, a lo sumo, faltas.

“Violencia de género” es un término orwelliano, un concepto propio de la neolengua

Para resolver estas controversias cotidianas leves siempre se apeló a la buena voluntad, al sentido común de la inmensa mayoría de las gentes, nunca al derecho penal. Los ciudadanos, y las mujeres en concreto, son adultos responsables, no críos que deban chivarse porque un amiguito les sacó la lengua. De ahí que sea intolerable esa manipuladora propaganda televisiva y esas organizaciones malintencionadas e interesadas que animan alegremente a las mujeres a denunciar cualquier menosprecio, como si de personajes asiduos a los reality shows se tratase. Incluso si el menosprecio de tu pareja, sea hombre o mujer, no es ya puntual sino reiterado, tampoco es solución llamar a las fuerzas de seguridad. Simplemente es una señal de que la relación está rota, que lo mejor es que cada uno siga su propio camino.

De la neolengua al Pánico Moral

La “violencia de género” es un término orwelliano, un concepto propio de la neolengua, que los manipuladores inventaron para crear lo que el sociólogo Stanley Cohen denominó Pánico Moral, una moderna caza de brujas, una histeria colectiva para dividir a la sociedad, para sustituir a “la persona” por “los colectivos”, alistando a hombres y mujeres en dos cuerpos de ejército irreconciliables. Lo que existe en realidad es la violencia a secas, sin apellidos, que debe ser perseguida y condenada contundentemente con independencia de quien la ejerza y de quien sea la víctima. Es ahí donde pueden y deben intervenir las autoridades. Las personas honradas, con corazón, repudian el maltrato de cualquier mujer, por supuesto, pero también el de todo hombre, anciano o niño en igual medida. Todos son seres humanos. A los ciudadanos de bien les repugna el hecho en sí; a los fanáticos descerebrados tan sólo les preocupa el grupo al que pertenece el agresor o la víctima.

Pero todo es susceptible de empeorar. Acaparados los nichos de mercado iniciales, que en su día fueron los matrimonios consolidados y, después, las parejas más jóvenes, la LVG apunta ahora a los adolescentes, a los chicos de entre 13 y 20 años de edad, dispuesta a convertir la mera desavenencia, las peregrinas discusiones adolescentes en denuncias. No pocas mujeres, hasta ayer ajenas a esta aberración o, incluso, partidarias, están descubriendo el peligro, porque la injusticia está entrando en su casa a través de sus hijos varones. Error sobre error. Las relaciones entre los seres humanos son demasiado complejas y están condicionadas caso a caso por tantos y tan diversos factores que es estúpido y simplista interpretarlas en clave de apartheid sexual. No hay hombres o mujeres; hay personas. Y sus comportamientos, sus actos, son propios e intransferibles; no el resultado de un malvado y generalizado conciliábulo.

Fuente: Violencia en parejas jóvenes

Si algún partido planteara la derogación de la LVG y el restablecimiento del principio de igualdad ante la ley, seguramente no perdería votos

Principios a cambio del voto fácil

Si ya no hay partido que proponga la restauración de la igualdad ante la ley, que defienda los principios de la Democracia, del Estado de Derecho, ninguno de ellos merece nuestro voto. En circunstancias tan graves es mezquino actuar por temor a perder votos. Y extremadamente cobarde quedarse de brazos cruzados para no enfrentarse a una horda de fanáticos, con conocimientos que no van más allá de las consignas que escuchan en televisión, pero todos ellos enrolados en la policía del pensamiento.

Si algún partido planteara la derogación de la LVG y el restablecimiento del principio de igualdad ante la ley, seguramente no perdería votos; es más, quizá los ganaría. Nuestros políticos ignoran que sus posaderas se asientan sobre una bomba de relojería, que tras 12 años de pasar por la trituradora a demasiadas personas, la opinión pública se encuentra mucho más volteada de lo que parece. Se han perpetrado tantos atropellos, tantas injusticias a cuenta de la LVG, que hay muchísima gente indignada y cabreada, aunque por ahora silente. No sólo se trata de hombres, también son sus madres, sus hermanas, incluso sus hijas. En cuanto se rasgue el velo del tabú, el clamor de la indignación va a ser atronador. Y no es descartable que, dado los destrozos causados, las magnitudes se inviertan súbitamente, generando, como tantas otras veces en la historia, un indeseable efecto péndulo. Es el resultado lógico de intentar resolver un problema con el remedio más inapropiado.

Fuente: http://vozpopuli.com/analisis/82284-violencia-de-genero-ponle-freno-al-disparate

La patraña del 11-M

Parte del engaño del 11-M

La muerte de Fernando Múgica truncó su proyecto de escribir un libro basado en sus investigaciones sobre el 11-M. Este texto, en el que sostiene que las Fuerzas de Seguridad taparon con pruebas falsas el papel de “potencias extranjeras”, iba a servirle de prólogo. EL ESPAÑOL lo reproduce como homenaje a su tesón en la búsqueda de la verdad.

Uno de los vagones del tren de cercanías afectado por los atentados del 11-M.

Uno de los vagones del tren de cercanías afectado por los atentados del 11-M.Manuel H. de LeónEfe

Fernando Múgica

22.05.2016 02:17 h.

Una de las personas más importantes del Gobierno de Aznar me hizo varias confidencias junto al mar. Fueron muchas horas de conversación durante dos días de verano. Hubo solo un mensaje que repitió en tres ocasiones.

“A mí lo que siempre me ha fascinado” -me insistió- “es por qué no has tenido problemas físicos. Sigues empeñado” -se refería claro está a la investigación sobre el 11-M- “en pasar de la cascarilla. Lo que me asombra es que a tu edad sigas con esa fantasía de que vas a poder llegar más allá de la espuma de lo que pasó. Estás loco. Tú eres perfectamente consciente de que en el momento en que traspases la espuma de la realidad duras exactamente 24h”.

Y tenía razón. El conjunto de datos de la investigación policial que dio lugar al sumario y, más tarde, a la sentencia del 11-M constituyen una simple y gigantesca cascarilla. La razón de Estado, apoyada con el doble estímulo del terror y las prebendas, se impuso entre las fuerzas del orden para fabricar esa espuma envolvente que tanto nos ha distraído.

Los más escépticos entre los periodistas, los políticos y los agentes de la ley, fuimos laminados. A otros se les estimuló con reconocimientos, ascensos o traslados a diferentes embajadas. Se colocó en puestos clave de control a tres policías incondicionales del nuevo Gobierno, aunque para ello tuvieran que sacrificar durante una temporada a la maquinaria engrasada y eficaz de la Unidad Central de Inteligencia. Se controlaron llamadas y ordenadores. Se cambiaron cerraduras y protocolos.

Al final, unos antes y otros después, todos los cuerpos de seguridad terminaron apoyando una versión en la que cada cual trató de introducir a sus culpables. Fue una batalla sin cuartel, y contra reloj, de fabricación de pruebas, camuflaje de listados de teléfonos y tarjetas y terminales que llegaron a detenciones anticipadas y arbitrarias.

Fernando Múgica en la redacción de este diario en 2015. / Eduardo Suárez

Fernando Múgica en la redacción de este diario en 2015. / Eduardo Suárez

UN ERROR GARRAFAL

Uno de los errores más grandes que hemos cometido a lo largo de la investigación es considerar que las Fuerzas de Seguridad del Estado actuaron desde el primer momento con una única intención.

Al final, unos antes y otros después, todos los cuerpos de seguridad terminaron apoyando una versión en la que cada cual trató de introducir a sus culpables. Fue una batalla sin cuartel

La realidad es que en los primeros dos meses tras el 11-M se produjo una batalla salvaje entre los distintos organismos policiales y de inteligencia. Cada grupo se enrocó, se impermeabilizó por instinto, ante la brutal sorpresa de los atentados. Cada departamento razonaba, dentro de su muralla, que si no habían sido los suyos, ni la gente que ellos controlaban, tenían que estar implicados los demás. Se montaron, unos a otros, escuchas y seguimientos porque nadie se creía que aquellos primeros personajes que ciertos departamentos de la policía presentaban como autores tuvieran nada que ver con lo sucedido.

