Historia: La Batalla de Garellano, 1503.

Garellano 1503, la batalla que cambió la historia de España

GARELLANO 1503

La batalla de Garellano en diciembre de 1503 marcó un punto de inflexión en la historia de España. Castilla y Aragón habían unido sus reinos, y en 1492 terminaba la reconquista con la toma del Reino de Granada. España era un joven país que miraba a Europa y chocó de pleno con los intereses del potente Reino de Francia, el cual desde el final de la guerra de los cien años en 1453 que lo enfrentó a Inglaterra, había prosperado y quería expandirse por la rica y desunida península itálica.

El Gran Capitán, habiendo logrado la decisiva victoria en los campos de Ceriñola, hace su entrada triunfal en Nápoles el 16 de mayo de 1503. Con esta victoria todo el reino está en sus manos, salvo la ciudad de Gaeta donde se ha refugiado el derrotado ejército francés comandado ahora por Ivo Alegre. Tras infructuosos intentos de tomar la ciudad, se abandona su asalto por lo bien fortificada que se encuentra, y especialmente debido a las nuevas tropas de refresco que llegaban a través de su puerto y las que viene por tierra desde el norte.

Luis XII encolerizado por el descalabro en la batalla de Ceriñola decide concebir un ambicioso y costoso plan para frenar el empuje hispano. Este plan estaba basado en un triple ataque sobre diversos territorios de la corona española.

  • En primer lugar, se haría una incursión a cargo de Jean de Rieux sobre el Rosellón que estaba en manos de los Aragoneses, para que de esta manera se abriese un nuevo campo de batalla en territorio nacional y se abandonara al ejército que ocupaba Nápoles.
  • En segundo lugar, intentaría pactar con Navarra para abrir un segundo foco en la frontera, pero la amistad del rey de Navarra con los Reyes Católicos lo impidió.
  • En último lugar, mandaría un nuevo ejército de 30.000 hombres y 36 piezas de artillería bajo el mando del marqués de Tremouille, al escenario napolitano para expulsar a los españoles.

El marqués de Tremouille murió y fue sucedido por el italiano marqués de Matua. Este no era querido por la tropa debido a su nacionalidad extranjera y severidad. Fernández de Córdoba tenía sitiada Gaeta, donde como sabemos están los restos del ejército francés.
A la muerte del papa Alejandro VI, le sucedió Pio III, entre presiones de los Borjia y del ejército español que estaba acampado en Roma. Este proclamó a Frenando el Católico como rey de Nápoles.

La ciudad de Gaeta recibía constantemente refuerzos militares y víveres a través de su puerto, esto unido a la llegada del nuevo ejército desde Milán comandado por el marqués de Matua, hizo que el Gran Capitán, conocedor de su inferioridad numérica, decidiera retirar el sitio deGaeta. Primero se retiró a Castiglione y posteriormente a San Germano, donde estableció su cuartel general. Se pasó a la otra orilla del rió Garellano para de esta manera aprovecharlo como defensa ante el ejército francés que lo triplicaba. Tomó las fortificaciones de Rocaseca y Montecasino.
En esta última se encontraba Pedro Borjia defendiéndola. Fernández de Córdoba mandó a Pedro Navarro para que lo tomase. Este abrió un agujero en sus muros con la artillería por el cual pasaron los soldados que tomaron la importante posición. Con la toma de estas posiciones, se creó un cinturón defensivo en torno al río Garellano, y desde el campamento del Gran Capitán hasta la desembocadura del río solo había dos pasos, Pontecorvo y Sessa.

INTENTOS DE CRUZAR EL RÍO POR LOS FRANCESES.

El 13 de octubre los franceses al mando del marques de Matua se lanzaban a la ofensiva contra los españoles. Cruzaron el río por el vado de Ceprano más allá de las defensas españolas y atacaron la posición defensiva situada en el flanco derecho, Rocaseca. Era presumible que esta posición fuera atacada por el enemigo al estar al extremo del flanco. Por ello cuando Fernández de Córdoba mandó defenderla por unos 1.000 hombres, pensó en los bravos y veteranos capitanes como Gonzalo Pizarro, Zamuldio, Arteaga, Troilo Despés y Villalva, a los que dijo “os he elegido para vuestra victoria o vuestra sepultura”, y no se equivocaría. Llegando los franceses a la altura de Rocaseca, mandaron emisarios para que rindieran la plaza. Al no rendirse Matua abrió fuego con su poderosa artillería, logrando abrir brecha en la muralla, por la que 3.000 franceses intentaron penetrar. Se encontraron frente a una tropa española bien aguerrida al terreno, dispuesta a pelear hasta el final. La formación de piqueros junto al fuego mortal de los arcabuceros lograron detenerlos y destrozar su vanguardia, persiguiéndolos en la retirada. Por otras dos veces el marqués de Matua intentaría tomar Rocaseca, sin conseguirlo.

Fueron a reforzar dicha posición la infantería de Pedro Navarro y García Paredes(el Sansón extremeño), por caminos de montaña y la caballería pesada de Próspero Colonna por el llano, mientras las defensas de Rocaseca se defendían como gato panza arriba. Al ver llegar a la infantería, el marqués de Matua se retiró. Pedro de Paz quemó el puente de Sessa para evitar que los franceses lo utilizasen en su retirada. El Gran Capitán mientras iba hacia el paso de Pontecorbo para evitar que se le escapase el enemigo y acorralarlo entre su ejército, el río y las plazas fuertes de Rocaseca, Montecasino y San Germano. El marqués de Matua al ver las intenciones de los españoles huyó por Pontecorbo, aunque la vanguardia española llegó a enfrentarse con la retaguardia francesa, causándole bajas.

De nuevo intentan los franceses cruzar el río. En esta ocasión intentan lanzar un puente sobre Roca Andrina en la orilla izquierda (lado español), pero García Paredes tomó la posición impidiendo que el puente estuviera listo.

El tercer intento de cruzar el río fue construyendo un puente de barcas. Aprovechando que la orilla derecha del Garellano tenía más altura, apostó allí su artillería el marqués de Matua, mientras río abajo construía un puente de barcas cerca del puente de Sessa destruido recientemente por los españoles. Tras cruzar este puente quería subir por la orilla izquierda hasta llegar al campamento español. Apoyados por la artillería y cogiendo por sorpresa a los soldados que custodiaban esa orilla del río. Lograron cruzar y entablar combate cerrado con las tropas de Pedro de Paz, protegidos por la fuerza de sus cañones. Los españoles de la posición resistieron hasta la llegada de Pedro Navarro y posteriormente del Gran Capitán. El combate fue duro, cuerpo a cuerpo, lo que impidió ahora a los franceses usar la artillería. Los galos cedieron en su empuje y se vieron obligados a retroceder y volver por el puente de barcas hacia la otra orilla. Tuvieron muchas bajas, y más al cruzar el río, ya que al caer al agua los caballeros con el peso de sus armaduras se hundían irremediablemente hacia el fondo del mismo.

Con esta nueva derrota del marqués de Matua acumuló más descrédito aun ante sus soldados, no quedándole otra opción que ceder el mando, aduciendo fiebres que le impedían seguir al frente del derrotado ejercito francés y abandonar a una tropa que no lo quería desde el primer momento. Su sucesor fue el también italiano marqués de Saluzzo.

El invierno era duro, arreciaba el frío y la lluvia, y en el río Garellano no dejaba de subir de nivel, mientras las trincheras y campamentos de ambos bandos eran lodazales. Faltaban alimentos y pagas, en especial en el bando español, ya que los franceses se podían abastecer de mejor manera por el mar y su puerto de Gaeta. Otro factor de estos días fue la presencia continuada del Gran Capitán en el frente español, sin los lujos que podía esperarse de una persona con su cargo. Sus homólogos franceses no estaban en tiendas de campaña improvisadas, ellos hacían vida en las ciudades próximas con todo lujo y
comodidades. Los días 25 y 26 se pactó una tregua por ser navidad.

Tras la alianza española con la poderosa familia italiana Orsini, esta contribuyó con más de 3.000 hombres comandados por Bartolomé Alviano. Este refuerzo fue fundamental para que Fernández de Córdoba pensase en iniciar una ofensiva. Su plan era construir un puente unos kilómetros arriba del puente de las barcas, para cruzarlo con el grueso de su ejército y atacar el campamento francés. Luego intentar cruzar también por el puente de las barcas, con el resto del ejército y hacer el típico movimiento en pinza sobre los franceses.
Mandó construir el puente a Pedro Navarro. Este realizó un puente de pontones, para ensamblarlo sobre el río, a más de 10 km de distancia en el castillo de Mondragone para no levantar sospechas y aprovechar el factor sorpresa. Mientras Fernández de Córdoba realizaba movimientos para hacer pensar a los franceses que levantaba el campamento dadas las circunstancias meteorológicas que había y a su inferioridad numérica, pero lo que realmente estaba haciendo era preparar su ofensiva.
El puente se montó en la noche del 27 al 28 de diciembre frente a Suio, en el flanco izquierdo francés, y con las primeras luces del día se iniciaba la ofensiva. Las fuerzas españolas se dividirían en dos grupos.
El primero cruzaría el río Garellano por el puente de pontones. En la vanguardia iría Alviano con la caballería ligera, unos 3.000 jinetes. Seguidamente la infantería de Pedro Navarro, con García Paredes, Pizarro, Zamudio y Villalba con 3.500 rodeleros y arcabuceros. La caballería de Prospero Colonna con más de 200 jinetes. Y por último el Gran Capitán con su guardia y 2.000 lansquenetes alemanes.
El segundo grupo al mando de Andrade y Mendoza estaría frente al puente de barcas para no levantar sospechas del enemigo e intentar cruzarlo si resultaba efectivo el ataque español.

El primer puesto encontrado por la caballería de Alviano fue el de Suio, totalmente sorprendidos, algunos borrachos de la noche anterior, no pudieron hacer nada ante el ataque español que los arrolló. Después seguiría la misma suerte Castelforte, y Vallefredda en el extremo izquierdo del flanco que estaba defendido por Ivo Alegre, uno de los supervivientes de Ceriñola. Una vez consolidadas las posiciones cruzó el río el grueso del ejército al mando del Gran Capitán. Durante todo el día se consolidaron las posiciones.
Enterado el marqués de Saluzzo sabedor del avance español por la llegada de algún superviviente de Suio, dispuso retirarse hasta Gaeta, intentando que fuera de manera ordenada. Quiso hacer una línea de defensa en la localidad de Trejetto, pero el avance de Alviano se lo impidió, era rápido y aplastante. En las tropas francesas cundía el desorden y comenzó la huida en desbandada río abajo. La caballería hispana los iba cazando uno a uno. Saluzzo intentó embarcar todas sus piezas de artillería y llevarlas hasta la desembocadura del río, pero las corrientes hicieron que se hundiesen algunas de las barcas que los transportaban, y las demás cayeron en manos hispanas. También quiso hundir el puente que un mes antes había mandado construir para atacar a los españoles, y evitar ser atacados por dos flancos, pero le resultó imposible y Andrade logró controlarlo y cruzar con su ejército.
Ocurrido esto no tenía ya ninguna opción Saluzzo más que la retirada, abandonando incluso todo el material restante. Cuando los españoles llegaron al real francés lo encontraron vacío, ya que Saluzzo había ordenado su abandono. Entonces Fernández de Córdoba mandó a Prospero Colonna en vanguardia perseguir a los franceses, y a Alviano hacia el norte para cercarlos por el flanco izquierdo francés. En las inmediaciones de Mola el camino se hacía estrecho y con las lluvias y la crecida de los ríos era muy peligroso. Saluzzo intentó crear una línea defensiva con la caballería que le quedaba, lanzando una carga con sus hombres de armas. Tuvo un papel destacado Pierre du Terrail, señor de Bayard, que arremetió contra la vanguardia española liderada por la caballería pesada de Colonna, a la cual hizo retroceder hasta que tropezó con la infantería que venía por detrás del Gran Capitán, que tuvo que reorganizar toda su línea, y con arengas consiguió cerrar la formación de los lansquenetes alemanes que repelieron la nueva carga francesa. Con la llegada de Andrade ya no cabía más resistencia por el lado francés. Al tener constancia de todo ello Saluzzo, y conociendo que Alviano lo intentaba rodear, ordena una retirada general hacia Gaeta para no quedar totalmente acorralados. En la persecución fueron muertos o hechos prisioneros muchos soldados franceses.

De nuevo estaba Fernández de Córdoba frente a las murallas de Gaeta. Además de esta ciudad los franceses seguían manteniendo la torre de Garellano, en la desembocadura del río. La derrota francesa había sido total, con un ejército que duplicaba al español, muriendo más de 4.000 hombres y otros tantos prisioneros o desaparecidos, frente a las 900 bajas del bando español.

Esta batalla, que fue la última de Gonzalo Fernández de Córdoba, fue sin lugar a dudas la mejor planteada y la que mas reputación le daría. Sus movimientos para envolver al enemigo teniendo inferioridad numérica son estudiados en las academias militares.

CAPITULACIÓN DE GAETA 1504

El día 1 de enero de 1504 el marqués ofreció su capitulación, frente a la sorpresa del Gran Capitán, el cual la aceptó.

Ciudad de Gaeta.

Dejó marchar a los soldados encerrados en Gaeta y a los prisioneros, sin pedir ningún rescate. Tanto por mar como por tierra salieron todos del reino de Nápoles, aunque no acabarían ahí sus penurias. Los que embarcaron, fueron víctimas de la malaria, muriendo muchos de ellos, entre los cuales se encontraba el propio marqués de Saluzzo. De los que se fueron por tierra, sufrieron el acoso de la población napolitana en venganza por todos los saqueos a los que se habían visto sometidos, matando o hiriendo a muchos de ellos al surcar sus caminos, pasando frío y hambre para salir de aquellas tierras tan inhóspitas para ellos. Se estima que llegó menos de un tercio del ejército a la ciudad de Roma. Una autentica debacle.

Con la toma de Gaeta, sólo quedarían algunas plazas ocupadas por los franceses en Italia que irían cayendo o rindiéndose sabedores de la derrota infligida en Garellanao. Nuevamente el Gran Capitán hacía su entrada triunfal en la ciudad de Nápoles que se rendía a sus pies, donde sería posteriormente nombrado virrey de Nápoles.

Tras esta inapelable victoria sobre las tropas francesas, se firmo el Tratado de Lyon, por el cual se puso fin a la segunda guerra de Nápoles. Luis XII derrotado, cedía a la corona de Aragón el control del sur de Italia.

Fuente: http://cierrayespana.blogspot.de/2013/04/la-batalla-que-cambio-la-historia-de.html?m=1
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España imperial vs EEUU, comparacion historica VII.

Comparando la España imperial con los EE.UU.: Una historia de dos Historias (Parte XI)

Ante el argumento hecho por el Sr. James P. Pinkerton, autor y comentador político de Fox News, en su artículo titulado ‘Yesterday’s Spain, Today’s America’ (‘La España de ayer, la América [EE.UU.] de hoy’) publicado en la revista estadounidense ‘The American Conservative’ (‘El conservador americano’), de que “los españoles, víctimas de agresión en casa, se convirtieron en los victimarios (homicidas) en el extranjero”, con referencia al papel que España jugó en la conquista del Nuevo Mundo, deseo añadir otro punto más con respecto a las ideas religiosas que inspiraron a los anglosajones durante su conquista y ocupación de Norteamérica. En este sentido quiero enfatizar la influencia ejercida por el ‘Viejo Testamento de la Biblia’ tanto sobre los ingleses protestantes que colonizaron las Trece Colonias británicas de Norteamérica como sobre los estadounidenses angloamericanos que expandieron las fronteras de los EE.UU. hacia el oeste norteamericano. Esta influencia bíblica examinada influenció de manera negativa a los anglosajones tanto británicos como estadounidenses en sus tratos hacia los indios americanos, llevando a cabo una política de exterminio y expulsión contra los nativos en imitación de la forma como los antiguos israelitas exterminaron y destruyeron a aquellos pueblos cananeos y otros grupos semitas que ocupaban la tierra de Canaán, región que los israelitas consideraban su “tierra prometida” y que para tomarla la conquistaron a sangre y fuego a través de campañas militares genocidas.

La masacre del pueblo indio pequote del Río Místico se cometió presuntamente siguiendo el ejemplo bíblico de las guerras del Rey David y de las guerras de exterminio de los israelitas.

pipenozzle.com

Debemos así ver las palabras del capitán inglés John Underhill que participó en la masacre del principal pueblo pequote cerca del actual Río Mystic (Místico) en Connecticut, el 26 de mayo de 1637. Underhill contó en su relación de la masacre cómo algunos jóvenes soldados ingleses que no habían estado en la guerra antes estaban impactados al ver a tantos  indios pequotes muertos o moribundos en el suelo de su pueblo, tantos cuerpos unos encima de otros que según Underhill con dificultad se podía pasar. Los jóvenes soldados ingleses le preguntaban al capitán Underhill “¿por qué estaba tan furioso? ¿No deberían los cristianos tener más misericordia y compasión?”, según las palabras de Underhill. Ante lo cual Underhill respondió en su relación: “Pero yo les referiría a la guerra de David (el Rey David bíblico) cuando un pueblo se crece a tal altura de sangre, y peca contra Dios y el hombre, y todos se confederan en la acción, ahí Él no tiene respeto a las personas, pero las destroza, y las corta, y las pasa a cuchillo, y la más terrible muerte que puede haber: a veces las Escrituras declaran que mujeres y niños deben morir con sus padres; a veces el caso cambia: pero no vamos a disputar esto ahora. Tenemos suficiente luz de la Palabra de Dios para nuestras acciones”.

Procedamos así a ver las acciones del Rey David israelita como están relatadas en el ‘Viejo Testamento de la Biblia’. Recordemos que el Rey David es ante todo un personaje histórico, glorificado por la antigua religión hebrea cuyo texto sagrado fue escrito por los propios israelitas según su punto de vista parcializado y favorable a David, descrito como un hombre que fue el instrumento de Yavé, de Dios en la tierra. Sus actos, sin embargo, indican que David no hacía la voluntad de un Creador que según el Viejo Testamento escrito por los israelitas se comunicaba con él, sino más bien que hacía lo que a él le daba la gana para realizar sus ambiciones de poder y satisfacer sus bajas pasiones, utilizando el nombre de Dios y la entidad divina para justificar sus actos humanos. En esto David ha sido como muchos gobernantes de la historia. 

