Historia: Ilustre Marino, Capitán Alonso de Contreras.

Alonso de Guillén, (1582-1641), conocido como Capitán o Frey Alonso de Contreras. Castellano de nacimiento, universal como la Monarquía Hispánica a la que bien sirvió.

La biografía de Alonso de Guillén marca el estereotipo del aventurero del Siglo de Oro.

Con catorce primaveras, anduvo con los Tercios en Flandes. Por sus dimes y sus diretes se tuvo que enrolar en la Armada de Pedro de Toledo, que luchaba por las aguas sicilianas. Escalando en el empleo, luchó contra las galeras de Solimán. En la Península de largo juicio se libró, la bendita pena fue la vuelta a Flandés. Hizo el corso en El Caribe, defendió las costas mediterráneas de las razias berberiscas, venció a los piratas de Albión, fue gobernador en L’Aquia… Sobre 1630 fue nombrado Caballero Comendador de la Orden de San Juan de Jerusalén (Orden de Malta).

“Galera”. Adrien Manglard. XVIII. Vía Indianapolis Museum.

Telegráfica “Hoja de Servicios“de un soldado y marino que no debe verse manchada por quienes le acusan de ser como el griego Ptonoi, ni por aquellos que lo entronan en el mito pastoril del retiro montañes ascéticoii, con la posterior persecución del señorío jurisdiccional de turno.

Alonso de Contreras, bajo el pabellón de la Monarquía Hispánica luchó contra los turcos, franceses, ingleses o contra quienes tuvieran los Austrias que dilapidar la Hacienda.

Sus hazañas fueron contadas por un tal Lope de Vega y Carpio, veamos la dedicatoria de la tragicomedia “El rey sin reino” (1629):

Puso el valor natural

Pleito al valor heredado

Por mas noble, mas honrado,

Mas justo, y mas principal.

Siendo la verdad fiscal,

Probó el natural valor

La fama, laurel y honor

De Contreras en España,

Y por la menor hazaña

Tuvo sentencia en favor.

Frey Alonso de Contreras, nos lega su autobiografía, la vida que quiso contar como marino y soldado en una obra que ha llegado hasta nosotros manuscrita y de título: “Vida, nacimiento, padres y crianza del capitán Alonso de Contreras, natural de Madrid Caballero del Orden de San Juan, Comendador de una de sus encomiendas en Castilla» y quizás sea subtítulo «Discurso de mi vida desde que salí a servir al rey, de edad de catorce años, que fue el año de 1597, hasta el fin del año de 1630, por primero de octubre, que comencé esta relacióniii 

Vida, nacimimiento, padres y crianza del capitán Alonso de Contreras via bne 1630

Discurso de mi Vida” de Contreras (enlace a Biblioteca Virtual Hispánica a texto completo edición manuscrita 1900)

Vida, nacimimiento, padres y crianza del capitán Alonso de Contreras fr 13 1630

También publicó :

Derrotero universal desde el cabo de San Vicente en el mar Océano, costeando por todo el mediodía de Europa en el Mediterráneo, y sus islas, y por las costas opuestas de Asia y África hasta Cabo Cantin, etc…

Derrotero universal desde el cabo de San Vicente intitulacion

(Acceso a texto completo Derrotero Universal)

Derrotero universal desde el cabo de San Vicente capitulos

Ilustre Alonso de Contreras, marino a la vez que soldado, será Capitán y Frey, también escritor o erudito, su vida fue compilada por Fernández de Navarrete en la Biblioteca Marítima, consiguió ver editada su autobiografía en el 1900, loado por Ortega y Gasset en 1943, objeto de análisis científico en Tesis doctorales… y no prescindamos  del juicio cabal de una pluma genial, la del Ilustre Pérez-Reverte.

Otros habrán que le citen como tambor o pífano, otros cabo o sargento… El hecho es que D. Alonso de Contreras al servicio de aquellos Austrias que dilapidaron el mayor recurso de Castilla, sus hombres, nos legó su vida, inmortalizada con una pluma directa y clara, no se distrae en giros ni arabescos, escribe lo que recuerda vivió, las venturas de un marino, de un soldado, espejo de una casta de aventureros que tornaba a expirar.

¡Memento Popule!

Recordando fuentes:

* DOMINGUEZ FLORES, M.A. Alonso de Contreras: discurso de mi vida : estudio y edición. Tesis Doctoral, Universidad Complutense Madrid, 2007. A texto completo en http://eprints.ucm.es/7896/

* Artículo:Vida de este Capitán”, de Perez Reverte en Patente de Corso, acceso en perezreverte.com

* FERNÁNDEZ DE NAVARRETE, M. Biblioteca Marítima Española, (Obra Póstuma, Tomo I)  Madrid, Imprenta Viuda de Calero, 1851.

i Ptono (envidia, celos) En la mitología griega era la personificación de los celos y la envidia. Mató a todas su esposas por celos, sospechaba que le eran infieles.

ii En su retiro montañés en el Moncayo aragonés fue acusado de apoyar una rebelión morisca.

iii Acceso a texto completo en Hispánica de BNE, editado en 1900. Título de dimensiones que compiten con el “abstrac”, vamos con el “Resumen” de cualquier trabajo.

Fuente: https://ilustresmarinos.wordpress.com/2014/06/16/ilustre-marino-capitan-alonso-de-contreras/

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Historia: El Robinson Crusoe español.

“Las aventuras de Robinson Crusoe” debe ser uno de los primeros libros que leí. Hace poco tiempo volví a leerlo pero motivado por el morbo aquel de que Daniel Defoe, su autor, verdaderamente se inspiró en las peripecias de dos náufragos –un escocés y un español– de siglos distintos para escribir su conocido libro.


El primero de ellos fue un marino español que se sobrevivió a un naufragio en el Caribe en 1526 y que pasó ocho años aislado del mundo en un islote, hasta que un barco que pasaba por allí lo rescató.
Este señor se llamaba Pedro Serrano, y su historia fue relatada años después por el historiador Garcilaso de la Vega causando gran conmoción en aquella época.
Más que una historia curiosa, es un testimonio crudo de cómo era el carácter de los españoles del siglo XVI y de las peripecias que tuvieron que superar en este continente.

Para 1526 América todavía era una tierra inhóspita y los barcos españoles cruzaban el mar Caribe de un lado a otro. Desde Cuba se enviaban barcos a toda la región, pero los mapas solo tenían registradas algunas costas y unas pocas rutas seguras. Uno de aquellos barcos fue una ligera goleta de exploración, que partió desde La Habana con destino a Santa Marta en Colombia, bajo el mando del capitán Pedro Serrano.

Navegando en medio del mar Caribe, les sorprende una gran tormenta y la pequeña nave zozobra. Los tripulantes luchan con todas sus fuerzas pero el mar se los traga. Sólo tres hombres logran sobrevivir. Entre ellos, Pedro Serrano.