El asunto era muy grave así que se exigieron pruebas de fidelidad, se desenterraron viejas hermandades de los años 80 y 90, como el clan de Valencia, los de Barcelona o los guarreras de la vieja Brigada de Interior. Tardaron varias semanas en ponerse de acuerdo y al final lo hicieron convencidos de que seguir por ese camino nos podía llevar a todos a una catástrofe mucho mayor de la que había sucedido.

La matanza ya no tenía remedio. El cambio político no tenía marcha atrás. Hubo un juramento por el que nadie iba a responsabilizar de nada a ningún colega si se llegaba a un consenso férreo sobre los culpables. El linchamiento público de Agustín Díaz de Mera, ex Director General de la Policía, -un político que no pertenece al Cuerpo- cuando quiso salirse del guion, camina en esta dirección.

“QUE SE LO COMAN”

Un oficial antiterrorista de la Guardia Civil definió la situación, delante de sus hombres, de una forma impecable: “El PP ya está jodido hagamos lo que hagamos. Esto se lo van a comer los moros. Son tan gilipollas que al final ellos mismos van a convencerse de que lo han hecho. Se acusarán mutuamente para salvar el culo. Y el que hable, ya sabe, está muerto”.

Croquis realizado por la Policía Nacional de la mochila-bomba encontrada sin explotar en la comisaría de Vallecas.

Croquis realizado por la Policía Nacional de la mochila-bomba encontrada sin explotar en la comisaría de Vallecas.

Una consigna parecida caló en todos los estamentos de seguridad. No faltaban, claro está, los que aplaudían con las orejas por el cambio de régimen que los atentados habían alentado. La marcha del odiado Trillo o del prepotente Aznar -¡cómo aplaudían los de Información de Zaragoza en la noche del 14-M!- era un alivio para muchos. Pero la conspiración de silencio rebasó cualquier inclinación política.

Tras el 11-M se produjo una batalla salvaje entre los distintos organismos policiales y de inteligencia… Se montaron, unos a otros, escuchas y seguimientos porque nadie se creía que aquellos primeros personajes que ciertos departamentos de la policía presentaban como autores tuvieran nada que ver

Antes de llegar a ese pacto hubo una batalla sorda por averiguar implicaciones y complicidades. Todos querían guardarse munición -y lo hicieron- por si venían mal dadas…

La sentencia no ha sido más que la consagración salomónica de la parte de la versión oficial que resulta suficiente, de cara a la galería, para pasar página por parte de las distintas corrientes. Ha dejado al descubierto, sin embargo, suficientes lagunas como para que nadie pueda proclamarse vencedor.

Los políticos de ambos signos lo tenían asumido hace tiempo. Era mejor eso que desvelar que agentes incontrolados de potencias extranjeras hubieran cambiado, sin nadie que se lo impidiera, la historia de España. No podían admitir además el control, bordeando la complicidad, que habían desarrollado durante años para alimentar y tener controladas a las bandas del norte y del sur, a ETA y a los musulmanes radicales.

LOS AGENTES INFILTRADOS

España era, en las semanas previas a los atentados, un entramado gigantesco de observadores, vigilantes, confidentes y agentes encubiertos. Lo mejor de cada casa estaba en las calles con los ojos bien abiertos. Corría el dinero y se palpaba una euforia prepotente. Los posibles grupos terroristas de uno y otro signo estaban tan infiltrados, tan controlados, tan neutralizados que las propias fuerzas de seguridad les daban cuerda para que pudieran seguir adelante sin sospechas, por si tenían que utilizarlos.

Las redes de la UCO, de la UCE1 y UCE2, de la UCII y la UCIE, de la UCAO, de la UDYCO, del CNI y un largo etcétera controlaban las caravanas de la droga, las rutas de los explosivos, las reuniones de los integristas islámicos. Por eso los avisos exteriores solo provocaban sonrisas de suficiencia.

Un oficial antiterrorista de la Guardia Civil: «El PP ya está jodido hagamos lo que hagamos. Esto se lo van a comer los moros. Son tan gilipollas que al final ellos mismos van a convencerse de que lo han hecho.»

A veces tenían que jugar al ratón y al gato y al escondite para que unos grupos policiales no interfirieran en la labor de los otros. ¿El Tunecino? Pero si era uno de los chicos del CNI. Por eso tuvieron que espantarlo de su piso cuando el acoso de la policía se había vuelto asfixiante. Facilitaron su huida para desesperación de los controladores policiales.

¿Lamari? Pero si estaba enrolado en el mismo barco desde hacía tiempo. Por eso Safwan Sabag, El Pollero de Valencia no le perdía ni a sol ni a sombra desde que consiguieron sacarlo anticipadamente de la cárcel. Tuvieron que intervenir su teléfono, el 1 de julio del 2004 para que cuando la policía metiera las narices con el Skoda Fabia ya no pudieran escucharle. Y a Benesmail, su lugarteniente oficial, lo introdujeron en Asturias -y todo está grabado- en la misma cárcel, Villabona, y el mismo mes, julio de 2001, que ingresó Antonio Toro Castro el tapado en el comercio de los explosivos, y tan solo un mes antes de que entrara en la misma cárcel Rafa Zouhier, el tapado de la Guardia Civil.

Rafa Zouhier proclamando su inocencia durante el juicio.

Rafa Zouhier proclamando su inocencia durante el juicio.

Para completar el control de la zona estaba el argelino Rabiá Gaya, al que montaron una carnicería musulmana en Gijón y Fernando Huarte, el enlace con asociaciones Palestinas que sacaba a pasear a Benesmail con la excusa del dentista, como si eso fuese posible y habitual en un peligroso terrorista en régimen de vigilancia especial.

Durante los últimos años, todas las tramas de traficantes se habían puesto bajo la lupa policial con muchos medios. Para las caravanas de droga desde el Magreb, el PP contaba en 2003 -cuando aparece el proveedor Jamal Ahmidan, El Chino, procedente de una cárcel de Marruecos- con los ocho años de experiencia de Gonzalo Robles al frente del Plan Nacional sobre Drogas. El 21 de noviembre de 2003 el Consejo de Ministros le nombra Delegado del Gobierno para Extranjería e Inmigración. Se aduce algo que era verdad, su “gran conocimiento de las rutas del narcotráfico en El Estrecho”.

Las rutas del explosivo hacía tiempo que estaban bajo la supervisión del CNI y de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil.

Por eso, los atentados del 11-M produjeron una enorme sorpresa a los distintos grupos de inteligencia. Pero lo que realmente causó estupor fue la inmediata captura de los responsables y la aparición fulgurante de las pruebas

EL HOMBRE DEL REY

El control y la infiltración de radicales islámicos estaba manejada por la UCIE, de la policía y la UCE2 de la Guardia Civil, pero sobre todo por el CNI. Las credenciales del servicio secreto para ello no podían ser mejores. Jorge Dezcallar, el primer civil nombrado como director del Centro en 2001 -y el primero que ostentó el cargo de Secretario de Estado-, era un verdadero especialista en el Magreb. Vino de la mano del Rey.

El exministro de Defensa, Federico Trillo (i), y el exdirector del CNI, Jorge Dezcallar (d).

El exministro de Defensa, Federico Trillo (i), y el exdirector del CNI, Jorge Dezcallar (d).Fernando AlvaradoEfe

No era un hombre de Aznar pero éste sabía de sus conocimientos en materia de terrorismo islámico ya que acababa de simultanear el cargo de embajador en Marruecos con el jefe de antena del CNI en la zona. No era un paracaidista. Llevaba muchos años en esos menesteres.

Para colmo, a su lado se promocionó a María Dolores Villanueva, asturiana, divorciada, un sabueso dedicada en cuerpo y alma a descubrir agentes infiltrados. La mujer con el puesto más alto en la historia del CNI. ¿Su especialidad?, contra inteligencia. ¿Su misión más reciente?, responsable de contra inteligencia del Magreb.