Pero para aquellos angloamericanos estadounidenses fundamentalistas religiosos que denuncian las acciones de los conquistadores españoles en América, les recuerdo las prácticas de guerra de su ídolo bíblico David y del Rey Saúl israelita. Según “La Nueva Biblia Latinoamericana” católica, en vista que Micol, hija de Saúl, estaba enamorada de David y el rey de los israelitas se la ofrecía como esposa, Saúl “…le mandó decir [a David]: ‘El rey no quiere dote para su hija, sino que quiere los prepucios de cien incircuncisos filisteos, para vengarse así de sus enemigos’”. (1-Samuel 18, 25). David no perdió el tiempo y se esmeró en la sangriento y macabra tarea exigida por Saúl: “Aún no se había cumplido el plazo, cuando David partió con sus hombres y mató a doscientos filisteos; entregó sus prepucios al rey y Saúl tuvo que darle a su hija Micol por esposa” (1-Samuel 18, 26-27). Esta práctica de contar y comprobar el número de enemigos que habían sido matados se habrá inspirado en los antiguos egipcios, quienes en sus guerras contabilizaban el número de enemigos muertos en batalla cortando, juntando y contando el número de penes o de una de las manos de cada cuerpo de un combatiente enemigo caído. 

Bajorrelieve del templo de Ramses III en Medinet Habú, Egipto, mostrando una escena de la batalla terrestre de Djahy en Canaán, donde el ejército egipcio derrotó una invasión de los Pueblos del Mar. Se aprecian los presuntos guerreros aqueos con sus cascos coronados al parecer con crines de caballo y con escudos redondos, probablemente de bronce, precursores de las armas de los griegos de la época clásica. Estos aqueos serían los filisteos de la Biblia.

Hay que decir que los filisteos al parecer eran originalmente aqueos, antiguos griegos de la Edad del Bronce que fueron parte de los llamados Pueblos del Mar que invadieron Egipto en el siglo XII antes de Cristo y que tras ser derrotados por la armada y el ejército del Faraón Ramsés III, fueron asentados en la Franja de Gaza por los egipcios como pueblo vasallo aliado, allí establecidos en una marca defensiva para proteger las fronteras orientales de Egipto en el sector habitado por ellos. Evidencia arqueológica apunta a que los filisteos eran aqueos que colonizaron la región llamada después Filistea o Filistina (de donde viene el nombre Palestina), que incluía cinco ciudades-estado (Gaza, Ascalón, Asdod, Ecrón y Gat), asentados por orden de Ramsés III. No eran por ello los bárbaros que los israelitas describen y condenan en el Viejo Testamento por ellos escrito de forma parcializada, según su versión de los hechos. Los filisteos eran más bien un pueblo civilizado como los aqueos de las antiguas ciudades-estado de la civilización micénica de donde procedían, ciudades con grandes palacios como Micenas (cuyo rey según La Ilíada fue el famoso Agamenón), Pilos (cuyo rey fue Néstor según La Ilíada), Tirinto, Argos (cuyo rey según Homero fue Diómedes), Orcómeno y Tebas (la ciudad del Rey Edipo). Más bien, quienes en cambio eran unos bárbaros y fundamentalistas religiosos homicidas, como los terroristas modernos del Cercano Oriente, eran los antiguos israelitas Moisés, Josué, Samuel y el Rey David, y los hombres que ejecutaban sus órdenes de exterminio y guerra total.  

Les recordaría a los conservadores angloamericanos estadounidenses que son fundamentalistas religiosos evangélicos que aún con las brutalidades cometidas en la conquista española de América, ni Francisco Pizarro ni Hernán Cortés ni Hernando de Soto o Sebastián de Benalcázar cometieron una macabra “hazaña” como la cometida por David para ganar la mano de la hija del Rey Saúl. Y para colmo los fundamentalistas religiosos responderían en sus sitios de culto “Amén” tras leerles que David le entregó al Rey Saúl 200 prepucios de filisteos muertos en combate o simplemente asesinados, pues para hacer su “colecta” más rápida no es improbable que David y sus hombres hayan matado a todo varón filisteo que encontrasen, incluidos civiles desarmados y menores de 18 años. Entonces, le invito a los conservadores estadounidenses que no condenen las muertes en combate o los crímenes de guerra cometidos contra los indios en la conquista española americana sino que más bien digan también “Amén” al recordarlos, mientras justifiquen y honren religiosamente con la misma palabra de origen hebreo los crímenes y atrocidades cometidos por David y por aquellos antiguos israelitas que cometieron crímenes de guerra y lesa humanidad que figuran en la Biblia, israelitas a quienes los fundamentalistas religiosos celebran todavía en el siglo XXI como “pueblo elegido”, después de haber visto los crímenes y genocidios del siglo XX. Que no sean por ello unos fariseos.

La matanza de los sacerdotes israelitas de Yavé y de su ciudad de Nob por orden del Rey Saúl

David eso sí tuvo un buen maestro en cometer atrocidades en su suegro el Rey Saúl. Después que David cayó en desgracia con Saúl, éste le persiguió y castigó bárbaramente a aquellos que ayudaron al fugitivo David. Así el Rey Saúl ordenó la masacre del sacerdote israelita Ajimelec y a su ciudad de Nob. Tras tratar de justificarse por haber ayudado a David y a sus hombres con comida, habiéndole dado también el sacerdote a David la espada que guardaba del gigante filisteo Goliat que David había matado en combate años antes, Saúl le dijo al sacerdote de Yavé: “‘Vas a morir, Ajimelec, tú y toda la familia de tu padre’. En seguida el rey dijo a los de su guardia que estaban a su lado: ‘Acérquense y maten a los sacerdotes de Yavé porque también están con David y, sabiendo que él huía, no me lo comunicaron’. Pero los servidores [israelitas] del rey no quisieron levantar su mano para herir a los sacerdotes de Yavé. Dijo entonces el rey a Doeg: ‘Acércate tú y da muerte a los sacerdotes’. El edomita Doeg se acercó e hirió de muerte a los sacerdotes; aquel día mató ochenta y cinco hombres que llevaban traje sacerdotal. Después de esto, Saúl pasó a cuchillo a Nob, la ciudad de los sacerdotes, matando a hombres y mujeres, jóvenes y niños, bueyes, burros y ovejas” (1-Samuel 22, 16-19). ¿Palabra del Altísimo? ¿“Amén”? Como un texto histórico, relatando en este caso un crimen de lesa humanidad, el libro de Samuel sí. Como texto religioso a seguir, a ser reverenciado y a ser imitado, este pasaje de la masacre de la ciudad de Nob del libro de Samuel, no.   n el siglo XXI manos, a quienes los fundamentalistas religiosos los tienen por

Otro mal ejemplo seguido por David en cuanto a cometer crímenes de lesa humanidad y genocidio habría sido el del Juez y profeta Samuel, quien según el Viejo Testamento lo ungió como futuro rey israelita y sucesor del Rey Saúl. Así relata el Viejo Testamento lo siguiente ocurrido en el siglo XI antes de Cristo: “Después de esto dijo Samuel a Saúl: ‘A mí me envió Yavé para consagrarte rey de su pueblo. Escucha, pues, ahora lo que te manda decir. Esta es la palabra de Yavé de los ejércitos: “He decidido castigar a Amalec por lo que le hizo a Israel, puesto que no lo dejó seguir su camino cuando regresaba de Egipto. Ahora vete y castiga a Amalec, destruyendo como maldición todo lo que tiene. No le tengas compasión, mata hombres y mujeres, jóvenes y niños, bueyes y ovejas, camellos y burros”’” (1–Samuel 15, 1-3). Cabe comentar que esta terrible sentencia no fue dada por Dios sino por un viejo Juez israelita amargado, rencoroso, cruel y vengativo, Samuel, quien había “decidido castigar” a los amalecitas como venganza por estos haberse opuesto al paso de los israelitas por la Península de Sinaí tras su salida de Egipto, unos doscientos años antes.  

Escena de la película ‘El Rey David’ donde el juez y profeta Samuel asesina a Agag, el cautivo rey de los amalecitas:


Sigue el relato del Viejo Testamento: “Batió Saúl a los amalecitas desde Havilá en dirección de Sur, que está al este de Egipto. Tomó vivo a Agag, rey de los amalecitas, y pasó a cuchillo a todo el pueblo. Pero Saúl y el ejército perdonaron la vida a Agag y a lo mejor de sus rebaños y ganados, a los vacunos y a los corderos gordos; en una palabra, no quisieron condenar a la destrucción nada de lo bueno que había. Pero, en cambio, todo el ganado flaco y que no servía lo sacrificaron” (1-Samuel 15, 7-9). Esto desagradó a Samuel, quien tras la masacre de los amalecitas y aún no contento con lo que había hecho Saúl por haber dejado con vida al rey amalecita vencido, le increpó a Saúl echándole en cara que había desobedecido a Yavé por no cumplir con la siguiente misión, que realmente se la había dado el mismo Samuel y no Dios: “‘Anda a acabar con todos esos pecadores, los amalecitas; hazles la guerra hasta que no quede ninguno’” (1-Samuel 15, 18). Tras repudiar a Saúl como rey por haberle desobedecido, Samuel hizo lo siguiente: “Después dijo Samuel: ‘Tráiganme a Agag, rey de los amalecitas’. Y vino Agag hacia él resistiéndose y diciendo: ‘En realidad es amarga la muerte’. Samuel respondió: ‘Así como tu espada ha dejado sin hijos a tantas madres, así tu madre será madre sin hijos’. Y Samuel degolló a Agag delante de Yavé en Guilgal” (1-Samuel 15, 32-33). Samuel ejecutó en el pobre rey de los amalecitas su sentencia y no la de Dios, asesinando a Agag a sangre fría.   

La enciclopedia de internet llamada Enciclopedia Judía.com (JewishEncyclopedia.com) llama a las campañas de genocidio practicadas por los antiguos israelitas descritas en el Viejo Testamento “guerra sagrada de exterminio”, al referirse a la campaña militar de este tipo que David antes de ser rey llevó a cabo contra los amalecitas, pueblo que no era israelita y estaba al parecer relacionado con los edomitas. No hay realmente mucha diferencia entre los genocidios del siglo XX y las guerras de exterminio practicadas por los israelitas, excepto que las del siglo pasado asesinaron por millones, mientras que las guerras de los israelitas contra otros pueblos y naciones se cobraban decenas de miles de víctimas. Las guerras sagradas de exterminio practicadas por los antiguos israelitas fueron hechas bajo una justificación religiosa, pero fueron también probablemente realizadas por motivos racistas, xenófobos y para robar y obtener botín de guerra. En la cuenta final posiblemente se habrían llegado a sumar en la densamente poblada tierra de Canaán y regiones vecinas cientos de miles de masacrados al contarse el número total de vidas no judías exterminadas y masacradas por los israelitas – según ellos en nombre de Yavé – y al añadirse las poblaciones israelitas masacradas por su propia gente, durante los siglos desde la salida de Egipto hasta el fin del reinado de David.

Grabado de Gustave Doré titulada “La muerte de Agag”, mostrando el momento en que el profeta Samuel se prepara para asesinar al rey de los amalecitas, cuyos súbditos incluyendo a mujeres y niños ya habían sido masacrados por Saúl por orden de Samuel

Hay que añadir que Dios, Yavé para los antiguos israelitas como Moisés, Josué, Samuel o David no es el Dios de los cristianos, uno de amor y paz como enseñó Jesucristo. El Yavé de los antiguos israelitas es un dios sirio-cananeo, el Yavé que para los antiguos sirios de tiempos de Abraham era el hermano menor de Baal y el hijo del dios padre Tor, el toro, a quienes se les hacían sacrificios humanos. Ese Yavé de los israelitas era un dios vengativo, de los ejércitos y de violencia, de matanzas que al realizarse en “guerras sagradas de exterminio” eran realmente sacrificios humanos colectivos de poblaciones enteras a manos de los israelitas. Ese Yavé de los israelitas no es como el Dios sobre el cual los antiguos israelitas escribieron al comienzo del libro del Génesis, realizado según su punto de vista, donde dicen que hizo al hombre a Su imagen y semejanza. No, fue más bien que los israelitas se imaginaron a Yavé a su imagen y semejanza humana israelita, como un dios vengativo, sanguinario y de la guerra. Esa no es la imagen de Dios como enseñó Jesús de Nazaret, quien para los creyentes cristianos es Dios Hijo y por lo tanto representa en su mensaje de paz, compasión, perdón, misericordia y amor la verdadera imagen de Dios, no el dios de guerra, genocida, vengativo y rencoroso, hermano menor de Baal – el de los sacrificios humanos – inventado por los antiguos israelitas a su imagen y semejanza humana, como cuando los antiguos griegos se inventaron a sus dioses con imagen humana y con los mismos defectos y veleidades de los hombres.

Este Yavé de imagen y semejanza israelita de los antiguos israelitas es el mismo seguido por aquellos conservadores angloamericanos estadounidenses fundamentalistas religiosos que aunque se hacen llamar cristianos le dan énfasis al Viejo Testamento sobre el Nuevo Testamento que contiene las enseñanzas de Jesús. Ese mal ejemplo del Viejo Testamento con su prédica a favor de la violencia y derramamiento de sangre fue imitado por los angloamericanos estadounidenses fundamentalistas religiosos protestantes en su trato genocida contra los indios norteamericanos y los filipinos. Ese mensaje de error de los fundamentalistas religiosos estadounidenses, de prestar atención al Viejo Testamento con su violencia y exterminios por encima del mensaje del Nuevo Testamento, ha sido exportado a través de las sectas fundamentalistas religiosas evangélicas de los EE.UU. a Hispanoamérica y España. Y ese mensaje de error de fanatismo y violencia religiosa va también de EE.UU. a la Tierra Santa a través de los fundamentalistas religiosos estadounidenses angloamericanos que van como colonos – y alienígenas ilegales (illegal aliens) – a los asentamientos ilegales en los territorios ocupados por Israel de Palestina en Cisjordania. Y si los llamados conservadores angloamericanos estadounidenses que son evangélicos fundamentalistas religiosos atacan y apoyan la persecución y expulsión de los inmigrantes hispanoamericanos con papeles irregulares, les invito a que condenen primero y pidan la expulsión de los colonos inmigrantes ilegales estadounidenses fundamentalistas religiosos que son unos alienígenas ilegales (illegal aliens) por ocupar ilegalmente tierras palestinas en colonias ilegales en los territorios ocupados de Palestina por parte de Israel. Les invito a esos angloamericanos estadounidenses evangélicos fundamentalistas religiosos que no sean unos fariseos y condenen primero a sus compatriotas colonos inmigrantes ilegales que viven ilegalmente en Palestina para vivir su fantasía “bíblica”, antes de perseguir a los inmigrantes hispanoamericanos con papeles irregulares que viven en EE.UU. o que intentan entrar a ese país en busca de un trabajo honesto y no en busca de las tierras de otros.

Foto mostrando los cuerpos de niños víctimas del ataque de armas químicas contra el pueblo de Halabja en el Kurdistán iraquí en 1988 por orden de Saddam Hussein. Así se habrían visto esparcidos sobre el suelo los cuerpos sin vida de niños amalecitas, bañados en sangre, tras ser masacrados junto con las mujeres y hombres de la población amalecita por el ejército israelita bajo el mando del Rey Saúl. Empero, el autor intelectual de la masacre y quien la ordenó fue el juez y profeta israelita Samuel, culpable también del crimen de guerra de genocidio

Hay que añadir que las palabras dichas por Samuel antes de asesinar al rey de los amalecitas, Agag: “Así como tu espada ha dejado sin hijos a tantas madres, así tu madre será madre sin hijos”, son citadas por fundamentalistas religiosos como dignas de recuerdo, de ejemplo y de ser imitadas. Pero le recuerdo a los llamados conservadores angloamericanos estadounidenses que son fundamentalistas religiosos evangélicos que las palabras de venganza de Samuel, usadas para justificar su regicidio y el genocidio contra los amalecitas, por algo que habría ocurrido unos doscientos años antes, van en contra del verdadero mensaje de Cristo de amor y perdón. Y las enseñanzas de Jesús, requeridas para todos los cristianos, han de reemplazar al mensaje de odio, de violencia, de homicidio y genocidio y de venganza de líderes israelitas del Viejo Testamento como Samuel, mensaje que no viene de Dios sino de la imagen pagana que los antiguos israelitas hicieron de Yavé, a su humana imagen y semejanza llena de defectos y crímenes. Son las palabras mencionadas de Samuel unas que incitan a la venganza homicida, al genocidio y al terrorismo.

Comparando la España imperial con EE.UU.: Una historia de dos Historias (Parte XII)

Otro posible ejemplo de cómo este mensaje bíblico negativo del Viejo Testamento, del ojo por ojo y diente por diente, pudo haber influenciado a los colonos puritanos ingleses de Nueva Inglaterra, en el actual EE.UU., es el caso de la colona inglesa puritana Hannah Duston, que vivió en la colonia de Massachusetts.

Durante la Guerra de la Liga de Augsburgo (1688-1697) que enfrentaba en Norteamérica a Inglaterra contra Francia, indios aliados de los franceses atacaron en una incursión en marzo de 1697 el pueblo de Hannah Duston, madre de 9 niños y de 40 años de edad. Su marido escapó con ocho de sus hijos, pero ella fue capturada junto con su niña bebé de seis días. Según la versión de los colonos puritanos, en el ataque por una banda de indios abenaki del Canadá francés murieron 13 colonos ingleses y 13 fueron capturados. Durante la marcha al cautiverio, un guerrero indio mató a la bebé de Hannah Duston. Los indios podrían haber actuado en represalia, porque los colonos ingleses cometían atrocidades contra ellos, matándolos tan solo por ser indios sin diferenciar edad o sexo. Hannah Duston y otra colona cautiva fueron dadas a una familia india de dos hombres, tres mujeres y siete niños que no habían tomado parte en el ataque al pueblo de Duston. Habían pasado ya seis semanas del ataque y una noche Hannah Duston incitó a revelarse a la otra colona inglesa cautiva y a un muchacho colono inglés también cautivo de la familia india ya desde un año. Duston tomó un hacha y mató mientras dormían a los dos hombres que había en la familia indígena, a dos de las mujeres indias y a seis de los niños con el hacha, escapando gravemente herida en la cabeza una anciana india y un niño nativo de dos años. Pero para probar que los habían matado a todos y cobrar la recompensa que se les daba a los colonos ingleses por matar indios, Duston le cortó a todas sus víctimas los cueros cabelludos y escapó con los otros dos colonos, recibiendo de la Corte General de Massachusetts por haber matado a los indios una recompensa de 25 libras esterlinas, dividiéndose los otros dos ingleses otras 25 libras.