Nadando logran llegar a un banco de arena, un atolón que no figuraba en ningún mapa. El lugar era un infierno desolado de 50 kilómetros de largo por 13 de ancho, sólo tenían arena y sol, casi nada de vegetación y no encontraron ninguna fuente de agua dulce.
Estos tres hombres sobrevivieron, pero quedaron aislados en una cárcel natural donde solo podían esperar morir de hambre o de sed. No tenían idea de dónde estaban. No sabían cómo alimentarse. Tampoco sabían si algún barco volvería a pasar pronto por allí.
De los tres náufragos, uno murió a causa de insolación a los pocos días. Serrano, asustado por la muerte de su amigo, decidió que iba a sobrevivir y se dispuso a aprovechar al máximo los pocos recursos que aquella isla le ofrecía.
El historiador Garcilaso de la Vega, lo relata de esta manera:

“Luego que amaneció volvió a pasear la isla, que es despoblada; halló algún marisco que salía de la mar, como son cangrejos, camarones y otras sabandijas, de las cuales cogió las que pudo y se las comió crudas, porque no había candela donde asarlas o cocerlas. Así se entretuvo hasta que vio salir tortugas; viéndolas lejos de la mar, arremetió con una de ellas y la volvió de espaldas; lo mismo hizo de todas las que pudo, que para volverse a enderezar son torpes; y sacando un cuchillo que de ordinario solía traer en la cinta, la degolló y bebió la sangre en lugar de agua. Lo mismo hizo de las demás; la carne puso al sol para comerla hecha tasajos, y para desembarazar las conchas para coger agua en ellas de la llovediza, porque toda aquella región, como es notorio, es muy lluviosa”

Aprendieron a utilizar lo que les ofrecía la naturaleza. Reunieron caparazones de tortugas para recolectar el agua de las intensas lluvias, y también pudieron recuperar algunos trozos de madera del naufragio que los pusieron a secar. Para protegerse del ardiente sol tropical y de los fuertes vientos, a falta de árboles, recolectaron rocas, conchas y corales, y construyeron una especie de refugio. Pudieron hacer fuego golpeando piedras y a falta de vegetación, utilizaron jirones de su ropa como yesca.

Cierto día, después de varios meses de penurias, divisaron una pequeña embarcación y el corazón les estallaba de alegría. Venían hacia su islote!
Lastimosamente eran dos hombres que también acababan de sobrevivir a otro naufragio. No venían a rescatarlos.
El compañero de Serrano partió en ese bote con uno de ellos, en la esperanza de llegar a las costas de Nicaragua y volver con ayuda. Ambos se perdieron para siempre, nunca se volvió a saber de ellos. Pedro Serrano se quedó con el otro recién llegado.

Supuesto trayecto de la embarcación de Pedro Serrano

Cada día en el islote era es una lucha por la supervivencia. Sólo tenían la madera que llegaba arrastrada por las olas, producto de otros naufragios. Con esa madera, después de secarla mantenían una pequeña fogata, pero la dosifican al máximo, ya que aparte de utilizarla para asar la carne de las tortugas y los moluscos, debía servir para hacer señales de humo en caso de que avistaran algún barco.
Pasaron por muchas decepciones, cuando muy de vez en cuando divisaban algún barco español en el horizonte, pero ninguno los veía a ellos. Y así, entre privaciones y frustraciones, pasaban los días, semanas y meses.
Ya llevaban aislados del mundo ocho años, hasta que cierto día, por fin un barco logró divisar sus señales de humo.

“Durante años vieron pasar algunos navíos y hacían sus ahumadas, mas no les aprovechaba, por lo cual ellos se quedaban tan desconsolados, que no les faltaba sino morir. Pero al cabo de este largo tiempo acertó a pasar un navío tan cerca de ellos que vio la ahumada y les echó el batel para recogerlos. Así los llevaron al navío donde admiraron a cuantos los vieron y oyeron sus trabajos pasados. El compañero murió en la mar viniendo a España”

En efecto, el compañero de Serrano murió a bordo y no pudo llegar a tierra firme. Era 1534 y su historia dio la vuelta a España, que en aquel tiempo era como decir que dio la vuelta al mundo.
Tanto impresionó su hazaña, que las autoridades le dieron audiencia para ir donde el Rey de aquel entonces, para que Serrano se la contara personalmente. El náufrago se presentó en la corte imperial con el pelo y la barba tal como fue rescatado, para dar mayor veracidad a su historia.
Pedro se convirtió en un hombre muy famoso y llegó a codearse con las altas esferas y la nobleza, a quienes deleitaba con sus relatos. Después fue recompensado por la Corona y decidió irse a vivir a Panamá. Allí terminaría sus días. Así lo cuenta el historiador Garcilaso:

“Algunos señores le dieron ayuda de costas para el camino y la majestad imperial, habiéndole visto y oído, le hizo merced de cuatro mil pesos de renta. Yendo a gozarlos murió en Panamá, que no llegó a verlos”

 

Ubicación del islote

Antes de fallecer, Pedro Serrano también dejó constancia de las penalidades sufridas en la compañía del otro náufrago. Su relato se encuentra en el Archivo General de Indias, en Sevilla.

Hoy en día ese atolón, se llama Isla Serrana, o Serrana Bank, en su honor y se encuentra a unas 220 millas náuticas (360 kms) al este de la costa de Nicaragua.
En 1962 este islote fue utilizado por los norteamericanos para montar una base militar durante la crisis de los misiles con Cuba.

(Pedro Serrano).

Otros:

Historia Oculta: Los marinos españoles que llegaron al fin del Mundo y a los que hemos olvidado.

EXPEDICIONES ESPAÑOLAS EN EL INFINITO MAR
Era el siglo XVI y los Reinos de España surfeaban en la ola perfecta. El mapamundi estaba en régimen de overbooking con docenas de expediciones hacia todas las latitudes
Foto: Un mundo por conquistar.

Un mundo por conquistar.
02.07.201605:00 H.

“UN SEPULTURERO: Ese sujeto era un hombre de pluma.
OTRO SEPULTURERO: ¡Pobre entierro ha tenido!
UN SEPULTURERO: Los papeles lo ponen por hombre de mérito.
OTRO SEPULTURERO: En España el mérito no se premia. Se premia el robar y el ser sinvergüenza…”

Valle Inclán en ‘Luces de Bohemia’. Cap. XIV.

“Más se perdió en Cuba”… Pues sí. No solo el “amigo americano” nos levantó aquel paraíso poblado de miseria, con nuestro ejército diezmado por las enfermedades, acosado por la guerrilla local –los mambises–, y con los pronósticos más sombríos, sino que no contento con eso, arrampló con Filipinas, Guam, Puerto Rico… En fin, que el susto fue morrocotudo y la resaca de largo recorrido.

El resto de las posesiones españolas en el Océano Pacifico serían vendidas tras el tratado hispano-alemán del 30 de febrero de 1899, a través del cual España liquidaría al Imperio Teutón las existencias restantes, esto es, las Marianas (excepto Guam), las Palaos y las Carolinas, por la módica cantidad de 25 millones de marcos. Más o menos, para comprar “chuches”, algunos cigarrillos al por menor y unas entradas en un cine de barrio.

Para conseguir aquellas exóticas adquisiciones allende los mares, un puñado de pilotos y marinos españoles bien bregados en el mar, con sus caprichosas tormentas e insaciable antropofagia, lucharon por poner sus sueños en valor.

Un Océano inabarcable

Era el siglo XVI y los Reinos de España surfeaban en la ola perfecta. Daba igual cómo colocaras el mapamundi, si del derecho o del revés, que estaba en régimen de overbooking con docenas de expediciones en dirección a todas las latitudes desconocidas.

Atónitos, aquellos españoles de hace cinco siglos iban descubriendo cada vez más y más. Más islas, más archipiélagos, más países, más rutas, más culturas

Pero el reto más descomunal estaba pendiente de realización, el Océano Pacifico era una inmensidad poblada de incógnitas y de temores sin cuento. Las leyendas hablaban de un mar sinfín con mortíferas cataratas y monstruos abisales a tutiplén.

En 1521 el portugués Magallanes, comisionado por la Corona Española –Stefan Zweig escribiría un precioso e inolvidable libro sobre esta expedición–descubría Guam, en las Marianas, dejando allá una pequeña guarnición. Meses más tarde, le asistiría la desgracia en una emboscada tendida por los locales de la isla de Mactan en Filipinas, en la que en un terrible cuerpo a cuerpo con resultado de graves pérdidas para los españoles, finalmente se conseguiría neutralizar a la cabreada horda local. Desaparecido Magallanes, Elcano seguirá hacia las Molucas o Islas de las Especias.

Fernando de Magallanes.
Fernando de Magallanes.

