Pero Niño, el pirata castellano que doblegó a los ingleses.

Destacado militar, marino y corsario, Pero Niño ofreció sus servicios al rey Enrique III el Doliente, batallando en el Mediterráneo contra las tropas británicas

Foto: La campaña de Pero Niño en el Mediterráneo.

La campaña de Pero Niño en el Mediterráneo.

ecordó al almirante castellano que de perseverar en su actitud hostil, sería excomulgado ‘ipso facto’

Así estaban las cosas cuando en comisión de servicio se bajó en una playa de Orán -nido sacrosanto de la piratería berberisca-, de una galera con treinta ballesteros, dando lugar a una épica escena en la que los pocos repartieron abundante estopa a los muchos. Aquel golpe de mano supuso un dolor de cabeza importante para el jerife local que estaba mas acostumbrado a dar que a recibir. Pero la cosa no acabó ahí, pues el castellano le cogería el tranquillo a lo de arrear a los del turbante, convirtiéndose en una pesadilla para los devotos de Allah que no ganaban para sustos.

Enrique III de Castilla, según Calixto Ortega
Enrique III de Castilla, según Calixto Ortega

Fue entonces cuando nuestro héroe, aburrido de hacer siempre lo mismo en las costas de berbería, cambiaría de aires para fortuna de los abnegados moritos masoquistas. Así estaban las cosas, cuando en uno de sus eufóricos arrebatos quiso ponerles la mano encima a dos piratas de reconocido prestigio cuyas andanzas en el Mediterráneo habían sobrepasado todos los limites.

Juan de Castrillo y Arnau Aymar eran dos prendas. Estos dos granujas trabajaban al alimón para la Corona de Aragón. Sucedió que un buen día de primavera, según cuentan las crónicas, allá por la altura de Menorca, estos dos colegas estaban dejando en paños menores a una embarcación mercante con el pabellón de Castilla. Alertado Pero Niño por unos pescadores que faenaban por la zona, se inició la memorable persecución de los rapiñadores, que a la postre se refugiarían en Marsella con los castellanos pisándoles los talones.

La cosa se puso fea porque Pero Niño quería capturarlos en el mismo puerto y prender fuego a la ciudad por albergar a estos perillanes. El Papa Benedicto XIII, que hacía manitas con el rey de Aragón, envió a sus emisarios para recordarle al almirante castellano que había una cosa que se llamaba obediencia debida y que de perseverar en esa actitud hostil, sería excomulgado ‘ipso facto’. Ni que decir tiene que Pero Niño cogió un berrinche importante y que la cosa, para bien de las partes, no llegó a mayores.

Saqueos en la costa británica

Habida cuenta de las desbordantes energías del belicoso protegido y de la potencialidad de entrar en un conflicto internacional innecesario, Enrique III, con buen criterio, decidió darle otro hueso a su atómico almirante. Y lo envió al norte a aplicarles una terapia de choque a los subidos ingleses que no paraban de hacer de las suyas.

Quiso el futuro, que un gran amigo de la infancia y cronista de sus gestas, Gutierre Díez de Games, volcara en ‘El Victorial’ –posiblemente la primera biografía española–, sus hazañas por los mares controlados por Castilla, que eran unos cuantos.

El catecismo de Pero Niño era muy sencillo: se acercaba a la costa inglesa, los lugareños huían despavoridos, saqueaba e incendiaba la ciudad

La actividad principal de Pero Niño no era otra que la de estar abonado a poner en fuga a los despistados ingleses que pululaban por el Cantábrico y cercanías a la plataforma continental. Habituados los anglos a ser ellos los que cortaban el bacalao en materia de corso y piratería, disciplinas en las que estaban doctorados, quedaron ingratamente sorprendidos al ver que un marino del sur seco les disputaba la hegemonía que ellos creían que les pertenecía.

La verdad es que tras la aparición en escena de Pero Niño, a Inglaterra parecía que le había mirado un tuerto. Como es sabido de largo, los ingleses han sido muy aficionados a lo ajeno desde tiempos inmemoriales; lo que les sorprendió enormemente es que en pleno siglo XIV alguien les discutiera la paternidad de su único arte digno de mención; la piratería.

El catecismo de Pero Niño era muy sencillo. Se acercaba a la costa inglesa, los lugareños huían despavoridos, saqueaba, incendiaba y “hasta luego Lucas”. Todo ocurría en un abrir y cerrar de ojos. Obviamente el rey de Inglaterra estaba hasta la coronilla del almirante castellano.

Tras saquear Cornualles y la isla de Portland y de pasaportar a más de cuatrocientos soldados de su majestad, arramplaron con las naos que había en el puerto y las cargaron con todo lo que de valor pudieron. Y así, suma y sigue, el prestigio de Pero Niño iba ‘in crescendo’ e Inglaterra se aprestaba para una defensa civil con milicias ya que el ejercito no daba abasto ante la osadía del castellano.

Tiene títulos, honores, prestigio, bienes, poder, reconocimiento; pero no tiene sucesión y esto le obsesiona

Aprovechando el desconcierto de los insulares, y su sobrevenida afición de piromano, pegó fuego hasta los cimientos a las ciudades de Poole y Southampton.

Página de 'El Victorial'. Biografía medieval de Pero Niño
Página de ‘El Victorial’. Biografía medieval de Pero Niño

Pero Enrique III, llamado el doliente por sus innumerables goteras, compañero de juegos de infancia ambos, le llama a la Corte. En plena juventud, a los 27 años y cuando iba a encumbrar al almirante castellano para convertirlo en caballero, el frágil monarca desaparece entre las hebras de la oscuridad invisible.

Finalmente, cuando parece darle esquinazo a la agitada vida de soldado, aparece en el escenario vital de este curtido marino una hermosa criatura llamada Beatriz de Portugal, a la que se abraza en cuerpo y alma tras un cortejo clásico y de un romanticismo increíble. Pero Beatriz muere al poco y Pero Niño se viene abajo. Tiene títulos, honores, prestigio, bienes, poder, reconocimiento; pero no tiene sucesión y esto le obsesiona. Lo intenta con la jovencisima Juana de Estúñiga sin resultados. A quien fue el terror de los mares, se le escapa lo mas tierno; una criaturita, un retoño, un vástago.

En 1453, probablemente postrado por una depresión, deja su cuerpo e inicia el Gran Viaje.

Pero Niño, un valiente sin espacio suficiente.

 

Fuente: http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2017-02-11/pero-nino-pirata-castellano-mediterraneo-ingleses_1328473/

Otros:

http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2016-11-19/pirata-drake-espanoles_1290688/

http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2016-05-21/amaro-pargo-corsario-espanol_1202130/

http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2016-03-19/terror-en-el-mediterraneo-los-temibles-y-sadicos-piratas-de-berberia_1170871/

http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2015-08-01/el-increible-historia-del-coronel-palanca-cuando-espana-conquisto-vietnam_949440/

http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2015-06-20/el-enorme-tesoro-espanol-que-desato-la-ambicion-de-los-ingleses_893275/

http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2015-08-01/el-increible-historia-del-coronel-palanca-cuando-espana-conquisto-vietnam_949440/

http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2015-03-14/historia-imperio-sol-naciente-espana_727782/

 

Historia: La Batalla de Garellano, 1503.

Garellano 1503, la batalla que cambió la historia de España

GARELLANO 1503

La batalla de Garellano en diciembre de 1503 marcó un punto de inflexión en la historia de España. Castilla y Aragón habían unido sus reinos, y en 1492 terminaba la reconquista con la toma del Reino de Granada. España era un joven país que miraba a Europa y chocó de pleno con los intereses del potente Reino de Francia, el cual desde el final de la guerra de los cien años en 1453 que lo enfrentó a Inglaterra, había prosperado y quería expandirse por la rica y desunida península itálica.

El Gran Capitán, habiendo logrado la decisiva victoria en los campos de Ceriñola, hace su entrada triunfal en Nápoles el 16 de mayo de 1503. Con esta victoria todo el reino está en sus manos, salvo la ciudad de Gaeta donde se ha refugiado el derrotado ejército francés comandado ahora por Ivo Alegre. Tras infructuosos intentos de tomar la ciudad, se abandona su asalto por lo bien fortificada que se encuentra, y especialmente debido a las nuevas tropas de refresco que llegaban a través de su puerto y las que viene por tierra desde el norte.

Luis XII encolerizado por el descalabro en la batalla de Ceriñola decide concebir un ambicioso y costoso plan para frenar el empuje hispano. Este plan estaba basado en un triple ataque sobre diversos territorios de la corona española.

  • En primer lugar, se haría una incursión a cargo de Jean de Rieux sobre el Rosellón que estaba en manos de los Aragoneses, para que de esta manera se abriese un nuevo campo de batalla en territorio nacional y se abandonara al ejército que ocupaba Nápoles.
  • En segundo lugar, intentaría pactar con Navarra para abrir un segundo foco en la frontera, pero la amistad del rey de Navarra con los Reyes Católicos lo impidió.
  • En último lugar, mandaría un nuevo ejército de 30.000 hombres y 36 piezas de artillería bajo el mando del marqués de Tremouille, al escenario napolitano para expulsar a los españoles.

El marqués de Tremouille murió y fue sucedido por el italiano marqués de Matua. Este no era querido por la tropa debido a su nacionalidad extranjera y severidad. Fernández de Córdoba tenía sitiada Gaeta, donde como sabemos están los restos del ejército francés.
A la muerte del papa Alejandro VI, le sucedió Pio III, entre presiones de los Borjia y del ejército español que estaba acampado en Roma. Este proclamó a Frenando el Católico como rey de Nápoles.

La ciudad de Gaeta recibía constantemente refuerzos militares y víveres a través de su puerto, esto unido a la llegada del nuevo ejército desde Milán comandado por el marqués de Matua, hizo que el Gran Capitán, conocedor de su inferioridad numérica, decidiera retirar el sitio deGaeta. Primero se retiró a Castiglione y posteriormente a San Germano, donde estableció su cuartel general. Se pasó a la otra orilla del rió Garellano para de esta manera aprovecharlo como defensa ante el ejército francés que lo triplicaba. Tomó las fortificaciones de Rocaseca y Montecasino.
En esta última se encontraba Pedro Borjia defendiéndola. Fernández de Córdoba mandó a Pedro Navarro para que lo tomase. Este abrió un agujero en sus muros con la artillería por el cual pasaron los soldados que tomaron la importante posición. Con la toma de estas posiciones, se creó un cinturón defensivo en torno al río Garellano, y desde el campamento del Gran Capitán hasta la desembocadura del río solo había dos pasos, Pontecorvo y Sessa.

INTENTOS DE CRUZAR EL RÍO POR LOS FRANCESES.

El 13 de octubre los franceses al mando del marques de Matua se lanzaban a la ofensiva contra los españoles. Cruzaron el río por el vado de Ceprano más allá de las defensas españolas y atacaron la posición defensiva situada en el flanco derecho, Rocaseca. Era presumible que esta posición fuera atacada por el enemigo al estar al extremo del flanco. Por ello cuando Fernández de Córdoba mandó defenderla por unos 1.000 hombres, pensó en los bravos y veteranos capitanes como Gonzalo Pizarro, Zamuldio, Arteaga, Troilo Despés y Villalva, a los que dijo “os he elegido para vuestra victoria o vuestra sepultura”, y no se equivocaría. Llegando los franceses a la altura de Rocaseca, mandaron emisarios para que rindieran la plaza. Al no rendirse Matua abrió fuego con su poderosa artillería, logrando abrir brecha en la muralla, por la que 3.000 franceses intentaron penetrar. Se encontraron frente a una tropa española bien aguerrida al terreno, dispuesta a pelear hasta el final. La formación de piqueros junto al fuego mortal de los arcabuceros lograron detenerlos y destrozar su vanguardia, persiguiéndolos en la retirada. Por otras dos veces el marqués de Matua intentaría tomar Rocaseca, sin conseguirlo.

Fueron a reforzar dicha posición la infantería de Pedro Navarro y García Paredes(el Sansón extremeño), por caminos de montaña y la caballería pesada de Próspero Colonna por el llano, mientras las defensas de Rocaseca se defendían como gato panza arriba. Al ver llegar a la infantería, el marqués de Matua se retiró. Pedro de Paz quemó el puente de Sessa para evitar que los franceses lo utilizasen en su retirada. El Gran Capitán mientras iba hacia el paso de Pontecorbo para evitar que se le escapase el enemigo y acorralarlo entre su ejército, el río y las plazas fuertes de Rocaseca, Montecasino y San Germano. El marqués de Matua al ver las intenciones de los españoles huyó por Pontecorbo, aunque la vanguardia española llegó a enfrentarse con la retaguardia francesa, causándole bajas.

De nuevo intentan los franceses cruzar el río. En esta ocasión intentan lanzar un puente sobre Roca Andrina en la orilla izquierda (lado español), pero García Paredes tomó la posición impidiendo que el puente estuviera listo.

El tercer intento de cruzar el río fue construyendo un puente de barcas. Aprovechando que la orilla derecha del Garellano tenía más altura, apostó allí su artillería el marqués de Matua, mientras río abajo construía un puente de barcas cerca del puente de Sessa destruido recientemente por los españoles. Tras cruzar este puente quería subir por la orilla izquierda hasta llegar al campamento español. Apoyados por la artillería y cogiendo por sorpresa a los soldados que custodiaban esa orilla del río. Lograron cruzar y entablar combate cerrado con las tropas de Pedro de Paz, protegidos por la fuerza de sus cañones. Los españoles de la posición resistieron hasta la llegada de Pedro Navarro y posteriormente del Gran Capitán. El combate fue duro, cuerpo a cuerpo, lo que impidió ahora a los franceses usar la artillería. Los galos cedieron en su empuje y se vieron obligados a retroceder y volver por el puente de barcas hacia la otra orilla. Tuvieron muchas bajas, y más al cruzar el río, ya que al caer al agua los caballeros con el peso de sus armaduras se hundían irremediablemente hacia el fondo del mismo.

Con esta nueva derrota del marqués de Matua acumuló más descrédito aun ante sus soldados, no quedándole otra opción que ceder el mando, aduciendo fiebres que le impedían seguir al frente del derrotado ejercito francés y abandonar a una tropa que no lo quería desde el primer momento. Su sucesor fue el también italiano marqués de Saluzzo.

El invierno era duro, arreciaba el frío y la lluvia, y en el río Garellano no dejaba de subir de nivel, mientras las trincheras y campamentos de ambos bandos eran lodazales. Faltaban alimentos y pagas, en especial en el bando español, ya que los franceses se podían abastecer de mejor manera por el mar y su puerto de Gaeta. Otro factor de estos días fue la presencia continuada del Gran Capitán en el frente español, sin los lujos que podía esperarse de una persona con su cargo. Sus homólogos franceses no estaban en tiendas de campaña improvisadas, ellos hacían vida en las ciudades próximas con todo lujo y
comodidades. Los días 25 y 26 se pactó una tregua por ser navidad.