Glorificación de una venganza asesina con ecos del Viejo Testamento: Estatua a Hannah Duston, portando en la mano derecha el hacha homicida y en la mano izquierda la representación de los cueros cabelludos de los dos hombres, dos mujeres y seis niños indios que mató por venganza y dinero. El monumento se halla en Boscawen, Nueva Hampshire, por donde Hannah Duston asesinó a la familia de indios abenaki que la tenían cautiva y de donde se escapó.
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Por su ‘hazaña’ que tan poco tiene de cristiana pero mucho del Viejo Testamento –no olvidemos que como cristianos fundamentalistas religiosos los puritanos prestaban más atención al Viejo Testamento que al Nuevo Testamento– a Hannah Duston se la ha celebrado como una “heroína popular” y “madre de la tradición americana de cacería de cueros cabelludos” de indios, siendo la primera mujer en los EE.UU. a la que se le erigió una estatua en monumento. No, no, no, los españoles no hicieron una cosa semejante, como el matar indios como costumbre y el pagar dinero por cada indio asesinado. Más bien, esto fue cosa de los ingleses y después de los angloamericanos estadounidenses, sus descendientes, como lo practicaron en California bajo la bandera de las barras y las estrellas y en donde se pagaron en el siglo XIX 25.000 dólares en recompensas por cueros cabelludos de indios de California, con diferencias en la cantidad a pagar dependiendo de si el cuero cabelludo era de un hombre, de una mujer o de niños indios, pagándose también más o menos dependiendo del tamaño de la cabellera y presumiblemente así de la edad del niño indio asesinado. Y los holandeses, al parecer, introdujeron la práctica de tomar como trofeos los cueros cabelludos de los vencidos entre los indios en Norteamérica. No olvidemos que los holandeses eran en su mayoría cristianos fundamentalistas al ser calvinistas –los puritanos eran los calvinistas ingleses– y por ello seguidores más del Viejo Testamento que del Nuevo Testamento. En el siglo XVII cuando existían asentamientos holandeses en Norteamérica como Nueva Amsterdam (el futuro Nueva York) y estaba Holanda en guerra con Francia, los holandeses le pagaban a los indios una recompensa por cada cuero cabelludo de piel blanca y pelo claro y rubio que les traían, como prueba que los indios habían matado colonos franceses del Canadá.
Prosigamos examinando los crímenes de guerra de David, discípulo de Samuel y Saúl en sus sangrientas “hazañas”. Tras caer en desgracia con el Rey Saúl, David se fue a refugiar junto con su mesnada de guerreros en el reino filisteo de la ciudad–estado de Gat, cuyo rey Aquís les dio asilo a cambio de que entrasen a su servicio. Dice así el primer libro de Samuel: “Subía David con su gente a hacer correrías contra los guesuritas, los guergueseos y los amalecitas, porque antiguamente éstos eran los habitantes de la región desde Telam, yendo hacia el sur y hacia Egipto. Devastaba la comarca y no dejaba con vida hombre ni mujer; se apoderaba de las ovejas, bueyes, burros, camellos y vestidos, y volvía donde Aquís. Aquís preguntaba: ‘¿A quiénes han atacado esta vez?’ David respondía: ‘Al sur de Judá, o el territorio de Jerajmeel, o de los quenitas’. David no dejaba hombre ni mujer con vida, para no tener que llevarlos a Gat, pues decía: ‘No sea que hablen contra nosotros y nos denuncien a los filisteos’. De esta forma se comportó David todo el tiempo que habitó en el país de los filisteos” (1-Samuel 27, 8-11). Los guesuritas fueron un pueblo que vivió en el desierto entre Arabia y la tierra de los filisteos, los guergueseos fueron una tribu descrita como rica en ganado y ropajes que habitó la tierra entre el sur de Palestina y Egipto junto con los guesuritas y amalecitas. Lo amalecitas también fueron una nación nómada que habitó el sur de Palestina y que no siendo árabes, según parece estaban relacionados con la nación de los edomitas.
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Después de la muerte del Rey Saúl en el campo de batalla contra los filisteos, David será declarado primero Rey de Judá y después Rey de Israel tras la muerte, probablemente ordenada por él, del Rey Isbaal de Israel, hijo de Saúl y contra quien David combatió por dos años para arrebatarle el trono. David como rey llevó a cabo guerras de conquista de reinos vecinos caracterizadas por su brutalidad y masacres tanto de prisioneros de guerra como de civiles. Uno de los países conquistados por David fue el Reino de Moab al este del Mar Muerto. Tras derrotar a los moabitas, el Rey David mandó matar probablemente a la mayoría de los prisioneros de guerra de Moab de la siguiente forma: “Venció también a los moabitas; les hacía tender en tierra y los medía con un cordel: dos cordeles, a los que eran destinados a la muerte, y un cordel, a los que se perdonaba la vida. Los moabitas fueron sometidos a David y le pagaron contribuciones” (2-Samuel 8, 2). Podrían así haber así dado muerte a dos terceras partes de los prisioneros moabitas, perdonando la vida a la tercera parte restante.
Había importantes motivos económicos para estas conquistas hechas por David. Tanto el Reino de Moab como los reinos de Edom, Amón y el reino arameo de Aram-Sobá, también conquistados por el Rey David, estaban en la importante ruta comercial internacional conocida como el Camino del Rey (probablemente en referencia al Faraón de Egipto, que siglos antes la habría establecido para comunicar comercial y militarmente a Egipto con los territorios del imperio egipcio en Canaán y Siria) que comunicaba al Río Nilo en Egipto con el Río Éufrates y Mesopotamia, pasando por los mercados de Palestina, Transjordania y Siria.
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David envió al comandante de su ejército y sobrino Joab a atacar con un ejército israelita al Reino de Ammón, que estaba al norte del Reino de Moab. El drama de la guerra y conquista de Ammón empezó con la muerte del rey de los amonitas, cuando David envió una delegación a la capital amonita para darle las condolencias por la muerte de su rey al hijo y sucesor de éste, Janún. Es probable que como sospechaban los asesores del nuevo rey amonita, la visita de los emisarios israelitas tenía la verdadera misión de espiar las defensas de la capital amonita, Rabbá (la actual capital jordana de Ammán). La conquista de Ammón era consistente con las campañas militares de David de someter a los otros reinos vecinos al este y sur de Israel y Judá: Moab, Aram-Sobá y Edom. Y no hay que olvidar a los espías israelitas que entraron en Jericó antes de su destrucción para reconocer sus defensas y estado de la ciudad. El Viejo Testamento relata lo sucedido: “Pero cuando los servidores de David llegaron al país de Ammón, los jefes dijeron a Janún, su señor: ‘¿Crees que David te ha enviado condolencias por consideración a tu padre? ¿No será más bien a fin de explorar la ciudad, conocer sus defensas y más tarde destruirnos, por lo que David te ha enviado sus servidores?’ Entonces Janún tomó a los servidores de David, les hizo afeitar la mitad de la barba, cortar los vestidos a la altura de las nalgas y luego los despidió” (2-Samuel 10, 2-4). La humillación pública de los emisarios israelitas fue la excusa que David buscaba para justificar su invasión y conquista del Reino de Ammón. Así David envió bajo el mando de su sobrino Joab a todo su ejército incluyendo a su guardia real a atacar la capital amonita de Rabbá. Anticipando las intenciones agresivas de David, el Rey de Ammón solicitó ayuda de Hadadezer, rey arameo de Sobá. Las fuerzas israelitas bajo Joab se enfrentaron al ejército aliado amonita-arameo ante la ciudad de Rabbá, venciendo los israelitas tras hacer huir al ejército arameo. Empero, las pérdidas israelitas habrían sido considerables pues Joab levantó el asedio a Rabbá y regresó con su ejército a Israel, entrando él en Jerusalén.
David decidió entonces movilizar a todos los israelitas capaces de combatir y a sus aliados para hacerle la guerra a Hadadezer. Sigue el relato bíblico del Viejo Testamento: “Al ver los arameos que habían sido vencidos por Israel, concentraron sus fuerzas. Hadadezer mandó mensajeros y movilizó a los arameos que estaban al otro lado del Jordán. Estos vinieron a Jelán, mandados por Sobac, jefe del ejército de Hadadezer. Habiéndose sabido David, reunió a todo Israel, pasó el Jordán y llegó a Jelam. Los arameos presentaron batalla a David y se trabó el combate; pero tuvieron que huir ante Israel. David mató a los combatientes de setecientos carros de guerra, y cayeron cuarenta mil hombres de a pie. También cayó Sobac, el general en jefe, quien murió allí mismo” (2-Samuel 10, 15-18). Aunque probablemente las cifras de arameos muertos sean exageradas, su magnitud y el hecho que el general arameo fue muerto reflejan que el ejército arameo fue aniquilado por el ejército de David, matándose a los heridos y no haciéndose prisioneros, viviendo solo aquellos que lograran escapar a la batalla y a la matanza de los vencidos.
Tras derrotar al ejército arameo, David invadió el reino de Hadadezer en Siria para expandir sus dominios hasta el Río Éufrates. Dice el Viejo Testamento: “David derrotó a Hadadezer, rey de Sobá, en Jamat, cuando éste iba a establecer su dominio sobre la región del río Eufrates. David tomó mil carros de guerra, siete mil soldados de caballería y veinte mil de infantería; luego cortó los jarretes de todos los caballos de los carros, a excepción de cien carros que guardó” (1-Crónicas 18, 3-4). La versión del segundo libro de Samuel dice lo siguiente sobre la guerra de David contra el reino arameo de Sobá en Siria: “Venció asimismo a Hadadezer, hijo de Rojob, rey de Sobá, cuando salía a extender su poder hasta el río Eufrates. David le capturó mil setecientos hombres de a caballo y a veinte mil infantes. Desjarretó a todos los caballos de los carros de guerra, reservándose solamente cien” (2-Samuel 8, 3-4).
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Pero la guerra no acabó con la derrota de Hadadezer, al intervenir los que temían ser conquistados por los israelitas: “Los arameos de Damasco vinieron a socorrer a Hadadezer, pero David derrotó ese ejército de veintidós mil hombres. Después de esto, David puso gobernadores en Aram de Damasco, y los arameos quedaron sometidos a David, pagando impuestos” (2-Samuel 8, 5-6). Según las Crónicas: “Los arameos de Damasco vinieron en socorro de Hadadezer rey de Sobá, y David mató a veintidós mil de los arameos. David estableció gobernadores en Aram de Damasco, y los arameos quedaron sometidos a David, pagándole impuestos” (1-Crónicas 18, 5-6).
Tras someter a los arameos en Siria, David procedió a conquistar a los amonitas como parte de sus planes de expandir su imperio israelita, enviando a su general en jefe Joab. Así relata el primer libro de las Crónicas: “A la vuelta del año, en el tiempo en que los reyes salen a pelear, Joab se fue con la mayor parte del ejército para asolar el país de los hijos de Ammón; después fue a sitiar a Raba, mientras David se quedó en Jerusalén. Entre tanto Joab conquistó a Raba y la destruyó. David tomó la corona del dios Milcom de encima de su cabeza. Comprobaron que pesaba un talento de oro, con una piedra preciosa que fue puesta en la cabeza de David. Se llevó además un gran botín de la ciudad. Sacó de la ciudad a todos sus habitantes y los hizo despedazar con sierras, con trillos de dientes de acero y con hoces. Así hizo con todas las ciudades de los amonitas. Luego David regresó con todo su ejército a Jerusalén” (1-Crónicas 20, 1-3). David ordenó que los amonitas destruyesen las murallas de sus ciudades con los instrumentos y utensilios descritos para que al quedar indefensos no pudiesen resistir a nuevos ataques israelitas, disuadiéndolos así de rebelarse contra David y sus sucesores. Se puede apreciar por este pasaje y el siguiente uno de los intereses de David en conquistar el país de Ammón, la codicia de posesionarse de sus numerosas riquezas y botín de guerra.
La versión del final de la guerra contra los amonitas de acuerdo al segundo libro de Samuel es la siguiente: “Joab atacó a Rabbá de los amonitas y se apoderó de la ciudad del rey (Nota: la ciudadela amurallada donde estaba el palacio real y palacios de príncipes y miembros de la familia real amonitas). Envió entonces unos mensajeros a David para decirle: ‘Ataqué a Rabbá y me apoderé de la ciudadela. Reúne, pues, ahora el resto del ejército y ven a sitiar a la ciudad para que te apoderes de ella; no sea que la tome yo y que le den mi nombre’. David reunió todo el ejército, fue a Rabbá, asaltó la ciudad y la tomó. Le quitó al dios Milcom su corona de oro, que pesaba treinta y cinco kilos, y puso de adorno en su turbante una piedra preciosa que allí había. El botín que llevó de la ciudad fue enorme. En cuanto a sus habitantes, los hizo salir de la ciudad, los puso a manejar la sierra, las rastras y las hachas de hierro y los hizo trabajar en la fabricación de ladrillos; lo mismo hizo con todas las ciudades de los amonitas. Y luego David y todo su ejército volvieron a Jerusalén” (2-Samuel 12, 26-31).
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Tras estas conquistas el turno a ser sometido le tocó al reino de Edom, rico por sus minas de cobre e hierro y por pasar por su territorio la importante ruta comercial internacional del Camino del Rey. En esta campaña de conquista el ejército israelita de David bajo el mando de su general en jefe, Joab, se luciría por su brutalidad y crímenes de guerra por su exterminio de la población masculina edomita. Dice el segundo libro de Samuel: “David se hizo famoso y, de vuelta de la campaña de Aram, derrotó a un ejército edomita de dieciocho mil hombres en el valle de la Sal. Puso gobernadores en Edom y todos los edomitas quedaron sometidos a David” (2-Samuel 8, 13-14). Añade el libro de los Reyes: “Yavé suscitó a Salomón un adversario de nombre Hadad, edomita, de la familia real de Edom. Cuando David venció a Edom y Joab, jefe del ejército, subió a sepultar los muertos, mató a todos los varones de Edom, pues Joab y todo Israel permanecieron allí seis meses hasta exterminar a todos los varones. Pero Hadad logró escapar con algunos hombres edomitas de entre los servidores de su padre para irse a refugiar a Egipto. Hadad era entonces un niño de pocos años” (1-Reyes 11, 14-17). Según este relato, las tropas israelitas enviados por David y bajo el mando de Joab habrían exterminado a todos los varones edomitas, niños incluidos, que no habrían podido escapar a la campaña de exterminio de seis meses de duración. Presumiblemente, las mujeres y las niñas edomitas habrían sido esclavizadas y repartidas como sirvientes y concubinas forzadas entre los israelitas.
El botín de guerra en metales ganado por David tras sus numerosas guerras de conquista fue considerable, sin duda uno de sus principales objetivos al hacerle la guerra total a sus vecinos. Dice el libro de las Crónicas: “David tomó los escudos de oro que llevaban los servidores de Hadadezer y los llevó a Jerusalén. De Tibjat y Kun, ciudades de Hadadezer, David tomó una gran cantidad de bronce, con el cual Salomón (su hijo y heredero) hizo el Mar de Bronce (Nota: enorme depósito hecho de bronce conteniendo el agua para las abluciones de los sacerdotes del templo), las columnas y los utensilios de bronce” (1-Crónicas 18, 7-8), de su famoso Templo en Jerusalén. Toú, el rey de Jamat, reino cananeo sirio, envió a su hijo Hadoram con regalos para David tras haber derrotado éste a Hadadezer, con quien el rey de Jamat estuvo en guerra. Sigue el relato bíblico: “Hadoram traía toda clase de objetos de oro, de plata y de bronce. El rey David los consagró también a Yavé con la plata y el oro que habían tomado a todas las naciones; a Edom, a Moab, a los hijos de Ammón, a los filisteos y a los amalecitas” (1-Crónicas 18, 11).
El Templo de Salomón según una reconstrucción computarizada. Se aprecia parte del Mar de Bronce a la derecha, las dos columnas de este metal a la entrada del templo, elementos decorativos y parte de los diez recipientes menores de bronce sobre ruedas para abluciones de los sacerdotes. Todo este bronce fue capturado y robado en los reinos que el Rey David conquistó.
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Haciendo mención de los regalos de oro, plata y bronce que trajo Hadoram a David, dice el segundo libro de Samuel: “El rey David los consagró también a Yavé junto con la plata y con el oro que ya había consagrado procedente de las naciones que él había sometido: Aram, Moab, los amonitas, los filisteos, Amalec, y lo que había quitado a Hadadezer, hijo de Rojob, rey de Sobá” (2-Samuel 8, 11-12). Hay que añadir que la construcción del mismo Templo de Salomón se habrá pagado con el oro y la plata robados como botín de guerra en las conquistas militares del Rey David. Más aún, el Templo también se habrá construido con el dinero obtenido por Israel gracias a su control de buena parte del Camino del Rey y por ello del comercio a través de esta ruta entre Egipto por un lado y Siria y Mesopotamia por otro, control que se hizo posible gracias a las guerras de conquista y agresión de David contra los moabitas, amonitas, edomitas y arameos. Así que no me vengan con falsedades como que el oro dentro de las iglesias españolas era lo que se habían robado de América, lo cual nada tiene que ver con la realidad histórica pues los metales dentro de las iglesias habían sido extraídos de las minas legalmente, así como los indios extraían los metales antes de la llegada de los españoles o como después de la independencia de España se han extraído los metales de las minas en Hispanoamérica. Más bien, que reconozcan los angloamericanos estadounidenses fundamentalistas religiosos que el oro, la plata y el bronce capturados por David y que éste luego “consagró” eran realmente metales robados tomados como botín de guerra por su codicia, y que el bronce del famoso Templo de Salomón, construido por hijo y heredero de David, fue bronce robado por su padre.
Fuentes:

https://actualidad.rt.com/opinion/dr_lajos_szaszdi/view/103705-espana-imperial-eeuu-historia [1]

https://actualidad.rt.com/opinion/dr_lajos_szaszdi/view/103957-espana-imperial-eeuu-historia-blog [2]

España imperial vs EEUU, comparacion historica IV.