Después del 11-S se habían redoblado los esfuerzos en esa dirección. La realidad contradecía a lo que luego se convertiría en el latiguillo falso y estúpido de que el Gobierno había descuidado ese flanco. No faltaban traductores, ni analistas, ni agentes de campo, bien entendido que en un servicio secreto, siempre se considera que el doble aún sería insuficiente.

Cuando colocaron la mochila de Vallecas no podían saber que las verdaderas bombas no llevaban metralla. La pusieron en el convencimiento de que lo normal es que la llevara

Antes del 11-M se había constituido un comité de crisis compuesto por ministros y expertos en el que el propio Dezcallar explicaba, en cada reunión- y al menos durante los últimos dos meses-, los seguimientos en Lavapiés y en las mezquitas, la infiltración en asociaciones y pisos dormitorio, el control en locutorios, carnicerías y peluquerías. Tenían a sueldo a los individuos destacados en relación a las corrientes islamistas radicales.

Por eso, en contra de lo que muchos investigadores escépticos con la versión oficial piensan, los atentados del 11-M produjeron una enorme sorpresa a los distintos grupos de inteligencia. Pero lo que realmente causó estupor fue la inmediata captura de los responsables y la aparición fulgurante de las pruebas.

¿De dónde salían todas aquellas evidencias que habían pasado hasta ese día inadvertidas? ¿Estaban preparadas de antemano o fueron saliendo una detrás de otra, como las cerezas en un plato, en un puro ejercicio de improvisación?

Si hubieran estado preparadas no habrían tenido esas inmensas lagunas que más tarde fueron incapaces de cuadrar, aunque lo intentaran, incluso a martillazos y ante la ceguera y la apatía general.

Cuando colocaron la mochila de Vallecas no podían saber que las verdaderas bombas no llevaban metralla. La pusieron en el convencimiento de que lo normal es que la llevara. Luego tuvieron que decir a El gitanillo en su declaración de junio aquella frase presuntamente pronunciada por Trashorras en la mina: “No os olvidéis de los clavos y los tornillos”, solo para justificar la metralla de esa mochila.

Imagen general de la mina donde trabajó hasta octubre de 2002 Suárez Trashorras.

Imagen general de la mina donde trabajó hasta octubre de 2002 Suárez Trashorras.J. L. CereijidoEfe

Tampoco tuvieron tiempo de hacer coincidir la composición de los explosivos reales con los postizos. Sencillamente porque a la hora en que fabricaron la mochila de Vallecas aún no se conocían los resultados de los análisis de los restos de las bombas que habían estallado. Era más cómodo hacer coincidir la dinamita de la mochila con los restos encontrados en la Kangoo y con la muestra patrón.

Durante el mediodía del 11-M lo primero que los encubridores decidieron fue que los culpables serían los moritos de Lavapiés. Y entre ellos, los que más podían relacionar con el terrorismo islámico internacional. Los tenían controlados así que iba a ser muy sencillo echarles el guante

Y ni eso supieron hacer por culpa de la Metenamina que salía en unos análisis sí y en otros no. Sánchez Manzano, el responsable de los Tedax, llegó a firmar un escrito en el que se incluía la Metenamina como uno de los componentes básicos de la dinamita. El resto del debate sobre la composición de los explosivos es ya conocido de sobra por el lector.

LA MANIPULACIÓN DE LAS TARJETAS

Tuvieron que dejar los primeros análisis en una nebulosa para acoplarlos, en su momento, al atrezzo.

Durante el mediodía del 11-M lo primero que los encubridores decidieron fue que los culpables serían los moritos de Lavapiés. Y entre ellos, los que más podían relacionar con el terrorismo islámico internacional. Los tenían controlados así que iba a ser muy sencillo echarles el guante. Pero necesitaban pruebas que les encaminaran rápidamente a ellos. Decidieron que lo más práctico era una tarjeta de teléfono con un móvil como iniciador de las bombas -los locutorios de los musulmanes de Lavapiés las vendían-. El policía municipal Jacobo Barredo había declarado a la prensa que una de las bombas que los Tedax neutralizaron tenía una especie de gran teléfono con unos cables.

Tuvieron horas para preparar uno y para enterarse de los lotes de tarjetas que llevarían más tarde a Lavapiés. El aparato telefónico lo apañarían de la misma manera, con cualquier bazar de indios que los vendiera. No llevaban control alguno de las numeraciones. Sería sencillo presionarles para que reinventaran los libros contables. ¿Se acuerdan del juez Bermúdez y aquella teatralización pública durante el juicio en la que él mismo puso en evidencia que aquellas numeraciones de Imeis estaban fabricadas mucho después de la venta de los terminales?

El presidente del tribunal del 11-M, Javier Gómez Bermúdez.

El presidente del tribunal del 11-M, Javier Gómez Bermúdez.Paco CamposEfe

No hay nada más manipulable que las tarjetas telefónicas. Con el material y los conocimientos adecuados se pueden clonar, cambiar, falsificar, redirigir y suprimir llamadas o reconvertir unas en otras. En ningún país serio se considera como prueba, más allá de puros indicios, nada de lo relacionado con las llamadas telefónicas. La posible manipulación invalida cualquier conclusión.

Por eso la subinspectora de la UCII, la unidad anti ETA, que llamó a la puerta del piso de Leganés y que desencadenó los acontecimientos de aquella tarde infernal del 3 de abril de 2004 -la misma a la que luego hicieron pasar a segunda actividad- le confesó a un colega: “No tenemos nada contra ellos. Solo cruces de llamadas y eso sabes que es como no tener nada”.

Además de las tarjetas necesitaban una fuente para los explosivos y los detonadores. Echaron mano de lo que tenían más a mano. Mina Conchita había servido durante años como pantalla para la red de explosivos manejada por las fuerzas de seguridad que utilizaban la red de Antonio Toro para poder colocarla, marcada, en los depósitos de los terroristas.

Antonio Toro Castro el tapado en el comercio de los explosivos.

Antonio Toro Castro el tapado en el comercio de los explosivos.

Esa pantalla había funcionado por la simplicidad del ex minero Trashorras, manejado por el inspector de policía de Avilés Manuel García Rodríguez Manolón. Un veterano de Información de Madrid menos fuerte de lo que él mismo creía y al que han tenido que sostener para que no terminara contando todo lo que sabe. La llegada del nuevo Jefe Superior de Policía a Asturias, Arujo, ex cuñado de Manolón y antiguo responsable de la comisaría de Gijón, consolidó ese flanco.

A Trashorras siempre lo utilizaron como a un tonto útil. Nunca supo que lo usaban desde mucho antes del 11-M.

La dinamita que vendía Toro, según testigos que detallaremos, venía directamente de fábrica. Toro utilizaba a su cuñado y a esa mina como señuelo para que los compradores no sospecharan su verdadera procedencia. Por eso podía ofrecer centenares de kilos a la semana, una cantidad que nunca hubiera podido sustraerse ni siquiera de la mina peor vigilada.

LA CÉLEBRE KANGOO

La furgoneta Kangoo fue otro recipiente de pruebas improvisado. No tenía huellas de los presuntos culpables de Lavapiés, porque cuando decidieron utilizarla, a primera hora de la tarde del 11-M aún no habían decidido quienes serían esos culpables.

Furgoneta Renault Kangoo supuestamente relacionada con los atentados.

Furgoneta Renault Kangoo supuestamente relacionada con los atentados.Fernando VillarEfe

Los primeros que inspeccionaron la furgoneta, todavía en el aparcamiento de la estación de Alcalá de Henares, no pudieron ver ni la cinta coránica, ni los detonadores, ni la mayor parte de las prendas de ropa porque no estaban. Fue luego, en Canillas, -cuando decidieron que utilizarían la furgoneta para terminar de encaminar a los investigadores hacia la pista islámica cuando introdujeron los objetos que necesitaban para sus fines. Antes de la inspección técnico-policial -eufemismo para referirse a una simple lista de los objetos- se guardaron algunas prendas del dueño de la Kangoo, los que luego aparecerían en el Megane del primo de Jamal Ahmidán, junto a más prendas de los presuntos terroristas que servirían para encontrar nuevos ADN inculpatorios.