Tras la alianza española con la poderosa familia italiana Orsini, esta contribuyó con más de 3.000 hombres comandados por Bartolomé Alviano. Este refuerzo fue fundamental para que Fernández de Córdoba pensase en iniciar una ofensiva. Su plan era construir un puente unos kilómetros arriba del puente de las barcas, para cruzarlo con el grueso de su ejército y atacar el campamento francés. Luego intentar cruzar también por el puente de las barcas, con el resto del ejército y hacer el típico movimiento en pinza sobre los franceses.
Mandó construir el puente a Pedro Navarro. Este realizó un puente de pontones, para ensamblarlo sobre el río, a más de 10 km de distancia en el castillo de Mondragone para no levantar sospechas y aprovechar el factor sorpresa. Mientras Fernández de Córdoba realizaba movimientos para hacer pensar a los franceses que levantaba el campamento dadas las circunstancias meteorológicas que había y a su inferioridad numérica, pero lo que realmente estaba haciendo era preparar su ofensiva.
El puente se montó en la noche del 27 al 28 de diciembre frente a Suio, en el flanco izquierdo francés, y con las primeras luces del día se iniciaba la ofensiva. Las fuerzas españolas se dividirían en dos grupos.
El primero cruzaría el río Garellano por el puente de pontones. En la vanguardia iría Alviano con la caballería ligera, unos 3.000 jinetes. Seguidamente la infantería de Pedro Navarro, con García Paredes, Pizarro, Zamudio y Villalba con 3.500 rodeleros y arcabuceros. La caballería de Prospero Colonna con más de 200 jinetes. Y por último el Gran Capitán con su guardia y 2.000 lansquenetes alemanes.
El segundo grupo al mando de Andrade y Mendoza estaría frente al puente de barcas para no levantar sospechas del enemigo e intentar cruzarlo si resultaba efectivo el ataque español.

El primer puesto encontrado por la caballería de Alviano fue el de Suio, totalmente sorprendidos, algunos borrachos de la noche anterior, no pudieron hacer nada ante el ataque español que los arrolló. Después seguiría la misma suerte Castelforte, y Vallefredda en el extremo izquierdo del flanco que estaba defendido por Ivo Alegre, uno de los supervivientes de Ceriñola. Una vez consolidadas las posiciones cruzó el río el grueso del ejército al mando del Gran Capitán. Durante todo el día se consolidaron las posiciones.
Enterado el marqués de Saluzzo sabedor del avance español por la llegada de algún superviviente de Suio, dispuso retirarse hasta Gaeta, intentando que fuera de manera ordenada. Quiso hacer una línea de defensa en la localidad de Trejetto, pero el avance de Alviano se lo impidió, era rápido y aplastante. En las tropas francesas cundía el desorden y comenzó la huida en desbandada río abajo. La caballería hispana los iba cazando uno a uno. Saluzzo intentó embarcar todas sus piezas de artillería y llevarlas hasta la desembocadura del río, pero las corrientes hicieron que se hundiesen algunas de las barcas que los transportaban, y las demás cayeron en manos hispanas. También quiso hundir el puente que un mes antes había mandado construir para atacar a los españoles, y evitar ser atacados por dos flancos, pero le resultó imposible y Andrade logró controlarlo y cruzar con su ejército.
Ocurrido esto no tenía ya ninguna opción Saluzzo más que la retirada, abandonando incluso todo el material restante. Cuando los españoles llegaron al real francés lo encontraron vacío, ya que Saluzzo había ordenado su abandono. Entonces Fernández de Córdoba mandó a Prospero Colonna en vanguardia perseguir a los franceses, y a Alviano hacia el norte para cercarlos por el flanco izquierdo francés. En las inmediaciones de Mola el camino se hacía estrecho y con las lluvias y la crecida de los ríos era muy peligroso. Saluzzo intentó crear una línea defensiva con la caballería que le quedaba, lanzando una carga con sus hombres de armas. Tuvo un papel destacado Pierre du Terrail, señor de Bayard, que arremetió contra la vanguardia española liderada por la caballería pesada de Colonna, a la cual hizo retroceder hasta que tropezó con la infantería que venía por detrás del Gran Capitán, que tuvo que reorganizar toda su línea, y con arengas consiguió cerrar la formación de los lansquenetes alemanes que repelieron la nueva carga francesa. Con la llegada de Andrade ya no cabía más resistencia por el lado francés. Al tener constancia de todo ello Saluzzo, y conociendo que Alviano lo intentaba rodear, ordena una retirada general hacia Gaeta para no quedar totalmente acorralados. En la persecución fueron muertos o hechos prisioneros muchos soldados franceses.

De nuevo estaba Fernández de Córdoba frente a las murallas de Gaeta. Además de esta ciudad los franceses seguían manteniendo la torre de Garellano, en la desembocadura del río. La derrota francesa había sido total, con un ejército que duplicaba al español, muriendo más de 4.000 hombres y otros tantos prisioneros o desaparecidos, frente a las 900 bajas del bando español.

Esta batalla, que fue la última de Gonzalo Fernández de Córdoba, fue sin lugar a dudas la mejor planteada y la que mas reputación le daría. Sus movimientos para envolver al enemigo teniendo inferioridad numérica son estudiados en las academias militares.

CAPITULACIÓN DE GAETA 1504

El día 1 de enero de 1504 el marqués ofreció su capitulación, frente a la sorpresa del Gran Capitán, el cual la aceptó.

Ciudad de Gaeta.

Dejó marchar a los soldados encerrados en Gaeta y a los prisioneros, sin pedir ningún rescate. Tanto por mar como por tierra salieron todos del reino de Nápoles, aunque no acabarían ahí sus penurias. Los que embarcaron, fueron víctimas de la malaria, muriendo muchos de ellos, entre los cuales se encontraba el propio marqués de Saluzzo. De los que se fueron por tierra, sufrieron el acoso de la población napolitana en venganza por todos los saqueos a los que se habían visto sometidos, matando o hiriendo a muchos de ellos al surcar sus caminos, pasando frío y hambre para salir de aquellas tierras tan inhóspitas para ellos. Se estima que llegó menos de un tercio del ejército a la ciudad de Roma. Una autentica debacle.

Con la toma de Gaeta, sólo quedarían algunas plazas ocupadas por los franceses en Italia que irían cayendo o rindiéndose sabedores de la derrota infligida en Garellanao. Nuevamente el Gran Capitán hacía su entrada triunfal en la ciudad de Nápoles que se rendía a sus pies, donde sería posteriormente nombrado virrey de Nápoles.

Tras esta inapelable victoria sobre las tropas francesas, se firmo el Tratado de Lyon, por el cual se puso fin a la segunda guerra de Nápoles. Luis XII derrotado, cedía a la corona de Aragón el control del sur de Italia.

Fuente: http://cierrayespana.blogspot.de/2013/04/la-batalla-que-cambio-la-historia-de.html?m=1

Historia: Ilustre Marino, Capitán Alonso de Contreras.

Alonso de Guillén, (1582-1641), conocido como Capitán o Frey Alonso de Contreras. Castellano de nacimiento, universal como la Monarquía Hispánica a la que bien sirvió.

La biografía de Alonso de Guillén marca el estereotipo del aventurero del Siglo de Oro.

Con catorce primaveras, anduvo con los Tercios en Flandes. Por sus dimes y sus diretes se tuvo que enrolar en la Armada de Pedro de Toledo, que luchaba por las aguas sicilianas. Escalando en el empleo, luchó contra las galeras de Solimán. En la Península de largo juicio se libró, la bendita pena fue la vuelta a Flandés. Hizo el corso en El Caribe, defendió las costas mediterráneas de las razias berberiscas, venció a los piratas de Albión, fue gobernador en L’Aquia… Sobre 1630 fue nombrado Caballero Comendador de la Orden de San Juan de Jerusalén (Orden de Malta).

“Galera”. Adrien Manglard. XVIII. Vía Indianapolis Museum.

Telegráfica “Hoja de Servicios“de un soldado y marino que no debe verse manchada por quienes le acusan de ser como el griego Ptonoi, ni por aquellos que lo entronan en el mito pastoril del retiro montañes ascéticoii, con la posterior persecución del señorío jurisdiccional de turno.

Alonso de Contreras, bajo el pabellón de la Monarquía Hispánica luchó contra los turcos, franceses, ingleses o contra quienes tuvieran los Austrias que dilapidar la Hacienda.

Sus hazañas fueron contadas por un tal Lope de Vega y Carpio, veamos la dedicatoria de la tragicomedia “El rey sin reino” (1629):

Puso el valor natural

Pleito al valor heredado

Por mas noble, mas honrado,

Mas justo, y mas principal.

Siendo la verdad fiscal,

Probó el natural valor

La fama, laurel y honor

De Contreras en España,

Y por la menor hazaña

Tuvo sentencia en favor.

Frey Alonso de Contreras, nos lega su autobiografía, la vida que quiso contar como marino y soldado en una obra que ha llegado hasta nosotros manuscrita y de título: “Vida, nacimiento, padres y crianza del capitán Alonso de Contreras, natural de Madrid Caballero del Orden de San Juan, Comendador de una de sus encomiendas en Castilla» y quizás sea subtítulo «Discurso de mi vida desde que salí a servir al rey, de edad de catorce años, que fue el año de 1597, hasta el fin del año de 1630, por primero de octubre, que comencé esta relacióniii 

Vida, nacimimiento, padres y crianza del capitán Alonso de Contreras via bne 1630

Discurso de mi Vida” de Contreras (enlace a Biblioteca Virtual Hispánica a texto completo edición manuscrita 1900)

Vida, nacimimiento, padres y crianza del capitán Alonso de Contreras fr 13 1630

También publicó :

Derrotero universal desde el cabo de San Vicente en el mar Océano, costeando por todo el mediodía de Europa en el Mediterráneo, y sus islas, y por las costas opuestas de Asia y África hasta Cabo Cantin, etc…

Derrotero universal desde el cabo de San Vicente intitulacion

(Acceso a texto completo Derrotero Universal)

Derrotero universal desde el cabo de San Vicente capitulos

Ilustre Alonso de Contreras, marino a la vez que soldado, será Capitán y Frey, también escritor o erudito, su vida fue compilada por Fernández de Navarrete en la Biblioteca Marítima, consiguió ver editada su autobiografía en el 1900, loado por Ortega y Gasset en 1943, objeto de análisis científico en Tesis doctorales… y no prescindamos  del juicio cabal de una pluma genial, la del Ilustre Pérez-Reverte.

Otros habrán que le citen como tambor o pífano, otros cabo o sargento… El hecho es que D. Alonso de Contreras al servicio de aquellos Austrias que dilapidaron el mayor recurso de Castilla, sus hombres, nos legó su vida, inmortalizada con una pluma directa y clara, no se distrae en giros ni arabescos, escribe lo que recuerda vivió, las venturas de un marino, de un soldado, espejo de una casta de aventureros que tornaba a expirar.

¡Memento Popule!

Recordando fuentes:

* DOMINGUEZ FLORES, M.A. Alonso de Contreras: discurso de mi vida : estudio y edición. Tesis Doctoral, Universidad Complutense Madrid, 2007. A texto completo en http://eprints.ucm.es/7896/

* Artículo:Vida de este Capitán”, de Perez Reverte en Patente de Corso, acceso en perezreverte.com

* FERNÁNDEZ DE NAVARRETE, M. Biblioteca Marítima Española, (Obra Póstuma, Tomo I)  Madrid, Imprenta Viuda de Calero, 1851.

i Ptono (envidia, celos) En la mitología griega era la personificación de los celos y la envidia. Mató a todas su esposas por celos, sospechaba que le eran infieles.

ii En su retiro montañés en el Moncayo aragonés fue acusado de apoyar una rebelión morisca.

iii Acceso a texto completo en Hispánica de BNE, editado en 1900. Título de dimensiones que compiten con el “abstrac”, vamos con el “Resumen” de cualquier trabajo.

Fuente: https://ilustresmarinos.wordpress.com/2014/06/16/ilustre-marino-capitan-alonso-de-contreras/

Historia: Primeras Mujeres Catedraticas y doctoras espanolas. (S XVI).

Las primeras mujeres catedráticas y doctoras de la historia de España, en el siglo XVI


¿Era el papel de la mujer tan secundario como creemos en la España Moderna? ¿Estaba tan relegada a las labores domésticas como muestra la imagen habitual?

La mayoría de los estudios apuntan a su subordinación al orden familiar como estructura principal del tipo de sociedad patriarcal propia del Antiguo Régimen; sin embargo, dicha sociedad no se mantuvo igual en el tiempo ni tuvo consistencia homogénea, tanto en lo social como en lo geográfico.

La subordinación femenina tuvo su muestra más importante en el plano intelectual, de manera que aunque hubo casos de mujeres que brillaron en ese campo -literatura, arte, filosofía…- realmente no pasaron de ser excepciones que, por regla general, sus colegas masculinos no se tomaban muy en serio y sobre las que la Historia pasó de puntillas.

En efecto, parece que el destino de una mujer fuera el matrimonio y cuidar de su casa, aún cuando había una pléyade de oficios que desempeñaban las mujeres del pueblo llano: sirvientas, costureras, hilanderas, molineras, monjas, taberneras, prostitutas, amas de cría, tenderas, campesinas.

Las de mayor alcurnia, obligadas por la etiqueta, evitaban el trabajo en la medida de lo posible, aunque hay casos aparte como el de Margarita de Parma, que fue gobernadora de los Países Bajos. A lo largo de aquel período fueron descollando algunos nombres: escritoras como Santa Teresa, sor Juana Inés de la Cruz, María de Zayas o Cristobalina Vázquez de Alarcón; artistas como Sofronisba Anguissola; profesoras como Beatriz Galindo; soldados como Catalina de Erauso; actrices como María Calderón o Francisca Baltasara; empresarias como Laura Herrera; teólogas como sor María Jesús de Ágreda, etc.

Santa Teresa (François Gérard) / Imagen: Dominio público en Wikimedia Commons

Sin embargo, probablemente los casos más insólitos fueron los de Francisca de Nebrija y Luisa de Medrano, que fueron las primeras féminas en impartir clases en la universidad. Ambas resultan especialmente notables no sólo por lo logrado sino por la temprana fecha en que lo hicieron, a principios del siglo XVI, anticipándose bastante a otras mujeres españolas y extranjeras que luego también alcanzarían importantes metas, como Juliana Morell (humanista barcelonesa que fue la primera en recibir un doctorado universitario junto con la filósofa veneciana Lucrecia Cornaro Piscopia), la prodigiosa Laura Bassi (matemática, médico, historiadora y lingüista, que fue profesora de medicina y ciencias, y catedrática de Física) o María Isidra de Guzmán (primera doctora y académica de la Lengua española, a caballo entre los siglos XVIII y XIX), entre otras.

El apellido de Francisca de Nebrija no le habrá pasado desaparecibido al lector. Efectivamente, era hija de Elio Antonio de Nebrija, el célebre humanista sevillano autor de la primera Gramática Castellana y de dos diccionarios, además de traductor para la Biblia Políglota Complutense apadrinada por el cardenal Cisneros.

Nebrija fue nombrado profesor de Gramática y Retórica de la Universidad de Salamanca en 1473, el mismo año en que se casó con Isabel Solís de Maldonado, con la que tuvo siete hijos. La única chica fue Francisca, de cuya vida no se sabe gran cosa, aunque la lógica hace deducir que la educación que recibió debió de ser exquisita hasta el punto de llegar a colaborar con su padre en la elaboración de la Gramática.

Asimismo, poseía vastos conocimientos de lenguas y cultura clásicas, dominando perfectamente el latín. Todo ello permitió que, al fallecer su progenitor en 1522, fuera elegida para sucederle en la cátedra de Retórica que en aquel momento ocupaba en otra universidad recién fundada en 1499 por Cisneros, la de Alcalá de Henares.