Comparando la España imperial con EE.UU.: Una historia de dos Historias (Parte VII) [1]

Prosigo con la critica iniciada en mi anterior post de la siguiente sentencia: “Los espanoles, victimas de agresion en casa, se convirtieron en los victimarios en el extranjero”. Dicha opinion fue escrita por el Sr. James P. Pinkerton, autor y comentarista politico de Fox News en su  articulo titulado ‘Yesterday’s Spain, Today’s America’ (‘La Espana de ayer, la America [EE.UU.] de hoy’) publicado en la revista conservadora norteamericana ‘The American Conservative’. Vamos en este blog a examinar primeramente a modo de contraste con la historia espanola, la experiencia historica de los colonos ingleses en lo que serian los Estados Unidos de America en cuanto a haber sido los “victimarios en el extranjero”, recordando que la palabra ‘victimario’ quiere decir ‘homicida’ segun el Diccionario de la Lengua Espanola de la Real Academia Espanola. Asi mismo contemplaremos despues y desde este contexto la experiencia historica de otras naciones encumbradas por la creencia de estar por encima de otros en este mundo por eleccion divina, lo que literalmente les ha llevado a hacer lo que les ha dado la gana con su projimo.

La Masacre de los indios pequotes en Mistick a manos de los puritanos ingleses el 26 de mayo de 1637:

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Procedamos a ver la masacre cometida el 26 de mayo de 1637 por los colonos ingleses puritanos (los puritanos, protestantes, eran los calvinistas de Inglaterra, mientras que los calvinistas de Francia eran los hugonotes y los calvinistas de Escocia los presbiterianos, siendo la mayoria protestante de Holanda tambien calvinista) de Nueva Inglaterra en Norteamerica contra el principal poblado de la tribu india de los pequotes, que estuvo emplazado por el rio Mistick (actualmente Mystic), al sureste del rio Connecticut. Esencialmente un motivo de la masacre era el no querer los puritanos convivir con los indios pequotes y eliminar en esta ocasion a esta tribu por considerar en general a los indios seguidores de satanas por sus creencias religiosas paganas. Esta actitud hacia los indios, promovida desde el pulpito por los lideres religiosos puritanos a sus  congregaciones, era producto de una mezcla del extremismo y fundamentalismo religioso del puritanismo con el caracteristico racismo de los ingleses, idiosincrasias heredadas despues por muchos estadounidenses. El otro motivo de cometer la masacre era el interes de los colonos ingleses de quedarse con todas las tierras de los pequotes. Siendo esta la tribu india mas poderosa de la region entre el rio Connecticut hacia el oeste y el rio Pawcatuck al este (el cual separa actualmente a los estados de Connecticut y Rhode Island), al exterminarlos, los colonos ingleses eliminaban un importante obstaculo a su expansion en el valle del rio Connecticut y control del mismo, ganando de paso todas las tierras de los pequotes sin temer una futura resistencia de los vencidos, pues estos habrian sido literalmente borrados del mapa. El exterminio de los pequotes como pueblo serviria tambien de ejemplo a las otras tribus indias de la region para que no intentasen oponerse a los ingleses, pues de hacerlo sufririan el cruel fin de los pequotes.

Los lideres puritanos de las tres colonias inglesas de Plymouth, Bahia de Massachusetts y Connecticut acordaron atacar y masacrar a los habitantes del pueblo pequote en Mistick. La fuerza armada de colonos puritanos estaba bajo el mando del Capitan John Mason, comandante de las fuerzas inglesas de Connecticut y con experiencia militar previa, al haber combatido a favor de los holandeses -sus correligionarios calvinistas- en los Paises Bajos en contra de los tercios espanoles de infanteria y los tercios de flamencos y valones catolicos locales (los futuros belgas) del Rey de Espana. El Capitan John Underhill se unio a la fuerza atacante con 19  hombres del Fuerte Saybrook, emplazado al oeste de la desembocadura del rio Connecticut. Junto a los 90 colonos ingleses iba una fuerza de indios aliados, enemigos de los pequotes. Decidieron atacar el poblado pequote en Mistick de noche antes del amanecer, para sorprender a sus victimas mientras estas todavia dormian. El Capitan Mason y sus hombres le dijeron a sus indios aliados antes del ataque que no huyeran, sino que se mantuvieran a la distancia que quisieran del pueblo pequote “y viesen si [los] ingleses lucharian o no ahora”, probablemente alardeando. Los poblados pequotes estaban rodeados de una empalizada como proteccion, y por eso los ingleses los llamaban fuertes. Protegido por una empalizada, el pueblo pequote en Mistick tenia solo dos entradas (y salidas) por donde penetraron los atacantes ingleses. Ya el poblado habia sido rodeado por la fuerza atacante, y mientras los ingleses entrarian al pueblo para cometer la matanza, sus aliados indios se quedarian afuera para interceptar y matar a los pequotes que hubiesen logrado salir del recinto en su intento de escapar.

Video mostrando al comienzo escenas representando el ataque puritano ingles contra los habitantes del poblado indio pequote en Mistick, Connecticut:

La intencion original de los colonos puritanos habia sido matar a los pequotes con sus armas blancas y de fuego y capturar intacto el botin, y asi al entrar al poblado los ingleses empezaron a matar a los sorprendidos indios a tiro de mosquete y con la espada, pero viendo que eran tantos, el Capitan Mason ordeno que habia que matarlos con fuego –“Tenemos que quemarlos” dijo– y asi quemarlos vivos en sus chozas cubiertas de estera. Fue un holocausto en que la mayor parte de los indios pequotes del poblado en Mistick murio quemada viva en la conflagracion provocada por los atacantes puritanos. Los que no murieron en las llamas fueron asesinados a mosquetazos, cortados en pedazos por espadas o atravesados por estoques. Las victimas eran hombres, mujeres, ninos y ancianos. Hubo durante la carniceria al parecer ingleses que se preguntaban si no debian como cristianos tener algo de misericordia con los indios, pero el Capitan Underhill les disuadio de estos sentimientos de piedad, citando el Viejo Testamento al decir que “Dios queria que todos aquellos que fuesen pecadores, paganos que sufriesen la mas terrible muerte que hubiese y que los inocentes necesitaban sufrir junto con los culpables”.

Segun el Capitan Mason, los indios pequotes que murieron en la matanza fueron 700, con base en lo que dijeron algunos de los supervivientes, pues siete pequotes fueron capturados y otros siete lograron escapar. De los ingleses, dos murieron y alrededor de 20 fueron heridos durante su ataque. En su diario, William Bradford, quien llego junto con el primer grupo de colonos ingleses puritanos en el mercante Mayflower en 1620, y que desde 1621 era el gobernador de la colonia de Plymouth, relata en su diario lo que ocurrio tras el ataque y destruccion del poblado pequote en Mistick: “Era una vista temerosa el verles [a los indios] friendose en el fuego, con chorros de sangre aplacandolo; el olor era horrible, pero la victoria parecio un dulce sacrificio, y dieron [los colonos] alabanza a Dios, Quien infligio [castigo o tanto dano] tan maravillosamente para [beneficio de] ellos, asi al encerrar su enemigo, y darles una victoria tan rapida sobre un enemigo tan orgulloso e insultante”.  Los colonos ingleses llevaron tras este ataque una guerra de exterminio contra los restos de la tribu pequote, vendiendo como esclavos a los supervivientes y pagandole a sus indios aliados por cada cabeza de pequotes que les entregasen.

No menos chocante que la Masacre de Mistick y las palabras de Bradford, es el hecho que segun parece, la tradicion de celebrar el Dia de Accion de Gracias en Nueva Inglaterra comiendo pavo se perpetuo y como costumbre se regularizo con la celebracion de un dia de accion de gracias por la victoria sobre los indios pequotes, celebracion oficialmente instituida el 12 de agosto de 1637 en la colonia de Bahia de Massachusetts por su gobernador, John Winthrop, quien en su diario escribio: “Un dia de accion de gracias mantenido en todas las iglesias por nuestras victorias contra los pequotes (…) Los capitanes y soldados que estuvieron en el ultimo servicio fueron festejados, y despues del sermon los magistrados y ancianos los acompanaron a la puerta de la casa donde cenaron”.

Incendio por los puritanos ingleses del poblado pequote en Mistick:

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Asi fue como empezo con breve o ninguna interrupcion y por ello con regularidad anual la celebracion del Dia de Accion de Gracias, primero celebrandose en las colonias inglesas de Nueva Inglaterra y eventualmente pasando la tradicion de esta fiesta a los EE.UU. Hay fuertes indicios basados en investigacion historica que la celebracion del dia de accion de gracias que actualmente se cita como el origen de la fiesta, en 1621 en Plymouth, nunca se llevo a cabo y que se habria inventado para dar una imagen muy positiva de la naciente colonia puritana para asi atraer mas colonos y satisfacer a los inversionistas de Inglaterra que financiaron el viaje colonizador del Mayflower. Le comento por ello a los conservadores angloamericanos de los EE.UU. y particularmente a los de la nacion (etnia) yanqui o nortena (originalmente los de la nacion blanca surena de la antigua Confederacion, los surenos norteamericanos, no celebraban el Dia de Accion de Gracias por considerarlo una fiesta exclusivamente de Nueva Inglaterra y de los yanquis) que ni Espana ni los espanoles durante los siglos XVI al XVIII decretaron celebrar una masacre de indios, de hombres, mujeres y ninos indefensos, con una cena de accion de gracias, y menos hacer de algo asi una costumbre anual, como sus ancestros puritanos hicieron.

Cabe senalar que para el ano 2004, 35 millones de estadounidenses, un 12% de la poblacion de EE.UU. de entonces, sostenian ser descendientes de al menos uno de los 24 varones puritanos que vinieron en el Mayflower en 1620 y que fueron los que engendraron hijos. Usando esto como ejemplo, no seria sorprendente que hoy en dia al menos unos 35 millones de estadounidenses  –y posiblemente mas– desciendan de alguno de los aproximadamente 90 soldados colonos ingleses que participaron en la Masacre de Mistick o de alguno de los lideres de las tres colonias inglesas que aprobaron el ataque genocida, como los gobernadores William Bradford (que vino en el Mayflower) y John Winthrop. No es esto un motivo de mucho orgullo genealogico. Asi que los que han establecido su origen en aquellos colonos ingleses puritanos responsables de la Masacre de Mistick, que no hablen mal de Espana cuando tenia su imperio ultramarino sin antes denunciar primero al vil y criminal ancestro del cual descienden.

Lo mas tragico de la Masacre de Mistick es el hecho que sirvio muy a menudo de modelo a seguir por los colonos de las trece colonias inglesas y despues por los EE.UU. y sus colonos pioneros en sus tratos con los indios: exterminio o expulsion y limpieza etnica y expolio de las tierras indias. La practica de exterminio de los indios –una indeleble herencia inglesa de los EE.UU. hasta comienzos del siglo XX– que empezo con la Masacre de Mistick en mayo de 1637 en el actual estado de Connecticut, no termino con la Masacre de Wounded Knee (Rodilla Herida) de diciembre de 1890 contra indios sioux (lakota) en el actual estado de Dakota del Sur. La practica de exterminar nativos siguio en la Guerra Filipino-Americana de 1899 a 1913 (tras la Guerra Hispano-Americana de 1898), en que el Ejercito de EE.UU. habria sido responsable del genocidio de un millon a tres millones de filipinos. ?Quienes fueron realmente “los victimarios en el extranjero” en las Filipinas? ?Los espanoles o los americanos? Invito al Sr. Pinkerton y a los conservadores angloamericanos de EE.UU. a reconocer que fueron los estadounidenses y no los espanoles.

Pelicula con escenas de la Masacre de Sand Creek, cometida por el U.S. Army contra indios pacificos cheyennes el 29 de noviembre de 1864. Al comienzo de la masacre aparece el cacique Antilope Blanco, asesinado a tiros por los soldados americanos:

En contraste, con todos los abusos que se cometieron durante la conquista y colonizacion de America, hay que tomar en cuenta que los espanoles no exterminaron a los indios ni tampoco intentaron seguir una politica deliberada de exterminio, sino mas bien todo lo contrario, mezclandose con ellos por siglos y dando lugar a nuestro mestizaje, permitiendo a la vez la existencia de densas poblaciones indigenas en sus tierras como en la region andina, Mexico y Mesoamerica. En este sentido hay que recordar que frecuentemente en las guerras de independencia de la America espanola, los indios apoyaban al Rey -quien les protegia por ser sus subditos- por temor a las rapinas y expolios de sus tierras a manos de los criollos, expropiaciones que podian ocurrir sin obstaculo alguno de estos lograr la independencia de Espana, como en efecto sucedio. Y hay que anadir que la Corona espanola consideraba una obligacion el promover la evangelizacion de la poblacion nativa americana, aunque actualmente muchos critiquen esto o no le den importancia. En todos estos hechos, Espana estuvo por encima del trato que los ingleses y los EE.UU. le han dado a los indios y otras poblaciones en el exterior sometidas.

Al racismo anglosajon visto tanto en 1637 en la Masacre de Mistick como en el exterminio de filipinos durante la Guerra Filipino-Americana, hay que anadir un sentido politico-religioso que ha caracterizado la manera de pensar de muchos angloamericanos y que se habria iniciado con los colonos puritanos de Nueva Inglaterra. Segun dicha vision politico-religiosa, los puritanos se habrian visto en tierras norteamericanas como el pueblo de Dios, elegido por la Divina Providencia para solo ellos salvarse (segun la doctrina calvinista de la predestinacion), viendose forzados a tener que ver con paganos pecadores adoradores del demonio, los indios, los cuales no tendrian redencion. Por ello segun los puritanos no habria habido otra manera de lidiar con los indios excepto exterminarlos como una plaga o expulsarlos de sus tierras. America habria sido para los puritanos la Tierra Prometida de este particular “pueblo elegido”, que se habria visto a si mismo como los antiguos israelitas del Nuevo Mundo, pero sin nunca olvidar que eran ingleses. Es por lo tanto probable que esa vision mesianica haya eventualmente dado lugar a la idea del “destino manifiesto” apoyada por muchos en EE.UU. durante el siglo XIX y que se basaba en la creencia del derecho divino de los EE.UU. a expandir sus fronteras desde la costa este atlantica hasta la costa oeste del Pacifico. Asi, quien invento el termino “destino manifiesto”, el periodista John O’Sullivan, escribio ya en 1839 sobre el “destino divino” de los EE.UU. Escribiendo seis anos despues, en 1845 con relacion a la disputa que habia con la Gran Bretana –que dominaba el Canada- por la posesion del territorio del Oregon, O’Sullivan dijo que los EE.UU. debian reclamar “la totalidad del Oregon”, anadiendo que “esta reclamacion es por el derecho de nuestro destino manifiesto a extendernos y poseer la totalidad del continente que la Providencia nos ha dado para el desarrollo del gran experimento de libertad y autogobierno federado confiado a nosotros”.

Pero la expansion hacia el oeste desde las trece colonias originales y el concepto del destino manifiesto, que desde un punto de vista politico-religioso pretendia en el siglo XIX justificar la expansion imperial de los EE.UU. hacia la costa del Pacifico, llevo al exterminio de los indios y a la opresion de poblaciones autoctonas como la poblacion mexicana de los territorios conquistados a Mexico o la poblacion polinesia del Reino de Hawai. La ilimitada expansion hacia el oeste (que en el siglo XIX se puede decir que incluyo el cruzar el Oceano Pacifico hasta las Islas Hawai, Guam y las Islas Filipinas) del destino manifiesto y el exterminio u opresion de poblaciones no anglosajonas que iba paralelo a este concepto, acompanado todo por la nocion de la superioridad y supremacia racial del hombre blanco protestante angloamericano (la nacion wasp, de las siglas en ingles para blanco, anglosajon, protestante), tiene su contrapartida en el concepto aleman de ‘Lebensraum’ adoptado por Adolf Hitler y su Partido Nacional Socialista Aleman de los Trabajadores (los nazis). Sin el trasfondo religioso del destino manifiesto, el concepto de ‘Lebensraum’ implicaba para Hitler la expansion ilimitada de Alemania hacia el este a lo largo y ancho de Eurasia, expansion imperial y colonial que junto a la nocion de la superioridad racial “aria” del pueblo aleman iba el plan de exterminar poblaciones no germanicas como la judia y de subyugar y convertir en servidumbre a las naciones eslavas, como la polaca, rusa y ucraniana. En este sentido, aunque haya habido racismo por parte de espanoles durante la colonizacion de America, esto probablemente se reflejaba mas dentro de un contexto social, de sociedad. Al mismo tiempo, el mestizaje y la mezcla de razas blanca, india y negra es prueba que el racismo en la America espanola no alcanzo los niveles extremos tanto genocidas como de limpieza etnica y segregacion racial vistos en las colonizaciones de los ingleses o en la expansion hacia el oeste de los EE.UU.