Además de las tarjetas necesitaban una fuente para los explosivos y los detonadores. Echaron mano de lo que tenían más a mano. Mina Conchita había servido durante años como pantalla para la red de explosivos manejada por las fuerzas de seguridad que utilizaban la red de Antonio Toro

¿La tarjeta del Grupo Mondragón? Los primeros policías que llegaron hasta ella la vieron. Probablemente era un detalle sin la menor importancia. Ellos creyeron que sería importante y por eso lo resaltaron porque les parecía que encaminarían la investigación hacia ETA y que fue ocultada deliberadamente.

La caza de brujas de este episodio fue brutal. Se organizó una investigación interna. Se me hizo llegar una información según la cual si llegaba a revelar el nombre de mi fuente la competencia sacaría una foto de ese individuo con el brazo en alto en una manifestación. Era una presión inútil porque jamás desvelaré una fuente aunque eso me acarree un aparente descrédito.

Es realmente irritante e infantil que en la sentencia se destaque por su nombre solo una de las cintas encontradas en la Kangoo -la de la Orquesta Mondragón- con la clara intencionalidad de tratar de dejar en evidencia la posible confusión de esa casete con la tarjeta de visita mencionada. Patético en un juez que podría haber solventado el caso llamando a declarar a los primeros policías de Alcalá para salir de dudas.

¿Y el portero Garrudo y los tres encapuchados? Una simple coincidencia. Nunca tuvieron nada que ver con el caso. La sentencia dice que salieron de la furgoneta pero, como se puede comprobar por todos los testimonios, el portero solo dijo en su día que los vio al lado de la misma, y no dentro como el mismo se encargó de rectificar.

Los fabricantes del encubrimiento utilizaron la Kangoo sobre la marcha como podían haber utilizado cualquier otro vehículo si ese no hubiera salido a la luz. Los policías que la vieron vacía matizaron en el juicio que podía haber algunas cositas. Aceptamos que había las que se consignaron en la lista menos la cinta coránica, los detonadores y restos de explosivos y, por supuesto, todas las prendas de los terroristas en las que luego se encontrarían los restos de ADN comprometedores. Y que eso podía conformar una furgoneta con algunas cositas que no fueron suficientes para llamar la atención a los policías, ni de los perros.

ZOUGAM Y EL LOCUTORIO

¿Zougam y Bakkali? Pero ¿quiénes creen que les indujeron a montar el locutorio? Bakkali -al que las autoridades marroquíes se empeñaron en calificar de mecánico en todas las informaciones- dejó colgada una sustanciosa beca en una universidad madrileña en la que se doctoraba en ciencias físicas para meterse en un negocio bastante cutre en un barrio de inmigrantes marroquíes. Precisamente todo aquello de lo que él siempre -por su formación y clase social- quiso huir.

Jamal Zougam, en una imagen captada durante el juicio.

Jamal Zougam, en una imagen captada durante el juicio.Gtres

Los abogados que gestionaron el papeleo le aconsejaron que no renunciara a su tarjeta de residente como estudiante ya que era casi imposible que le dieran, como él pretendía, la de autónomo. No se la daban a nadie. Los mismos abogados se quedaron con los ojos a cuadros cuando poco después la policía se la había concedido. Si repasan sus declaraciones judiciales observarán como fue él quien apuntaló la culpabilidad de Zougam, su socio, cuando admitió que era un radical y que utilizaban la peluquería para reuniones islamistas.

Por cierto, al revés que Zougam, declaró que la policía no le había tocado durante los interrogatorios. Por supuesto, al final, el hombre que, según la versión oficial, guardaba en su piso las tarjetas telefónicas implicadas en los atentados, uno de los socios del locutorio que teóricamente las compró, quedó libre de toda culpa.

‘El Chino’ fue la respuesta del CNI a la primera jugada de la policía al culpar de improviso a Zougam

¿El locutorio de la calle Tribulete? Pero, por qué creen que lo asaltaron en plena noche, tres días antes de la explosión del piso de Leganés. Los desconocidos -“muy profesionales y con el material adecuado”- que rompieron los precintos policiales, en una de las calles más vigiladas de Madrid en aquella época, no querían llevarse nada. La policía ya se había incautado de todo lo de interés en los dos registros oficiales.

Solo quedaba limpiar el local. Quitar todas las cámaras y micrófonos que ellos mismos habían puesto mucho antes.

¿La peluquería de la calle Tribulete y sus reuniones clandestinas? Como la otra peluquería, Paparazzi, la del agua bendita, no podía tener más cámaras y micrófonos por metro cuadrado. Fue Zougam quien puso los 6.000 euros que le faltaban a un amigo para montar el negocio. Según declaró éste al juez, sacaban unos 300 euros al mes. Zougam tenía derecho a una tercera parte de las ganancias. Así que hubiera tenido que esperar al sexto año para ganar el primer euro. Un negocio redondo.

42.000 AÑOS DE CÁRCEL

Al CNI le pilló de sorpresa la detención de Zougam y sus socios. Pero lo que consideraron que sobrepasaba cualquier límite es la filtración a la prensa de que en ese locutorio se había encontrado el trocito de baquelita que faltaba precisamente en el teléfono de la mochila con explosivos encontrada en la comisaría de Puente de Vallecas.

También contó la policía, al principio, que fue en ese locutorio donde se prepararon las bombas. Era mentira pero los medios lo airearon en grandes titulares y mantuvieron durante meses el hallazgo de un trozo de baquelita. Eso contribuyó a que el gran público considerara a Zougam culpable indiscutible.

Comenzaron a salir en televisiones y periódicos espontáneos que certificaban la radicalidad de Zougam y por supuesto aparecieron testigos que lo habían visto en distintos trenes en la mañana del 11-M. Era también el culpable favorito de los americanos. A éstos les venía de perlas la versión primera sobre la culpabilidad de Al Qaeda.

Por eso, periodistas afines airearon en Europa que Zougam tenía incluso relación con los culpables de la célula alemana del 11-S. Hubo quien lo vinculó con el viaje de Atta -uno de los aviadores suicidas del 11-S- y con su viaje a Tarragona antes de los atentados de Nueva York.

Se difundió que Zougam había llamado seis días antes de los atentados del 11-S a Abu Dahdah, el islamista residente en España implicado por la justicia española en los atentados de Nueva York. Hubo quien detalló que Zougam había recibido entrenamiento militar y adoctrinamiento en los campos de Afganistán.

La intoxicación provino en parte de personal cercano a la embajada estadounidense. Los mismos que habían servido como tercera fuente a la cadena SER en la noticia sobre la aparición de terroristas suicidas en los trenes.

Todo aquello se fue cayendo como un castillo de naipes, pero el golpe de efecto ya no tendría marcha atrás. La realidad es que nunca han tenido nada sólido contra Zougam a pesar de que fuera condenado a 42.922 años de cárcel.

Los que señalaron a Zougam desde el principio -“Ha sido la mejor decisión profesional que he tomado en mi vida”, dijo De la Morena en el juicio- le tenían preparado un protagonismo aún mayor.

EL CHINO SURGE DE LA NADA

El guion del primer encubrimiento contaba con su culpabilidad no solo como autor material sino como conseguidor de los explosivos. El lector recordará la insistencia de Emilio Suárez Trashorras, -el ex minero asturiano condenado por proporcionar la dinamita-, en sus declaraciones a El Mundo cuando denunciaba que la policía quería desde el primer momento que acusara a Zougam y a El Tunecino de recibir los explosivos. Fue mucho más tarde, según Trashorras, cuando se atribuyó la operación a El Chino.

A la izquierda, Jamal Ahmidan, alias El Chino; a la derecha, Serhane Ben Abdelmajid, El Tunecino.

A la izquierda, Jamal Ahmidan, alias El Chino; a la derecha, Serhane Ben Abdelmajid, El Tunecino.