Atónitos, aquellos españoles de hace cinco siglos iban descubriendo cada vez más y más. Más islas, más archipiélagos, más países, más rutas, más culturas, más mercados, más continentes. Pero el Océano Pacifico era gigantesco y aunque la voluntad de exploración era también enorme, aquel mar no era precisamente un patio de corrala, bullicioso y febril. El silencio era inmenso y palpable y la referencia de la soledad humana ante el esplendor de la creación, incontestable. Además, las cartas de navegación eran inextricables y había que adaptarlas, ya que la novedad era que se circulaba por el hemisferio sur y de esas alejadas latitudes no había información, y la poca que había estaba en manos de los portugueses y blindada en la escuela de cartografía de Chagres. No, no fue fácil.

En el año del Señor de 1526 Alonso de Salazar avista las Islas Marshall; en 1528 Álvaro de Saavedra descubre las Carolinas; en 1535, partiendo de Panamá hacia Lima, un obispo –Tomás de Berlanga– que se estaba oxidando entre tanto candelabro e incienso suntuario, se dio un garbeo por las Galápagos y una iguana despistada le confundió con un bocado sabrosón que le dejó sin algunos dedos para impartir correctamente la bendición. Para más inri, en el año 1555, Juan Gaetano dejó un pendón castellano por los pagos de Hawái y, con un par, lo colocó en las estribaciones más accesibles del Mauna Loa, un volcán que entraba en erupción un día sí y otro también, de lo que se deduce que el estandarte duró lo justo para darle un toque estético a la historia. Luego vino Cook, algo más práctico y previsor,  y puso uno de verdad, pero más arrimado a la costa, evitando los obvios peligros que comportaban los arrebatos del volcán en cuestión.

Váez de Torres, tras separarse de Quirós en una terrible tempestad, dio nombre al estrecho que separa Nueva Guinea de Australia

Más tarde el gallego Álvaro de Mendaña, persiguiendo el mito bíblico de las islas de Ofir, donde según la Biblia estarían situadas las minas del Rey Salomón, daría con unas islas cuyo topónimo aún se conserva con idéntico nombre. Pero no había oro y si unos cuantos aborígenes bastante cabreados que dieron bastante la lata

Un gran lago español

En 1606, Fernández de Quirós llega a las Tuamotu, entre las Marquesas y Tahití, que ya habían sido previamente visitadas por Alvaro de Mendaña sin dejar guarnición alguna. Y ese mismo año, Váez de Torres, tras separarse de Quirós en una terrible tempestad, dio nombre al estrecho que separa Nueva Guinea de Australia, que podía haber sido perfectamente un continente español si no fuera por la urgencia y las consignas dadas por la Corona para hacerse con el monopolio del mercado de las especias. Estas estaban a tiro de piedra de Nueva Guinea, al margen de una severa equivocación –comprensible por otra parte– en las cartas de navegación que le hizo confundir las islas Nuevas Hébridas con Australia. Probablemente los aborígenes estarían hoy más contentos que unas castañuelas de no haber caído en manos de los británicos y su espíritu civilizador de exterminio y palo y tentetieso.

Fernández de Quirós.

Fernández de Quirós.

Hay que destacar que el marino portugués Fernández de Quirós rogaría con vehemencia a Felipe III, que padecía una sordera patológica para las cosas referentes al riesgo y la aventura, que invirtiera sin demora y a la voz de ya todos los esfuerzos en colonizar Australia por las potencialidades que encerraba. Pero sus demandas pillaron al rey de perfil y los ingleses, más avispados otra vez, se hicieron con el entero continente. Las cosas de la vida.

Quirós confeccionó todo un manual de comportamiento y etiqueta para manejarse con éxito en las expediciones de ultramar en el que daba consejos como el de “llevar un par de pilotos prudentes y sujetos a la razón“. Asimismo recomendaba transportar en cada embarcación una media docena de perros de presa (por el temor que inspiraban a los aborígenes), un arcabuz por cada tripulante y, en el tema de las vituallas, miel, azúcar, manteca, vino y aceite, además de una alquitara desaladora, artificio de destilación de una simpleza extrema y de una eficacia contundente. Además, según su criterio, ningún navío debía de exceder las 100 toneladas para facilitar su navegabilidad en áreas de frecuentes escollos. Sin discusión alguna, era un marino de los pies a la cabeza.

No cabe la menor duda de que el siglo XVI convirtió el Océano Pacifico en un gran lago español y consagró a una pléyade de marinos irrepetibles, hoy casi todos ellos condenados al olvido.

http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2016-07-02/marinos-espanoles-oceano_1226764/

Historia: Ana Maria de Soto.

Ana María de Soto, cordobesa de la Infantería Marina Española

Ana María de Soto, cordobesa de la Infantería Marina Española

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Cordobesa de nacimiento, Ana María de Soto pasó a la historia por ser la primera mujer que se alistó a la Infantería Marina Española, además de ser una de las pocas valientes que decidió ostentar un papel que hasta entonces estaba relegado a la figura masculina. Ana María de Soto nació concretamente en la población de Aguilar de la Frontera, situada al suroeste de la provincia de Córdoba.

No se sabe exactamente la fecha de su nacimiento, pero se cree que pudo ser a finales del siglo XVIII, en torno al año 1777. Sus padres regentaban un horno de pan, por lo que se deduce de ello un origen humilde que posiblemente tenga relación con el misterio que rodea su decisión de alistarse en la Marina.

Sus años al servicio militar y su ingeniosidad, recuerdan a la historia de la Dama de Arintero – aunque aquí sí encontramos una base de fondo con la que tomó la decisión de romper con algunas generalidad estipuladas de los esquemas sociales del siglo XVIII – o a la de otras muchas mujeres que lucharon por convicciones en épocas donde era impensable la presencia femenina en el contexto militar.

Ana María de Soto

Ana María de Soto: Inscripción en la 6ª Compañía del 11º Batallón de Marina

Cabe la posibilidad que desde muy pequeña le atrajese la idea de surcar los mares e ir a bordo de navíos en los que desatar su pasión por las expediciones y los conflictos bélicos, sobre todo los marítimos; aunque no se sabe con exactitud si fue empujada por el idilio de algún amor u otro motivo lo que le impulsó a semejante osadía. Debido al poco trabajo escrito sobre ella por la escasa información testimonial, solo se pueden hacer conjeturas sobre el impulso que le llevó a formar parte de la Marina Española. Y a día de hoy el motivo de su embarque sigue siendo todo un misterio.

En cualquier caso, Ana María de Soto, sin llegar a la edad adulta, y con tan solo 16 años, ocultó su identidad femenina, pues de lo contrario no podría ser partícipe en las venideras batallas que le esperaban. Se hizo pasar por un joven varón de nombre Antonio María. Y así fue como a principios del verano del año 1793 llegó a San Fernando (Cádiz) con la única de idea de ingresar en los Batallones de Marina. Ana María, pasando desapercibida para sus compañeros de regimiento, fue alistada en la 6ª Compañía del 11º Batallón de Marina por voluntariedad propia, dándose por comenzada su pericia militar. Para ello tuvo que recorrer una distancia considerable, algo bastante impensable para una mujer de aquella época y de aquella edad.

Ana María de Soto

Ana María de Soto: La defensa de Rosas y la batalla de San Vicente

En el marco de las Guerras Revolucionarias Francesas, en 1794 subió a bordo de la Mercedes, una fragata provista de 34 cañones que puso rumbo a las costas mediterráneas para hacer frente a los franceses en Rosas que acababan de hacerse con la población de Figueras sin haber encontrado apenas resistencia. Pero fue en Rosas donde los sitiados conseguían defenderse hasta el último aliento hasta que se tuvo que abandonar aquella plaza por ser incontenible. La defensa de Rosas fue la primera presencia bélica de Ana María de Soto sin todavía haber llegado a la edad adulta. También participó en el conflicto de Bañuls y Aljama.
Poco después, tras el conflicto de Rosas, 27 navíos españoles pusieron rumbo desde la ciudad de Cartagena hacia el Cabo San Vicente, comandados por José de Córdoba y Ramos. Y destacando entre todos los buques se encontraba el Santísima Trinidad, el navío más grande del mundo, y que contaba con 130 cañones. Ana María siguió asignada al Mercedes, ahora bajo el mando de José de Córdoba para hacer frente a los soldados ingleses del almirante John Jervis. El conflicto tuvo lugar en 1797 y se tradujo con la victoria inglesa a pesar de los esfuerzos españoles por hacer frente a la armada del almirante.