Recordemos las principales masacres de indios por el U.S. Army en la region del centro-oeste de Norteamerica, consecuencia del expansionismo del ‘destino manifiesto’. Estas masacres ocurridas el siglo XIX eran parte de la politica del Gobierno de EE.UU. y de la mentalidad de muchos ciudadanos estadounidenses de exterminar a los indios o de hacer limpieza etnica con ellos y concentrarlos a modo de segregacion racial en reservaciones indigenas, para asi poder libremente disponer de las tierras de los nativos norteamericanos. Reflejando esta manera de pensar, segun Timothy Kloberdanz, el periodico ‘Rocky Mountain News’ expreso en un editorial de abril de 1865 lo siguiente: “No tenemos ninguna lastima por ‘mira, el pobre indio’ a menos que este abajo en el suelo” [o sea, tendido en el suelo, muerto]. Y el gobernador territorial de Colorado, John Evans, dijo en una proclama suya de 1864: “Cualquier hombre que mata un indio hostil es un patriota”, proclama que se interpreto por el publico local estadounidense de manera mas amplia pues era frecuente que de toparse un angloamericano blanco con un indio, lo asesinase sin importar el sexo, la edad o la tribu a la que pertenecia; bastaba ser indio, reconocido por su piel obscura, para ser asesinado por los blancos. ?Que los espanoles hicieron cosa semejante en America? No, para nada. Pero como hemos visto, no pocos americanos si lo hicieron.

Asi con todo esto, el 29 de noviembre de 1864 el Coronel J.M. Chivington, predicador metodista protestante, al mando de 750 soldados de los Voluntarios de Colorado del U.S. Army llevo a cabo la matanza de 300 hombres, mujeres, ninos y ancianos indios al atacar el poblado de la tribu de los cheyennes en Sand Creek (Arroyo de Arena), en el territorio de Colorado. El pueblo indio estaba indefenso, pues la mayoria de sus guerreros fueron a cazar bufalos, confiado su cacique Antilope Blanco de la palabra de paz de los estadounidenses. Sobre la Masacre de Sand Creek relata Kloberdanz: “Ninos fueron arrancados de los brazos de sus madres cheyennes y horriblemente mutilados, o usados para practica de tiro. Testimonios de testigos presenciales incluyen descripciones de soldados cortando las extremidades de indios heridos, empalando corazones humanos en palos, y muchas otras atrocidades demasiado nauseabundas para describir”. El cacique pacifico cheyenne Antilope Blanco fue asesinado y su cuero cabelludo fue llevado por los jubilosos soldados del U.S. Army como trofeo a Denver, Colorado, junto con los cueros cabelludos de los miembros de su pueblo. La masacre del poblado pacifico cheyenne de Sand Creek produjo una cadena de represalias y ataques por parte y parte.

Documental sobre la Masacre de Sand Creek:

Otra gran masacre fue la del rio Washita, cometida por el famoso Coronel George A. Custer y su Septimo Regimiento de Caballeria del U.S. Army el 27 de noviembre de 1868 contra un poblado pacifico de los indios Cheyenne, emplazado al pie del rio Washita en Oklahoma. Hasta 150 indios fueron masacrados en el ataque, incluyendo al cacique pacifico Caldera Negra (‘Black Kettle’)  que habia sobrevivido a la Masacre de Sand Creek. Y el 11 de julio de 1869 el Quinto Regimiento de Caballeria del U.S. Army ataco el campamento del jefe beligerante cheyenne Toro Alto (‘Tall Bull’) en la localidad de Summit Springs (Manantiales de la Cumbre), Colorado. Al final de la masacre, los soldados no tuvieron ningun muerto, sufriendo los cheyennes, junto con los indios sioux que estaban con ellos, 53 muertos, hombres, mujeres, ninos y ancianos, siendo asesinados tambien Toro Alto y su desarmada esposa. Hubo solo 17 “prisioneros”, la mayor parte de ellos ninos pequenos que quedaron solos porque sus madres o habian sido masacradas o por haberse separado en la huida de los indios durante el ataque americano. Asi, mientras habrian intentado huir Kloberdanz relata que la esposa, suegra y los tres ninos del guerrero cheyenne Cerezas Rojas fueron asesinados no lejos de su campamento.

Mapa de la Luisiana espanola:

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Pero no solo soldados del U.S. Army participaron en la masacre, pues el Ejercito uso a guias y exploradores indios aliados de la tribu de los pawnies (Pawnees), enemigos de los cheyennes, para participar en la masacre. Kloberdanz escribe en su trabajo ‘The Tragedy at Summit Springs’ (‘La tragedia en Summit Springs’) que los pawnies corrieron hacia una mujer cheyenne que tenia dos ninos pequenos, asesinandolos a los tres. Otro guia pawni se metio en el barranco donde muchos cheyennes habia huido en busca de refugio y salio tras solo unos minutos con cuatro cueros cabelludos cheyennes y varios revolveres, por lo que el pawni fue premiado con “una medalla de bronce por orden del Congreso” de EE.UU. Los soldados y los pawnies se repartieron el botin de guerra del campamento cheyenne, llevandose como trofeos cueros cabelludos de sus victimas y a lo que no se llevaron le prendieron fuego. Debo recordarle a los conservadores angloamericanos estadounidenses que estas masacres de indios mencionadas y ocurridas en Colorado, Oklahoma o en Dakota del Sur, como en el caso de la masacre de Wounded Knee de 1890, sucedieron en territorios que fueron de la Luisiana espanola, posesion del Rey de Espana desde 1763 hasta 1803. Pero en realidad, la Luisiana de hecho, sino de derecho, siguio siendo espanola hasta la entrega de soberania a EE.UU. por parte de la Republica Francesa el 10 de marzo de 1804, ya que por el bloqueo naval britanico los funcionarios franceses que debian tomar posesion del Gobierno de la Luisiana de manos de Espana no pudieron llegar a Nuevo Orleans, la capital del territorio, antes y llegaron para estar presentes aquel dia para la ceremonia de entrega formal de soberania de Francia a los EE.UU. Recordemos que los EE.UU. bajo el presidente Thomas Jefferson habian comprado a Napoleon Bonaparte, jefe supremo de Francia, este vasto territorio del centro de Norteamerica. O sea que hasta el 10 de marzo de 1804 la burocracia y los funcionarios que administraban la Luisiana y los soldados que la guardaban eran espanoles. Y anado para que sepan los conservadores angloamericanos de EE.UU., que bajo Espana nunca habian ocurrido en la Luisiana las matanzas como las cometidas despues en territorios que fueron de la Luisiana espanola tanto por el U.S. Army como por ciudadanos corrientes de EE.UU., y que de Espana haber continuado su soberania sobre el territorio, tampoco las habria cometido.

Como una breve curiosidad historica, tecnicamente, la entrega de la Luisiana por Espana a la Republica Francesa bajo su Primer Consul, Napoleon Bonaparte, carecia de validez, pues Napoleon no cumplio con los terminos del Tratado de San Ildefonso de 1800, por el cual, a cambio de las concesiones incumplidas por Napoleon, el Rey Carlos IV de Espana le entregaba el territorio. Napoleon tampoco cumplio con los terminos del Tratado de Aranjuez de 1801, por el cual Francia se comprometia a que de no querer seguir en posesion de la Luisiana, esta debia revertir a Espana y no ser traspasada a ningun otro pais. Por ello, tecnicamente, Napoleon no tenia la legitimidad de venderle a EE.UU. la Luisiana, pues al no cumplir con lo acordado con Espana para su entrega a Francia bajo el Tratado de San Ildefonso de 1800 y en vista de los terminos del Tratado de Aranjuez de 1801, no tenia derecho de vendersela a los EE.UU., y la compra de este territorio por los EE.UU. fue por lo tanto ilegal e ilegitima.

Comparando la España imperial con EE.UU.: Una historia de dos Historias (Parte VIII)[2]

Dr. Lajos Szaszdi analista político

Deseo tocar unos puntos adicionales con respecto a la opinión del Sr. James P. Pinkerton, autor y comentarista político de Fox News, quien aseveró con respecto a la historia moderna de España lo siguiente: “Los españoles, víctimas de agresión en casa, se convirtieron en los victimarios en el extranjero”. Esto escribió el autor angloamericano estadounidense en su  artículo titulado ‘Yesterday’s Spain, Today’s America’ (‘La España de ayer, la América [EE.UU.] de hoy’) publicado en la revista norteamericana ‘The American Conservative’ (‘El conservador americano’). Reemplacemos a los españoles con los colonos angloamericanos de las Trece Colonias británicas de Norteamérica, los futuros EE.UU. En este sentido, es importante recordar cómo el famoso prócer de la Guerra de Independencia de los EE.UU. y primer presidente de la naciente república americana, George Washington, inició su carrera militar como colono de Virginia y súbdito del Rey Jorge III de Inglaterra.

Y es que el joven Teniente Coronel Jorge Washington de 22 años de la milicia de Virginia, después de haber entrado ilegalmente en territorio de Francia, fue responsable, sin provocación previa, de un ataque en tiempos de paz en 1754, contra un contingente francés con misión de parlamentar con los británicos. Washington ordenó abrir fuego primero contra los franceses rodeados y sin posibilidad de ofrecer efectiva resistencia por no estar formados en combate, mientras su jefe hablaba en parlamento, matando así al oficial al mando del contingente francés mientras leía un requerimiento ordenando la salida de los ingleses de tierras pertenecientes por derecho a Francia, matando también a tiros a su atambor y a ocho franceses más sin provocación e hiriendo en el proceso a otro y tomando a 21 prisioneros más, dejando los cuerpos de franceses masacrados sin sepultar. Por este ataque y crimen cometido en tiempos de paz bajo las órdenes y responsabilidad militar del Teniente Coronel Jorge Washington, se desencadenaron una serie de combates entre las fuerzas francesas y británicas apostadas en Norteamérica que llevó al comienzo de la llamada Guerra de los Siete Años de 1756 a 1763. Esta guerra de escala mundial, que además de a Francia y a la Gran Bretaña involucró a otras potencias, causó según estimaciones aproximadamente 1 millón de bajas entre muertos y heridos. Examinemos ahora el por qué el futuro prócer de la Independencia de los EE.UU. junto con los milicianos de la colonia de Virginia bajo su mando “se convirtieron en los victimarios en el extranjero”. Y la palabra “victimario” según el diccionario de la Real Academia Española quiere decir “homicida”. La “hazaña” del joven Washington fue la Masacre de la Cañada de Jumonville (Jumonville Glen).

Retrato de 1772 del entonces Coronel George Washington con 40 años, en uniforme del Regimiento de Virginia, unidad colonial del Ejército Británico:

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Todo empezó por la disputa territorial entre Francia y la Gran Bretaña por la posesión de la región del valle del Río Ohio (pronunciado Ojaio). Esta región pertenecía por derecho a Francia por haberla descubierto y explorado primero, formando parte del Virreinato de Nueva Francia, que se extendía desde el Golfo de México y la ciudad de Nuevo Orleans en el sur, la vasta cuenca del Río Misisipi (que incluía los valles de los ríos Ohio y Allegheny) y la cuenca del Río San Lorenzo hasta la Península de Labrador en el Canadá por el noreste, incluyendo también a los Grandes Lagos y llegando hasta el Lago Winnipeg por el noroeste. El gobierno británico reclamaba sin derecho el valle del Río Ohio, siendo en particular reclamados su territorio por las colonias británicas de Virginia y Pennsylvania. A la vanguardia de los reclamos británicos, en general, y de la colonia de Virginia, en particular, se hallaba la llamada Compañía de Ohio de Virginia, compañía de inversión en bienes raíces y especulación de tierras que también promovía el comercio con los indios en el valle del Ohio, habiendo sido formada por inversionistas de Virginia y de Londres en 1748. Por hallarse el Río Ohio al oeste de Virginia, la posesión de su valle por los franceses le cerraba el paso a la expansión de esta colonia inglesa hacia el oeste. A través de la Compañía de Ohio los ingleses buscaban expandir y afianzar sus reclamos territoriales en el valle del Ohio, vendiendo tierras a inversionistas y estableciendo poblaciones de colonos y factorías de comercio con los indios en un territorio que no era de esa compañía, al ser ya posesión de Francia.

Mapa de las rutas de exploración de La Salle. En rojo aparece su primera exploración, de los ríos Allegheny y Ohio:

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Los derechos de la Corona de Francia a las tierras del valle del Ohio se basaban en que el explorador francés René-Robert Cavelier, Señor de La Salle, fue el primer europeo que descubrió, exploró y recorrió el curso de los ríos Allegheny y Ohio en 1669-1670, antes que los ingleses, llegando hasta las Cataratas del Ohio por la actual ciudad de Louisville, Kentucky, lo que le impidió seguir en aquella ocasión río abajo hacia el suroeste hasta la confluencia con el Río Misisipi. Durante su primera expedición de 1669-1670, La Salle descubrió la confluencia de los Ríos Allegheny, Monongahela y Ohio, reclamando para Francia el valle del Río Ohio. Más adelante, en su expedición de 1682 por el Río Misisipi, La Salle llamó a la cuenca del Misisipi La Luisiana en honor al Rey Luis XIV de Francia, el Rey Sol, reclamándola para Francia. Dicha vasta cuenca incluía los valles de los ríos Ohio y Allegheny. Es por ello que las pretensiones de la Gran Bretaña y de la Compañía de Ohio a estas tierras para 1750, 80 años después de haberlas reclamado La Salle para Francia, carecían de validez, pues cuestionar la soberanía de Francia sobre el valle del Ohio habría sido igual que si Francia hubiese cuestionado la soberanía británica sobre sus colonias de Virginia, Pennsylvania, Nueva York o Massachusetts. Por añadidura, comerciantes de pieles franceses habían estado operando por décadas en los valles de los ríos Allegheny y Ohio y Francia había construido una red de fuertes a lo largo del Río Allegheny para defender su soberanía sobre la región.

Además, el gobierno francés había reafirmado sus derechos al haber enviado en 1749 una expedición a los valles de los ríos Allegheny y Ohio, donde se enterraron placas de plomo en numerosos puntos como declaración formal de la posesión de dichos territorios por Francia y para delimitar físicamente sus dominios ante las ambiciones británicas. Mientras que la penetración francesa colonial de Norteamérica se inició desde el Canadá, extendiéndose hacia el interior del continente norteamericano a través de los Grandes Lagos y del curso de los ríos, la colonización inglesa de Norteamérica se hizo a lo largo de la costa este, hacia el norte y sur, estando su penetración hacia el oeste limitada por la Cordillera de los Apalaches y por la presencia del Virreinato de Nueva Francia.

No está de más decir que Jorge Washington habría tenido intereses personales en la Compañía de Ohio, ya que su medio hermano mayor Lawrence fue uno de los fundadores de dicha compañía. Además, como propietario de tierras de Virginia y como especulador de terrenos, Washington habría estado interesado en la adquisición de nuevas propiedades en la región del valle del Ohio hacia el oeste, habiendo adquirido durante su vida tierras en la parte occidental de Virginia en numerosas ocasiones. Y a su muerte en 1799, Jorge Washington tenía propiedades en 37 lugares distintos, siendo propietario de más de 65.000 acres de tierra, equivalente a 26.304 hectáreas.

Cabe añadir que el Teniente de Gobernador de la colonia de Virginia, el inglés Robert Dinwiddie, era accionista de la Compañía de Ohio y, naturalmente, se oponía a la posesión francesa del valle del Río Ohio. Dinwiddie fue Teniente de Gobernador de Virginia de 1751 hasta 1758. Fue a través de Lawrence Washington que Dinwiddie conoció a Jorge Washington, por la participación de Lawrence en la Compañía de Ohio y por su rango de mayor (comandante) de la milicia de Virginia. Tras la muerte de Lawrence Washington en 1752, Dinwiddie le concede a Jorge Washington el rango de mayor de la milicia de Virginia.

Mapa de la región de los valles de los ríos Ohio y Allegheny vista por los ingleses y sobrepuesta a los actuales estados de EE.UU., región de soberanía francesa:

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Fue con estos antecedentes que el Teniente de Gobernador Dinwiddie ordena en marzo de 1754 al recientemente ascendido Teniente Coronel Jorge Washington de 22 años del nuevo Regimiento de Virginia reclutar una fuerza de hombres para proceder a la región del valle del Ohio, que era dominio de Francia. Se le ordenaba a Washington actuar de manera defensiva, y en caso de que cualquiera intentase impedir los trabajos de los ingleses en la región y de interferir con sus asentamientos, debía “restringir” a las personas que lo intentasen y, en caso que éstas ofreciesen resistencia, estaba autorizado “a hacerlos prisioneros o matarlos y destruirlos”. Aparentemente estas órdenes las dio Dinwiddie sin haber consultado primero con el gobierno británico en Londres, actuando de manera unilateral y sin su autorización. Hay que señalar que los actos de Dinwiddie con respecto al territorio del valle del Ohio han sido considerados como causantes de la guerra no declarada entre Francia y la Gran Bretaña en Norteamérica que se inició en 1754 y que desembocó en la declarada Guerra de los Siete Años dos años después.

Washington logró reunir un contingente de algo menos de 160 hombres pertenecientes al  Regimiento de Virginia al partir hacia el valle del Ohio, uniéndoseles durante su marcha en Winchester, Virginia, más colonos como voluntarios. Adicionalmente, el cacique indio iroqués Tanacharison, a quien los ingleses llamaban “Medio Rey”, se unió como aliado a la fuerza de Washington con algunos de sus guerreros que actuaban como exploradores y combatientes auxiliares. Washington y su contingente de Virginia habían acampado en el lugar conocido como Grandes Prados (Great Meadows), enviando como fuerza avanzada a un grupo de 36 hombres más al norte a un punto estratégico que domina la confluencia de los ríos Ohio, Allegheny y Monongahela, por ser allí donde estos dos últimos ríos se unen para formar el Ohio. En dicho punto los colonos de Virginia enviados por Washington y capitaneados por un empleado de la Compañía de Ohio empezaron a construir un fuerte patrocinado por la Compañía de Ohio, en el lugar donde estaría la futura ciudad de Pittsburg, en Pennsylvania. Ante esto, una fuerza mayor francesa de unos 500 hombres entre soldados franceses, milicianos canadienses e indios aliados bajo el mando del Capitán Claude-Pierre Pécaudy de Contrecoeur se presenta para desalojar a los colonos de Virginia, lo que se logra sin combatir el 16 de abril de 1754 al retirarse los colonos ingleses ante la superioridad numérica de los franceses. Tras esto, el Capitán Contrecoeur ordena la construcción del Fuerte Duquesne, así llamado en honor del Marqués Du Quesne, Gobernador General de Nueva Francia, en el lugar donde los colonos de Virginia habían estado construyendo su fuerte.