De hecho, la policía aireó dos tarjetas de teléfono que habían viajado a Asturias los días 28 y 29 de febrero -los días en que teóricamente los terroristas se agenciaron los explosivos- atribuyéndoselas a Zougam.

Cuando se difundieron las tarjetas que supuestamente había usado El Chino en el viaje a Asturias de esos mismos días, las que relacionaban esas fechas con Zougam desaparecieron de la circulación.

El Chino fue la respuesta del CNI a la primera jugada de la policía al culpar de improviso a Zougam. Si hacía falta unos culpables creíbles tenía que armarse mejor el argumento, la recepción de los explosivos, los contactos con la llamada trama asturiana. El Chino surgió de la nada y rompió los esquemas de muchos policías en el primer momento. No se obtendrían sus huellas hasta que Marruecos quiso entregarlas. Su perfil era misterioso y difuso. Estaba en todas partes pero nadie parecía poder aportar nada concreto, al margen de las declaraciones de Trashorras y Zouhier.

Por eso todos los responsables policiales se esforzaron en repetir ante el juez Bermúdez que sus grupos operativos desconocían la existencia de El Chino y que nunca lo habían tenido como un objetivo. El jefe de la UDYCO, el que tenía controlados los teléfonos de ese grupo de traficantes, desde muchos meses antes del 11-M, se atrevió a asegurar en la Comisión de Investigación del Congreso que para ellos El Chino no era Jamal Ahmidán sino su primo. Otro afirmó que no supo de su existencia hasta después de la explosión de Leganés.

Fue el CNI quien proporcionó los listados de llamadas de El Chino, en el viaje a Avilés en esos días clave de febrero de 2004, a los miembros de la Guardia Civil encargados de la investigación de los explosivos asturianos. La trama asturiana estaba servida.

Fuente: http://www.elespanol.com/espana/20160521/126487531_0.html

35 años del “síndrome tóxico del aceite de colza”, una deliberada mentira y crimen de Estado (y 2)

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MI EXPERIENCIA CON EL ACEITE DE COLZA “TÓXICO”, LA GIGANTESCA PATRAÑA ORQUESTADA POR EL ESTADO ESPAÑOL

En el año 1981, el que suscribe, siendo adolescente, vivía en León que, junto con Valladolid, fue la segunda ciudad española más afectada, después de Madrid, por el envenenamiento masivo atribuido oficialmente al aceite de colza desnaturalizado. Sin otro medio de información que el propagandismo oficial televisivo y los medios escritos que hacían piña con el coro de mentiras gubernamentales, muy pocos se atrevían a publicar o exponer opiniones disidentes en torno a aquella epidemia que fue propagada deliberadamente. El trabajo investigador del doctor Muro, mencionado en la anterior entrada, fue uno de ellos mientras que otros desmontaron la farsa mediante la denuncia escrita que fue, todo hay que decirlo, saboteada por todos los medios posibles. Entre estos últimos estuvo Andreas Faber Kaiser, un personaje que quizás era el menos indicado para ello puesto que, lamentablemente, estaba en el lado “oscuro” de las elucubraciones paranormalistas, la ufología y otras rancias mercancías esotéricas. Lo cual no quiere decir, matizo, que estuviera privado de razón en el asunto que nos ocupa. Ni mucho menos.

La aportación de Faber Kaiser a la tragedia del “síndrome tóxico” fue, seguramente, lo único decente que hizo en su vida. Faber Kaiser escribió un libro de investigación sobre aquel “affaire” que llamó Pacto de Silencio y que fue publicado de forma prácticamente clandestina, hoy inencontrable en librerías, aunque existe alguna copia por Internet. De todas formas, las referencias o claves a buscar en el engaño criminal del “aceite de colza” seguían siendo los doctores que pusieron arriesgaron su carrera profesional a costa de exponer la verdad sobre aquel sucio asunto, como fueron los doctores Muro, Martínez, Clavero o Monge, es decir, gente que estaba vinculada a la ciencia de la verdad, no a los corrompidos asalariados de la ciencia prostituida que trabajan en favor de los grandes intereses mafiosos de la industria farmacéutica, alimentaria o biotecnológica.

Ahora vayamos a lo que yo “experimenté” con el síndrome tóxico en aquel año del “golpe cuartelero” y la “colza”. El trasiego de vendedores ambulantes en los barrios, sobre todo periféricos o en los cinturones industriales, de las grandes o pequeñas ciudades era un paisaje habitual en la España franquista, aunque a finales de los años ochenta empezó a entrar en declive debido a que había cada vez más controles y normas en materia de salud e higiene alimentaria. Pero a principios de la década de los ochenta todavía eran perceptibles las visitas de los “tenderos de la calle ambulantes” que ofrecían productos alimenticios como aceite, pan o leche fresca, o bien se dedicaban a la venta de prendas textiles y otros enseres. Un poco (estos últimos) como la tómbola de los hermanos Cachichi, para el que recuerde, añejamente, a estos legendarios feriantes-charlatanes. En el barrio donde yo vivía, en concreto en mi calle, el tan temido “aceite de colza” se distribuyó ampliamente entre el vecindario. No puedo recordar durante cuánto tiempo, pero sé que hubo varias “visitas” de los vendedores ambulantes hasta el mismo momento en que se ordenó detener la venta de aceite. Dudo muchísimo que el aceite lo empezaran a distribuir un mes antes del primer caso conocido de envenenamiento, como señalaron las fuentes oficiales ya que, repito, los “aceiteros” vinieron más de una vez a mi calle, muy probablemente a lo largo de los primeros meses del año 1981 e incluso es posible que antes, aunque esto último no lo puedo confirmar con certeza.

Entre aquellos compradores del aceite de “colza” estuvo mi madre. Es decir, en mi familia (cuatro personas) consumimos VARIAS garrafas del “aceite asesino (que eran de cinco litros la unidad, aquí sí, en consonancia con la versión oficial), no puedo precisar cuantas pero en torno a no menos de cuatro pasaron por nuestro domicilio, según me ha confirmado mi madre recientemente. [Y todavía, más de treinta años después, andamos por aquí jodiendo la marrana a las élites globalistas, como pueden ver]. En otras viviendas sucedió exactamente lo mismo e incluso se adquirieron bastantes más litros ya que el precio por garrafa era bastante económico y también era mayor el número de integrantes de según que familia. De haber existido un solo afectado por el consumo de la “colza” se hubiera corrido la voz de alarma de forma inmediata y el caso se hubiera sido conocido rápidamente entre todo el vecindario de la calle. Pero no hubo tal envenenamiento “aceitero” puesto que nadie fue “contaminado”, nadie enfermó, ni nadie tuvo síntoma alguno relacionado con la ingesta del aceite al que atribuyeron, falaz e interesadamente, el “síndrome tóxico” por lo que, de este modo, se desmontaba (a través de los hechos) la tremenda burla oficial.

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Por tanto, no podía existir un “aceite” bueno de colza y otro “malo” puesto que tal hipótesis (el envenenamiento masivo por su causa) se extendió a todo el aceite distribuido en los distintos puntos de venta ambulante del centro y noroeste de España, estableciéndose tal premisa (todo el aceite vendido fue igual a contaminación tóxica) como dogma oficial. Podían haber jugado, desde el Estado, con la conjetura dual del aceite “bueno” y el “malo” (disyuntiva engañosa, al fin y al cabo), pero prefirieron lanzar un arma de distracción masiva global, chapucera, para salir al paso del crimen. Pero es que, hay que afirmar, no tenían herramientas teóricas científicas sólidas para defender su pusilánime versión.

Así pues, puedo afirmar con total rotundidad que ninguna persona de la calle donde vivía (que serían aproximadamente unos 250 a 300 vecinos), ninguno, repito, padeció el llamado síndrome tóxico atribuible al llamado aceite de “colza” que supuestamente estaba adulterado. Y casi aseguraría, al cien por cien, que en el resto del barrio nadie fue afectado por el consumo de ese aceite. Un aceite que, por supuesto, era de menor calidad que el distribuido por los canales comerciales habituales (tiendas y supermercados), pero que no provocaba ningún efecto secundario que no fuese el engordar vía consumo calórico. Ni siquiera el sabor era desagradable.