Elio Antonio de Nebrija impartiendo clase / Imagen: Dominio público en Wikimedia Commons

No sería raro el caso de la continuación del legado intelectual paterno, ya que el propio Lope de Vega tuvo también una hija, Marcela, que, además de alcanzar el rango de abadesa de las Trinitarias Descalzas, cogió la pluma para escribir varios libros de poesía y teatro (aunque sólo se conservan cuatro de los cinco volúmenes porque su confesor le recomendó quemarlos).

Pero Luisa de Medrano Bravo de Lagunas Cienfuegos, a la que también se suele llamar Lucía, no tuvo unos ascendientes tan famosos, aunque si linajudos, pues su familia era de rancio abolengo y había servido tradicionalmente a los Trastámara (su padre murió en el sitio de Málaga). Nacida en Atienza en 1484, también era de prole numerosa: nueve hermanos eran, uno de los cuales, Luis, llegó a ser catedrático y rector de la Universidad de Salamanca.

Luisa precedió cronológicamente a Francisca -aunque por poco-, siendo contemporánea de la citada Beatriz Galindo la Latina, que fue la preceptora de los vástagos de los Reyes Católicos por deseo expreso de la reina Isabel. Lamentablemente no se conserva la obra publicada por Luisa y, de hecho, su recuerdo mismo se habría perdido en el tiempo de no ser por las referencias documentales que hay sobre ella, tanto las facilitadas por un compañero de la universidad salmantina, el humanista siciliano Lucio Marineo Sículo, como las del rector Pedro de Torres.

Porque ella fue la primera mujer en acceder a una cátedra en 1508, curiosamente la misma que había ocupado antes Elio Antonio de Nebrija, la de Lenguas Clásicas. Con el mérito extra de que en ese momento sólo tenía veinticuatro años, algo explicable por la vasta cultura que al parecer acreditaba y que demostró en una memorable lección magistral impartida aquel curso sobre Derecho Canónico. Si joven fue en su triunfo profesional, joven era también al fallecer en 1527, a los cuarenta y cuatro años.

En 1968 el ministro de Educación inauguró el instituto que lleva su nombre y al preguntar a los asistentes al acto quién había sido Luisa de Medrano nadie supo contestar.

Luisa Sigea / Imagen: Dominio público en Wikimedia Commons

Aquella entrada de nuestro país en el Renacimiento, desde el reinado de los Reyes Católicos hasta el de Felipe II, resultó inauditamente fructifero desde el punto de vista de la intelectualidad femenina y nunca más volvió a repetirse hasta el siglo XX.

Porque a las citadas habría que añadir más nombres: Isabel Losa, cuyos conocimientos filosóficos y su manejo del latín, griego y hebreo le permitieron recibir el doctorado en Teología de la Universidad de Córdoba; Isabel de Vergara, hermana de los prestigiosos humanistas Juan y Francisco (que colaboraron en la Biblia políglota) y traductora de Erasmo; Luisa Sigea, otra experta en lenguas clásicas añadiendo además el caldeo; la erudita Juana Contreras, que fue alumna del mencionado Sículo, las escritoras Tecla de Borja, Catalina de Paz, Isabel de Vega, Florencia Pinar (esta última del siglo XV), Catalina de Paz, Isabel Mexía, Francisca de Aragón y Feliciana Enríquez de Guzmán (que vivió ya en el Siglo de Oro)… La lista sería aún más larga.

Parece probable que la reseña que dejó Luis Vives en su obra Instrucción de la mujer cristiana, publicada en 1514, tuviera muy en cuenta a aquellas extraordinarias generaciones femeninas, sin paralelo en Europa: “Hay algunas doncellas que no son hábiles para aprender letras; así también hay de los hombres; otras tienen tan buen ingenio que parecen haber nacido para ellas o a lo menos, que no se les hacen dificultosas. Las primeras no se deben apremiar a que aprendan; las otras no se han de vedar, antes se deben halagar y atraer a ello y darles ánimo a la virtud a que se inclinan”. 

Fuentes: Historia silenciada de la mujer: la mujer española desde la época medieval hasta la contemporánea (Alain Saint-Saëns, director) / Los estudios históricos sobre las mujeres en la Edad Moderna; estado de la cuestión (María Victoria López-Cordón Cortezo) / Mujer y cambio en la Edad Moderna (María Antonia Bel Bravo).

http://www.labrujulaverde.com/2016/12/las-primeras-mujeres-catedraticas-y-doctoras-de-la-historia-de-espana-en-el-siglo-xvi

Historia: El Robinson Crusoe español.

“Las aventuras de Robinson Crusoe” debe ser uno de los primeros libros que leí. Hace poco tiempo volví a leerlo pero motivado por el morbo aquel de que Daniel Defoe, su autor, verdaderamente se inspiró en las peripecias de dos náufragos –un escocés y un español– de siglos distintos para escribir su conocido libro.


El primero de ellos fue un marino español que se sobrevivió a un naufragio en el Caribe en 1526 y que pasó ocho años aislado del mundo en un islote, hasta que un barco que pasaba por allí lo rescató.
Este señor se llamaba Pedro Serrano, y su historia fue relatada años después por el historiador Garcilaso de la Vega causando gran conmoción en aquella época.
Más que una historia curiosa, es un testimonio crudo de cómo era el carácter de los españoles del siglo XVI y de las peripecias que tuvieron que superar en este continente.

Para 1526 América todavía era una tierra inhóspita y los barcos españoles cruzaban el mar Caribe de un lado a otro. Desde Cuba se enviaban barcos a toda la región, pero los mapas solo tenían registradas algunas costas y unas pocas rutas seguras. Uno de aquellos barcos fue una ligera goleta de exploración, que partió desde La Habana con destino a Santa Marta en Colombia, bajo el mando del capitán Pedro Serrano.

Navegando en medio del mar Caribe, les sorprende una gran tormenta y la pequeña nave zozobra. Los tripulantes luchan con todas sus fuerzas pero el mar se los traga. Sólo tres hombres logran sobrevivir. Entre ellos, Pedro Serrano.


Nadando logran llegar a un banco de arena, un atolón que no figuraba en ningún mapa. El lugar era un infierno desolado de 50 kilómetros de largo por 13 de ancho, sólo tenían arena y sol, casi nada de vegetación y no encontraron ninguna fuente de agua dulce.
Estos tres hombres sobrevivieron, pero quedaron aislados en una cárcel natural donde solo podían esperar morir de hambre o de sed. No tenían idea de dónde estaban. No sabían cómo alimentarse. Tampoco sabían si algún barco volvería a pasar pronto por allí.
De los tres náufragos, uno murió a causa de insolación a los pocos días. Serrano, asustado por la muerte de su amigo, decidió que iba a sobrevivir y se dispuso a aprovechar al máximo los pocos recursos que aquella isla le ofrecía.
El historiador Garcilaso de la Vega, lo relata de esta manera:

“Luego que amaneció volvió a pasear la isla, que es despoblada; halló algún marisco que salía de la mar, como son cangrejos, camarones y otras sabandijas, de las cuales cogió las que pudo y se las comió crudas, porque no había candela donde asarlas o cocerlas. Así se entretuvo hasta que vio salir tortugas; viéndolas lejos de la mar, arremetió con una de ellas y la volvió de espaldas; lo mismo hizo de todas las que pudo, que para volverse a enderezar son torpes; y sacando un cuchillo que de ordinario solía traer en la cinta, la degolló y bebió la sangre en lugar de agua. Lo mismo hizo de las demás; la carne puso al sol para comerla hecha tasajos, y para desembarazar las conchas para coger agua en ellas de la llovediza, porque toda aquella región, como es notorio, es muy lluviosa”

Aprendieron a utilizar lo que les ofrecía la naturaleza. Reunieron caparazones de tortugas para recolectar el agua de las intensas lluvias, y también pudieron recuperar algunos trozos de madera del naufragio que los pusieron a secar. Para protegerse del ardiente sol tropical y de los fuertes vientos, a falta de árboles, recolectaron rocas, conchas y corales, y construyeron una especie de refugio. Pudieron hacer fuego golpeando piedras y a falta de vegetación, utilizaron jirones de su ropa como yesca.

Cierto día, después de varios meses de penurias, divisaron una pequeña embarcación y el corazón les estallaba de alegría. Venían hacia su islote!
Lastimosamente eran dos hombres que también acababan de sobrevivir a otro naufragio. No venían a rescatarlos.
El compañero de Serrano partió en ese bote con uno de ellos, en la esperanza de llegar a las costas de Nicaragua y volver con ayuda. Ambos se perdieron para siempre, nunca se volvió a saber de ellos. Pedro Serrano se quedó con el otro recién llegado.

Supuesto trayecto de la embarcación de Pedro Serrano

Cada día en el islote era es una lucha por la supervivencia. Sólo tenían la madera que llegaba arrastrada por las olas, producto de otros naufragios. Con esa madera, después de secarla mantenían una pequeña fogata, pero la dosifican al máximo, ya que aparte de utilizarla para asar la carne de las tortugas y los moluscos, debía servir para hacer señales de humo en caso de que avistaran algún barco.
Pasaron por muchas decepciones, cuando muy de vez en cuando divisaban algún barco español en el horizonte, pero ninguno los veía a ellos. Y así, entre privaciones y frustraciones, pasaban los días, semanas y meses.
Ya llevaban aislados del mundo ocho años, hasta que cierto día, por fin un barco logró divisar sus señales de humo.

“Durante años vieron pasar algunos navíos y hacían sus ahumadas, mas no les aprovechaba, por lo cual ellos se quedaban tan desconsolados, que no les faltaba sino morir. Pero al cabo de este largo tiempo acertó a pasar un navío tan cerca de ellos que vio la ahumada y les echó el batel para recogerlos. Así los llevaron al navío donde admiraron a cuantos los vieron y oyeron sus trabajos pasados. El compañero murió en la mar viniendo a España”

En efecto, el compañero de Serrano murió a bordo y no pudo llegar a tierra firme. Era 1534 y su historia dio la vuelta a España, que en aquel tiempo era como decir que dio la vuelta al mundo.
Tanto impresionó su hazaña, que las autoridades le dieron audiencia para ir donde el Rey de aquel entonces, para que Serrano se la contara personalmente. El náufrago se presentó en la corte imperial con el pelo y la barba tal como fue rescatado, para dar mayor veracidad a su historia.
Pedro se convirtió en un hombre muy famoso y llegó a codearse con las altas esferas y la nobleza, a quienes deleitaba con sus relatos. Después fue recompensado por la Corona y decidió irse a vivir a Panamá. Allí terminaría sus días. Así lo cuenta el historiador Garcilaso:

“Algunos señores le dieron ayuda de costas para el camino y la majestad imperial, habiéndole visto y oído, le hizo merced de cuatro mil pesos de renta. Yendo a gozarlos murió en Panamá, que no llegó a verlos”

 

Ubicación del islote

Antes de fallecer, Pedro Serrano también dejó constancia de las penalidades sufridas en la compañía del otro náufrago. Su relato se encuentra en el Archivo General de Indias, en Sevilla.

Hoy en día ese atolón, se llama Isla Serrana, o Serrana Bank, en su honor y se encuentra a unas 220 millas náuticas (360 kms) al este de la costa de Nicaragua.
En 1962 este islote fue utilizado por los norteamericanos para montar una base militar durante la crisis de los misiles con Cuba.

(Pedro Serrano).

Otros:

Historia: Los marinos españoles que llegaron al fin del Mundo y a los que hemos olvidado.

EXPEDICIONES ESPAÑOLAS EN EL INFINITO MAR
Era el siglo XVI y los Reinos de España surfeaban en la ola perfecta. El mapamundi estaba en régimen de overbooking con docenas de expediciones hacia todas las latitudes
Foto: Un mundo por conquistar.

Un mundo por conquistar.
02.07.201605:00 H.

“UN SEPULTURERO: Ese sujeto era un hombre de pluma.
OTRO SEPULTURERO: ¡Pobre entierro ha tenido!
UN SEPULTURERO: Los papeles lo ponen por hombre de mérito.
OTRO SEPULTURERO: En España el mérito no se premia. Se premia el robar y el ser sinvergüenza…”

Valle Inclán en ‘Luces de Bohemia’. Cap. XIV.

“Más se perdió en Cuba”… Pues sí. No solo el “amigo americano” nos levantó aquel paraíso poblado de miseria, con nuestro ejército diezmado por las enfermedades, acosado por la guerrilla local –los mambises–, y con los pronósticos más sombríos, sino que no contento con eso, arrampló con Filipinas, Guam, Puerto Rico… En fin, que el susto fue morrocotudo y la resaca de largo recorrido.

El resto de las posesiones españolas en el Océano Pacifico serían vendidas tras el tratado hispano-alemán del 30 de febrero de 1899, a través del cual España liquidaría al Imperio Teutón las existencias restantes, esto es, las Marianas (excepto Guam), las Palaos y las Carolinas, por la módica cantidad de 25 millones de marcos. Más o menos, para comprar “chuches”, algunos cigarrillos al por menor y unas entradas en un cine de barrio.

Para conseguir aquellas exóticas adquisiciones allende los mares, un puñado de pilotos y marinos españoles bien bregados en el mar, con sus caprichosas tormentas e insaciable antropofagia, lucharon por poner sus sueños en valor.

Un Océano inabarcable

Era el siglo XVI y los Reinos de España surfeaban en la ola perfecta. Daba igual cómo colocaras el mapamundi, si del derecho o del revés, que estaba en régimen de overbooking con docenas de expediciones en dirección a todas las latitudes desconocidas.

Atónitos, aquellos españoles de hace cinco siglos iban descubriendo cada vez más y más. Más islas, más archipiélagos, más países, más rutas, más culturas

Pero el reto más descomunal estaba pendiente de realización, el Océano Pacifico era una inmensidad poblada de incógnitas y de temores sin cuento. Las leyendas hablaban de un mar sinfín con mortíferas cataratas y monstruos abisales a tutiplén.

En 1521 el portugués Magallanes, comisionado por la Corona Española –Stefan Zweig escribiría un precioso e inolvidable libro sobre esta expedición–descubría Guam, en las Marianas, dejando allá una pequeña guarnición. Meses más tarde, le asistiría la desgracia en una emboscada tendida por los locales de la isla de Mactan en Filipinas, en la que en un terrible cuerpo a cuerpo con resultado de graves pérdidas para los españoles, finalmente se conseguiría neutralizar a la cabreada horda local. Desaparecido Magallanes, Elcano seguirá hacia las Molucas o Islas de las Especias.

Fernando de Magallanes.
Fernando de Magallanes.

Atónitos, aquellos españoles de hace cinco siglos iban descubriendo cada vez más y más. Más islas, más archipiélagos, más países, más rutas, más culturas, más mercados, más continentes. Pero el Océano Pacifico era gigantesco y aunque la voluntad de exploración era también enorme, aquel mar no era precisamente un patio de corrala, bullicioso y febril. El silencio era inmenso y palpable y la referencia de la soledad humana ante el esplendor de la creación, incontestable. Además, las cartas de navegación eran inextricables y había que adaptarlas, ya que la novedad era que se circulaba por el hemisferio sur y de esas alejadas latitudes no había información, y la poca que había estaba en manos de los portugueses y blindada en la escuela de cartografía de Chagres. No, no fue fácil.