Ana María de Soto

El 7 de julio de 1798, Ana María de Soto se embarcó en la fragata Matilde que también había participado en la Batalla del Cabo San Vicente. Pero la suerte de Soto y su periplo como soldado de la marina se vio truncado cuando unas fiebres altísimas la enfermaron, por lo que tuvo que hacerse un concienzudo examen médico para determinar la causa. De este modo se descubrió, inevitablemente, su condición de mujer y tuvo que reconocer que su verdadero nombre era Ana María de Soto y no Antonio María.

Últimos años de Ana María de Soto

Fue obligada a desembarcar en el puerto más cercano, y su historia fue escrita a Palacio para determinar el castigo por aquella conducta poco propia para una mujer de la época. Pero muy lejos del castigo, se reconoció su coraje y su valía. Y el propio monarca Carlos IV le otorgó por Decreto Real el rango de Sargento Mayor y una pensión vitalicia de 2 reales diarios. Ana María de Soto abandonó su carrera militar y regentó un estanco en la población de Montilla (Córdoba), pero ya bajo la regencia de Fernando VII se le arrebató esta licencia de una manera injusta. Como ha pasado con otros héroes nacionales, y más concretamente heroínas, la historia de Ana María de Soto es bastante desconocida incluso para los historiadores. Es por ello por lo que creo que su historia debe de ser contada para que no caiga en el olvido.

Historia: Antonio Barcelo’

A los diez y ocho años se le confió el mando de uno de los jabeques que hacían la travesía entre las Baleares y la Península, con el que en varias ocasiones persiguió a los moros que infestaban las costas de la islas.

Su nombre fue subiendo en conocimiento de las gentes y se acrecentó con un combate que sostuvo con dos galeotas argelinas, por cuya acción S. M. se dignó nombrarle alférez de fragata con graduación del seis de noviembre de 1738, contaba con veintiún años de edad, pero con carácter de graduado y << sin derecho a goce de sueldo alguno .

Combate del jabeque de Barceló contra dos galeotas argelinas

  • Antonio Barceló, con su jabeque correo, rechaza a dos galeotas argelinas (1738). Pintado por Ángel Cortellini Sánchez, Museo Naval de Madrid.
    En 1738 rechazó y puso en fuga a dos galeotas argelinas que le atacaron cuando llevaba de transporte en su jabeque un destacamento de dragones del regimiento de Orán y otro del de infantería de África, acción recompensada por el Rey con la graduación de alférez de fragata de la Armada, el día 6 de noviembre de 1738.

La real cedula de concesión del nombramiento decía:

  • << Por cuanto en atención a los meritos y servicios de Antonio Barceló, patrón del jabeque que sirve de correo a la isla de Palma de Mallorca y señaladamente al valor y al acierto, con que defendió he hizo poner en fuga a dos galeotas argelinas que le atacaron en ocasión que llevaba de transporte un destacamento de dragones del regimiento de Orán y otro del de infantería de África…..

Siguió con su intrepidez y arrojo practicando otros servicios distinguidos, manteniendo a ultranza las comunicaciones con las Islas y llevando alimentos, cuando las cosechas eran parcas, que ocasionaron el que la población llegara a pasar hambre, paliándola Barceló en lo que le era posible.

Tuvo mucha repercusión el apresamiento por parte de los berberiscos, de un jabeque español; llevaba a doscientos pasajeros, entre ellos a trece oficiales del ejército. Molesto el Rey ordenó armar en Mallorca a sus expensas a cuatro jabeques, dándole el mando al insigne capitán Toni, siendo ascendido a teniente de fragata el cuatro de mayo de 1748.

La división se dirigió a Cartagena, cumpliendo la orden recibida, donde se le iban a incorporar los navíos América y Constante, poniéndose al mando de todos ellos don Julián de Arriaga; en su búsqueda del enemigo el dieciséis de noviembre de 1748, tuvo un encuentro contra cuatro berberiscos, desarrollándose el combate frente a las costas de Benidorm y Altea, enfrentado con los cuatro a su mando, obteniendo una victoria al ponerlos en fuga y muy maltratados.

Al año siguiente la división se desarmó, pasando Barceló a desempeñar sus anteriores labores, que consistían en el traslado de tropas desde la península a las islas y viceversa, sobre todo en las Ibiza y Cabrera.

Pero los combates eran muy frecuentes, pues nuestro mar estaba infestado de naves corsarias berberiscas; estando en el puerto de Figueras de Palma de Mallorca se dio la alarma, de que cruzaba una flotilla enemiga, Barceló como siempre no lo dudó un instante, hizo embarcar a una compañía de granaderos del regimiento África en su jabeque, y se hizo a la mar, se puso en persecución del enemigo, cuando pudo llevar a su vista, se apercibió de que era una galeota de treinta remos y armada con cuatro cañones, iba acompañada por un jabeque pequeño y llevaban como presa a un español el Santísimo Cristo del Crucifijo, le dio caza y lo abordó, a la altura de la isla de Cabrera, que venía persiguiendo desde el cabo Formentor, en este combate fue herido dos veces.

Había sido ascendido a de teniente de navío graduado el cuatro de agosto de 1753. Pero el rey por esta acción tan meritoria, le concedió la efectividad en este grado y su incorporación en el Cuerpo General de la Armada con fecha del treinta de junio de 1756.

Jabeque de la Real Armada

  • Modelo de jabeque (s. XVIII). Núm. de catálogo: 367. Museo Naval de Madrid.
    Este tipo de jabeque era como los que empleaba Barceló en sus campañas contra el corso norteafricano. El jabeque era una embarcación exclusiva del Mediterráneo y muy utilizada por los corsarios, y más tarde por la Real Armada para combatirlos dada su gran efectividad. De líneas elegantes y finas era uno de los tipos de buque más rápidos y maniobrables que además poseían una buena potencia de fuego, al menos para sus cometidos habituales de guardacostas y corso. Para ello iban armados con cañones de poco calibre, y con varias piezas en mira o caza de 12, o incluso 18 libras. Fueron tan efectivos que la marina francesa, e incluso la británica, llegaron a contar con varias de estas unidades.

En el año de 1761, ya ascendido a capitán de fragata, se le dio el mando de una división de tres jabeques reales, siendo el de su mando el llamado Garzota.

En este año sostuvo un enfrentamiento en el que apresó a siete de los moros, con sólo los tres suyos, en las costas del Mediterráneo peninsular. El treinta de agosto con sólo su jabeque apresó a otros berberiscos, tomando a treinta de ellos como prisioneros, habiéndole muerto a otros diez en el abordaje.

Al año siguiente con su jabeque, en otro combate rindió a tres enemigos con ciento sesenta turcos; en uno de ellos hizo prisionero al famoso Selim, célebre capitán de aquellos piratas, siendo nuevamente herido en el abordaje, por una bala de mosquete, que le atravesó la mejilla izquierda.

Prosiguieron sus proezas, contra los moros, que eran casi diarias; en julio del año de 1768 batió y apresó en las cercanías del Peñón de la Gomera a un jabeque argelino de 24 cañones, sufriendo en el combate diez muertos y veintitrés heridos.

Hubo un intento de unificar esfuerzos en la lucha contra la piratería, pero no dio sus frutos por falta de la misma, pues entre las potencias cristianas, habían enemigos como el caso de Venecia, que mantenía tratados ocultos con Argel, lo que impedía que la labor se efectuara con eficacia; éste proyecto provenía de Austria, paro dadas las circunstancias fracasó.