A todo lo anterior habría que añadir flagrantes incongruencias de libro, omitidas clamorosamente por los palmeros oficiales, algo que no han podido refutar ni argumentar los propagandistas del oficialismo, tales como el hecho de que en algunas familias unos miembros resultaron intoxicados y otros no; familias que afirmaron consumir tomate en ensalada (sin aceite de colza) resultaron afectadas del “síndrome tóxico” en su totalidad; en regiones españolas como Cataluña hubo distribución y venta del supuesto “aceite tóxico” y nadie fue afectado, así como que muchas personas enfermaron oficialmente de dicho “síndrome” a pesar de que nunca probaron “aceite de colza desnaturalizado”, puesto que los “garrafistas” ambulantes del aceite “adulterado” jamás viajaron hasta la localidad donde se intoxicaron esas personas.

En algunos pueblos de la provincia de León se constató, con gran sorpresa, este último hecho (no haber consumido el aceite tóxico y haber enfermado), algo que fue conocido por el Ministerio de Sanidad pero lo ocultaron de forma deliberada. El doctor Enrique de la Morena denunció esta circunstancia “anómala” en el documental de la cadena inglesa Yorkshire TV, titulado Poisoned Lives (Vidas envenenadas), de 1991, reportaje independiente y veraz que fue vetado en TVE (¿para qué adquirieron el documental si querían ocultar el crimen?) que cuestionaba la versión oficial a través de los testimonios de algunos afectados y de las personas citadas en esta entrada (doctores Martínez, Clavera y Monge). El reportaje fue emitido por TV3 y se puede ver en Youtube narrado en catalán, a excepción de los testimonios que intervienen hablando en castellano.

El genocidio o asesinato de Estado (etimológica y estrictamente así debe denominarse) de 2.500 personas (fallecidas a día de hoy) se produjo gracias a las conclusiones a las que llegó la inmensa e impagable investigación del doctor Muro (al que habría que ofrecer un “Nobel” a título póstumo) y a los trabajos de los doctores Martínez, Clavera y Monge. Lo demás, el circo de la corrupta OMS en Madrid y el vergonzante oficialismo transmitido por los medios a su servicio, fue un cuento con aroma a conspiración criminal de Estado, incluidas las sentencias judiciales que conminaron a los afectados a declarar que habían consumido “aceite de colza adulterado” para poder cobrar las correspondientes indemnizaciones. Una extorsión y chantaje para culminar un crimen de Estado. Las cortas penas  impuestas a los industriales aceiteros (cabezas de turco) en el juicio de la “colza”, en función de tan gigantesco delito, demostró, de alguna manera, que todo (incluido el juicio) fue un montaje orquestado por el Estado para cerrar filas en torno al amaño oficial.

La vergüenza es que el asunto de la colza continúa a día de hoy con, inclusive, artículos pseudocientíficos a cargo de “expertos” médicos que tienen la desfachatez de seguir dando por bueno el fraude que se manejó entonces y se sigue manteniendo hoy. Pseudoexpertos que, eso sí, se curan en salud afirmando que  “En los 20 años de evolución de la enfermedad los investigadores no han podido comprobar una relación entre el consumo de aceite y la gravedad de la enfermedad, pero sí entre la concentración de tóxico del aceite y el riesgo de enfermar.  Es decir, son incapaces de correlacionar consumo de aceite con los efectos devastadores en la salud que se produjeron hace treinta y cinco años pero especulan a un nivel de charlotada (que sonrojaría a cualquier científico honesto) de que sí hay, de alguna manera, relación entre aceite “contaminado” y enfermedad.

Eso sí, estos próceres de la corrupta ciencia oficial señalan La imposibilidad de reproducir experimentalmente las condiciones que llevan a la formación de estos compuestos (anilidas), hace pensar que durante el proceso de refino sucedió un accidente –en la temperatura, tiempo de refinado o cualquier otra variable- que originó un tóxico tan potente. Se contradicen y elucubran, al mismo tiempo, con presupuestos teóricos anti-empíricos. Siguen utilizando una mentira científica como arma de contrabando, señalando que Demostración de la elevada toxicidad es que el primer lote de aceite de colza es del 14 de Abril de 1981 y, los primeros casos de afectados conocidos son de 15 días después. Ni tan elevada toxicidad….ya que ésta nunca se produjo en personas que consumieron el demonizado aceite de “colza”. Mintiendo al compás de la charada delictiva de Estado…ya que la distribución del aceite comenzó bastante antes del 14 de abril republicano, constatable en primera persona del que suscribe, siendo imposible que en tan escaso lapso de tiempo adquiriéramos en nuestro domicilio varias garrafas de aceite al mismo tiempo. Y encima remachan su penosa y repugnante argumentación del siguiente modo La conclusión fue que la etiología del síndrome estaba inducida toxicológicamente, presumiblemente, por algún agente presente en el aceite.

Pero el agente, finalmente, no estuvo presente en el aceite sino que se infiltró en unos tomates en forma de veneno letal. Tal vez ese agente era un empleado terrorista del gobierno (o más exactamente varios) que realizó eficazmente el trabajo sucio de, por una parte, mentir y, en segundo lugar y más importante, propagar un asesinato masivo.

 

 

Fuente: http://uraniaenberlin.com/2016/04/28/35-anos-del-sindrome-toxico-del-aceite-de-colza-una-deliberada-mentira-y-crimen-de-estado-y-2

35 años del “síndrome tóxico del aceite de colza”, una deliberada mentira y crimen de Estado (1)

TOMATES ASESINOS

Cuando oigo la palabra científico me da alergia, cuando oigo la palabra “experto” me entran escalofríos. La ciencia es muy bella, pero es corrompible

(María Jesús Clavera, doctora integrante de la Comisión oficial Epidemiológica del síndrome de la colza)

En el mes de mayo de 1981 una enfermedad desconocida y devastadora se propagó de forma simultánea en un grupo de provincias localizadas del Estado español (en el centro, norte y noroeste del país), afectando a miles de personas. Las autoridades sanitarias se apresuraron a calificar la epidemia, en un primer momento, de “neumonía atípica” transmisible por vía aérea. Se trataba de una cortina de humo de primera mano para ocultar lo que ya sabían desde un primer momento, pero se trataba de ir fabricando una mentira disparatada y sin base científica alguna con pistas falsas ya que, posteriormente, se inventaron el bulo que hizo especial fortuna y que propagaron los medios corporativos a su servicio: es decir el llamado “síndrome tóxico” debido a un aceite de colza “desnaturalizado”. El gobierno de entonces, de la UCD (plagado de ex falangistas), a través de su Ministro de Sanidad, el inenarrable Jesús Sancho Rof, el del “bichito”, decidió que la enfermedad epidémica debía llamarse “síndrome tóxico debido al aceite de colza desnaturalizado”, fundamentando esta, a la postre, ridícula e inverosímil teoría en que la intoxicación masiva había sido originada por un compuesto químico denominado anilina utilizada para hacer posible que aceite industrial de colza fuese apto para el consumo humano. La distribución y venta del aceite se había hecho a través de vendedores ambulantes en diversas partes de la geografía española, fundamentalmente en los barrios de las ciudades, aunque también en algunos pueblos.