En el año del Señor de 1526 Alonso de Salazar avista las Islas Marshall; en 1528 Álvaro de Saavedra descubre las Carolinas; en 1535, partiendo de Panamá hacia Lima, un obispo –Tomás de Berlanga– que se estaba oxidando entre tanto candelabro e incienso suntuario, se dio un garbeo por las Galápagos y una iguana despistada le confundió con un bocado sabrosón que le dejó sin algunos dedos para impartir correctamente la bendición. Para más inri, en el año 1555, Juan Gaetano dejó un pendón castellano por los pagos de Hawái y, con un par, lo colocó en las estribaciones más accesibles del Mauna Loa, un volcán que entraba en erupción un día sí y otro también, de lo que se deduce que el estandarte duró lo justo para darle un toque estético a la historia. Luego vino Cook, algo más práctico y previsor,  y puso uno de verdad, pero más arrimado a la costa, evitando los obvios peligros que comportaban los arrebatos del volcán en cuestión.

Váez de Torres, tras separarse de Quirós en una terrible tempestad, dio nombre al estrecho que separa Nueva Guinea de Australia

Más tarde el gallego Álvaro de Mendaña, persiguiendo el mito bíblico de las islas de Ofir, donde según la Biblia estarían situadas las minas del Rey Salomón, daría con unas islas cuyo topónimo aún se conserva con idéntico nombre. Pero no había oro y si unos cuantos aborígenes bastante cabreados que dieron bastante la lata

Un gran lago español

En 1606, Fernández de Quirós llega a las Tuamotu, entre las Marquesas y Tahití, que ya habían sido previamente visitadas por Alvaro de Mendaña sin dejar guarnición alguna. Y ese mismo año, Váez de Torres, tras separarse de Quirós en una terrible tempestad, dio nombre al estrecho que separa Nueva Guinea de Australia, que podía haber sido perfectamente un continente español si no fuera por la urgencia y las consignas dadas por la Corona para hacerse con el monopolio del mercado de las especias. Estas estaban a tiro de piedra de Nueva Guinea, al margen de una severa equivocación –comprensible por otra parte– en las cartas de navegación que le hizo confundir las islas Nuevas Hébridas con Australia. Probablemente los aborígenes estarían hoy más contentos que unas castañuelas de no haber caído en manos de los británicos y su espíritu civilizador de exterminio y palo y tentetieso.

Fernández de Quirós.

Fernández de Quirós.

Hay que destacar que el marino portugués Fernández de Quirós rogaría con vehemencia a Felipe III, que padecía una sordera patológica para las cosas referentes al riesgo y la aventura, que invirtiera sin demora y a la voz de ya todos los esfuerzos en colonizar Australia por las potencialidades que encerraba. Pero sus demandas pillaron al rey de perfil y los ingleses, más avispados otra vez, se hicieron con el entero continente. Las cosas de la vida.

Quirós confeccionó todo un manual de comportamiento y etiqueta para manejarse con éxito en las expediciones de ultramar en el que daba consejos como el de “llevar un par de pilotos prudentes y sujetos a la razón“. Asimismo recomendaba transportar en cada embarcación una media docena de perros de presa (por el temor que inspiraban a los aborígenes), un arcabuz por cada tripulante y, en el tema de las vituallas, miel, azúcar, manteca, vino y aceite, además de una alquitara desaladora, artificio de destilación de una simpleza extrema y de una eficacia contundente. Además, según su criterio, ningún navío debía de exceder las 100 toneladas para facilitar su navegabilidad en áreas de frecuentes escollos. Sin discusión alguna, era un marino de los pies a la cabeza.

No cabe la menor duda de que el siglo XVI convirtió el Océano Pacifico en un gran lago español y consagró a una pléyade de marinos irrepetibles, hoy casi todos ellos condenados al olvido.

http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2016-07-02/marinos-espanoles-oceano_1226764/

Historia: Ana Maria de Soto.

Ana María de Soto, cordobesa de la Infantería Marina Española

Ana María de Soto, cordobesa de la Infantería Marina Española

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Cordobesa de nacimiento, Ana María de Soto pasó a la historia por ser la primera mujer que se alistó a la Infantería Marina Española, además de ser una de las pocas valientes que decidió ostentar un papel que hasta entonces estaba relegado a la figura masculina. Ana María de Soto nació concretamente en la población de Aguilar de la Frontera, situada al suroeste de la provincia de Córdoba.

No se sabe exactamente la fecha de su nacimiento, pero se cree que pudo ser a finales del siglo XVIII, en torno al año 1777. Sus padres regentaban un horno de pan, por lo que se deduce de ello un origen humilde que posiblemente tenga relación con el misterio que rodea su decisión de alistarse en la Marina.

Sus años al servicio militar y su ingeniosidad, recuerdan a la historia de la Dama de Arintero – aunque aquí sí encontramos una base de fondo con la que tomó la decisión de romper con algunas generalidad estipuladas de los esquemas sociales del siglo XVIII – o a la de otras muchas mujeres que lucharon por convicciones en épocas donde era impensable la presencia femenina en el contexto militar.

Ana María de Soto

Ana María de Soto: Inscripción en la 6ª Compañía del 11º Batallón de Marina

Cabe la posibilidad que desde muy pequeña le atrajese la idea de surcar los mares e ir a bordo de navíos en los que desatar su pasión por las expediciones y los conflictos bélicos, sobre todo los marítimos; aunque no se sabe con exactitud si fue empujada por el idilio de algún amor u otro motivo lo que le impulsó a semejante osadía. Debido al poco trabajo escrito sobre ella por la escasa información testimonial, solo se pueden hacer conjeturas sobre el impulso que le llevó a formar parte de la Marina Española. Y a día de hoy el motivo de su embarque sigue siendo todo un misterio.

En cualquier caso, Ana María de Soto, sin llegar a la edad adulta, y con tan solo 16 años, ocultó su identidad femenina, pues de lo contrario no podría ser partícipe en las venideras batallas que le esperaban. Se hizo pasar por un joven varón de nombre Antonio María. Y así fue como a principios del verano del año 1793 llegó a San Fernando (Cádiz) con la única de idea de ingresar en los Batallones de Marina. Ana María, pasando desapercibida para sus compañeros de regimiento, fue alistada en la 6ª Compañía del 11º Batallón de Marina por voluntariedad propia, dándose por comenzada su pericia militar. Para ello tuvo que recorrer una distancia considerable, algo bastante impensable para una mujer de aquella época y de aquella edad.

Ana María de Soto

Ana María de Soto: La defensa de Rosas y la batalla de San Vicente

En el marco de las Guerras Revolucionarias Francesas, en 1794 subió a bordo de la Mercedes, una fragata provista de 34 cañones que puso rumbo a las costas mediterráneas para hacer frente a los franceses en Rosas que acababan de hacerse con la población de Figueras sin haber encontrado apenas resistencia. Pero fue en Rosas donde los sitiados conseguían defenderse hasta el último aliento hasta que se tuvo que abandonar aquella plaza por ser incontenible. La defensa de Rosas fue la primera presencia bélica de Ana María de Soto sin todavía haber llegado a la edad adulta. También participó en el conflicto de Bañuls y Aljama.
Poco después, tras el conflicto de Rosas, 27 navíos españoles pusieron rumbo desde la ciudad de Cartagena hacia el Cabo San Vicente, comandados por José de Córdoba y Ramos. Y destacando entre todos los buques se encontraba el Santísima Trinidad, el navío más grande del mundo, y que contaba con 130 cañones. Ana María siguió asignada al Mercedes, ahora bajo el mando de José de Córdoba para hacer frente a los soldados ingleses del almirante John Jervis. El conflicto tuvo lugar en 1797 y se tradujo con la victoria inglesa a pesar de los esfuerzos españoles por hacer frente a la armada del almirante.

Ana María de Soto

El 7 de julio de 1798, Ana María de Soto se embarcó en la fragata Matilde que también había participado en la Batalla del Cabo San Vicente. Pero la suerte de Soto y su periplo como soldado de la marina se vio truncado cuando unas fiebres altísimas la enfermaron, por lo que tuvo que hacerse un concienzudo examen médico para determinar la causa. De este modo se descubrió, inevitablemente, su condición de mujer y tuvo que reconocer que su verdadero nombre era Ana María de Soto y no Antonio María.

Últimos años de Ana María de Soto

Fue obligada a desembarcar en el puerto más cercano, y su historia fue escrita a Palacio para determinar el castigo por aquella conducta poco propia para una mujer de la época. Pero muy lejos del castigo, se reconoció su coraje y su valía. Y el propio monarca Carlos IV le otorgó por Decreto Real el rango de Sargento Mayor y una pensión vitalicia de 2 reales diarios. Ana María de Soto abandonó su carrera militar y regentó un estanco en la población de Montilla (Córdoba), pero ya bajo la regencia de Fernando VII se le arrebató esta licencia de una manera injusta. Como ha pasado con otros héroes nacionales, y más concretamente heroínas, la historia de Ana María de Soto es bastante desconocida incluso para los historiadores. Es por ello por lo que creo que su historia debe de ser contada para que no caiga en el olvido.

España imperial vs EEUU, comparacion historica VIII.

Comparando la España imperial con los EE.UU.: Una historia de dos Historias (Parte XIII)

El rey David también fue responsable de la muerte de descendientes del rey Saúl, muy probablemente para eliminar a potenciales rivales al trono tanto suyo como de su heredero. Así, esto le sucedió al rey David una vez iniciada la revuelta de su hijo Absalón contra él: “Al llegar a Bajurim, salió a su paso, insultándolo, un hombre de la familia de Saúl llamado Semeí. Lanzaba piedras a David y a sus oficiales, sin importarle la gente y los guardias que rodeaban al rey. Maldecía al rey en estos términos: ‘Vete, vete, hombre sanguinario y perverso. Yavé hace recaer sobre tu cabeza toda la sangre de la familia de Saúl, que masacraste. Así como tú le quitaste el trono a Saúl, así también Yavé se lo ha dado a tu hijo Absalón. Tú eres un criminal, por eso te persigue la desgracia’. Abisaí [Nota: Hermano de Joab que mandó parte del ejército israelita en contra del ejército amonita en la batalla en que Joab mandó la otra parte del ejército israelita contra el ejército arameo y que se combatió ante la capital amonita de Rabbá], hijo de Sarvia, dijo al rey: ‘¿Cómo se atreve ese perro hediondo a insultarte? Déjame pasar el torrente, y le corto la cabeza’. Pero el rey respondió: ‘¡Ustedes nunca me comprenderán, hijos de Sarvia! Si Yavé le ordenó que me maldijera, ¿quién podrá preguntarle por qué lo hace?’. Y David dijo a Abisaí y a sus servidores: ‘Si mi propio hijo quiere matarme, con mayor razón este hombre de la tribu de Saúl. Déjenlo que me maldiga si Yavé se lo ha mandado'” (2 Samuel 16, 5-11). Esto último que David dijo se puede considerar como una confesión de culpabilidad ante las acusaciones del pariente del rey Saúl, y David lo tenía en su conciencia.

Sabemos de una ejecución en que David ya rey permitió que hijos y nietos de Saúl fuesen colgados de maderos, crucificados, así convenientemente eliminando a potenciales rivales al trono. Unas traducciones dicen que fueron las víctimas ahorcadas, pero esto parece ser un error por confundir el que fueron colgados, de maderos y por ello crucificados, con la horca. Los hijos y nietos de Saúl padecieron una muerte lenta y sangrienta en la cruz.


 Rispá protege de las aves los cuerpos de sus hijos, crucificados con permiso -y probablemente por orden- del rey David  

Así dice la versión de la Biblia católica en internet http://www.bibliacatolica.com.ar: “En tiempos de David hubo hambre, hubo hambre durante tres años consecutivos. David consultó al Señor, y el Señor le respondió: ‘Esto se debe a Saúl y a esa casa sanguinaria, porque él dio muerte a los gabaonitas’. Entonces David convocó a los gabaonitas y les habló. Ellos no pertenecían a Israel, sino que eran un resto de los amorreos, con quienes los israelitas se habían comprometido bajo juramento. Sin embargo, Saúl había intentado eliminarlos, en su celo por Israel y Judá. David preguntó a los gabaonitas: ‘¿Qué puedo hacer por ustedes y con qué podré expiar, para que ustedes bendigan la herencia del Señor?’. Los gabaonitas le dijeron: ‘No tenemos con Saúl y su familia ninguna queja por cuestiones de plata y oro, ni tenemos cuestiones con ningún otro hombre en Israel, para hacerlo morir’. David respondió: ‘Haré por ustedes lo que me pidan’. Ellos dijeron al rey: ‘Aquel hombre trató de exterminarnos y proyectaba aniquilarnos, para que no subsistiéramos en todo el territorio de Israel. Que nos entreguen a siete de sus descendientes y nosotros los colgaremos delante del Señor, en Gabaón, en la montaña del Señor’. ‘Yo se los entregaré’, respondió el rey. El rey le perdonó la vida a Meribaal, hijo de Jonatán, a causa del juramento que David y Jonatán, hijo de Saúl, se habían hecho en nombre del Señor.

“Pero tomó a Armoní y Meribaal, los dos hijos que Rispá, hija de Aiá, había tenido con Saúl, y los cinco hijos que Merab, hija de Saúl, había tenido con Adriel, hijo de Barzilai, el de Mejolá, y se los entregó a los gabaonitas. Ellos los colgaron [crucificaron] en la montaña, delante del Señor, y sucumbieron los siete al mismo tiempo. Fueron ejecutados en los primeros días de la cosecha, al comienzo de la recolección de la cebada. Rispá, hija de Aiá, tomó una lona y la tendió para poder recostarse sobre la roca. Así estuvo desde el comienzo de la cosecha hasta que las lluvias cayeron del cielo sobre los cadáveres, espantando durante el día a las aves del cielo y durante la noche a las fieras del campo” (2-Samuel 21, 1-10). David usó como excusa los tres años de hambre o malas cosechas, y uso como justificación lo que él dijo fue la opinión de Dios de por qué sucedía esta calamidad en su reino para hacer morir a los descendientes de su rival ya muerto, el rey Saúl. David se inventó la razón dada según él por Yavé, que es Dios de amor y paz y no de venganza y sangre como el inventado por los israelitas, para justificar ante su pueblo este crimen contra los hijos y nietos de Saúl. Pero típicamente de David como rey, hizo que otros le hiciesen el trabajo sucio de matar a sus rivales, para así aparecer ante su pueblo y la posteridad como limpio de toda culpa en los crímenes que él mandó a otros cometer. Así entregó a los descendientes de Saúl a los gabaonitas para que los mataran, al tener este pueblo razones para vengarse de Saúl por haber este querido exterminarlos, como los israelitas habían hecho con otros pueblos cananeos. Los gabaonitas fueron un pueblo cananeo, no israelita, que menciono en mi blog anterior y que pactaron con Josué, librándose de ser exterminados por este y sus israelitas cuando estos invadieron la tierra de Canaán.


“La muerte de Saúl” por Gustavo Duré
“La muerte de Saúl” por Gustavo Duré.    