También lo intentó una sola nación, en este caso fue Francia, que intento el bombardeo de Larache, pero el fracaso fue rotundo. De toda la cristiandad las únicas decididas a acabar con este goteo de pérdidas, eran España y Malta.

Al mando de seis jabeques, se enfrentó una vez más contra los moros y en esta ocasión apreso a cuatro en la ensenada de Melilla. Como consecuencia de esta acción, el Gobierno le ascendió a Barceló, a capitán de navío, por Real patente de dieciséis de marzo de 1769.

Continuo con su perfecta labor de limpiar la mar de piratas y su nombre continuó ascendiendo, llegando a la celebridad, cuando condujo a Cartagena nada menos que a mil seiscientos moros apresados, poniendo en libertad a más de mil cristianos.

Habiendo sido atacado el Peñón de Alhucemas por los moros, se encargo a Barceló de su socorro, con sus jabeques bombardeo la fortaleza con más de 9.000 bombas, pero el al no llevar artillería gruesa no se pudo dar el asalto, aún así con el fuego de sus jabeques desmontó la artillería ligera enemiga, a pesar de la pérdida de cuatro lanchas y un jabeque, consiguió que los berberiscos levantaran el campo el 23 de marzo de 1775.

Se le puso al mando del convoy que en el año de 1775, hizo la expedición para la conquista de Argel. Este, en su conjunto esta formado por siete navíos, de 70 cañones, doce fragatas de 27, cuatro urcas de 40, nueve jabeques de 32, 3 paquebotes de 14, cuatro bombardas de 8 y siete galeotas de 4, al mando del general González de Castejón, con un total de 46 buques de guerra y 1.364 cañones.

En la travesía el mando del convoy con las tropas del ejército compuesto por unos 18.400 hombres y al mando del general O’Reilly, fue dado a Barceló.

Barceló llevado de su indomable carácter no sólo protegió el desembarco, acercándose lo máximo posible a la costa para que su artillería fuera efectiva, sólo decir que el desorganizado desembarco y las definitivamente erróneas disposiciones posteriores, llevaron a un completo desastre en el que tuvimos no menos de cinco mil bajas, incluidos cinco generales muertos y quince heridos, dejando al enemigo nada menos que quince cañones abandonados y unos nueve mil fusiles; ante este fracaso se ordeno el reembarco, efectuando la misma acción, en unas circunstancias muy desfavorables, tanto que el ejército tuvo que soportar cargas de caballería mora de hasta 12.000 jinetes, lo que hizo la situación insostenible, y sólo no fue un desastre total por la acción de los jabeques de Barceló, que demostró una vez más su valentía, se supo imponer a las circunstancias, salvando de esa forma a muchos, que de no haber sido por su actuación hubieran perecido, a más la honra de las armas españolas.

Su acción le dio gran crédito entre los Navias, Romanas y Villenas y no sólo a ellos sino que el rey le ascendió al grado de brigadier, en el mismo año de 1775.

Pero aun le quedaba la gran obra de su vida, el veinticuatro de agosto de 1779 fue nombrado comandante de las fuerzas navales destinadas al bloqueo de Gibraltar, su fuerza la componían un navío, una fragata, tres jabeques, cinco jabequillos, doce galeotas y veinte embarcaciones menores; y por tierra debía efectuar el ataque el general Martín Álvarez de Sotomayor, fue entonces cuando se le ocurrió la idea de construir las lanchas cañoneras y bombarderas, que tantos éxitos le dieron a él como a los que las comandaban, realizando prodigios nunca pensables, incluido el ataque a los navíos británicos, que en la mayoría de los casos huían enseñándole las popas, recogiendo tanta gloria para las armas españolas y recibiendo una herida. Cuando se le dio el mando del bloqueo y en el mismo día fue ascendido a jefe de escuadra.

Como es bien sabido, las cañoneras nacieron durante el último gran sitio de Gibraltar, gracias a la imaginación del gran Barceló, el hombre que de simple patrón de un jabeque-correo, había llegado a teniente general de la Real Armada por méritos de guerra.

La dificultad para atacar la plaza por mar residía en la más que comprobada inferioridad de los buques de vela y madera, de la época contra las fortificaciones terrestres.

Nelson afirmaba a este respecto, que un cañón en tierra en un buen reducto valía diez embarcados, y eso a igualdad de proyectiles, pues desde tierra era fácil responder al atacante con <<balas rojaso granadas, que por su peligrosidad estaban casi totalmente descartadas en los buques.

Para bombardear la plaza ideó el marino mallorquín armar con una pieza de a 24 (casi la de mayor calibre de la época, pues las más pesadas eran de 32 ó 36 y sólo en las baterías bajas de los navíos) o con un mortero, grandes botes de remos.

Para proteger a la dotación se las dotó de un parapeto plegable forrado por dentro y fuera, de una capa de corcho. Median cincuenta y seis pies de quilla, dieciocho de manga y seis de puntal, con catorce remos por banda, la pieza mencionada giratoria, con una gran vela latina y su dotación de una treintena de hombres.

Muchos opinaron que tales botes no podrían soportar el peso y mucho menos el retroceso de la enorme pieza, pero las experiencias probaron que tales temores eran infundados. Barceló desarrolló su idea proporcionando a las lanchas un blindaje de hierro, que las cubría hasta por debajo de la flotación.

Pero pronto se pudo observar que tales precauciones eran exageradas, pues, dado los limitados recursos de puntería de la época, resultaba poco menos que imposible acertar a las pequeñas lanchas cuando atacaban de proa, mientras que éstas tenían muchos menos problemas para batir blancos mucho mayores.

El mejor juicio sobre su efectividad vino del enemigo, y no pudo ser más concluyente, según el capitán Sayer:

  • <<La primera vez que se vieron desde nuestros buques causaron risa; mas no transcurrió mucho tiempo sin que se reconociese que constituían el enemigo más temible que hasta entonces se había presentado, porque atacaban de noche y eligieron las más oscuras, era imposible apuntar a su pequeño bulto.
  • Noche tras noche enviaban sus proyectiles por todos lados de la plaza. Este bombardeo nocturno fatigaba mucho más que el servicio de día. Primeramente trataron las baterías de deshacerse de las cañoneras disparando al resplandor de su fuego; después se advirtió que se gastaba inútilmente las municiones.

Prestó otros servicios, que como siempre honraron a su persona, tanto al general como al soldado, que siempre llevó dentro.

Con tantas fatigas y la vida tan azarosa que es siempre la mar, él fue siempre el primero en los peligros, siendo un modelo de firmeza y de lealtad. (Cosa que otros no hicieron con él, pues era un poco despreciado por los que provenían de las academias de guardiamarinas y él era un simple navegante, de la marina mercante, de ahí el que el pueblo le tuvieran en gran estima, no guardaba las etiquetas, como otros que venían de pruebas de pureza de sangre).

A tanto llegaron las habladurías y comentarios, que llegó a estar entredicho el que fuera o no capaz de tener el mando, por lo que el rey relevó a Martín Álvarez de Sotomayor, por el duque de Grillón que llevaba unas instrucciones reservadas, para que calibrase la capacidad de Barceló como general.

Cuando el duque conoció a Barceló, decidió recomendarle para el ascenso a teniente general, como queda demostrado en la carta que dirigió a Floridablanca, a pesar de su sordera y su ancianidad, que era sobre todo en lo que se basaban las acusaciones, tan vilmente vertidas sobre su persona, por sus detractores.