El doctor Antonio Muro Fernández Cavada, un hombre de ciencia comprometido con la verdad (no como tantos mercenarios de bata blanca que, a día de hoy, siguen asumiendo la tesis-farsa oficial), fue el que más énfasis y empeño puso, contra viento y marea, en desmontar el fraude oficial advirtiendo que las evidencias científicas, sólidas y contrastadas, apuntaban en contra de la versión gubernamental. El doctor Muro había revelado que el consumo de aceite adulterado no era la causa de le epidemia masiva sino un tóxico ingerido directamente por vía digestiva. Tal encontronazo con los falaces argumentos oficiales supuso el despido del doctor Muro de su puesto de director del Hospital del Rey, que era de titularidad pública (hoy fusionado en el Centro Nacional de Investigación Clínica y Medicina Preventiva). Las certezas de Muro se basaban en que el daño ocasionado a miles de personas tenía su origen en un producto “organofosforado”  introducido de forma intencionada en una partida de hortalizas (tomates) que había sido distribuida en unas zonas determinadas (Madrid-Castilla-León, Galicia) del territorio español. Lamentablemente, el doctor Muro falleció pocos años después (1985) de haber hecho públicos sus hallazgos, en los cuales fijó una concluyente relación causa-efecto que había motivado el envenenamiento de la población afectada.

Alterando el curso de lo que sería una investigación “normal” (es decir, actuando a la inversa, del productor al consumidor) el doctor Muro llegó a la conclusión de que una partida importante de tomates procedentes de Roquetas de Mar (Almería) habían sido modificados, previamente, con un compuesto químico organofosforado (llamado Fenamiphos) al que habían añadido también otro compuesto denominado Isofenphos. La descripción detallada de los efectos de ambas sustancias la dejó bien establecida el doctor Muro a través de la explicación de sus mecanismos de acción tóxica, utilizando un metaestudio sobre más de 2000 personas, tanto enfermas como sanas donde quedó en evidencia, de forma palpable, la patogenia y cuadro clínico de los afectados, así como el origen físico (el pueblo de Roquetas de Mar) del veneno masivo.

En el mismo sentido que el doctor Muro, otros dos doctores (Francisco Javier Martínez Ruiz y María Jesús Clavera), evaluaron la hipótesis de trabajo de Muro como cierta, descartando totalmente la versión oficial del aceite de colza desnaturalizado como causante de la epidemia masiva, en primer lugar en base a que «hemos examinado preliminarmente las investigaciones epidemiológicas experimentales y terapéuticas realizadas por este doctor, y nos parecen extraordinariamente verosímiles y dignas de ser comprobadas a fondo» y, en segundo lugar, negando, con estadísticas concluyentes, que la curva de afectados hubiera decrecido tras la prohibición de la venta de aceite ambulante, en junio de 1981, sino que ese descenso se produjo un mes antes de la prohibición. Además, ambos doctores remarcaban que «Los circuitos de distribución del aceite «sospechoso» no coinciden con la extensión geográfica de la epidemia, como dijo la OMS. Después de ocho meses de investigación podemos afirmar que es rotundamente falso. Y la última afirmación acerca de que el estudio sobre nueve casos control prueban la asociación familiar individual y la dosis-efecto, consecuencia del aceite, con la aparición de enfermos, es también falsa. Después de examinar seis casos control, que hemos podido conseguir, constatamos únicamente una asociación familiar no causal, eso hay que subrayarlo, y espúrea, (engañosa)». [esta última palabra está mal escrita puesto que lo correcto es decir “espuria”]

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La sintomatología clínica de los afectados, por otra parte, no dejaba lugar a la duda como la causante de la ingesta de compuestos organofosforados.  A pesar de ello, en las esferas oficiales, no se quiso validar un trabajo tan riguroso y científico como el que se contraponía a la farsa oficial, sino que se optó por la ocultación, el engaño masivo y las represalias contra esos doctores (fueron cesados de sus puestos en 1983), al igual que sucedió con el doctor Muro dos años antes. Sorprende, por otra parte, que tres vocales de la misma Comisión Epidemiológica del síndrome tóxico “presentaron la renuncia o solicitaron traslados” en el mismo lapso de tiempo que la decisión de cesar a los dos doctores. En definitiva, según Martínez y Clavera lo que estaba en juego con la hipótesis alternativa, fundamentada sobre una base real, era que dicha teoría «implicaba la intervención de una multinacional, el desembolso de fuertes indemnizaciones. Implicaba el reordenamiento del control sanitario del sector agroquímico y de su sistema de experimentación, así como el apropiamiento innecesario como verdad oficial de una hipótesis científica provisional”. La verdad no estaba en el oficialismo,  sino en la revisión crítica científica llevada a cabo por los doctores Muro, Martínez y Clavera, aunque las deducciones señaladas anteriormente por los dos últimos médicos eran una verdad a medias, incompleta, coja, por lo señalado párrafos más abajo.

El diario ELPAIS, en 1983, que entonces practicaba un periodismo vamos a llamarle decente, no sólo no menoscababa el trabajo de Muro, sino que lo consideraba digno de ser tenido en cuenta, al contrario que el resto de grandes medios españoles que despreciaron sus investigaciones al compás de la propaganda oficial. Señalaban en dicho artículo (no se llamen a engaño por el título: La “locura” del doctor Muro) lo siguiente: Los datos básicos respecto al presunto agente causal, vehículo transmisor y bases clínicas y epidémiológicas, constan, al menos, en tres informes oficiales, como son: la comisión mixta parlamentaria de investigación del síndrome tóxico, de enero de 1982; en la comisión científica del CSIC, en febrero de 1982, y en su declaración judicial ante el fiscal general de la Audiencia Nacional, los días 10, 11 y 12 de marzo del mismo año. Hasta ahora, ninguna de estas informaciones ha merecido, por parte de los responsables de la investigación clínico-cíentífica, la calificación de “suficientemente científica” para haber investigado a fondo tal hipótesis.

Aunque no todo el “oficialismo” estaba en contra del informe Muro, puesto que incluso el entonces Delegado de Salud de Madrid (equivalente hoy al Consejero de Salud de la Comunidad), Antonio Urbistondo, afirmaba contundentemente, y así lo señalaba ELPAIS, que “el trabajo epidemiológico del doctor Muro es muy grande, no sólo en cantidad, sino en calidad, sin ser menor su estudio clínico”. El articulista de ELPAIS salía, de alguna forma, en defensa de la teoría de Muro cuando dejaba en evidencia los “análisis” del Instituto Nacional de Toxicología (INT): Al margen de estos informes, y previamente a los mismos, el doctor Muro practicó una serie de trabajos a los que tampoco se prestó apoyo. Cabe destacar, entre otros, dice el periodista, sus primeros análisis en laboratorio con el producto presuntamente causante de la intoxicación, que demuestran el error de la reciente afirmación del doctor Angel Pestaña, coordinador de las investigaciones del CSIC en este tema, sobre el resultado negativo de las pruebas realizadas por el Instituto Nacional de Toxicología a petición del doctor Muro. “A los cobayas que les dieron tomate no les pasó nada”, ha dicho el doctor Pestaña. Pero el resultado fue positivo, pues a los cobayas que les dieron tomate no les pasó nada, en efecto, porque eran tomates normales. Sin embargo, murieron dos cobayas aunque este dato no lo debía conocer Pestaña. El propio doctor Muro propuso al INT una prueba doble ciego utilizando cobayas de laboratorio alimentados con tomates y pimientos tóxicos que resultó positiva a favor de su teoría del envenenamiento, aunque no se realizó el debido estudio anatomopatológico.

Al estudio del doctor Muro y los doctores Javier Martínez Ruiz y María Jesús Clavera se unió un médico militar, el teniente coronel Luis Sánchez Monge, quien había remitido un informe al INSALUD (a los pocos meses de empezar a aparecer los primeros casos) en el que afirmaba que la causa de la enfermedad tenía su origen en “un veneno que bloqueaba la colinerasa” (una sustancia neurotransmisora que estimula los impulsos nerviosos) explicando, además, cómo debía de curarse a los enfermos mediante una terapia-antídoto (la atropina, aplicada por él mismo a muchos pacientes afectados por el “síndrome tóxico”) que había mostrado resultados positivos de curación confirmados. Fueron palabras en el desierto, puesto que las autoridades sanitarias de entonces prefirieron ocultar el crimen y lanzar el bulo del aceite de colza en lugar de sacar a la luz el verdadero origen del envenenamiento, que no fue otro que un insecticida organofosforado cuya explotación estaba en manos de la conocidísima multinacional química-farmacéutica BAYER (la de preclaro pasado nazi).