Otro ejemplo de este proceder de David, en no dar la cara por sus crímenes sino más bien haciendo que otros carguen con la culpa, fue el del asesinato de Isbaal, hijo del rey Saúl, que tras la muerte de su padre fue proclamado rey de Israel, donde reinó dos años hasta su asesinato. Con la muerte del rey Saúl, David fue proclamado rey de Judá e Isbaal rey de Israel, iniciándose una guerra civil entre israelitas por el control de Judá e Israel. Finalmente Isbaal fue asesinado, ganando David la contienda. Los dos asesinos de Isbaal, antiguos comandantes militares del asesinado, le presentaron su cabeza a David, que estaba en Hebrón, seguramente porque habrían sido comprados por el rey de Judá para perpetrar su crimen político. Y David, probablemente para que no le acusaran del regicidio, mandó inmediatamente ejecutar a los dos asesinos de Isbaal, lamentándose de paso públicamente por la muerte de su rival para borrar toda sospecha de una complicidad en el crimen (2-Samuel 4, 1-12).

Es sospechosa también la muerte del rey Saúl según el segundo libro de Samuel. Al comienzo de este libro se relata cómo Saúl, ya herido según el primer libro de Samuel en una batalla que perdió contra los filisteos, pidió a un joven amalecita, no israelita, que le matara, presumiblemente para no caer prisionero de los filisteos. Esto hizo el joven, llevándole a David después la corona y la pulsera del rey Saúl. Pero David, expresando pública pena e indignación, rasgándose sus vestiduras, llorando y haciendo el espectáculo, por el hecho que el muchacho amalecita diese muerte a Saúl, lo hizo matar en su presencia (2-Samuel 1, 1-16). Lo cierto es que cuando Saúl es derrotado y muere, David estaba bajo la protección de los filisteos y era su aliado. Y a David le convenía la muerte de Saúl para tratar de apoderarse de su reino, y era muy conveniente que los filisteos le ayudasen a lograr esta ambición derrotando a todo el ejército israelita y logrando como resultado la muerte del rey Saúl, algo que el fugitivo David solo con su banda de hombres armados no habría podido lograr. Y como dicen, los muertos no hablan. Mandando matar al muchacho amalecita se aseguraba que no hablaría, y es interesante que tras darle como dice el relato muerte a Saúl, que el joven amalecita le haya traído a David la corona y pulsera del rey muerto, para que él se las pusiese. ¿Iniciativa personal “empresarial” del muchacho amalecita, regalo de los filisteos para quien en ese momento era su aliado o parte de un plan de David para deshacerse de Saúl y reclamar para sí el trono de Israel al quedar vacante por la muerte de su rey? Recordemos en este contexto los insultos y condenas de Semeí, de la familia de Saúl, contra David.



 Miniatura medieval con imágenes alusivas a la muerte de Isbaal, hijo de Saúl y rey de Israel, parte de la biblia medieval francesa ilustrada del siglo XIII hoy conocida como la Biblia Morgan.

Y si no eran suficientes los crímenes de David o de Moisés y Josué, veamos el odio y violencia de la visión contra Babilonia atribuida al profeta Isaías y que este dijo venía del “Yavé de los Ejércitos”, de la imagen de Dios sangrienta y violenta creada por los antiguos israelitas a su propia imagen y semejanza. Isaías así deseó el mal y la desgracia a Babilonia y sus habitantes: “A todos los que encuentran los traspasan y a todos los que apresan, los acuchillan. Sus hijos son aplastados ante sus mismos ojos, sus casas saqueadas y sus mujeres violadas. ‘Miren cómo Yo empujo contra ellos a los Medos, que no se interesan por la plata y que desprecian el oro. Sus arcos echan a tierra a los jóvenes, ni siquiera se compadecen del fruto de las entrañas y miran sin lástima a los niños'” (Isaías 13, 15-18). Estos malos deseos y pensamientos homicidas de Isaías contra Babilonia expresan los mismos crímenes de guerra y guerras genocidas que de manera eufemística las llaman hoy ‘guerras sagradas de exterminio’, que los israelitas bajo líderes como Moisés, Josué, Samuel, Saúl y David cometieron contra los cananeos y pueblos vecinos como los filisteos, amalecitas, moabitas, amonitas, arameos y edomitas.
Hay que examinar también los libros de Esdras y Nehemías del Viejo Testamento para poder ver cómo la antigua segregación racial de los israelitas como “raza santa” apartada de otros pueblos no judíos, en cuanto a uniones matrimoniales se refiere, pudo haber influenciado el racismo demostrado por los colonos ingleses puritanos y fundamentalistas religiosos protestantes durante su conquista y colonización de la costa atlántica de Norteamérica. Igualmente, esta influencia bíblica del Viejo Testamento con respecto a la segregación racial habría muy probablemente influenciado también a los descendientes de los colonos ingleses de las Trece Colonias británicas de Norteamérica, a los angloamericanos estadounidenses fundamentalistas religiosos tanto en puestos de autoridad en los gobiernos federal y estatales como también los ciudadanos comunes que como pioneros se iban extendiendo hacia el oeste, llevando consigo su segregación racial a tierras de indios y de México, imponiéndolo como un sistema institucional tanto en los estados del norte y de población étnica yanqui del oeste como en los estados sureños de la derrotada Confederación tras la guerra de 1861-1865 entre los Estados Unidos de América y los Estados Confederados de América.      


Esdras postrado orando, cuando hizo la escena pública de rechazo a las esposas extranjeras.

Veamos el caso de la segregación racial matrimonial impuesta por Esdras, maestro de la Ley de Moisés, sacerdote y escriba al que con la autorización del rey de reyes persa Artajerjes se le permitía, junto con todos los israelitas que quisiesen, regresar del exilio de Babilonia, donde por la fuerza habían estado 70 años, a Israel y Jerusalén para reconstruir el Templo. Al final de la carta dada a Esdras con sus órdenes e instrucciones, el rey Artajerjes le autorizaba a imponer la ley como le pareciera: “Cualquiera que no cumpla puntualmente la ley de tu Dios y la ley del rey será castigado severamente con la muerte, expulsión, multa o cárcel” (Esdras 7, 26).

Durante los años del exilio en Babilonia, muchos israelitas habían tomado esposas no judías y engendrado hijos con ellas. Esdras impuso la segregación racial matrimonial y de descendencia en base a la pureza de la ‘raza santa’ israelita, tanto por motivos de religión como por primitivos motivos de pureza de sangre tribal, que incluía a los descendientes de Jacob y así de las tribus israelitas descendientes de sus hijos y excluía a todas las demás naciones del mundo. Dice el Libro de Esdras: “Después de terminar todo esto, se me acercaron los jefes diciendo: ‘El pueblo de Israel, los sacerdotes y levitas no se han separado de las gentes de este país que sirven a los ídolos: los cananeos, heteos (hititas), fereceos, jebuseos, amonitas, moabitas, egipcios y amorreos. Pues tomaron de entre ellos mujeres para sí y para sus hijos y mezclaron su raza santa con la de los habitantes de esta tierra. Incluso los jefes y magistrados fueron los primeros en cometer este pecado. Al escuchar esto desgarré mis vestiduras y mi manto, me arranqué cabellos de la cabeza y de la barba, y me senté muy apenado” (Esdras 9, 1-3). El Libro de Esdras expresa su desprecio hacia otras naciones en contraste con la ‘raza santa’ superior judía, al decir refiriéndose a Dios: “Tú habías dicho por medio de tus servidores los profetas: ‘La tierra en cuya posesión van a entrar fue manchada por la inmundicia de los pueblos que la ocupan; la han llenado de un extremo a otro con sus idolatrías. Por tanto, no den sus hijas como esposas para los hijos de ellos; ni tomen las hijas de ellos para sus hijos; no cooperen a la prosperidad y bienestar de ellos” (Esdras 9, 11-12). Y sigue más adelante, refiriéndose a Yavé: “¿Cómo podríamos volver a despreciar tus mandamientos, emparentándonos con estos pueblos abominables?” (Esdras 9, 14). Estas mismas palabras podrían haber usado los colonos ingleses fundamentalistas religiosos de Norteamérica como los puritanos y sus sucesores, los angloamericanos estadounidenses fundamentalistas religiosos evangélicos y de otras sectas, para referirse a los indios, idólatras e impuros para ellos por ser paganos, por ser de cultura y raza amerindias y no blancos anglosajones ‘bíblicos’ como ellos. Como los israelitas masacraron o rechazaron a los habitantes cananeos y no judíos de la Tierra Santa, así mismo hicieron con los indios los anglosajones fundamentalistas religiosos de las Trece Colonias británicas de Norteamérica y de los EE.UU. en imitación del Viejo Testamento y del llamado ‘pueblo elegido’.

Volviendo al relato del Libro de Esdras, no tuvieron los israelitas que regresaron del exilio de Babilonia más remedio que acatar las órdenes de Esdras. Dice el Viejo Testamento: “Se publicó por Judá y Jerusalén que todos los que habían vuelto del destierro debían reunirse en Jerusalén, y si alguno no se presentaba dentro de tres días conforme al acuerdo de los jefes y de los dirigentes locales, le serían confiscados todos sus bienes y él excluido de la asamblea de los que habían regresado del destierro” (Esdras 10, 7-8). Esto dijo Esdras a los hombres israelitas congregados en Jerusalén en la plaza del Templo: “Entonces el sacerdote Esdras se levantó y dijo: ‘Al casarse con mujeres extranjeras han sido rebeldes, aumentando así el delito de Israel. Ahora reconozcan su pecado ante Yavé, Dios de sus padres, y cumplan su voluntad separándose de la gente de estas tierras y de las mujeres extranjeras'” (Esdras 10, 10-11). Y así hicieron, siendo contados los que se opusieron. Aquellos sacerdotes que tenían esposas extranjeras “se comprometieron bajo juramento a despedir a sus mujeres” (Esdras 10, 19).


 La expulsión de las esposas extranjeras de los israelitas con sus hijos por orden de Esdras   

También el israelita Nehemías hizo lo mismo que Esdras, en cuanto a imponer la segregación racial matrimonial entre los varones israelitas que regresaron del exilio de Babilonia a Israel. Nehemías era hombre de confianza del rey Artajerjes de Persia, encargado de las bebidas del rey en su palacio, cuidando que no fuese envenenado. Dice el Libro de Nehemías: “Vi también en aquellos días que algunos judíos se habían casado con mujeres asdoditas, amonitas o moabitas; de sus hijos, la mitad hablaban asdodeo, pero no sabían ya hablar judío. Yo los reprendí y los maldije, hice azotar a algunos de ellos y arrancarles los cabellos y les supliqué sin cesar en nombre de Yavé: ‘No deben casar a sus hijas con los hijos de ellos, ni tomar ninguna de sus hijas por esposas; ni ustedes ni los hijos de ustedes. ¿No pecó en esto Salomón, rey de Israel? Entre tantas naciones no había un rey semejante a él; era amado de Dios; Dios lo había hecho rey de todo Israel. Y también a él lo hicieron pecar las mujeres extranjeras. ¿Acaso se dirá de ustedes que cometen el mismo gran crimen de rebelarse contra nuestro Dios, casándose con mujeres extranjeras?'” (Nehemías13, 23-27).

Pero, aunque no mataron a las esposas extranjeras y a sus hijos los israelitas, por órdenes de Esdras y Nehemías, el repudiarlas y expulsarlas sin tener varón adulto que las mantuviesen a ellas y a sus niños era casi una condena a morir de hambre, sin tener tampoco techo que las protegiese de los elementos, sin comida alguna, expuestas a ser esclavizadas con sus hijos por hombres malvados que se aprovechasen de su indefensión o incluso a vivir en la indignidad de la prostitución para no morirse de hambre, lo que las marcaría socialmente para siempre y estigmatizarían a ellas y a sus hijos de sangre mixta. A diferencia de estos israelitas duros de corazón, crueles y xenófobos, los españoles en América y las Filipinas se unieron con las nativas y crearon el mestizaje de nuestra Hispanoamérica y del pueblo filipino, dejando sus nombres y apellidos, apellidos que perduran hasta el presente en la América y Asia hispánicas y que son nuestra herencia genética española. Así, por ejemplo, en Puerto Rico, donde ya no queda una población indígena taína pura, en un estudio genético realizado con muestras de 800 puertorriqueños se descubrió que el 61,1% desciende de los indios taínos.

Vean así por qué el capitán John Underhill, que participó en la masacre del pueblo indio pequote del Río Mystic (Místico), hablaba de la ‘guerra de David’ para justificar la matanza de hombres, mujeres y niños que estaban cometiendo los colonos puritanos ingleses aquella trágica noche del 26 de mayo de 1637 en Connecticut. Siguiendo el mal ejemplo del Viejo Testamento con sus guerras de exterminio cometidas por los antiguos israelitas –además de su racismo xenófobo anglosajón– los colonos ingleses decidieron no tratar de cristianizar a los indios paganos sino matarlos, como los israelitas hicieron con los paganos cananeos. La masacre del Río Místico sirvió de patrón para nuevas guerras de exterminio contra los indios practicadas por los ingleses en sus Trece Colonias de Norteamérica, ejemplo y genocida herencia seguida por los angloamericanos tras la independencia de los EE.UU. Y como paréntesis recuerdo una vez más que, tras masacrar y casi exterminar a los indios pequotes, los colonos ingleses puritanos establecieron la celebración del día de Acción de Gracias por la victoria sobre los indios, festejando desde entonces cada año con algunas interrupciones temporales el comer pavo por lo que originalmente fue una celebración, ya olvidada, de la guerra de exterminio que los puritanos ingleses hicieron contra los pequotes.



Los asesinos de Isbaal, rey de Israel, presentan su cabeza ante David, rey de Judá. Probablemente David encargó este ‘trabajo’, mandando matar inmediatamente a los regicidas una vez que le trajeron la cabeza de Isbaal para que después no hablasen lo que sabían    

Simplemente hay que decir que conquistadores españoles como Hernán Cortés y Francisco Pizarro, aún con sus fallas y crímenes cometidos durante sus conquistas, eran unos ‘santos’ comparados a líderes israelitas como Moisés, Josué, Samuel y David y aquellos israelitas que siguiendo a dichos líderes cometieron como práctica común, de acuerdo a sus creencias de guerra religiosa genocida –’guerra sagrada de exterminio’–  el aniquilamiento y destrucción de naciones y ciudades enteras, sin perdonar a hombres, mujeres y niños. Así que no me vengan con la conquista de América o con la Inquisición española y sus autos de fe, porque si bien estos eran injustos y condenables, no se comparan en su magnitud e ilegalidad a las masacres y holocaustos –con la quema de ciudades cananeas conteniendo los cuerpos asesinados de sus habitantes– cometidos de forma ritual religiosa por los antiguos israelitas y que tanto reverencian los angloamericanos estadounidenses que son cristianos fundamentalistas evangélicos, respondiendo con “amén” a la lectura relatando estos hechos o glorificando a los líderes que los perpetraron.

Y ante el argumento hecho en su artículo por el Sr. James P. Pinkerton de que “Los españoles, víctimas de agresión en casa, se convirtieron en los victimarios (homicidas) en el extranjero”, le invito tanto al mencionado autor como a los angloamericanos estadounidenses conservadores que antes de repetir esta afirmación prejuiciada contra los españoles, digan que los israelitas como Moisés, Josué, Samuel y David, de alegar haber sido víctimas de abuso en Egipto, se convirtieron en los victimarios (homicidas) en el extranjero: en Canaán, Filistea, Amalec, Edom, Moab, Ammón y Aram en Siria.