Mapa aproximado de la Nueva Francia, pues no incluye todas las tierras de la cuenca del Río Misisipi al oeste y este del río, dejando fuera, por ejemplo, la región de color gris al norte de la Florida que era parte de la Luisiana al este del Misisipi:

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Ante la construcción por los franceses del Fuerte Duquesne, el Teniente de Gobernador de Virginia Dinwiddie y el Teniente Coronel Washington, cuya fuerza estaba acampada en Grandes Prados, planearon construir con la fuerza bajo el mando de Washington un camino estratégico que permitiese el transporte de tropas, de carretas de suministros y de artillería con la intención ulterior de asediar y conquistar por la fuerza al Fuerte Duquesne. Esto ambos lo deciden sin haber consultado primero con el gobierno británico en Londres. Cabe señalar que por su penetración con fuerza armada en tiempos de paz dentro de territorio de la Nueva Francia en Grandes Prados y después en la confluencia de los ríos Ohio, Allegheny y Monongahela, Jorge Washington y sus soldados de Virginia actuaron ilegalmente y por ello eran alienígenas ilegales (illegal aliens).

Sabiendo los franceses de la presencia de la fuerza bajo el mando de Washington en Grandes Prados -territorio reclamado por ellos- envían un contingente en su dirección. Mientras tanto, los exploradores iroqueses aliados de Washington descubren antes el campamento de dicho contingente francés, y el joven teniente coronel de Virginia sale en su búsqueda al mando de unos 40 soldados de Virginia y unos 20 a 30 indios aliados con la intención premeditada de atacar a los franceses. Es posible que por joven -y por ello impetuoso- Washington haya estado con ganas de vengarse y castigar a los franceses por la osadía de haber desalojado a sus hombres un mes y medio antes, interfiriendo con sus planes económicos y comerciales como miembro de la Compañía de Ohio, además de interferir con los planes de expansión de su colonia de Virginia, al construir aquellos Fuerte Duquesne. Es más que probable que Washington, con el beneplácito de Dinwiddie, haya querido provocar de manera deliberada un incidente bélico con Francia que desencadenase una guerra entre esta potencia rival y la Gran Bretaña. En este sentido, el joven propietario de la plantación de Mount Vernon tendría la certeza de que en una nueva guerra ganaría Inglaterra, por su superioridad naval y poderío militar.

No habría habido duda de que la Gran Bretaña se habría impuesto sobre Francia en Norteamérica también por el hecho de que sus Trece Colonias de Norteamérica a mediados del siglo XVIII podían proporcionar más recursos con su población de millón y medio de habitantes para derrotar a los franceses y así conquistar sus territorios de la Nueva Francia, la cual tenía para ese entonces una población francesa de tan solo unos 70.000 habitantes, según René Chartrand. En comparación, de acuerdo a Chartrand, solo la colonia inglesa de Virginia disponía a mediados del siglo XVIII de una fuerza de unos 36.000 hombres para su milicia. La idea sería por ello causar un incidente que provocaría una guerra que llevaría a la conquista británica de la región del valle del Río Ohio, beneficiando así a la Compañía de Ohio de la cual el colono inglés Jorge Washington y el inglés de la metrópoli Robert Dinwiddie eran miembros. Cabe indicar que el medio hermano de Jorge Washington, Lawrence Washington, fue el segundo presidente de la Compañía de Ohio tras la muerte de su primer presidente, Thomas Lee, quien había sido además presidente del Consejo de Estado de Virginia. El otro medio hermano del futuro primer presidente de EE.UU., el Coronel Augustine Washington (fallecido en 1762), fue también miembro de la compañía. Todo quedaba en familia.

La cuenca del Río Misisipi con sus seis cuencas secundarias. La vasta cuenca del Misisipi era parte de la región de la Luisiana de la Nueva Francia. La Luisiana francesa incluía las tierras al sur de la cuenca del Río Ohio hasta la frontera con la Florida, española, pero incluyendo la parte de la Florida Occidental directamente al sur del actual estado de Alabama, y las costas del Golfo de México de los actuales estados de Misisipi y Alabama:

Habiéndose aproximado silenciosamente durante la noche a donde estaba acampado el contingente francés de Jumonville, la fuerza combinada británico-iroquesa bajo el mando de Washington ocupa posiciones antes de atacar, rodeando a los franceses que dormían sin sospechar ni esperar un ataque por estar en tiempos de paz. Los soldados del Regimiento de Virginia y los iroqueses así ocupan posiciones elevadas sobre rocas que dominaban el lugar donde descansaban los franceses, con los colonos ingleses y Washington desplegados en un lado del cerco y sus indios aliados en otro. Esperaban llevar a cabo su ataque al amanecer del 28 de mayo de 1754.

El contingente francés de unos 33 hombres estaba bajo el mando del Alférez Joseph Coulon de Villiers, Señor de Jumonville, habiendo partido de Fuerte Duquesne. Jumonville fue enviado por su comandante, Contrecoeur, el 23 de mayo tras éste ser informado de la presencia de la fuerza bajo el mando de Washington en tierras del valle del Ohio, pertenecientes a Francia. La misión de Jumonville y sus hombres no era una de guerra, pues Francia y la Gran Bretaña estaban en tiempos de paz. Jumonville tenía órdenes de encontrar a la fuerza de Washington para leerle en parlamento al oficial que la mandaba (Washington) el requerimiento formal por el cual se le requería a los considerados intrusos el “irse en paz” de las tierras de Nueva Francia, indicando que no habría más avisos. Las órdenes dadas a Jumonville no eran las de atacar, ya que Contrecoeur no deseaba provocar ningún acto que causase un conflicto que, al poner fin a la paz reinante, fuese en contra de “mantener la unión existente entre dos príncipes que son amigos”, los reyes Luis XV de Francia y Jorge II de la Gran Bretaña. También según Chartrand, Jumonville contaba con un tambor para llamar a parlamento, un intérprete, otro oficial, tres cadetes y 26 hombres entre soldados franceses y milicianos canadienses.

Cumpliendo con su misión, Jumonville fue en búsqueda de la fuerza de Washington para leerle el requerimiento. Con tiempo lluvioso, el 26 de mayo, Jumonville y sus hombres buscaron refugiarse en el lugar que se conocería como la Cañada de Jumonville, permaneciendo allí el día 27 por el mal clima. La cañada se hallaba a 8 kilómetros de Grandes Prados, donde estaba acampada la fuerza principal de Washington. Según Chartrand, y citando a un miliciano canadiense llamado Monceau que logró escapar a la masacre, eran como las 7 de la mañana cuando los miembros del grupo de Jumonville se estaban despertando y preparaban el desayuno. En eso al menos los soldados coloniales de Virginia bajo órdenes de Washington abren fuego con sus mosquetes en un ataque sorpresa. Sólo los colonos de Virginia dispararon y no sus indios aliados, disparando dos descargas con sus mosquetes, según Monceau. El Alférez Jumonville les dijo a los atacantes que pararan de disparar, ya que tenía que hablarles. Los colonos ingleses pararon de tirar, y Jumonville empezó a leerles el requerimiento por medio de un traductor. Mientras esto sucedía, los hombres de Jumonville se pararon detrás de su jefe, formando un grupo cerrado en medio del cerco de los colonos de Virginia y sus aliados iroqueses. Monceau aprovecha el momento para escabullirse por un lado entre los árboles del bosque y escapar. Este testimonio de Monceau fue recogido por el Capitán Contrecoeur en Fuerte Duquesne, quien lo remitió en carta al Gobernador General de Nueva Francia en la ciudad de Québec.

La Cañada de Jumonville. Washington y sus soldados tomaron posiciones sobre las rocas mientras que el grupo de Jumonville acampó en el claro a mano derecha:

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Según el artillero J.C.B. de Fuerte Duquesne, quien oyó de Monceau lo que ocurrió en la cañada, Monceau escuchó en el bosque separado del grupo de Jumonville unos tiros seguidos por una segunda descarga acompañada de los gemidos de los moribundos. Esto podría referirse al momento en que Jumonville fue muerto mientras le leía a Washington el requerimiento. Así lo apuntó Contrecoeur, y se sabe que el tambor que acompañaba el grupo de Jumonville para tocar en parlamento también fue matado por los tiros de los hombres de Washington, de acuerdo a Chartrand. El comandante francés de un puesto de avanzada recogió el testimonio de un iroqués desertor del grupo de Washington que fue testigo de que Jumonville fue muerto de un tiro en la cabeza mientras leía el requerimiento, muriendo también varios de sus hombres víctimas de las descargas de mosquete de los soldados de Virginia. Del total del contingente de Jumonville murieron en la masacre causada por Washington al menos 10, incluyendo al mismo Jumonville y a su atambor. El contingente francés tuvo un herido y 21 más fueron hechos prisioneros por Washington, incluyéndose entre los prisioneros al segundo oficial del grupo de Jumonville, el también Alférez Pierre-Jacques Drouillon.

Grabado en que se representa la muerte de Jumonville mientras le leía el requerimiento a Washington:

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Como prisionero Drouillon dio un testimonio de los hechos que los ingleses tradujeron al inglés (posiblemente a su manera, dejando fuera aquello que no les convenía) y que pusieron por escrito en una carta dirigida al Teniente de Gobernador de Virginia Dinwiddie, en donde el alférez francés dice que habían sido “cerca de las 7 u 8 en punto de la mañana” cuando Washington les atacó, que el grupo de Jumonville no acudió a las armas y que Washington “podría haber escuchado a nuestro intérprete . . . en vez de aprovechar la oportunidad para dispararnos”, según cita y relata Chartrand. Cuando desde Fuerte Duquesne se envió una fuerza militar para castigar a Washington, tras conocerse lo sucedido en la Cañada de Jumonville, la fuerza francesa halló cuatro cuerpos de franceses sin sepultar en la cañada, en estado de descomposición y sin sus cueros cabelludos, de acuerdo a Chartrand. ¡Ni siquiera Washington y sus soldados de Virginia pudieron darles cristiana sepultura! ¿Podría haber sido esto una “firma” dejada por Washington por la masacre que cometió -en sí un acto de guerra en tiempo de paz- para que al descubrir los franceses los cuerpos insepultos y mutilados de sus compatriotas, con mayor saña e indignación lanzasen un ataque de represalia contra los británicos que desencadenase una deseada guerra entre Francia y la Gran Bretaña?
¿Y cuál fue el relato de lo sucedido en lo que se llamaría después la Cañada de Jumonville según el principal autor de los hechos allí acaecidos, Jorge Washington? De acuerdo a Chartrand, Washington escribió en su obra ‘Comentarios’ (‘Remarks’) que “los franceses enviaron un destacamento a reconocer nuestro campamento y obtener inteligencia sobre nuestra fuerza y posición . . . ; aviso de lo cual (fue) dado por los exploradores, G W [Jorge Washington] marchó a la cabeza del destacamento, atacó, mató 9 ó 10, y capturó unos 20”. En su informe a Dinwiddie del 29 de mayo, el día después de la masacre, según Chartrand, Washington describe que con sus soldados y aliados indios “formé un orden [adoptó una formación] para atacar por todos los lados, lo que en consecuencia hicimos, y después de un combate de unos 15 minutos, matamos 10, herimos uno y tomamos 21 prisioneros, entre aquellos que fueron muertos, estaba Monsieur de Jumonville, el comandante”. Y tal fue el gusto y entusiasmo de Washington por lo que había ocurrido que en una carta escrita a su hermano le decía: “Puedo en verdad asegurarte, escuché balas silbar y créeme, había algo encantador en el sonido”.

Está claro que Washington fue con sus hombres a atacar a los franceses y dio la orden de abrir fuego contra el contingente de Jumonville con la intención de matar, lo que constituía una violación de la paz. Los testimonios franceses indican que Jumonville fue muerto cuando leía el requerimiento, matándose también a su tambor, una grave violación de las reglas de la guerra de aquel entonces al atacarse a un emisario en misión de parlamento mientras cumplía su misión de leer un documento oficial, en tiempos de paz y no de guerra. Y los 10 franceses muertos fueron abatidos a tiros estando rodeados y sin haber tomado las armas o haber adoptado una formación de combate para defenderse. Fue una masacre a la que se añade el hecho que al menos los cuerpos de 4 franceses masacrados fueron dejados sin sepultar.

Representación pictórica de la Cañada de Jumonville antes del ataque del 28 de mayo de 1754 por Washington y sus hombres. Realmente Washington y sus soldados habrían ocupado la posición sobre las rocas y sus indios aliados el lado opuesto:

Es con todo esto que el relato de un inglés que ni siquiera estuvo en el ataque al grupo de Jumonville y que lo que dijo supuestamente lo basó en lo que otros le habían contado, de que el cacique iroqués ‘Medio Rey’ mató de un hachazo a Jumonville tras éste rendirse con sus hombres, parece ser más una historia para excusar a Washington de su responsabilidad de lo sucedido. Pero aún de haber sido así, Washington como comandante de la fuerza británico-iroquesa era responsable de los hombres bajo su mando y de lo que ocurrió, más aún cuando fue con su contingente con la intención hostil y premeditada de atacar y matar franceses, en tiempo de paz y siendo su tropa de Virginia más numerosa que los iroqueses presentes. Jorge Washington recibió su bautismo de fuego en su carrera militar como un criminal de guerra, responsable de la masacre que ocurrió en lo que se llamaría Cañada de Jumonville, por su víctima de más rango. Lo dudoso de la historia de que los indios iroqueses cometieron la masacre y no Washington y sus soldados de Virginia se deduce del mensaje que Dinwiddie envió al gobierno inglés en Londres, informando sobre lo acaecido. De acuerdo a Chartrand, Dinwiddie escribió que la acción de Washington fue “una pequeña escaramuza (que) fue realmente el trabajo del Medio Rey y… (sus) indios. No éramos [Washington y los colonos de Virginia] más que los auxiliares de ellos”. Ja, ja. ¡Sí, claro!

En Londres no todos habrían sido engañados por estas excusas. Horace Walpole, prominente político del partido Whig, dijo del ataque de Washington a los franceses del 28 de mayo de 1754: “La descarga disparada por un joven virginiano en un lugar remoto de América incendió al mundo”. Horace Walpole fue hijo del primer ministro británico Robert Walpole y primo del Almirante Horatio Nelson, héroe británico de Trafalgar. Sin duda, la represalia militar francesa por el ataque contra Jumonville desencadenó una serie de acciones militares entre las fuerzas de Francia y la Gran Bretaña en Norteamérica en una guerra no declarada que duró dos años hasta que se declaró formalmente en 1756, iniciándose la Guerra de los Siete Años, que duró hasta 1763. Francia perdió en esta guerra a la Gran Bretaña sus territorios en el Canadá y los territorios de la Luisiana al este del Río Misisipi incluyendo las regiones de los valles de los ríos Ohio y Allegheny. En compensación a España por la pérdida de la Florida a la Gran Bretaña en el Tratado de París de 1763, que pone fin a la Guerra de los Siete Años, Francia le cede a España los territorios de la Luisiana al oeste del Río Misisipi (la Luisiana española), quedándose el Rey de Francia por ello sin ningún territorio continental en Norteamérica. La Guerra de los Siete Años involucró a otras potencias, y al finalizar se calcula que cerca de 1 millón (se estima en más de 991,000) de hombres de todos los bandos habrían muerto o sido heridos durante la contienda. Y eso sin contar las muertes de civiles de dicha guerra. Por haber causado por su ataque contra Jumonville y su grupo el comienzo de las hostilidades que desembocarían en la Guerra de los Siete Años, guerra mundial que se considera la más sangrienta del siglo XVIII, Jorge Washington es en gran medida responsable del inicio y por ello de las muertes y destrucción de esta larga contienda que realmente empezó aquel 28 de mayo de 1754 y terminó en 1763.

Curiosamente, aunque la Gran Bretaña ganó la Guerra de los Siete Anos, guerra que se puede decir fue causada por la guerra no declarada que se inició con el ataque y masacre cometidos por Washington y sus hombres en 1754, tales fueron las deudas que acumuló el gobierno inglés para vencer en el conflicto que concluyó en 1763, que tuvo que imponer impuestos sobre las Trece Colonias de Norteamérica para ayudar a pagar dichas deudas. Pero aun cuando las Trece Colonias salieron muy beneficiadas en la guerra con la eliminación del imperio francés en Norteamérica, objetaron a dichos impuestos, lo que llevó eventualmente a la Revolución Americana y a la Guerra de Independencia de los Estados Unidos. Y como bien se sabe, en esta guerra Jorge Washington volvió a salir a la luz pública como Comandante en Jefe del Ejército Continental, al final victorioso, lo que le llevó al General Washington a ser primer presidente de los Estados Unidos de América, prócer de su independencia y héroe nacional de este país de inmortal memoria. ¡Lo que es el destino y lo que son los giros que da!

Pero aun con sus merecidos méritos y su merecida gloria como prócer de la independencia, general victorioso y primer presidente, le recuerdo a los angloamericanos conservadores estadounidenses que si han de hablar de los españoles como “victimarios (homicidas) en el extranjero”, que cuando vean un billete de 1 dólar, la cara de una moneda de 25 centavos, escuchen acerca de o estén en la capital de Washington, DC, o vean su Obelisco, se acuerden de que el Teniente Coronel George Washington a sus 22 años fue un criminal de guerra que cometió una masacre en donde violó las leyes de la guerra y de la paz, y que por dicha masacre fue causante directo de una guerra en Norteamérica e indirecto de la Guerra de los Siete Años con todas sus bajas de muertos y heridos. Así que antes de ver la paja en el ojo del vecino miren el tronco de árbol en el propio.

https://actualidad.rt.com/opinion/dr_lajos_szaszdi/view/93435-comparar-espana-eeuu-historia-blog [1]

https://actualidad.rt.com/opinion/dr_lajos_szaszdi/view/95326-comparar-espana-eeuu-historia-viii [2]

España imperial vs EEUU, comparacion historica III.