Por real título del trece de agosto de 1783, fue ascendido a teniente general, la escuadra al mando de Barceló zarpó el uno de julio de 1783 de Cartagena; la componían cuatro navíos, con insignia en el Terrible de 70 cañones, cuatro fragatas, nueve jabeques, tres bergantines, tres balandras, cuatro tartanas, cuatro brulotes y lo que va a ser decisivo, diecinueve cañoneras con cañones de a 24, veintidós bombarderas con morteros y diez de abordaje, lanchas que servían de escolta a las anteriores por si eran abordadas por embarcaciones enemigas con superior dotación. A la escuadra se unieron dos fragatas de la Orden de Malta; con un total de 14.500 hombres en las dotaciones y 1.250 cañones.

Tras una penosa travesía, dificultada por vientos y mares contrarios, la escuadra fondea frente a Argel el día 26; esperando una mejora del tiempo y haciendo los preparativos llega el 1 de agosto, día en que a las 1430 horas, se rompe el fuego contra la plaza.

Las diecinueve bombarderas forman en línea avanzada junto con la falúa en la que embarca Barceló; a los costados están las cañoneras y las de abordaje, por si las embarcaciones enemigas intentan un contraataque, más atrás dos jabeques y dos balandra; el resto de la escuadra no toma parte en el bombardeo.

Al poco salen del muelle veintidós pequeños buques enemigos, entre ellos nueve galeotas y dos cañoneras, que no tardan en ser rechazadas por el fuego de los españoles.

Hacía las 1630 horas las lanchas españolas han consumido todas sus municiones y se ordena el alto el fuego.

Los atacantes han disparado unas 375 granadas y 390 balas de cañón (éstas sobre todo contra los buques de la defensa), provocando dos grandes incendios en la ciudad, de los que uno se prolonga toda la noche.

Los argelinos han disparado unas 1.436 balas y 80 granadas, que no han causado sino dos heridos leves en las cañoneras españolas.

El balance no puede ser mejor, pues aunque no se ha optado por un bombardeo nocturno, como en los ensayos de Gibraltar, la fuerza atacante apenas ha sufrido daños del fuego enemigo y desde luego, los ha causado muy serios.

Y así, con pocas variaciones se producen otros ocho ataques, uno el día 4, dos el 6, dos el 7 y dos más el día 8, lanzándose un total de 3.752 granadas y 3.833 balas contra la ciudad y sus defensas.

Según fuentes neutrales, entre las que se hallaba el cónsul francés, el pánico se apoderó de parte de la guarnición y de toda la población, quedando destruidas no menos del diez por ciento de las viviendas y muchas más afectadas, numerosas fortificaciones, buques y cañones, más fuertes pérdidas humanas.

En cuanto al fuego de la defensa, no menos de 11.280 balazos y 399 bombas sólo han causado veinticuatro muertos y veinte heridos entre las dotaciones atacantes, y aún esas pérdidas de deben casi por entero a un golpe afortunado, cuando el día 7 por la tarde una bomba hizo volar a la cañonera número uno, con veinte muertos, incluido su segundo, el alférez de navío Villavicencio, y once heridos, entre ellos su comandante, el teniente de navío Irisarri.

Como en un gesto de desafío, cinco corsarios argelinos apresaron cerca de Palamos, en septiembre de 1783, a dos polacras mercantes.

Pero no es más que un gesto, los preparativos son incesantes: se apresta una nueva fortaleza con cincuenta cañones, se reclutan cuatro mil soldados turcos voluntarios que arriban en buques neutrales, llegan <<asesoreseuropeos para ayudar en las fortificaciones y baterías, se han preparado no menos de setenta embarcaciones entre goletas y cañoneras para rechazar a las españolas, etc. etc., incluso el dey ha ofrecido una recompensa de mil cequíes al que aprese una embarcación de la escuadra atacante.

Barceló activa sus preparativos en Cartagena, ahora su escuadra constará de cuatro navíos, con insignia en el Rayo de 80 cañones, cuatro fragatas <<dos de ellas desarmadas y utilizadas como almacén de pólvora y municiones, doce jabeques, tres bergantines, nueve más pequeños, y la fuerza atacante: veinticuatro cañoneras con piezas de a 24, ocho más con una de a 18, siete con calibres menores para abordaje, veinticuatro con morteros y ocho obuseras, con piezas de a 8.

Pero esto no es todo: la expedición adquiere un cierto aire de cruzada, por lo que cuenta con el apoyo de la Armada de Nápoles <<entonces tan íntimamente unida a la española, que bajo el almirante Bologna aporta dos navíos, tres fragatas, dos jabeques y dos bergantines; la de Malta, con un navío, dos fragatas y cinco galeras y la de Portugal, al mando del almirante Ramírez de Esquivel, con dos navíos y dos fragatas, si bien ésta llega tarde y ya en plenos bombardeos.

Tras una solemne advocación de la empresa a la Virgen del Carmen, la escuadra zarpa de Cartagena el 28 de junio de 1784, llegando a Argel el 10 de julio.

El día 12 a las 0830 horas se rompió el fuego, sosteniéndolo hasta las 1620, intervalo en el que se lanzaron una 600 bombas, 1.440 balas y 260 granadas, contra 202 bombas y 1.164 balas del enemigo.

Se observaron grandes destrozos y un gran incendio en la ciudad y fortificaciones, y se rechazó a la flotilla enemiga, de 67 unidades, causando la voladura de cuatro de ellas.

Las bajas atacantes se redujeron a seis muertos y nueve heridos, más por accidentes con las espoletas a bordo que por fuego enemigo, aumentadas tristemente y de forma accidental con la voladura de la cañonera número 27, mandada por el alférez de navío napolitano don José Rodríguez (muy italiano el apellido ¿no?).

Y así durante siete ataques más, sin incidencias dignas de mención, salvo que en uno de ellos un disparo de la defensa alcanzó la flotación a la falúa desde la que Barceló dirigía el bombardeo, echándola a pique, en esta ocasión estuvo muy cerca de perder la vida, acudió en su ayuda su mayor general don José Lorenzo de Goicoechea, no sufriendo herida alguna y transbordándose inmediatamente a otro bote, desde el que continuó dando órdenes sin dar mayor importancia al incidente.

Al fin, el 21 de julio se decidió poner fin al ataque, tras haber disparado más de 20.000 balas y granadas sobre el enemigo, y tras haber perdido unos cincuenta y tres hombres y resultado heridos otros sesenta y cuatro, en los ocho ataques, buena parte de ellos, como sabemos, debidos más a accidentes que al fuego enemigo, aunque resultó evidente que en esta ocasión las defensa eran más fuertes.

Sin embargo fue tanta la oposición de los moros y del Dios Eolo, que también se puso de su lado, aunque ya había hundido o incendiado a la mayoría de los buques enemigos, pero no obstante el viento contrario obligó a que nuestro general diera la orden de regresar de nuevo a Cartagena.

Consiguiendo con estas dos expediciones, que en la primera Trípoli se aviniera a la paz con España y en la segunda, la firmaron Argel y Túnez, con la visita de Mazarredo, para este fin.

El rey, después de tantas glorias, se sirvió concederle el sueldo de teniente general, que era el que debía estar cobrando, porque el grado ya lo tenía, pero no era así y al fin lo consiguió, siéndole concedida la condecoración de Real Orden de Carlos III.

Hubo por aquel tiempo, con gracejo típico andaluz una copla que decía:

  • Si el rey de España tuviera
    cuatro como Barceló,
    Gibraltar fuera de España
    que de los ingleses no.

Continuó don Antonio Barceló al mando de las fuerzas de mar y de tierra en Algeciras, durante el bloqueo de Gibraltar y como siempre, demostrando su valor y denuedo extraordinario, en varios enfrentamientos que hubieron.

Habiendo regresado a su tierra a descansar de sus anteriores combates y ya contando con 73 años de edad, llegó la fragata Florentina trayendo ordenes del ministro de marina Valdés para que se pusiese al mando de una escuadra, para llevarle a Algeciras donde se estaba organizando, con la misión de socorrer a Ceuta y bombardear Tánger, para levantar el sitio que los moros estaban dando a Ceuta, saliendo de Palma el veinticinco de noviembre y llegando a Algeciras, el siete de diciembre, una vez más obedeció las órdenes sin preguntarse nada y demostrando que como siempre, su valor y gallardía, estaban dispuestos en todo momento a darlo todo por su patria.