Y les vuelvo a invitar a que antes de que critiquen y condenen a los conquistadores españoles de América y a los españoles en general, condenen primero a líderes bíblicos del Viejo Testamento como Moisés, Josué, Samuel y David por sus crímenes de lesa humanidad, y que como cristianos que pretenden ser sigan más bien las enseñanzas de Jesucristo sobre todo.


‘Hannah Duston’, obra del pintor decimonónico americano Junius Brutus Steams mostrando a la colona puritana inglesa de Massachusetts matando a los miembros de la familia india que la tenían cautiva, asesinando a dos hombres, dos mujeres y seis niños. Les cortó sus cueros cabelludos recibiendo una recompensa de las autoridades coloniales inglesas de 25 libras.

Les recuerdo así a los angloamericanos estadounidenses conservadores que son fundamentalistas religiosos evangélicos que no antepongan al Nuevo Testamento el Viejo Testamento, donde se glorifican crímenes y guerras genocidas que sirvieron de justificación por parte de colonos ingleses para el exterminio de los indios de Norteamérica, como en el caso de la masacre del Río Místico antes aludida. Dichos crímenes relatados en la Biblia también se usaron como justificación por angloamericanos estadounidenses fundamentalistas religiosos al seguir el contenido del Viejo Testamento por encima del Nuevo Testamento, para consentir y llevar a cabo el exterminio de los indios al expandirse los EE.UU. hacia el oeste. Tanto los colonos ingleses fundamentalistas religiosos como los puritanos y los angloamericanos estadounidenses blancos protestantes se veían como otro pueblo elegido, imitando a los israelitas en el exterminio de otros pueblos y razas que no eran desde un punto de vista racial, cultural y religioso como ellos. De la misma forma que pueblos como los cananeos y amalecitas no eran admitidos como parte del ‘pueblo elegido’ por los israelitas, sino por lo general masacrados, así mismo los indios norteamericanos no podían formar parte de la sociedad angloamericana de EE.UU., del ‘pueblo elegido’ del Destino Manifiesto, siendo o exterminados o confinados los supervivientes a tierras de concentración, las reservaciones indias.

Les recuerdo a los angloamericanos estadounidenses fundamentalistas religiosos que los antiguos israelitas de Moisés, Josué, Samuel y David no llevaban su religión a otros pueblos, porque ellos según su visión xenofóbica del mundo se consideraban solo dignos de Dios y nadie más. Por ello mataban y exterminaban a los pueblos que ocupaban la tierra que ellos querían conquistar para sí, sin dar chance a las naciones no israelitas. Los conquistadores españoles estaban obligados por orden del rey de España a llevar la evangelización a los indios y a no exterminarlos sino convertirlos, buscándose su salvación eterna como personas vivas, no muertas. Se puede estar en desacuerdo con la religión, pero la conquista española se hizo no solo para ganarse bienes económicos pero oficialmente también para evangelizar a los paganos y ayudarles a ganar la vida eterna a través del cristianismo, lo cual es al final del día una buena intención aunque algunos estén en desacuerdo con su práctica. Y esto no es lo mismo que exterminar.

Mientras que los españoles y en particular los religiosos misioneros, sacerdotes, doctrineros, frailes y monjas traían el cristianismo según las enseñanzas de la Iglesia católica, basándose sobre todo en el Nuevo Testamento y las enseñanzas de Cristo con su mensaje de paz, amor y salvación para todas las razas de la Tierra, los colonos ingleses de Norteamérica y sus sucesores, los angloamericanos estadounidenses blancos, siguiendo la visión errada de darle énfasis al Viejo Testamento sobre el Nuevo Testamento, seguían la imagen falsa creada por los israelitas de su Yavé israelita, sanguinario, vengativo, belicoso y rencoroso, siguiendo el mal ejemplo de verse exclusivamente como el pueblo elegido que se salvaría, como nuevos israelitas buscando la tierra prometida en América, dejando fuera a los indios que no eran como ellos racialmente ni en su cultura y religión, abriendo el camino para justificar su exterminio, al ver a los indios como hijos del diablo, como a un pueblo no elegido por Dios. En cambio, los angloamericanos blancos estadounidenses fundamentalistas religiosos se creían ser ellos el pueblo elegido divino según su pensamiento político-socioeconómico y religioso del destino manifiesto por ellos inventado.

Les digo a los angloamericanos estadounidenses conservadores que España por orden del rey y según sus leyes estableció que la Iglesia católica evangelizara a los indios paganos, con la finalidad de lograr su salvación y vida eterna según las creencias del cristianismo. En contraste, muchos angloamericanos estadounidenses fundamentalistas religiosos no solo han usado su creencia errada de seguir el Viejo Testamento en imitación de los antiguos israelitas –ignorando o dejando en segundo término las enseñanzas de Jesús de paz, amor y vida– para justificar su toma de tierras indígenas y su exterminio de los indios o su expulsión a reservaciones, sino también que han exportado sus erradas creencias enfatizando lo viejo bíblico israelita sobre el mensaje nuevo cristiano del Evangelio a los católicos de Hispanoamérica, corrompiendo así sus creencias religiosas cristianas herencia de la evangelización española, alejándolos del mensaje de Jesucristo de paz, amor y vida eterna.

https://actualidad.rt.com/opinion/dr_lajos_szaszdi/view/104233-comparando’espana-imperial-eeuu-historia-historias-parte-xiii

España imperial vs EEUU, comparacion historica VII.

Comparando la España imperial con los EE.UU.: Una historia de dos Historias (Parte XI)

Ante el argumento hecho por el Sr. James P. Pinkerton, autor y comentador político de Fox News, en su artículo titulado ‘Yesterday’s Spain, Today’s America’ (‘La España de ayer, la América [EE.UU.] de hoy’) publicado en la revista estadounidense ‘The American Conservative’ (‘El conservador americano’), de que “los españoles, víctimas de agresión en casa, se convirtieron en los victimarios (homicidas) en el extranjero”, con referencia al papel que España jugó en la conquista del Nuevo Mundo, deseo añadir otro punto más con respecto a las ideas religiosas que inspiraron a los anglosajones durante su conquista y ocupación de Norteamérica. En este sentido quiero enfatizar la influencia ejercida por el ‘Viejo Testamento de la Biblia’ tanto sobre los ingleses protestantes que colonizaron las Trece Colonias británicas de Norteamérica como sobre los estadounidenses angloamericanos que expandieron las fronteras de los EE.UU. hacia el oeste norteamericano. Esta influencia bíblica examinada influenció de manera negativa a los anglosajones tanto británicos como estadounidenses en sus tratos hacia los indios americanos, llevando a cabo una política de exterminio y expulsión contra los nativos en imitación de la forma como los antiguos israelitas exterminaron y destruyeron a aquellos pueblos cananeos y otros grupos semitas que ocupaban la tierra de Canaán, región que los israelitas consideraban su “tierra prometida” y que para tomarla la conquistaron a sangre y fuego a través de campañas militares genocidas.

La masacre del pueblo indio pequote del Río Místico se cometió presuntamente siguiendo el ejemplo bíblico de las guerras del Rey David y de las guerras de exterminio de los israelitas.

pipenozzle.com

Debemos así ver las palabras del capitán inglés John Underhill que participó en la masacre del principal pueblo pequote cerca del actual Río Mystic (Místico) en Connecticut, el 26 de mayo de 1637. Underhill contó en su relación de la masacre cómo algunos jóvenes soldados ingleses que no habían estado en la guerra antes estaban impactados al ver a tantos  indios pequotes muertos o moribundos en el suelo de su pueblo, tantos cuerpos unos encima de otros que según Underhill con dificultad se podía pasar. Los jóvenes soldados ingleses le preguntaban al capitán Underhill “¿por qué estaba tan furioso? ¿No deberían los cristianos tener más misericordia y compasión?”, según las palabras de Underhill. Ante lo cual Underhill respondió en su relación: “Pero yo les referiría a la guerra de David (el Rey David bíblico) cuando un pueblo se crece a tal altura de sangre, y peca contra Dios y el hombre, y todos se confederan en la acción, ahí Él no tiene respeto a las personas, pero las destroza, y las corta, y las pasa a cuchillo, y la más terrible muerte que puede haber: a veces las Escrituras declaran que mujeres y niños deben morir con sus padres; a veces el caso cambia: pero no vamos a disputar esto ahora. Tenemos suficiente luz de la Palabra de Dios para nuestras acciones”.

Procedamos así a ver las acciones del Rey David israelita como están relatadas en el ‘Viejo Testamento de la Biblia’. Recordemos que el Rey David es ante todo un personaje histórico, glorificado por la antigua religión hebrea cuyo texto sagrado fue escrito por los propios israelitas según su punto de vista parcializado y favorable a David, descrito como un hombre que fue el instrumento de Yavé, de Dios en la tierra. Sus actos, sin embargo, indican que David no hacía la voluntad de un Creador que según el Viejo Testamento escrito por los israelitas se comunicaba con él, sino más bien que hacía lo que a él le daba la gana para realizar sus ambiciones de poder y satisfacer sus bajas pasiones, utilizando el nombre de Dios y la entidad divina para justificar sus actos humanos. En esto David ha sido como muchos gobernantes de la historia. 

Pero para aquellos angloamericanos estadounidenses fundamentalistas religiosos que denuncian las acciones de los conquistadores españoles en América, les recuerdo las prácticas de guerra de su ídolo bíblico David y del Rey Saúl israelita. Según “La Nueva Biblia Latinoamericana” católica, en vista que Micol, hija de Saúl, estaba enamorada de David y el rey de los israelitas se la ofrecía como esposa, Saúl “…le mandó decir [a David]: ‘El rey no quiere dote para su hija, sino que quiere los prepucios de cien incircuncisos filisteos, para vengarse así de sus enemigos’”. (1-Samuel 18, 25). David no perdió el tiempo y se esmeró en la sangriento y macabra tarea exigida por Saúl: “Aún no se había cumplido el plazo, cuando David partió con sus hombres y mató a doscientos filisteos; entregó sus prepucios al rey y Saúl tuvo que darle a su hija Micol por esposa” (1-Samuel 18, 26-27). Esta práctica de contar y comprobar el número de enemigos que habían sido matados se habrá inspirado en los antiguos egipcios, quienes en sus guerras contabilizaban el número de enemigos muertos en batalla cortando, juntando y contando el número de penes o de una de las manos de cada cuerpo de un combatiente enemigo caído. 

Bajorrelieve del templo de Ramses III en Medinet Habú, Egipto, mostrando una escena de la batalla terrestre de Djahy en Canaán, donde el ejército egipcio derrotó una invasión de los Pueblos del Mar. Se aprecian los presuntos guerreros aqueos con sus cascos coronados al parecer con crines de caballo y con escudos redondos, probablemente de bronce, precursores de las armas de los griegos de la época clásica. Estos aqueos serían los filisteos de la Biblia.

Hay que decir que los filisteos al parecer eran originalmente aqueos, antiguos griegos de la Edad del Bronce que fueron parte de los llamados Pueblos del Mar que invadieron Egipto en el siglo XII antes de Cristo y que tras ser derrotados por la armada y el ejército del Faraón Ramsés III, fueron asentados en la Franja de Gaza por los egipcios como pueblo vasallo aliado, allí establecidos en una marca defensiva para proteger las fronteras orientales de Egipto en el sector habitado por ellos. Evidencia arqueológica apunta a que los filisteos eran aqueos que colonizaron la región llamada después Filistea o Filistina (de donde viene el nombre Palestina), que incluía cinco ciudades-estado (Gaza, Ascalón, Asdod, Ecrón y Gat), asentados por orden de Ramsés III. No eran por ello los bárbaros que los israelitas describen y condenan en el Viejo Testamento por ellos escrito de forma parcializada, según su versión de los hechos. Los filisteos eran más bien un pueblo civilizado como los aqueos de las antiguas ciudades-estado de la civilización micénica de donde procedían, ciudades con grandes palacios como Micenas (cuyo rey según La Ilíada fue el famoso Agamenón), Pilos (cuyo rey fue Néstor según La Ilíada), Tirinto, Argos (cuyo rey según Homero fue Diómedes), Orcómeno y Tebas (la ciudad del Rey Edipo). Más bien, quienes en cambio eran unos bárbaros y fundamentalistas religiosos homicidas, como los terroristas modernos del Cercano Oriente, eran los antiguos israelitas Moisés, Josué, Samuel y el Rey David, y los hombres que ejecutaban sus órdenes de exterminio y guerra total.  

Les recordaría a los conservadores angloamericanos estadounidenses que son fundamentalistas religiosos evangélicos que aún con las brutalidades cometidas en la conquista española de América, ni Francisco Pizarro ni Hernán Cortés ni Hernando de Soto o Sebastián de Benalcázar cometieron una macabra “hazaña” como la cometida por David para ganar la mano de la hija del Rey Saúl. Y para colmo los fundamentalistas religiosos responderían en sus sitios de culto “Amén” tras leerles que David le entregó al Rey Saúl 200 prepucios de filisteos muertos en combate o simplemente asesinados, pues para hacer su “colecta” más rápida no es improbable que David y sus hombres hayan matado a todo varón filisteo que encontrasen, incluidos civiles desarmados y menores de 18 años. Entonces, le invito a los conservadores estadounidenses que no condenen las muertes en combate o los crímenes de guerra cometidos contra los indios en la conquista española americana sino que más bien digan también “Amén” al recordarlos, mientras justifiquen y honren religiosamente con la misma palabra de origen hebreo los crímenes y atrocidades cometidos por David y por aquellos antiguos israelitas que cometieron crímenes de guerra y lesa humanidad que figuran en la Biblia, israelitas a quienes los fundamentalistas religiosos celebran todavía en el siglo XXI como “pueblo elegido”, después de haber visto los crímenes y genocidios del siglo XX. Que no sean por ello unos fariseos.