Comparando la España imperial con EE.UU.: Una historia de dos Historias (Parte V) [1]

En su artículo titulado “Yesterday’s Spain, Today’s America” (“La España de ayer, la América [EE.UU.] de hoy”) publicado en la revista conservadora norteamericana ‘The American Conservative’, el Sr. James P. Pinkerton, autor y comentarista político de Fox News, alega que para los españoles tras la Reconquista contra los moros “…el imperativo histórico de liberación nacional se convirtió en sí en una aparente infatuación con la guerra”. Como hemos expuesto en las partes anteriores de este blog, España tras la conquista del Reino de Granada que puso fin a la Reconquista no fue una excepción en cuanto a verse involucrada en guerras, pues esto había sido durante un milenio la tónica general en Europa, siéndolo también en la región del Mediterráneo ante las constantes amenazas de los piratas berberiscos y de la creciente expansión naval y territorial en el Norte de África de los turcos otomanos.

Pero Pinkerton no se limita, aparentemente, a juzgar a los españoles, porque, tras hacerlo, procede a decir que “marinos y conquistadores ibéricos” antes de que Cristóbal Colón llegase a América “se estaban extendiendo por todo el planeta, buscando oro, esclavos, la fuente de la juventud, cualquier cosa que pudiesen reclamar”. Aquellos marinos de la Península Ibérica que navegaban no por todo sino por partes del mundo antes del Descubrimiento de América tenían que ser los portugueses, y uno solo puede asumir que el autor angloamericano se estaba también refiriendo a ellos, aunque los lusitanos del periodo de los descubrimientos -esencialmente siglos XV y XVI- no eran lo mismo que castellanos o españoles, por más pueblo hermano que fuesen de estos. Y es que los portugueses al colonizar en el siglo XV los archipiélagos atlánticos deshabitados de las Azores, Madera y Cabo Verde buscaban tierras para poblar y desarrollar cultivos como la caña de azúcar, el trigo, la cebada y la vid, produciéndose también madera y vino en las Islas Azores ya desde el siglo XV, y siendo de gran importancia desde el siglo XVII la producción de vino en las Islas Madera. Por lo tanto, no había búsqueda de oro o de la fuente de la juventud, y cuando los portugueses navegan por la costa de África lo hacen por órden del Rey de Portugal y no por su cuenta, siguiendo las órdenes de su monarca y tampoco buscando la fuente de la juventud.

Rutas de la Era de los Descubrimientos. En verde se ven las navegaciones de Portugal:

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Más bien los portugueses abrieron para Europa nuevas rutas de comercio marítimo a lo largo de la costa africana, construyendo el castillo de San Jorge de la Mina en 1482 en la actual Ghana por órdenes del Rey Juan II de Portugal para proteger el monopolio real portugués del comercio del oro de la región a costa de los árabes, dando la vuelta al Cabo de Buena Esperanza en la actual Sudáfrica en 1488, entrando en el Océano Índico y llegando una expedición bajo el mando de Vasco de Gama a la India en 1498 y arribando a las Islas Molucas en las Indias Orientales, la actual Indonesia, en otra expedición bajo António de Abreu en 1512. El interés primordial portugués con estas expediciones a Asia era el tener acceso directo -y lograr el monopolio, afectando al lograrlo a árabes, venecianos y turcos otomanos- al comercio de especias como la pimienta, la canela, el clavo, la nuez moscada, el macis y el jengibre. Otro motivo para las expediciones portuguesas era la propagación de la fe cristiana, no debiéndose ignorar que el control portugués de la costa africana occidental y oriental índica a través de factorías comerciales se debía también en gran medida para controlar el tráfico de esclavos africanos, antes controlado por los árabes y cultivado ya por los venecianos desde el siglo XIV y por los genoveses desde el siglo XV, según el estudio de Sally McKee titulado “Esclavitud doméstica en la Italia del Renacimiento” (“Domestic Slavery in Renaissance Italy”).

Otro motivo de la expansión portuguesa por África y el Océano Índico para quitarle el comercio del oro, los esclavos africanos y las especies a los árabes y musulmanes era el deseo adicional de hacerle la guerra al Islam, tras completarse la Reconquista cristiana de tierras portuguesas a fines del siglo XIII. Pero este interés portugués del siglo XV de hacerle la guerra a los musulmanes se ve reflejado actualmente en la obsesión de los líderes de EE.UU. y de una gran parte del público estadounidense de: 1) hacerle la guerra a musulmanes sospechosos o acusados de terrorismo como parte de su autoproclamada guerra contra el terrorismo o 2) de amenazar a países musulmanes como Irán, Pakistán o Siria. Esto se puede explicar por las actitudes en EE.UU. contra los musulmanes debido a la histórica simpatía por Israel en el contexto del conflicto árabe-israelí por parte del gobierno y políticos de los EE.UU. y de estadounidenses de toda índole, incluyendo a judíos norteamericanos y a cristianos fundamentalistas evangélicos, estos últimos por ver todo en términos bíblicos, y debido también a la tradicional xenofobia y el racismo contra todos aquellos que no son americanos blancos, actitud que prevalece entre muchos angloamericanos estadounidenses, los que además de sus prejuicios idiosincrásicos no perdonan a los musulmanes, en general, y a los árabes, en particular, por los atentados del 11 de septiembre de 2001 (antes de estos atentados y para la Primera Guerra del Golfo de 1991 contra Irak por la liberación de Kuwait, como dije en otra ocasión, había soldados estadounidenses que llamaban por su racismo de manera genérica a todos los árabes -aliados incluidos- ‘sand niggers’, término muy peyorativo que se puede traducir como ‘negrillos de la arena’ en alusión a las arenas del desierto).

La Guerra contra el Terrorismo, según Washington. En rosa están los frentes de esta guerra, Irak, Afganistán, Pakistán, Yemén y Somalia, parte del mundo musulmán. La numeración corresponde a ciudades donde hubo atentados cometidos por terroristas islamistas. Entre los países musulmanes adicionales que actualmente son objeto de la atención hostil de EE.UU. y de sus aliados europeos se encuentran Siria e Irán.

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La esclavitud practicada por los portugueses en África, como dije, fue antecedida por los árabes y las repúblicas italianas de Génova y Venecia. Cabe por ello responder también al artículo del comentador político de Fox News que antes que aquellos “marinos y conquistadores ibéricos” que navegaron por el mundo antes que Cristóbal Colón llegase a América –los portugueses– los venecianos y genoveses se destacaron por el tráfico de esclavos turco musulmanes y de blancos cristianos de origen europeo. Según McKee, los traficantes italianos vendían en Italia esclavos “rusos,  tártaros [pueblo de origen turco de la costa norte del Mar Negro], circasianos [habitantes del Cáucaso Norte], abjasios [de Abjasia, antiguo reino a orillas del Mar Negro al norte de Mingrelia], mingrelianos [habitantes de Mingrelia en Georgia, en el Cáucaso, siendo Mingrelia la legendaria tierra a orillas del Mar Negro a donde fueron los héroes Jasón y los Argonautas en búsqueda del mítico vellocino de oro –carnero con lana de oro– según la mitología griega], gueti [pueblo tracio que habitaba el norte de Bulgaria y en Valaquia, la cual actualmente es parte de Rumanía], valacos, turcos, y otros de regiones de los Balcanes, Cáucaso y Asia Central”. Según la misma fuente, los traficantes de esclavos genoveses llegaron a vender griegos cristianos hasta fines del siglo XIV, cuando el gobierno de Génova lo prohibió. Los genoveses hasta comienzos de la segunda mitad del siglo XV se concentraron en la venta de “esclavos rusos, circasianos y tártaros”, y una vez que los turcos les negaron el acceso al Mar Negro y a sus riberas como fuente de esclavos en el último cuarto del siglo XV, cuando en 1475 los otomanos conquistan la costa sur de la Península de Crimea, los genoveses y venecianos vendieron como esclavos a “cautivos bosnios, serbios y albaneses” capturados en la Europa del Sudeste por los turcos. No es por ello de extrañar que cuando el navegante y comerciante genovés Cristóbal Colón se dio cuenta que las tierras que había descubierto en 1492 para la Corona de Castilla no tenían las fabulosas riquezas del Extremo Oriente que buscaba, para compensar la poca ganancia viera como buen negocio esclavizar a indios taínos de la isla La Española, que fue lo que hizo.

El famoso pirata, negrero y almirante de la reina de Inglaterra Sir John Hawkins:

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A aquellos conservadores estadounidenses de origen anglosajón admiradores de la Gran Bretaña y detractores de España y de lo hispano se les debe de recordar que el pirata y héroe inglés John Hawkins de tiempos de la reina Isabel I de Inglaterra robaba esclavos africanos a los portugueses en la costa de Guinea y Sierra Leona, llevándolos a los territorios españoles del Caribe para venderlos por la fuerza. Allí también Hawkins aprovechaba la oportunidad para llevar a cabo en el mar ataques piráticos como complemento comercial en pos de ganancias para los inversores ingleses de sus expediciones, que incluían a la mismísima reina Isabel, tan adorada por el pueblo y la historiografía inglesa y reverenciada en el cine anglosajón. Estas acciones ilegales de comercio ilícito y piratería las llevaban a cabo los ingleses con la aprobación y complicidad del Gobierno de la reina de Inglaterra, en tiempos no de guerra sino de paz con España y Portugal. Así en la expedición de 1564-1565 Hawkins fue con una flotilla de buques al Mar Caribe para venderles por la fuerza a los españoles 400 esclavos africanos que les robó a los portugueses. Un ejemplo de sus métodos fue lo que el inglés hizo en la población de Borburata, en la costa de Venezuela, donde intimidó al gobernador español a que la población le comprase esclavos, comprándole 140 “a buen precio” de acuerdo al historiador y marino español Cesáreo Fernández Duro, después de que Hawkins ordenase que 200 hombres armados desembarcasen junto con piezas de artillería, las cuales se las hizo disparar para mayor efecto. Tras esta venta Hawkins continuó con su flotilla a lo largo de la costa hasta Riohacha y Cartagena en la actual Colombia repitiendo el mismo método de ‘mercadeo’ que hizo en Borburata, vendiendo así el resto de su carga humana. Entre otras acciones, Hawkins después estuvo por 15 días en espera de la Flota de Nueva España para ver si lograba capturar algún navío español en acto de piratería.

Así, Hawkins regresó a la América española en 1568, habiéndole ya proporcionado Isabel de Inglaterra como socia de la empresa el navío Jesús de Lubeck de 800 toneladas de desplazamiento y “buena artillería de bronce”. Con su flotilla Hawkins con malas intenciones apareció delante de Veracruz, México, aquel año. No siendo los ingleses esperados por ser tiempos de paz, los oficiales reales españoles salieron en un bote a recibir a los recién llegados, pensando que era la esperada flota que venía de España. Hawkins aprovechó la sorpresa para hacer prisioneros a los oficiales reales y contarles el cuento que había salido con sus navíos de Inglaterra rumbo a San Jorge de la Mina en Guinea pero que por culpa de las tormentas del Atlántico se vio obligado a ir hasta Veracruz para carenar sus barcos y proveerse de bastimentos, por lo cual le pagaría a los españoles pero que como prueba de confianza le exigía a las autoridades de Veracruz que le entregasen a los ingleses el control sobre la isla de San Juan de Ulúa junto con sus fortificaciones mientras durase su estadía en el puerto. No teniendo otra opción en aquel momento por tener el inglés como rehenes a los oficiales reales, se le dio a Hawkins lo que exigía, entrando en el puerto con su flotilla de unos nueve navíos, de los cuales cuatro eran de guerra de la reina Isabel de Inglaterra, incluyendo al buque insignia, el Jesús de Lubeck. Una vez dentro del puerto, los ingleses apresaron, ilegalmente también, todas las naves españolas ancladas en Veracruz, incluyendo la del capitán Francisco Maldonado llevando vino de España, y al ocupar la isla de San Juan de Ulúa desembarcaron piezas de artillería que emplazaron para defender a sus naves.

También Hawkins empezó las negociaciones para vender su carga de esclavos africanos, con la idea de que el virrey de Nueva España le concedería las licencias requeridas para tal propósito. A los tres días de estar los ingleses ilegalmente en Veracruz, llega la flota de España que, compuesta de 13 barcos, conducía a México al nuevo virrey, don Martín Enríquez. Pensando Hawkins que la flota era la armada de guerra bajo el mando de Pedro Menéndez de Avilés, gobernador de Cuba. Bajo esta noción Hawkins envía a la flota recién llegada un representante suyo que repitió la misma historia de su viaje a la costa africana y de los temporales sufridos, poniendo condiciones de cómo la flota llegada de España debía entrar al puerto de Veracruz, de la separación de las naves españolas de las inglesas y de que nadie de los navíos recién llegados debía bajarse al puerto, tras meses de viaje, mientras que la flotilla inglesa estuviese en el mismo. Con los oficiales reales todavía de rehenes de los ingleses y siendo solo la Capitana –el buque insignia– de la flota de 13 navíos recién llegada galeón de guerra, mientras los otros 12 eran mercantes (la Almiranta española -el segundo buque insignia de la flota- estaba artillada como las demás pero por ser nave mercante estaba cargada de mercancías y ninguno de los mercantes había sido diseñado para combatir buques de guerra con buena artillería como los de los ingleses), además del control inglés de las fortificaciones de la isla de San Juan de Ulúa que protegían el puerto de Veracruz, se accedió a las demandas de Hawkins, entrando al puerto la flota española que estaba bajo el mando del general don Francisco Luján. Ya de noche el virrey Enríquez y el general Luján acordaron que no había justificación de respetar lo acordado con Hawkins en vista de las mentiras que servían de base a las razones dadas por el inglés, y debido sin duda a las acciones hostiles, intimidatorias e ilegales de los ingleses hasta el momento. Se planeó un ataque nocturno simultáneo contra los buques ingleses y contra los hombres de Hawkins que estaban en las baterías de cañones de San Juan de Ulúa. Los ingleses, apercibidos, dispararon con sus cañones primero, incendiando a la nave Almiranta española, la que explotó a resultas matando a 20 personas. Junto con vecinos de Veracruz armados, soldados españoles desembarcaron en San Juan de Ulúa y pasaron a cuchillo a los ingleses, tornando sus cañones contra los buques de la flotilla de Hawkins. El Jesus de Lubeck fue capturado por los españoles junto con otros tres navíos ingleses, con otro más hundido, escapando el resto junto con Hawkins y su primo segundo, el también pirata Francis Drake. Se hallaron 50 esclavos africanos en el Jesus de Lubeck que Hawkins no había tenido oportunidad de vender. Todo esto lo menciono para que se vea que los ingleses, tan admirados por muchos de los llamados conservadores de EE.UU., iban navegando por el planeta involucrados en la trata de esclavos negros y en la búsqueda de oro y riquezas, que en los casos de héroes ingleses de la época de Isabel de Inglaterra como Hawkins y Drake eran robadas.

Juncos de guerra chinos destruidos por el moderno buque de hierro de guerra de vapor Nemesis, de la Compañía de la India Oriental británica, en 1841 durante la Primera Guerra del Opio:

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Deseo también aquí mencionar las Guerras del Opio que incluyen la Primera Guerra del Opio de 1839 a 1842 y la Segunda Guerra del Opio de 1856 a 1860, por las cuales los ingleses forzaron al Gobierno chino a aceptar la exportación y venta legal por comerciantes británicos del opio en la China, siendo la droga producida en las posesiones británicas de la India. El Gobierno imperial chino se oponía a las exportaciones británicas de opio en gran medida por el gran número de drogadictos y víctimas que el vicioso consumo de opio producía. Fue tras la Primera Guerra del Opio que la Gran Bretaña obtuvo el control de Hong Kong a costa de la China. Y todo con la bendición de su Graciosa Majestad Británica, la tan reverenciada reina Victoria. Es como si ahora el Gobierno del Reino Unido amenazase al Gobierno de la India con su superior arsenal de armas nucleares basadas en misiles balísticos intercontinentales lanzados desde submarinos de propulsión nuclear para que le comprase legalmente heroína proveniente de Afganistán, o que EE.UU. amenazase a la Unión Europea con acciones militares y sanciones económicas de no comprarle legalmente cocaína, heroína y marihuana.

La estrategia de obligar a naciones al comercio por la fuerza es al parecer una práctica utilizada por potencias anglosajonas a lo largo de su historia. Como he mencionado, los ingleses se han caracterizado por el comercio por la fuerza en ocasiones, como en las expediciones negreras de John Hawkins a la América española en la segunda mitad del siglo XVI o las Guerras del Opio impuestas a la China menos de 300 años después. Igualmente, siguiendo esta tradición inglesa el Gobierno de los EE.UU. envió en 1852 al Comodoro Matthew Perry de la Armada de los EE.UU. al mando de cuatro buques de guerra al Japón, amenazando con bombardear con los cañones de su escuadrón naval al puerto de Uraga, cerca de la actual capital japonesa de Tokio y a la entrada de la Bahía de Tokio, todo para forzar al Japón a que se abriese al comercio con los EE.UU., estando entre las demandas la apertura de los puertos japoneses a los barcos mercantes americanos y la negociación de un tratado de comercio con los EE.UU.

Más recientemente, se puede asumir que una razón poderosa para la invasión por los EE.UU. de Irak en 2003 por órdenes del presidente George W. Bush haya sido para que las Fuerzas Armadas iraquíes y la infraestructura del país tras la caída del régimen de Saddam Hussein fuesen en gran medida dotadas de equipos estadounidenses, reemplazando a los de otros países para beneficiar así a la industria y compañías americanas. La intención habría sido hacer de Irak un mercado privilegiado para la industria y compañías de EE.UU., pero otra cosa es que esto se llegue a materializar ahora que Bagdad posee un Gobierno independiente y soberano.

Se puede especular que una característica de las potencias anglosajonas agresivas es el de recurrir a la guerra y acciones armadas para imponer relaciones comerciales a otros países en las que los intereses económicos de la potencia agresora se verían grandemente beneficiados por la promesa de grandes ganancias. El uso de la fuerza así ha servido para promover comercios que en ocasiones se han basado en negocios moralmente cuestionables como la esclavitud de seres humanos, de negros africanos, o el tráfico de drogas, del opio, como en los casos mencionados de los ingleses. También se han usado excusas como el libre comercio y la apertura de nuevos mercados para forzar a países como el Japón a comerciar con los EE.UU. como pasó en el siglo XIX, o ya en el siglo XXI el utilizar como justificación para invadir Irak el de la existencia – falsa – de armas de destrucción masiva, para así hacer de este país tras la invasión y consiguiente cambio de gobierno una fuente segura de petróleo para EE.UU. y un mercado privilegiado de sus productos, desde armamento hasta turbinas generadoras de electricidad. No solo “marinos y conquistadores ibéricos” del siglo XV han recorrido el mundo en busca de riquezas y ganancias comerciales, pues también lo han hecho Inglaterra -sin y con su Gran Bretaña- y los EE.UU., y en grande. Antes de ver la paja en el ojo del vecino, vean el tronco que llevan en el propio.