Pero los orígenes y la secuencia del crimen son indubitados y resultaron ser, finalmente, excepto para la versión oficial, una concatenación de hechos entre dos partes diferenciadas en el tiempo pero relacionadas entre sí, que apuntaban a algo más sórdido y criminal. Según la información publicada en el site NODO50 En los primeros meses del año 1981 se difundieron rumores procedentes de la base militar de utilización conjunta situada en la localidad madrileña de Torrejón de Ardoz, acerca de que varios militares americanos habían sido afectados de una presunta “legionella”, siendo algunos de ellos evacuados en aviones-hospitales a EE.UU., y otros a la base norteamericana de Wiesbaden. En su edición del 26 de mayo de 1981, el periódico “El País” reportó que, según datos facilitados por la Dirección General de la Salud Pública, 105 enfermos habían ingresado por “neumonía atípica” en el Hospital General del Aire, 7 más en el Hospital Militar del Generalísimo, y otros 19 en el Hospital Militar Gómez Ulla.

Esta sería la primera parte del mal llamado “síndrome tóxico” o primera onda epidémica. Según esta versión la primera señal epidémica fue fortuita y muy localizada en la misma base militar de Torrejón de Ardoz y sus aledaños. Aunque se trata de una teoría que podría resultar especulativa, no lo es tanto en atención a las circunstancias políticas de aquel momento ya que el hecho de que tal evento (la contaminación por el “síndrome tóxico”) se produjese en una base militar norteamericana, cuando España era candidata a integrarse en la OTAN y con una opinión pública que era muy desfavorable al ingreso de España en la Alianza Atlántica, hizo temer al establishment español que trabajaba para la CIA que tal hecho pudiera provocar un rechazo masivo en la población al ingreso en la estructura militar occidental gobernada por EEUU.

Para dar forma a la conspiración y evitar la contingencia anteriormente señalada, afirman en NODO (y, también, Alfredo Grimaldos en su libro La CIA en España) que se hizo imperioso crear deliberadamente otra onda epidémica que comprometiera a más zonas de la geografía humana del país, para lo cual y con la misma intencionalidad, se inventó una supuesta causa del “síndrome tóxico” arbitrariamente atribuida a unas inocuas anilinas, con las que se había venido reconvirtiendo al consumo humano aceite de colza para uso industrial desde hacía tiempo y no había pasado nada. Esta segunda epidemia no consistió ya en la muy localizada y accidental propagación de un gas tóxico de la variedad militar organofosforada sobre Torrejón de Ardoz, sino en la deliberada contaminación de cierta especie de frutos (tomates) con ese mismo compuesto, durante su proceso de crecimiento y maduración en la mata, para luego comprarlos y finalmente distribuirlos en esa misma localidad y otras ciudades de España —convenientemente elegidas— con destino al consumo letal previsto. Se buscó así dispersar la atención de la opinión pública para evitar que Torrejón de Ardoz apareciera como el único escenario de la epidemia y la base de utilización conjunta como su foco de su irradiación. […] Esta segunda epidemia criminal deliberadamente inducida, tuvo como causa material el mismo agente nematicida organofosforado  que se inició a mediados de abril y comenzó a remitir en la segunda quincena de mayo. Pero el vehículo no fue la atmósfera, sino una partida de tomates contaminados cultivados en la localidad almeriense de Roquetas de Mar.

La secuencia de hechos, pues, del segundo acto de esta empresa criminal (el consumo de tomates contaminados) habría tenido su origen en un invernadero almeriense en el que Sólo bastaba vigilar discretamente al agricultor y su invernadero para saber cuándo iba a recolectar el fruto y llevarlo a la alhóndiga [lonja o mercado] Agrupamar, donde tendría lugar su venta en pública subasta mezclado con el de otros agricultores, por lo que las unidades envenenadas aparecerían confundidas de manera aleatoria con otras perfectamente normales. Alguien en la subasta (el dinero se esparcía a manos llenas al servicio del criminal objetivo) pujó hasta donde resultó necesario para adjudicarse el fruto, que seguidamente sería vendido en Torrejón, las localidades cercanas —Alcalá de Henares y Guadalajara, entre otras—, y algunos mercadillos en el cinturón industrial de Madrid, lo que continuó por pueblos y ciudades al norte y noroeste de la capital, hasta llegar a Santander y Galicia, sin olvidar el empleo de otras pequeñas partidas en el Sur y en Levante (los destinatarios fueron, como así sucedió en su mayoría, personas de extracción humilde). Torrejón de Ardoz dejó así de ser el punto exclusivo en el origen de la enfermedad. Es más, la venta de tomates envenenados tuvo que producirse, y esto es decisivo en toda la trama criminal, según el doctor Javier Martínez Ruiz, coordinadamente con la venta ambulante del aceite de colza para que, de este modo, la coartada genocida fuera más creíble y efectiva. Los perpetradores debían saber de ello (la distribución del aceite) con carácter previo, o bien, impulsaron ellos mismos el reparto del aceite falsamente tóxico.

Las sospechas sobre todas estas labores de “espionaje agrícola” y posterior ejecución material del envenenamiento sólo pudieron recaer en quienes tenían interés oficial en ocultar el crimen. Muy posiblemente, los conspiradores estaban donde tenían que estar: presuntamente, en las cloacas del Estado a través de los servicios de inteligencia (españoles o extranjeros), profesionales muy expertos en realizar montajes propagandísticos, golpes de Estado (se había producido meses antes de la aparición de la “colza” la opereta golpista del 23-F, ideada y ejecutada por el CESID-CNI), plantar pistas falsas, crear encerronas, ejecutar falsas banderas y otras operaciones  clandestinas con hedor a delitos de Estado.

Fuente: http://uraniaenberlin.com/2016/04/20/35-anos-del-sindrome-toxico-del-aceite-de-colza-una-deliberada-mentira-y-crimen-de-estado-1/

 

Agente Analizador en Redes Sociales.

yo no me llamo ramon;carta de un ex agente analizador

es hora de destapar el pastelaco.este que os escribe siempre ha trabajado para una agencia de servicios,llamemosle asi,de la cual no creo que tengais ninguna referencia.dicha agencia se dedica a analizar y estudiar a los individuos que sobresalen en redes sociales y foros virtuales,para despues pasar los datos a otras agencias,estas mas conocidas.

mi personaje estaba bien definido,una mezcla de cultura y arrogancia juntada con pilas de datos y una pizca de la rabia que destilan las personas mismas hicieron su efecto.

se perfilaban personas cada minuto,aqui en el estado español,y en todos los estados.gracias a estos estudios la agencia conoce al milimetro cada persona fisica que se esconde detras de los nicks,no solo sus opiniones vertidas en las redes,sino todo sobre ellos.

las causas por las que se guarda y archiva toda esta informacion la desconozco.

tampoco conozco a todos mis compañeros,pero si a algunos;los que estabamos en el mismo nivel.

mi nivel era el 19

en total hay 23 niveles.

de los otros niveles,tanto mas bajos como mas altos,desconozco cualquier informacion.

de la informacion que daba,la mitad era mentira,la mitad verdad;en eso consistia mi trabajo.

nuestra formacion se actualiza cada 11 dias,mediante folletos en papel,con toda la informacion que debemos dar.

conocemos la informacion autentica y la falsa,pero solo de lo que nos estudiamos,nada mas.

nunca he sido historiador ni nada parecido,mi perfil se ajusta mas al de un funcionario.

en estos momentos me encuentro de baja en dicha agencia por voluntad ajena .

de mis compañeros no puedo hablar,simplemente que no os fies de nadie que maneje mucha informacion,ni que hable de extrañas caras en las rocas.ellos me han bloqueado el perfil de facebook impidiendome asi sacar a la luz esta informacion.

por seguridad no puedo dar mas informacion de momento hasta que mi situacion sea mas segura.

Fuente: https://lordegipcio.wordpress.com/2014/12/29/yo-no-me-llamo-ramoncarta-de-un-ex-agente-analizador/