La matanza de los sacerdotes israelitas de Yavé y de su ciudad de Nob por orden del Rey Saúl

David eso sí tuvo un buen maestro en cometer atrocidades en su suegro el Rey Saúl. Después que David cayó en desgracia con Saúl, éste le persiguió y castigó bárbaramente a aquellos que ayudaron al fugitivo David. Así el Rey Saúl ordenó la masacre del sacerdote israelita Ajimelec y a su ciudad de Nob. Tras tratar de justificarse por haber ayudado a David y a sus hombres con comida, habiéndole dado también el sacerdote a David la espada que guardaba del gigante filisteo Goliat que David había matado en combate años antes, Saúl le dijo al sacerdote de Yavé: “‘Vas a morir, Ajimelec, tú y toda la familia de tu padre’. En seguida el rey dijo a los de su guardia que estaban a su lado: ‘Acérquense y maten a los sacerdotes de Yavé porque también están con David y, sabiendo que él huía, no me lo comunicaron’. Pero los servidores [israelitas] del rey no quisieron levantar su mano para herir a los sacerdotes de Yavé. Dijo entonces el rey a Doeg: ‘Acércate tú y da muerte a los sacerdotes’. El edomita Doeg se acercó e hirió de muerte a los sacerdotes; aquel día mató ochenta y cinco hombres que llevaban traje sacerdotal. Después de esto, Saúl pasó a cuchillo a Nob, la ciudad de los sacerdotes, matando a hombres y mujeres, jóvenes y niños, bueyes, burros y ovejas” (1-Samuel 22, 16-19). ¿Palabra del Altísimo? ¿“Amén”? Como un texto histórico, relatando en este caso un crimen de lesa humanidad, el libro de Samuel sí. Como texto religioso a seguir, a ser reverenciado y a ser imitado, este pasaje de la masacre de la ciudad de Nob del libro de Samuel, no.   n el siglo XXI manos, a quienes los fundamentalistas religiosos los tienen por

Otro mal ejemplo seguido por David en cuanto a cometer crímenes de lesa humanidad y genocidio habría sido el del Juez y profeta Samuel, quien según el Viejo Testamento lo ungió como futuro rey israelita y sucesor del Rey Saúl. Así relata el Viejo Testamento lo siguiente ocurrido en el siglo XI antes de Cristo: “Después de esto dijo Samuel a Saúl: ‘A mí me envió Yavé para consagrarte rey de su pueblo. Escucha, pues, ahora lo que te manda decir. Esta es la palabra de Yavé de los ejércitos: “He decidido castigar a Amalec por lo que le hizo a Israel, puesto que no lo dejó seguir su camino cuando regresaba de Egipto. Ahora vete y castiga a Amalec, destruyendo como maldición todo lo que tiene. No le tengas compasión, mata hombres y mujeres, jóvenes y niños, bueyes y ovejas, camellos y burros”’” (1–Samuel 15, 1-3). Cabe comentar que esta terrible sentencia no fue dada por Dios sino por un viejo Juez israelita amargado, rencoroso, cruel y vengativo, Samuel, quien había “decidido castigar” a los amalecitas como venganza por estos haberse opuesto al paso de los israelitas por la Península de Sinaí tras su salida de Egipto, unos doscientos años antes.  

Escena de la película ‘El Rey David’ donde el juez y profeta Samuel asesina a Agag, el cautivo rey de los amalecitas:


Sigue el relato del Viejo Testamento: “Batió Saúl a los amalecitas desde Havilá en dirección de Sur, que está al este de Egipto. Tomó vivo a Agag, rey de los amalecitas, y pasó a cuchillo a todo el pueblo. Pero Saúl y el ejército perdonaron la vida a Agag y a lo mejor de sus rebaños y ganados, a los vacunos y a los corderos gordos; en una palabra, no quisieron condenar a la destrucción nada de lo bueno que había. Pero, en cambio, todo el ganado flaco y que no servía lo sacrificaron” (1-Samuel 15, 7-9). Esto desagradó a Samuel, quien tras la masacre de los amalecitas y aún no contento con lo que había hecho Saúl por haber dejado con vida al rey amalecita vencido, le increpó a Saúl echándole en cara que había desobedecido a Yavé por no cumplir con la siguiente misión, que realmente se la había dado el mismo Samuel y no Dios: “‘Anda a acabar con todos esos pecadores, los amalecitas; hazles la guerra hasta que no quede ninguno’” (1-Samuel 15, 18). Tras repudiar a Saúl como rey por haberle desobedecido, Samuel hizo lo siguiente: “Después dijo Samuel: ‘Tráiganme a Agag, rey de los amalecitas’. Y vino Agag hacia él resistiéndose y diciendo: ‘En realidad es amarga la muerte’. Samuel respondió: ‘Así como tu espada ha dejado sin hijos a tantas madres, así tu madre será madre sin hijos’. Y Samuel degolló a Agag delante de Yavé en Guilgal” (1-Samuel 15, 32-33). Samuel ejecutó en el pobre rey de los amalecitas su sentencia y no la de Dios, asesinando a Agag a sangre fría.   

La enciclopedia de internet llamada Enciclopedia Judía.com (JewishEncyclopedia.com) llama a las campañas de genocidio practicadas por los antiguos israelitas descritas en el Viejo Testamento “guerra sagrada de exterminio”, al referirse a la campaña militar de este tipo que David antes de ser rey llevó a cabo contra los amalecitas, pueblo que no era israelita y estaba al parecer relacionado con los edomitas. No hay realmente mucha diferencia entre los genocidios del siglo XX y las guerras de exterminio practicadas por los israelitas, excepto que las del siglo pasado asesinaron por millones, mientras que las guerras de los israelitas contra otros pueblos y naciones se cobraban decenas de miles de víctimas. Las guerras sagradas de exterminio practicadas por los antiguos israelitas fueron hechas bajo una justificación religiosa, pero fueron también probablemente realizadas por motivos racistas, xenófobos y para robar y obtener botín de guerra. En la cuenta final posiblemente se habrían llegado a sumar en la densamente poblada tierra de Canaán y regiones vecinas cientos de miles de masacrados al contarse el número total de vidas no judías exterminadas y masacradas por los israelitas – según ellos en nombre de Yavé – y al añadirse las poblaciones israelitas masacradas por su propia gente, durante los siglos desde la salida de Egipto hasta el fin del reinado de David.

Grabado de Gustave Doré titulada “La muerte de Agag”, mostrando el momento en que el profeta Samuel se prepara para asesinar al rey de los amalecitas, cuyos súbditos incluyendo a mujeres y niños ya habían sido masacrados por Saúl por orden de Samuel

Hay que añadir que Dios, Yavé para los antiguos israelitas como Moisés, Josué, Samuel o David no es el Dios de los cristianos, uno de amor y paz como enseñó Jesucristo. El Yavé de los antiguos israelitas es un dios sirio-cananeo, el Yavé que para los antiguos sirios de tiempos de Abraham era el hermano menor de Baal y el hijo del dios padre Tor, el toro, a quienes se les hacían sacrificios humanos. Ese Yavé de los israelitas era un dios vengativo, de los ejércitos y de violencia, de matanzas que al realizarse en “guerras sagradas de exterminio” eran realmente sacrificios humanos colectivos de poblaciones enteras a manos de los israelitas. Ese Yavé de los israelitas no es como el Dios sobre el cual los antiguos israelitas escribieron al comienzo del libro del Génesis, realizado según su punto de vista, donde dicen que hizo al hombre a Su imagen y semejanza. No, fue más bien que los israelitas se imaginaron a Yavé a su imagen y semejanza humana israelita, como un dios vengativo, sanguinario y de la guerra. Esa no es la imagen de Dios como enseñó Jesús de Nazaret, quien para los creyentes cristianos es Dios Hijo y por lo tanto representa en su mensaje de paz, compasión, perdón, misericordia y amor la verdadera imagen de Dios, no el dios de guerra, genocida, vengativo y rencoroso, hermano menor de Baal – el de los sacrificios humanos – inventado por los antiguos israelitas a su imagen y semejanza humana, como cuando los antiguos griegos se inventaron a sus dioses con imagen humana y con los mismos defectos y veleidades de los hombres.

Este Yavé de imagen y semejanza israelita de los antiguos israelitas es el mismo seguido por aquellos conservadores angloamericanos estadounidenses fundamentalistas religiosos que aunque se hacen llamar cristianos le dan énfasis al Viejo Testamento sobre el Nuevo Testamento que contiene las enseñanzas de Jesús. Ese mal ejemplo del Viejo Testamento con su prédica a favor de la violencia y derramamiento de sangre fue imitado por los angloamericanos estadounidenses fundamentalistas religiosos protestantes en su trato genocida contra los indios norteamericanos y los filipinos. Ese mensaje de error de los fundamentalistas religiosos estadounidenses, de prestar atención al Viejo Testamento con su violencia y exterminios por encima del mensaje del Nuevo Testamento, ha sido exportado a través de las sectas fundamentalistas religiosas evangélicas de los EE.UU. a Hispanoamérica y España. Y ese mensaje de error de fanatismo y violencia religiosa va también de EE.UU. a la Tierra Santa a través de los fundamentalistas religiosos estadounidenses angloamericanos que van como colonos – y alienígenas ilegales (illegal aliens) – a los asentamientos ilegales en los territorios ocupados por Israel de Palestina en Cisjordania. Y si los llamados conservadores angloamericanos estadounidenses que son evangélicos fundamentalistas religiosos atacan y apoyan la persecución y expulsión de los inmigrantes hispanoamericanos con papeles irregulares, les invito a que condenen primero y pidan la expulsión de los colonos inmigrantes ilegales estadounidenses fundamentalistas religiosos que son unos alienígenas ilegales (illegal aliens) por ocupar ilegalmente tierras palestinas en colonias ilegales en los territorios ocupados de Palestina por parte de Israel. Les invito a esos angloamericanos estadounidenses evangélicos fundamentalistas religiosos que no sean unos fariseos y condenen primero a sus compatriotas colonos inmigrantes ilegales que viven ilegalmente en Palestina para vivir su fantasía “bíblica”, antes de perseguir a los inmigrantes hispanoamericanos con papeles irregulares que viven en EE.UU. o que intentan entrar a ese país en busca de un trabajo honesto y no en busca de las tierras de otros.

Foto mostrando los cuerpos de niños víctimas del ataque de armas químicas contra el pueblo de Halabja en el Kurdistán iraquí en 1988 por orden de Saddam Hussein. Así se habrían visto esparcidos sobre el suelo los cuerpos sin vida de niños amalecitas, bañados en sangre, tras ser masacrados junto con las mujeres y hombres de la población amalecita por el ejército israelita bajo el mando del Rey Saúl. Empero, el autor intelectual de la masacre y quien la ordenó fue el juez y profeta israelita Samuel, culpable también del crimen de guerra de genocidio

Hay que añadir que las palabras dichas por Samuel antes de asesinar al rey de los amalecitas, Agag: “Así como tu espada ha dejado sin hijos a tantas madres, así tu madre será madre sin hijos”, son citadas por fundamentalistas religiosos como dignas de recuerdo, de ejemplo y de ser imitadas. Pero le recuerdo a los llamados conservadores angloamericanos estadounidenses que son fundamentalistas religiosos evangélicos que las palabras de venganza de Samuel, usadas para justificar su regicidio y el genocidio contra los amalecitas, por algo que habría ocurrido unos doscientos años antes, van en contra del verdadero mensaje de Cristo de amor y perdón. Y las enseñanzas de Jesús, requeridas para todos los cristianos, han de reemplazar al mensaje de odio, de violencia, de homicidio y genocidio y de venganza de líderes israelitas del Viejo Testamento como Samuel, mensaje que no viene de Dios sino de la imagen pagana que los antiguos israelitas hicieron de Yavé, a su humana imagen y semejanza llena de defectos y crímenes. Son las palabras mencionadas de Samuel unas que incitan a la venganza homicida, al genocidio y al terrorismo.

Comparando la España imperial con EE.UU.: Una historia de dos Historias (Parte XII)

Otro posible ejemplo de cómo este mensaje bíblico negativo del Viejo Testamento, del ojo por ojo y diente por diente, pudo haber influenciado a los colonos puritanos ingleses de Nueva Inglaterra, en el actual EE.UU., es el caso de la colona inglesa puritana Hannah Duston, que vivió en la colonia de Massachusetts.

Durante la Guerra de la Liga de Augsburgo (1688-1697) que enfrentaba en Norteamérica a Inglaterra contra Francia, indios aliados de los franceses atacaron en una incursión en marzo de 1697 el pueblo de Hannah Duston, madre de 9 niños y de 40 años de edad. Su marido escapó con ocho de sus hijos, pero ella fue capturada junto con su niña bebé de seis días. Según la versión de los colonos puritanos, en el ataque por una banda de indios abenaki del Canadá francés murieron 13 colonos ingleses y 13 fueron capturados. Durante la marcha al cautiverio, un guerrero indio mató a la bebé de Hannah Duston. Los indios podrían haber actuado en represalia, porque los colonos ingleses cometían atrocidades contra ellos, matándolos tan solo por ser indios sin diferenciar edad o sexo. Hannah Duston y otra colona cautiva fueron dadas a una familia india de dos hombres, tres mujeres y siete niños que no habían tomado parte en el ataque al pueblo de Duston. Habían pasado ya seis semanas del ataque y una noche Hannah Duston incitó a revelarse a la otra colona inglesa cautiva y a un muchacho colono inglés también cautivo de la familia india ya desde un año. Duston tomó un hacha y mató mientras dormían a los dos hombres que había en la familia indígena, a dos de las mujeres indias y a seis de los niños con el hacha, escapando gravemente herida en la cabeza una anciana india y un niño nativo de dos años. Pero para probar que los habían matado a todos y cobrar la recompensa que se les daba a los colonos ingleses por matar indios, Duston le cortó a todas sus víctimas los cueros cabelludos y escapó con los otros dos colonos, recibiendo de la Corte General de Massachusetts por haber matado a los indios una recompensa de 25 libras esterlinas, dividiéndose los otros dos ingleses otras 25 libras.