A su llegada el enfrentamiento había terminado, anunciándose la llegada a Madrid de unos enviados por el sultán, para tal propósito.

Barceló, ante esta nueva situación, arrió su insignia de la fragata Florentina, pero por su conocimiento del carácter de los musulmanes, no quedó contento con este fin tan a desuso para él, por lo que se embarcó en un jabeque y se dirigió a Ceuta, allí estudió las posiciones enemigas, situadas alrededor de la ciudad, previendo el que las cosas no fueran tan bien como parecía y si por acaso se tenía que actuar de otra manera, lo mejor era inspeccionar lo mejor posible todas las posibilidades de defensa.

Efectivamente sus previsiones se cumplieron, las negociaciones fracasaron y se declaro la guerra. Pero como ya había ocurrido, las intrigas consiguieron que no se le diese el mando de la escuadra y eso que se le había llamado expresamente para ello, dándole el mando al general Morales de los Ríos, jefe de las fuerzas navales del Mediterráneo.

Molesto por esta discriminación arbitraria, lo puso en conocimiento del Rey, quien con fecha cuatro de enero de 1792, ordenaba se le diese el mando de la escuadra reunida en Algeciras, que esta compuesta por las fragatas Perpetua y Santa Rosalía, las dos de 34 cañones, los jabeques San Blas, San Leandro, y África, con cuarenta y cuatro lanchas distribuidas en tres divisiones y una flotilla de buques menores.

El invierno fue muy duro, con temporales que obligaban a estar en puerto, además el sultán había fallecido en un combate contra su hermano Muley Jehen, lo que unido a la imposibilidad de efectuar lo previsto, el día doce de junio se firmó el decreto de disolución de la escuadra.

Barceló, afligido se volvió a su tierra; durante unos meses se había propuesto dar una lección más a los berberiscos, a los que tan bien conocía, pues no en balde llevaba toda su vida peleando contra ellos y como reflejan unas cartas, en las que se expresa así: <<Sólo con las lanchas espero dar una victoria muy completa y gloriosa, mediante el favor de Dios…; en otra dirigida al Rey le dice: << Como autor de ellas [las lanchas], nadie sabrá darles el valor que tienen mejor que yo; y siendo su manejo inmediato, el puesto más arriesgado es el que yo apetezco en servicio de V. M. y honor de la Nación. Hemos de pensar que él no las había utilizado a su entera satisfacción en el sitio de Gibraltar, por aquel otro invento de baterías flotantes ignifugas, pero que ya sabemos como resultó, a pesar de estar inventadas por un francés D’Açon, dejando su invento (las cañoneras) fuera de todo concurso, lo que imagino también le produjo un malestar importante.

Como el problema no se había solucionado, al poco tiempo hubo de comenzarse la guerra, pero Barceló ya no fue llamado y por lo tanto no esta al mando de este nuevo episodio.

Se le dio el mando y se puso al frente de la escuadra al general Morales de los Ríos, que aunque no consiguió muchas victorias, si lo hizo bien frente a Tánger, lo que le supuso ganar el título de conde. Cosa que nunca sucedió con Barceló, habiéndolo hecho bien toda su carrera militar, pero los títulos eran para como mínimo los hijodalgos, la plebe sólo estaba destinada, por muy alto que llegara a morir por su patria.

Cito textualmente un punto de su biografía, compuesto por don Carlos Martínez-Valverde.

  • << Fue Barceló un general muy discutido en su tiempo. No tuvo muchos amigos entre los jefes de la Armada, pero contaba con numerosos émulos. Contribuía a ello seguramente su tosquedad en el hablar y lo brusco de sus modales, como también la expresión de suspicacia que le hacía tener su sordera, defecto que le ennoblecía por haber sido causado por el estampido de los cañones. Su cara tampoco era muy atrayente, sobre toso después que la cruzó la cicatriz de una de sus herida. Su instrucción se limitaba a saber escribir su nombre. Pero si bien no tenía muchas simpatías entre los jefes, era en cambio el ídolo de sus marineros. Con ellos se mostraba cariñoso y afable y les trataba con familiaridad, no obstante ser con ellos exigente hasta el extremo, cuando la ocasión lo pedía.
  • En todo el litoral mediterráneo gozaba de una popularidad por nadie superada. El conde de Fernán Núñez se expresaba con respecto a él:
  • <<Aunque excelente corsario, no tiene ni puede tener por su educación las cualidades de un general.
  • No obstante, es indudable que su inteligencia y su fina percepción suplían la falta de cultura general. Su preparación en el terreno de la experiencia era grande, pues se basaba en el ejercicio de la mar y de la guerra, es decir, en lo real de la profesión.
  • En ésta era todo diligencia, vigilancia y serenidad, destreza y pericia en las maniobras, y sobre todo tenía un valor ardoroso que comunicaba a los que le rodeaban, por difíciles que fuesen las circunstancias. Completa este retrato moral el decir que Barceló, poseía un corazón bondadoso y noble.

De estas dos cualidades últimas es de donde se entiende, que soportara durante tantos años los desatinos de sus jefes primero y después de sus compañeros, pero esto suele ocurrirle a todos aquellos, que son como lo retrata Martínez-Valverde, cuantos como Barceló han habido, que habiéndolo dado todo por la patria, se han visto en el más absoluto ostracismo.

Ya en su retiró de Palma de Mallorca, inducido por las ya comentadas envidias y bajas acusaciones, que sobre él circulaban e intentando rebajar siempre el verdadero mérito y esto en los últimos días de su vida, debió de hacerle mucho daño, incluso acelerar su fin.

Falleciendo en Palma de Mallorca el día treinta de enero de 1797 a los ochenta años de edad, reposando sus cenizas en una iglesia de la ciudad.

Para perpetuar su memoria, la patria colocó en el Panteón de Marinos ilustres de San Fernando, en la primera capilla del Este, una lápida con sencilla inscripción que dice así:

  • A la memoria
    del Teniente general
    Don Antonio Barceló

Retrato del teniente general don Antonio Barceló

  • Retrato del Teniente General don Antonio Barceló. Óleo anónimo. Museo Naval de Madrid. Regalado a dicho museo por el Ayuntamiento Constitucional de Palma de Mallorca en 1848.

 

  • Bibliografía: 

    – Cervera y Jácome, Juan. El Panteón de Marinos Ilustres. Ministerio de Marina. Madrid. 1926.
    – Enciclopedia General del Mar. Garriga. 1957. contralmirante don Carlos Martínez-Valverde y Martínez.
    – Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo Americana. Espasa-Calpe. Tomo 7. págs. 713-714.
    – Fernán-Núñez, Conde. Vida de Carlos III. Librería de Fernando Fé. Madrid. 1898.
    – Fernández Duro, Cesáreo. La Armada Española, desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Museo Naval. Madrid. 1973.
    – González de Canales, Fernando. Catalogo de Pinturas del Museo Naval. Tomo II. Ministerio de Defensa. Madrid, 2000. págs. 178 y 179.
    – Rodríguez González, Agustín Ramón. Revista General de Marina. Enero-febrero, 2000. pp. 79-86.

Fuente: http://www.todoababor.es/articulos/bio_antoniobarcelo.htm

Otras fuentes: http://capitantoni.galeon.com/

https://latrompetadejerico.wordpress.com/2013/08/31/espanoles-olvidados-antonio-barcelo-y-pont-de-la-terra/

https://de.wikipedia.org/wiki/Kategorie:Marine_%28Spanien%29

https://de.wikipedia.org/wiki/Kategorie:Seefahrer

Historia: Alvaro de Navia Osorio y Vigil.