Glorificación de una venganza asesina con ecos del Viejo Testamento: Estatua a Hannah Duston, portando en la mano derecha el hacha homicida y en la mano izquierda la representación de los cueros cabelludos de los dos hombres, dos mujeres y seis niños indios que mató por venganza y dinero. El monumento se halla en Boscawen, Nueva Hampshire, por donde Hannah Duston asesinó a la familia de indios abenaki que la tenían cautiva y de donde se escapó.
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Por su ‘hazaña’ que tan poco tiene de cristiana pero mucho del Viejo Testamento –no olvidemos que como cristianos fundamentalistas religiosos los puritanos prestaban más atención al Viejo Testamento que al Nuevo Testamento– a Hannah Duston se la ha celebrado como una “heroína popular” y “madre de la tradición americana de cacería de cueros cabelludos” de indios, siendo la primera mujer en los EE.UU. a la que se le erigió una estatua en monumento. No, no, no, los españoles no hicieron una cosa semejante, como el matar indios como costumbre y el pagar dinero por cada indio asesinado. Más bien, esto fue cosa de los ingleses y después de los angloamericanos estadounidenses, sus descendientes, como lo practicaron en California bajo la bandera de las barras y las estrellas y en donde se pagaron en el siglo XIX 25.000 dólares en recompensas por cueros cabelludos de indios de California, con diferencias en la cantidad a pagar dependiendo de si el cuero cabelludo era de un hombre, de una mujer o de niños indios, pagándose también más o menos dependiendo del tamaño de la cabellera y presumiblemente así de la edad del niño indio asesinado. Y los holandeses, al parecer, introdujeron la práctica de tomar como trofeos los cueros cabelludos de los vencidos entre los indios en Norteamérica. No olvidemos que los holandeses eran en su mayoría cristianos fundamentalistas al ser calvinistas –los puritanos eran los calvinistas ingleses– y por ello seguidores más del Viejo Testamento que del Nuevo Testamento. En el siglo XVII cuando existían asentamientos holandeses en Norteamérica como Nueva Amsterdam (el futuro Nueva York) y estaba Holanda en guerra con Francia, los holandeses le pagaban a los indios una recompensa por cada cuero cabelludo de piel blanca y pelo claro y rubio que les traían, como prueba que los indios habían matado colonos franceses del Canadá.
Prosigamos examinando los crímenes de guerra de David, discípulo de Samuel y Saúl en sus sangrientas “hazañas”. Tras caer en desgracia con el Rey Saúl, David se fue a refugiar junto con su mesnada de guerreros en el reino filisteo de la ciudad–estado de Gat, cuyo rey Aquís les dio asilo a cambio de que entrasen a su servicio. Dice así el primer libro de Samuel: “Subía David con su gente a hacer correrías contra los guesuritas, los guergueseos y los amalecitas, porque antiguamente éstos eran los habitantes de la región desde Telam, yendo hacia el sur y hacia Egipto. Devastaba la comarca y no dejaba con vida hombre ni mujer; se apoderaba de las ovejas, bueyes, burros, camellos y vestidos, y volvía donde Aquís. Aquís preguntaba: ‘¿A quiénes han atacado esta vez?’ David respondía: ‘Al sur de Judá, o el territorio de Jerajmeel, o de los quenitas’. David no dejaba hombre ni mujer con vida, para no tener que llevarlos a Gat, pues decía: ‘No sea que hablen contra nosotros y nos denuncien a los filisteos’. De esta forma se comportó David todo el tiempo que habitó en el país de los filisteos” (1-Samuel 27, 8-11). Los guesuritas fueron un pueblo que vivió en el desierto entre Arabia y la tierra de los filisteos, los guergueseos fueron una tribu descrita como rica en ganado y ropajes que habitó la tierra entre el sur de Palestina y Egipto junto con los guesuritas y amalecitas. Lo amalecitas también fueron una nación nómada que habitó el sur de Palestina y que no siendo árabes, según parece estaban relacionados con la nación de los edomitas.
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Después de la muerte del Rey Saúl en el campo de batalla contra los filisteos, David será declarado primero Rey de Judá y después Rey de Israel tras la muerte, probablemente ordenada por él, del Rey Isbaal de Israel, hijo de Saúl y contra quien David combatió por dos años para arrebatarle el trono. David como rey llevó a cabo guerras de conquista de reinos vecinos caracterizadas por su brutalidad y masacres tanto de prisioneros de guerra como de civiles. Uno de los países conquistados por David fue el Reino de Moab al este del Mar Muerto. Tras derrotar a los moabitas, el Rey David mandó matar probablemente a la mayoría de los prisioneros de guerra de Moab de la siguiente forma: “Venció también a los moabitas; les hacía tender en tierra y los medía con un cordel: dos cordeles, a los que eran destinados a la muerte, y un cordel, a los que se perdonaba la vida. Los moabitas fueron sometidos a David y le pagaron contribuciones” (2-Samuel 8, 2). Podrían así haber así dado muerte a dos terceras partes de los prisioneros moabitas, perdonando la vida a la tercera parte restante.
Había importantes motivos económicos para estas conquistas hechas por David. Tanto el Reino de Moab como los reinos de Edom, Amón y el reino arameo de Aram-Sobá, también conquistados por el Rey David, estaban en la importante ruta comercial internacional conocida como el Camino del Rey (probablemente en referencia al Faraón de Egipto, que siglos antes la habría establecido para comunicar comercial y militarmente a Egipto con los territorios del imperio egipcio en Canaán y Siria) que comunicaba al Río Nilo en Egipto con el Río Éufrates y Mesopotamia, pasando por los mercados de Palestina, Transjordania y Siria.
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David envió al comandante de su ejército y sobrino Joab a atacar con un ejército israelita al Reino de Ammón, que estaba al norte del Reino de Moab. El drama de la guerra y conquista de Ammón empezó con la muerte del rey de los amonitas, cuando David envió una delegación a la capital amonita para darle las condolencias por la muerte de su rey al hijo y sucesor de éste, Janún. Es probable que como sospechaban los asesores del nuevo rey amonita, la visita de los emisarios israelitas tenía la verdadera misión de espiar las defensas de la capital amonita, Rabbá (la actual capital jordana de Ammán). La conquista de Ammón era consistente con las campañas militares de David de someter a los otros reinos vecinos al este y sur de Israel y Judá: Moab, Aram-Sobá y Edom. Y no hay que olvidar a los espías israelitas que entraron en Jericó antes de su destrucción para reconocer sus defensas y estado de la ciudad. El Viejo Testamento relata lo sucedido: “Pero cuando los servidores de David llegaron al país de Ammón, los jefes dijeron a Janún, su señor: ‘¿Crees que David te ha enviado condolencias por consideración a tu padre? ¿No será más bien a fin de explorar la ciudad, conocer sus defensas y más tarde destruirnos, por lo que David te ha enviado sus servidores?’ Entonces Janún tomó a los servidores de David, les hizo afeitar la mitad de la barba, cortar los vestidos a la altura de las nalgas y luego los despidió” (2-Samuel 10, 2-4). La humillación pública de los emisarios israelitas fue la excusa que David buscaba para justificar su invasión y conquista del Reino de Ammón. Así David envió bajo el mando de su sobrino Joab a todo su ejército incluyendo a su guardia real a atacar la capital amonita de Rabbá. Anticipando las intenciones agresivas de David, el Rey de Ammón solicitó ayuda de Hadadezer, rey arameo de Sobá. Las fuerzas israelitas bajo Joab se enfrentaron al ejército aliado amonita-arameo ante la ciudad de Rabbá, venciendo los israelitas tras hacer huir al ejército arameo. Empero, las pérdidas israelitas habrían sido considerables pues Joab levantó el asedio a Rabbá y regresó con su ejército a Israel, entrando él en Jerusalén.
David decidió entonces movilizar a todos los israelitas capaces de combatir y a sus aliados para hacerle la guerra a Hadadezer. Sigue el relato bíblico del Viejo Testamento: “Al ver los arameos que habían sido vencidos por Israel, concentraron sus fuerzas. Hadadezer mandó mensajeros y movilizó a los arameos que estaban al otro lado del Jordán. Estos vinieron a Jelán, mandados por Sobac, jefe del ejército de Hadadezer. Habiéndose sabido David, reunió a todo Israel, pasó el Jordán y llegó a Jelam. Los arameos presentaron batalla a David y se trabó el combate; pero tuvieron que huir ante Israel. David mató a los combatientes de setecientos carros de guerra, y cayeron cuarenta mil hombres de a pie. También cayó Sobac, el general en jefe, quien murió allí mismo” (2-Samuel 10, 15-18). Aunque probablemente las cifras de arameos muertos sean exageradas, su magnitud y el hecho que el general arameo fue muerto reflejan que el ejército arameo fue aniquilado por el ejército de David, matándose a los heridos y no haciéndose prisioneros, viviendo solo aquellos que lograran escapar a la batalla y a la matanza de los vencidos.
Tras derrotar al ejército arameo, David invadió el reino de Hadadezer en Siria para expandir sus dominios hasta el Río Éufrates. Dice el Viejo Testamento: “David derrotó a Hadadezer, rey de Sobá, en Jamat, cuando éste iba a establecer su dominio sobre la región del río Eufrates. David tomó mil carros de guerra, siete mil soldados de caballería y veinte mil de infantería; luego cortó los jarretes de todos los caballos de los carros, a excepción de cien carros que guardó” (1-Crónicas 18, 3-4). La versión del segundo libro de Samuel dice lo siguiente sobre la guerra de David contra el reino arameo de Sobá en Siria: “Venció asimismo a Hadadezer, hijo de Rojob, rey de Sobá, cuando salía a extender su poder hasta el río Eufrates. David le capturó mil setecientos hombres de a caballo y a veinte mil infantes. Desjarretó a todos los caballos de los carros de guerra, reservándose solamente cien” (2-Samuel 8, 3-4).
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Pero la guerra no acabó con la derrota de Hadadezer, al intervenir los que temían ser conquistados por los israelitas: “Los arameos de Damasco vinieron a socorrer a Hadadezer, pero David derrotó ese ejército de veintidós mil hombres. Después de esto, David puso gobernadores en Aram de Damasco, y los arameos quedaron sometidos a David, pagando impuestos” (2-Samuel 8, 5-6). Según las Crónicas: “Los arameos de Damasco vinieron en socorro de Hadadezer rey de Sobá, y David mató a veintidós mil de los arameos. David estableció gobernadores en Aram de Damasco, y los arameos quedaron sometidos a David, pagándole impuestos” (1-Crónicas 18, 5-6).
Tras someter a los arameos en Siria, David procedió a conquistar a los amonitas como parte de sus planes de expandir su imperio israelita, enviando a su general en jefe Joab. Así relata el primer libro de las Crónicas: “A la vuelta del año, en el tiempo en que los reyes salen a pelear, Joab se fue con la mayor parte del ejército para asolar el país de los hijos de Ammón; después fue a sitiar a Raba, mientras David se quedó en Jerusalén. Entre tanto Joab conquistó a Raba y la destruyó. David tomó la corona del dios Milcom de encima de su cabeza. Comprobaron que pesaba un talento de oro, con una piedra preciosa que fue puesta en la cabeza de David. Se llevó además un gran botín de la ciudad. Sacó de la ciudad a todos sus habitantes y los hizo despedazar con sierras, con trillos de dientes de acero y con hoces. Así hizo con todas las ciudades de los amonitas. Luego David regresó con todo su ejército a Jerusalén” (1-Crónicas 20, 1-3). David ordenó que los amonitas destruyesen las murallas de sus ciudades con los instrumentos y utensilios descritos para que al quedar indefensos no pudiesen resistir a nuevos ataques israelitas, disuadiéndolos así de rebelarse contra David y sus sucesores. Se puede apreciar por este pasaje y el siguiente uno de los intereses de David en conquistar el país de Ammón, la codicia de posesionarse de sus numerosas riquezas y botín de guerra.
La versión del final de la guerra contra los amonitas de acuerdo al segundo libro de Samuel es la siguiente: “Joab atacó a Rabbá de los amonitas y se apoderó de la ciudad del rey (Nota: la ciudadela amurallada donde estaba el palacio real y palacios de príncipes y miembros de la familia real amonitas). Envió entonces unos mensajeros a David para decirle: ‘Ataqué a Rabbá y me apoderé de la ciudadela. Reúne, pues, ahora el resto del ejército y ven a sitiar a la ciudad para que te apoderes de ella; no sea que la tome yo y que le den mi nombre’. David reunió todo el ejército, fue a Rabbá, asaltó la ciudad y la tomó. Le quitó al dios Milcom su corona de oro, que pesaba treinta y cinco kilos, y puso de adorno en su turbante una piedra preciosa que allí había. El botín que llevó de la ciudad fue enorme. En cuanto a sus habitantes, los hizo salir de la ciudad, los puso a manejar la sierra, las rastras y las hachas de hierro y los hizo trabajar en la fabricación de ladrillos; lo mismo hizo con todas las ciudades de los amonitas. Y luego David y todo su ejército volvieron a Jerusalén” (2-Samuel 12, 26-31).
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Tras estas conquistas el turno a ser sometido le tocó al reino de Edom, rico por sus minas de cobre e hierro y por pasar por su territorio la importante ruta comercial internacional del Camino del Rey. En esta campaña de conquista el ejército israelita de David bajo el mando de su general en jefe, Joab, se luciría por su brutalidad y crímenes de guerra por su exterminio de la población masculina edomita. Dice el segundo libro de Samuel: “David se hizo famoso y, de vuelta de la campaña de Aram, derrotó a un ejército edomita de dieciocho mil hombres en el valle de la Sal. Puso gobernadores en Edom y todos los edomitas quedaron sometidos a David” (2-Samuel 8, 13-14). Añade el libro de los Reyes: “Yavé suscitó a Salomón un adversario de nombre Hadad, edomita, de la familia real de Edom. Cuando David venció a Edom y Joab, jefe del ejército, subió a sepultar los muertos, mató a todos los varones de Edom, pues Joab y todo Israel permanecieron allí seis meses hasta exterminar a todos los varones. Pero Hadad logró escapar con algunos hombres edomitas de entre los servidores de su padre para irse a refugiar a Egipto. Hadad era entonces un niño de pocos años” (1-Reyes 11, 14-17). Según este relato, las tropas israelitas enviados por David y bajo el mando de Joab habrían exterminado a todos los varones edomitas, niños incluidos, que no habrían podido escapar a la campaña de exterminio de seis meses de duración. Presumiblemente, las mujeres y las niñas edomitas habrían sido esclavizadas y repartidas como sirvientes y concubinas forzadas entre los israelitas.
El botín de guerra en metales ganado por David tras sus numerosas guerras de conquista fue considerable, sin duda uno de sus principales objetivos al hacerle la guerra total a sus vecinos. Dice el libro de las Crónicas: “David tomó los escudos de oro que llevaban los servidores de Hadadezer y los llevó a Jerusalén. De Tibjat y Kun, ciudades de Hadadezer, David tomó una gran cantidad de bronce, con el cual Salomón (su hijo y heredero) hizo el Mar de Bronce (Nota: enorme depósito hecho de bronce conteniendo el agua para las abluciones de los sacerdotes del templo), las columnas y los utensilios de bronce” (1-Crónicas 18, 7-8), de su famoso Templo en Jerusalén. Toú, el rey de Jamat, reino cananeo sirio, envió a su hijo Hadoram con regalos para David tras haber derrotado éste a Hadadezer, con quien el rey de Jamat estuvo en guerra. Sigue el relato bíblico: “Hadoram traía toda clase de objetos de oro, de plata y de bronce. El rey David los consagró también a Yavé con la plata y el oro que habían tomado a todas las naciones; a Edom, a Moab, a los hijos de Ammón, a los filisteos y a los amalecitas” (1-Crónicas 18, 11).
El Templo de Salomón según una reconstrucción computarizada. Se aprecia parte del Mar de Bronce a la derecha, las dos columnas de este metal a la entrada del templo, elementos decorativos y parte de los diez recipientes menores de bronce sobre ruedas para abluciones de los sacerdotes. Todo este bronce fue capturado y robado en los reinos que el Rey David conquistó.
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Haciendo mención de los regalos de oro, plata y bronce que trajo Hadoram a David, dice el segundo libro de Samuel: “El rey David los consagró también a Yavé junto con la plata y con el oro que ya había consagrado procedente de las naciones que él había sometido: Aram, Moab, los amonitas, los filisteos, Amalec, y lo que había quitado a Hadadezer, hijo de Rojob, rey de Sobá” (2-Samuel 8, 11-12). Hay que añadir que la construcción del mismo Templo de Salomón se habrá pagado con el oro y la plata robados como botín de guerra en las conquistas militares del Rey David. Más aún, el Templo también se habrá construido con el dinero obtenido por Israel gracias a su control de buena parte del Camino del Rey y por ello del comercio a través de esta ruta entre Egipto por un lado y Siria y Mesopotamia por otro, control que se hizo posible gracias a las guerras de conquista y agresión de David contra los moabitas, amonitas, edomitas y arameos. Así que no me vengan con falsedades como que el oro dentro de las iglesias españolas era lo que se habían robado de América, lo cual nada tiene que ver con la realidad histórica pues los metales dentro de las iglesias habían sido extraídos de las minas legalmente, así como los indios extraían los metales antes de la llegada de los españoles o como después de la independencia de España se han extraído los metales de las minas en Hispanoamérica. Más bien, que reconozcan los angloamericanos estadounidenses fundamentalistas religiosos que el oro, la plata y el bronce capturados por David y que éste luego “consagró” eran realmente metales robados tomados como botín de guerra por su codicia, y que el bronce del famoso Templo de Salomón, construido por hijo y heredero de David, fue bronce robado por su padre.
Fuentes:

https://actualidad.rt.com/opinion/dr_lajos_szaszdi/view/103705-espana-imperial-eeuu-historia [1]

https://actualidad.rt.com/opinion/dr_lajos_szaszdi/view/103957-espana-imperial-eeuu-historia-blog [2]