Un 19 de diciembre de 1684, en Santa Marina de Vega (Asturias), nacía el heróico general, filósofo, diplomático y el más destacado tratadista militar de Europa D. ÁLVARO DE NAVIA-OSORIO Y VIGIL, Marqués de Santa Cruz de Mercenado.

En julio de 1703, cuando tenía apenas 19 años, fue nombrado Maestre de Campo del tercio que habían organizado para luchar en la Guerra de Sucesión a favor de Felipe V, era el “tercer tercio de Asturias”. Según dicen los cronistas: “contaba con suficientes méritos” como para desempeñar el mando de este tercio. Tercio que, bajo su bastón, se convertiría en regimiento. Con este participa en la decisiva toma de la ciudad de Barcelona en 1714.

Asalto final de las tropas borbónicas sobre Barcelona
el 11 de septiembre de 1714

A los 34 años de edad fue ascendido a Mariscal de Campo, pasando a desempeñar el Gobierno de Gagliari, en Cerdeña.

Más tarde, es nombrado embajador del rey de España en Turín. Es allí cuando al fin tiene tiempo libre, y la “inspiración clásica” necesaria -según se comenta-, para ordenar sus notas y redactar sus mejores obras:

  • Su obra cumbre: “Reflexiones Militares” (1724-1727).
  • “Rapsodia económico político monárquica” (publicada en 1732).
  • “Comercio suelto, y en compañías general, y particular, en Mexico, Peru, Philipinas, y Moscovia” (publicado también en 1732).
Uno de los tomos de sus “Reflexiones”

Las «Reflexiones militares» estuvieron presentes en las mejores bibliotecas de le época. Se sabe que fue un libro de referencia para militares italianos, ingleses, rebeldes norteamericanos, alemanes y franceses, incluyendo al mismísimo Napoleón, en cuyos escritos se pueden encontrar frases extraídas de los textos del asturiano, según han demostrado recientes estudios.

Biblioteca personal del Emperador Napoleón en el palacio de Fontainebleau

Según consta en los inventarios de las bibliotecas, de la época de la Ilustración, su obra se tradujo a cuatro idiomas y estaba presente dentro del catálogo de las bibliotecas del Departamento de Marina y Colonias en Francia, y en una de las bibliotecas privadas de Voltaire. Se encuentra, obviamente traducido al francés, en la mayoría de las bibliotecas de los grandes militares galos del siglo XVIII como el marqués de Estrées (padre de la famosa Gabrielle de Estrées), Louis‐Hector Drummond de Melfort o el mismísimo Napoleón como hemos mencionado antes, que incluso tenía (en la biblioteca de Versalles) varios ejemplares comentados -manuscritos- de diferentes caballeros franceses.

Mediante las ediciones francesas llega a las tierras germanas e Inglaterra. En Inglaterra se pública bajo el nombre de “Reflections, military and politics” en 1737. Así, 500 ejemplares fueron a parar a las manos de altos mandos ingleses. Seguramente sería a través de ellos como llegó el libro de D. Álvaro a las colonias norteamericanas, pasando muy pronto a formar parte del inventario de bibliografía militar de la academia de oficiales de Westpoint a finales del siglo XVIII, cuando se estaba formando la primera base militar de los Estados Unidos.

En Alemania se publica en 1753 y, aunque hay una curiosa anécdota, no hay referencias reales de que Federico II El Grande tuviera entre sus libros un ejemplar de “Reflexiones Militares”. A tenor de esto, no resultaría extraño que la tuviera en su biblioteca y el comentario de que el rey de Prusia las consultaba está muy extendido.

La corte del rey Federico junto al duque Hermman von Fernand y Voltaire.

Aquella leyenda contaba que, en cierta ocasión durante el siglo XVIII, Carlos III mandó un enviado a la corte del rey Federico II de Prusia, a fin de obtener consejos militares del que por aquel entonces poseía el ejército más formidable de todo el globo. Se dice que el monarca prusiano se mostró muy sorprendido, en tanto que el grueso de sus estrategias militares venían del puño y letra de un compatriota del propio español, bebiendo de las “Reflexiones Militares” del marqués de Santa Cruz de Marcenado.

Ante esta chocante situación, y para que el enviado español no se marchase de su corte con las manos vacías, Federico II le entregó la partitura de una marcha de coraceros, que posteriormente sería adoptada como himno de España, casi ininterrumpidamente y aún hasta la actualidad.

A pesar de que ya se ha hecho un estudio en profundidad que desmiente totalmente esta historia inverosímil,rastreando los orígenes de la leyenda hasta un diario español decimonónico, La España militar, la anécdota (que aparece en distintas variantes, presentando diferentes interlocutores con el rey de Prusia) aún persiste en el imaginario popular

[ Trabajo de Investigación de Don Pelayo Fernández García]

Edición germana de las “Reflexiones”

Las “Reflexiones” suponen un antes y un después en la tratadista militar mundial. La mayor parte de las publicaciones posteriores parecen tomarle como modelo en cuanto a metodología utilizada y contenido. Según Juan Antonio de la Lama, antes de las “Reflexiones” existían relatos de campañas, memorias de bgaatalla y casos concretos de táctica redactados, pero nunca un tratado completo sobre la guerra como el de Marcenado, que contenía desde la filosofía general de la guerra, moral militar, combate ofensivo y defensivo a la necesaria logística, incluyendo casos particulares y personales. Su trabajo será tomado a posteriori como pauta de los tratados militares globales.

Busto dedicado a Álvaro Navia Osorio en el Parque San Francisco de Oviedo

En 1731, se le tiene en cuenta para ser designado Secretario de Guerra del Consejo Real. Pero las corruptelas típicas de palacio impiden este nombramiento y es designado Gobernador de Ceuta y ascendiendo a Teniente General.

Desde Ceuta se une al contingente organizado por José Carrillo de Albornoz, duque de Montemar, y Francisco Javier Cornejo, que partían hacia las fortalezas de Orán y Mazalquivir, que habían sido tomadas por el Imperio Otomano durante la Guerra de Sucesión Española, y ahora querían reconquistar.

Reconquista de Orán. Desembarco de las tropas en un lugar llamado Las Aguadas ( Museo Naval de Madrid)

Mandadas por Blas de Lezo, doce navíos de línea, cincuenta fragatas, siete galeras, veintiséis galeotas, cuatro bergantines, noventa y siete jabeques, varias lanchas cañoneras y buques bomba, aproximadamente ciento nueve barcos de transporte y varias naves menores y embarcaciones de diferentes clases partieron de Valencia rumbo a Orán. Como fuerza embarcada la flota, unos 27.000 hombres de infantería y caballería dispuestos para el combate.

Orán fue reconquistado, pero en las operaciones, el gran Marqués de Santa Cruz de Mercenado caería gloriosamente tras salir en defensa de un destacamento que había quedado aislado, rodeado de enemigos. Fue hecho prisionero y decapitado por los musulmanes.

Monumento al III Marqués de Santa Cruz de Marcenado, D. Alvaro Navia Osorio y Vigil
Se ubica al lado de la iglesia parroquial de Santa Marina de Puerto de Vega, siendo inaugurado el 19 de diciembre de 1984, conmemorando el tercer centenario de su nacimiento (Naviaturismo.com)

Se sabe también que D. Álvaro de Navia proyectó unDiccionario Universal” que, de haber tenido el apoyo de sus contemporáneos, hubiera sido la primera “Enciclopedia” en detrimento de la famosa Enciclopedia francesa.

También, según sus historiadores, fue promotor del primer establecimiento aeronáutico de España en el que se construyó un aerostato en 1725, del que se desconoce su ubicación real.

En la actualidad el CESEDEN concede, cada dos años, un premio dedicado a la Historia Militar que lleva el nombre de Premio Marqués de Santa Cruz de Marcenado”.

Fuente: http://elretohistorico.com/alvaro-de-navia-osorio-y-vigil/