Comparando la España imperial con EE.UU.: Una historia de dos Historias (Parte VI) [2]

Considerando que es mi deber como hispanoamericano rebatir los argumentos errados y apreciaciones erróneas de la historia de España que se tienen entre los llamados conservadores angloamericanos de EE.UU., continúo debatiendo aquellos conceptos incorrectos sobre la historia española y los españoles que he hallado en el artículo titulado ‘Yesterday’s Spain, Today’s America‘ (‘La España de ayer, la América [EE.UU.] de hoy’) publicado en la revista conservadora norteamericana ‘The American Conservative’ y cuyo autor es el Sr. James P. Pinkerton, quien es comentarista político de Fox News. Considero que hacer estas aclaraciones es importante, porque todas aquellas ideas preconcebidas, prejuicios históricos, y falsos conocimientos de la historia, por lo general negativos, que se tienen en los EE.UU. de España nos salpican y manchan a todos los hispanoamericanos, por ser hijos de la Madre Patria española cuando nuestras herencias histórica, cultural, religiosa y genética hispánicas se iban gestando en su vientre durante aquellos siglos XVI al XVIII de España en América y cuya síntesis al nacer son las naciones hispanoamericanas, desde la nación mexicana hasta la chilena y argentina, desde la nación puertorriqueña hasta la guatemalteca y nicaragüense.  Pero dichos siglos de historia hispánica han sido y son, como en el caso del artículo aquí discutido, falsa y prejuiciadamente criticados y atacados por algunos anglosajones, lo que merece una respuesta adecuada y completa. Esto es necesario, porque si los históricos enemigos de España la pintan de acuerdo a sus prejuicios como una mala madre patria nuestra, cuya historia, cultura, religión e incluso raza eran y son malas e inferiores según algunos de ellos, entonces como conclusión, según dicha lógica prejuiciada, habría que borrar nuestra identidad hispánica y reemplazarla con la anglosajona de ellos, incluyendo la substitución de nuestra lengua española por el inglés, sea en los EE.UU., en Puerto Rico o en la internet. Esto ha de oponerse y rebatirse a través del conocimiento de nuestra historia, de la valoración de nuestra herencia hispánica y de la defensa y orgullo de nuestras raíces, comparándolas a modo de contraste con la experiencia histórica de los que atacan nuestra identidad hispánica y persiguen a nuestros inmigrantes indocumentados hispanoamericanos en los EE.UU. realmente y esencialmente por ser Hispanos.

Pinkerton dice en su artículo: “Los españoles, víctimas de agresión en casa [Nota: en su tierra, por la invasión y ocupación de España por los árabes y moros musulmanes], se convirtieron en los victimarios en el extranjero”. Y la palabra ‘victimario’, según el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, quiere decir ‘homicida’. Un párrafo más arriba, en su artículo, que ya he comentado, el autor angloamericano sostiene que, finalizada la Reconquista con la conquista del Reino de Granada musulmán en 1492, los españoles sintieron el impulso de combatir a los moros en el Norte de África, como si no hubiera bastado con vencerlos en España. Con lo que escribió dicho autor, se puede interpretar que lo que quiso decir es que los españoles, víctimas en su tierra inicialmente, se convirtieron en homicidas (“victimarios”) buscando matar moros en sus tierras norteafricanas. Vuelvo a aclarar brevemente, que tras 1492 las flotas de los piratas berberiscos musulmanes (de Berbería, la región que comprendía Marruecos, Argelia, Túnez y Libia y que así se la llamaba en Europa por sus habitantes originales, los bereberes, anteriores a los romanos y árabes) se acercaban a las costas españolas haciendo amagos de invasión, temiéndose en España que se repitiese la invasión árabe del año 711, por la que la Hispania cristiana y su reino visigodo sucumbieron a la dominación árabe y musulmana, tomándole a los cristianos 781 años de Reconquista para ponerle fin al dominio musulmán de tierras ibéricas [Los visigodos fueron un pueblo germánico, al parecer originario del sur de la actual Suecia, que conquistó la España romana, llamada Hispania y que, aunque una minoría, como conquistadores gobernaron sobre la mayoría de la población hispanorromana, latina]. También los españoles y los portugueses no menos temían las incursiones piráticas de los berberiscos en sus costas durando los saqueos de los poblados cristianos de varios días, llevándose los piratas a poblaciones enteras como esclavos para ser vendidos en sus puertos del Norte de África. Y eran aquellas poblaciones y puertos abandonados por sus habitantes ante el terror de los piratas moros los que se temía fuesen cabeza de puente para una invasión a gran escala como la del 711.

Los piratas berberiscos eran, por sus actos de saqueos, destrucción, asesinatos y toma de cautivos para esclavizar, hasta cierto punto equivalentes a los terroristas islamistas actuales, por sembrar el terror entre los cristianos, ya fuese entre las tripulaciones y pasajeros del tráfico mercantil mediterráneo occidental o entre las poblaciones costeras de la Península Ibérica y de Italia. Estas piraterías se veían impulsadas no sólo por un afán de lucro, sino también por el odio de los piratas musulmanes norteafricanos hacia los cristianos y Occidente. Así, el gobernador de la ciudad de Argel, un eunuco renegado (los renegados eran cristianos que renegaron de su fe para convertirse al Islam), llamó al mismísimo Emperador Carlos V, quien a la vez era Carlos I como Rey de España, “perro cristiano”.  España tuvo la política de conquistar puertos y bases de los piratas en el Norte de África para neutralizar su amenaza, más aún después de que los turcos otomanos, la gran amenaza militar y naval musulmana contra Europa Central y la Europa del Mediterráneo, contactaran a los piratas berberiscos para colaborar juntos contra los cristianos a partir de 1516-1517. Así que si a algunos conservadores estadounidenses angloamericanos no les gusta que España haya intervenido de forma preventiva en el Norte de África, les invito a que igualmente condenen las intervenciones militares de EE.UU. en Afganistán, Pakistán, Yemén o Somalia contra la red de Al-Qaeda y sus aliados como los talibán, en el caso de los países centro y surasiáticos que acabo de mencionar. Pero, verdad que no lo van a hacer, ¿no?

Pasemos a examinar y comparar las intervenciones militares de los ingleses, que por ser hijos de la Gran Bretaña son tan admirados por conservadores angloamericanos de los EE.UU. En este contexto no hay que olvidar que para aquellos anglófilos cuyos ancestros vinieron de la Gran Bretaña, ésta sería su Madre Patria, la metrópolis de las trece colonias británicas de Norteamérica. Mencionemos algunos célebres ejemplos de crímenes de guerra y actos homicidas cometidos en el exterior por soldados ingleses y británicos en los últimos 600 años. Uno es la masacre de prisioneros de guerra franceses a manos de las tropas del Rey de Inglaterra Enrique V durante la batalla de Agincourt del 25 de octubre de 1415 en el norte de Francia. Enrique V había invadido dos meses antes a Francia con un ejército reclamando derechos al trono francés.

Parte de la Guerra de los Cien Años entre Inglaterra y Francia, la batalla de Agincourt fue una aplastante victoria inglesa sobre las fuerzas numéricamente superiores del Rey de Francia, cayendo en combate la flor y nata de la nobleza francesa y sus caballeros. Pero a pesar de que la batalla se había ganado y que el grueso del ejército francés había sido liquidado, según se dice por temor a que la retaguardia francesa atacase -que, intacta y fresca, no había intervenido todavía–, Enrique V de Inglaterra, temiendo la liberación de sus prisioneros de guerra franceses de imponerse sobre el campo de batalla lo restante del ejército francés -los prisioneros eran todos nobles y de alto rango- ordenó su matanza. El rey inglés habría calculado que de tener que retirase empujado por la tercera división del ejército francés, no habría podido llevarse a todos los prisioneros consigo, así que, según él, mejor habría sido matarlos para que no volviesen a tomar las armas para combatirle de haber sido liberados por los franceses en el campo de batalla. Los soldados comunes franceses heridos o que se rendían eran liquidados inmediatamente por no haber posibilidad de que alguien pagase un alto rescate por su libertad, lo que sí se hacía con los nobles cautivos, y mientras más alto fuese el título de nobleza o su rango en la Corte, como duques, condes o el que ostentase un título único como el de Mariscal de Francia, más alto sería el rescate que se le pagaría a aquellos que los habían tomado prisioneros para lograr su liberación. Así es como la guerra entonces era una forma de hacerse rico rápidamente.

Miniatura del siglo XV mostrando a nobles franceses maniatados como prisioneros de guerra de los ingleses en la batalla de Agincourt de 1415 en Francia. El Rey Enrique V de Inglaterra inicialmente ordenó su masacre:

peredelkino-land.ru

Pero sea por la razón mencionada o por otra, Enrique V ordenó a 200 de sus arqueros que, con la excepción de los de más alta nobleza, matasen a los nobles franceses prisioneros, habiendo empleado los arqueros para matarlos espadas, dagas, hachas y mazos, pues, al parecer, habían usado ya todas sus flechas en la batalla. Cabe señalar que imágenes de la época muestran a los prisioneros capturados en batalla maniatados, para que no pudiesen combatir o escaparse. La proporción habría sido de 10 prisioneros a ser ejecutados por cada arquero destinado a cometer la masacre, según el historiador inglés John Keegan. Esto daría una cifra de alrededor de 2.000 prisioneros (una cifra dada es de 2.200) de guerra franceses en manos de los ingleses antes de que Enrique V –tan glorificado por la historiografía inglesa e inmortalizado por William Shakespeare en una de sus obras teatrales- ordenase su matanza. Cuando el Rey de Inglaterra determinó que la retaguardia francesa no iba a intervenir en una batalla ya perdida para Francia, ordenó parar la masacre. Es probable que el número de nobles prisioneros franceses matados por los arqueros de Enrique V hayan sido quizás hasta unos 700 ó de unos 400 a 600.

Otro ejemplo de pensamiento y acciones homicidas por parte de los ingleses en el extranjero son las instrucciones dadas por el Mayor General Jeffery Amherst durante el verano de 1763 para exterminar a los indios Delawers (Delawares en inglés) y Shawníes (Shawnees) que se habían levantado contra el dominio británico en la región oeste de la colonia de Pennsylvania y asediado al Fuerte Pitt (construido donde estuvo el Fuerte Duquesne francés y en donde está la actual ciudad de Pittsburg), influenciados los nativos por la rebelión del cacique Pontiac y su asedio del Fuerte Detroit (originalmente el Fuerte Pontchartrain du Détroit francés donde hoy se halla la ciudad de Detroit) en el actual estado de Michigan. Amherst, quien era Gobernador General de la Norteamérica británica y nominalmente Gobernador de la Corona de la colonia de Virginia, le propuso al coronel, que iba a conducir una columna de socorro para levantar el asedio del Fuerte Pitt, infectar a los indios con viruela para “reducirlos”. Más claramente se expresó Amherst en otra carta a su oficial, en donde le instruye: “Usted hará bien en inocular los indios por medio de mantas [contaminadas con viruela], así como [utilizar] todo otro método que pueda servir para extirpar esta raza execrable”. Y en otra carta al superintendente británico del departamento responsable de los indios del norte, Amherst habla de “…medidas a ser adoptadas que provocarían la Total Extirpación de aquellas naciones indias”. Etc.

El general Jeffery Amherst, quien propuso la guerra biológica contra los indios norteamericanos infectándolos con viruela. Amherst se cubrió de gloria al poner fin al dominio de Francia en el Canadá durante la Guerra de los Siete Años (1756-1763), guerra declarada que llegó a iniciarse en la guerra no declarada entre Francia y la Gran Bretaña en Norteamérica empezada en 1754 por un acto de guerra en tiempo de paz y una masacre contra soldados franceses, hechos ambos perpetrados por una fuerza militar británica bajo el mando de un joven oficial de 22 años, el Mayor George Washington de la milicia de Virginia.

wikimedia.org

Antes que las órdenes de Amherst se llevaran a cabo, el comandante del Fuerte Pitt le había “obsequiado” con perfidia a una delegación de los indios Delawers que asediaban el fuerte dos mantas y un pañuelo contaminados con viruela, después de que los indios le prometieran, tras parlamentar con él, renovar la amistad con los británicos. No se sabe a ciencia cierta cuántos indios habrían sido afectados por esta estrategia de guerra biológica, cuya intención era exterminar y cometer un genocidio contra la población indígena a través de una epidemia de viruela provocada y contra la cual los nativos no tenían defensas. Amherst se cubrió de gloria durante la anterior Guerra de los Siete Años, conquistando a los franceses en el Canadá la fortaleza de Louisbourg, en la actual Isla de Cabo Bretón (la antigua Isla Real francesa) en 1758, la ciudad de Montreal en 1760 (poniendo fin al dominio de Francia en el Canadá) y, anteriormente, en 1759 el Fuerte Carrillon, mejor conocido como el Fuerte Ticonderoga, en el actual estado de Nueva York. El pueblo de Amherst en Massachusetts, donde se halla el famoso Colegio Universitario de Amherst, fue así llamado en honor al general aquí mencionado, héroe británico de la Guerra de los Siete Años en Norteamérica, que por sus hazañas fue ennoblecido por el Rey Jorge III de Inglaterra a Lord como 1er Barón Amherst.

No olvidemos tampoco la Masacre de Amritsar en el noroeste de la India en el Punjab, cometida el 13 de abril de 1919 en el jardín público de Jallianwala Bagh por tropas coloniales británicas bajo el mando del General de Brigada Reginald E.H. Dyer, que ordenó a sus tropas disparar contra una multitud de entre 15.000 y 20.000 personas, hombres, mujeres y niños, hindúes, musulmanes y sijs, congregados en una manifestación pacífica siguiendo las ideas de resistencia pacífica o resistencia civil del líder independentista hindú Mahatma Gandhi. Dyer, que había prohibido las protestas y manifestaciones públicas, movilizó 65 tropas gurjas (Gurkhas en inglés, oriundos de Nepal) y 25 soldados oriundos de Beluchistán. Al frente de sus tropas, Dyer, sin previo aviso y sin ordenar primero a los manifestantes que se dispersaran, ordenó a sus hombres disparar, lo que hicieron contra la masa de manifestantes por espacio de 10 minutos aun cuando la gente presa del pánico estaba intentando huir, consumiendo los soldados al menos 1.650 cartuchos y dejando de disparar sólo cuando casi se quedaron sin municiones. Según cifras dadas por el Congreso Nacional Indio, alrededor de 1.000 personas fueron asesinadas por los tiros, con unos 500 heridos, para un total de más de 1.500 entre muertos y heridos. Gente que había caído herida en el jardín público murió desangrada pues tras la masacre se inició el toque de queda ordenado antes por Dyer, y los heridos que quedaron tendidos sobre el suelo no pudieron por ello ser llevados a un hospital y tuvieron que pasar la noche desangrándose. Dyer no les proporcionó atención médica y los dejó morir donde habían caído heridos.

Escena de la película Gandhi mostrando la Masacre de Amritsar de 1919 en la India:

Todo empezó cuando el 10 de abril de 1919 hubo protestas ante la residencia del vicecomisionado británico de Amritsar por el arresto de dos líderes independentistas indios que apoyaban la resistencia pacífica preconizada por Gandhi. Un grupo de soldados británicos abrió fuego contra los manifestantes, matando a varios de estos, lo que provocó disturbios que llevaron aquel mismo día al asalto e incendio de varios bancos y edificios públicos como el ayuntamiento y la estación de tren. En los actos de violencia murieron cinco europeos, incluyendo civiles y empleados del gobierno colonial. Durante aquel día las tropas siguieron disparando ocasionalmente contra las turbas enardecidas, muriendo en resultado hasta 20 personas. Al día siguiente, el 11 de abril, una misionera inglesa, la Señorita Marcella Sherwood, cuando iba en bicicleta por una calle estrecha fue atacada por una turba que la tumbó halándola del pelo, la golpeó, pateó y la dejó por muerta. Fue la víctima rescatada por indios locales que la llevaron al fuerte donde se hallaba el general de brigada Dyer, el comandante local. En castigo por este acto de violencia contra la misionera inglesa, Dyer ordenó la humillante orden que todo hombre indio que usase la calle donde la Srta. Sherwood fue atacada, que la recorriese arrastrándose sobre sus rodillas y manos. La explicación de Dyer fue: “Algunos indios se arrastran con la cara hacia abajo enfrente de sus dioses. Yo quería hacerles saber que una mujer británica es tan sagrada como un dios hindú y por lo tanto tienen que arrastrarse en frente de ella, también”. Dyer también ordenó que se le diesen azotes públicos a cualquier indio que se acercase a unos dos metros o menos de distancia de un policía británico. Cuando la masacre de Amritsar ocurrió, el 13 de abril, el gobierno británico había impuesto ley marcial sobre la mayor parte del Punjab, prohibiendo la libertad de reunión de más de cuatro personas.

Los manifestantes que se congregaron aquel 13 de abril de 1919 en el jardín público de Jallianwala Bagh y contra quienes Dyer ordenó a sus tropas que disparasen, se habían reunido para protestar de forma pacífica por la orden del general de brigada británico de que todo hombre indio se arrastrase de rodillas y manos al ir por la calle donde la misionera inglesa había sido atacada. Por la masacre Dyer, ‘el Carnicero de Amritsar’, fue cesado de su mando pero en la Gran Bretaña fue celebrado por muchos como un héroe. La Srta. Sherwood, quien fue brutalmente agredida por la turba, consideró que Dyer fue el “salvador” del Punjab. Así que le ruego a los conservadores angloamericanos estadounidenses que se enteren que España, con todos sus defectos, ciertamente ya desde tiempos del Rey Carlos I en el siglo XVI y hasta comienzos del siglo XIX no llevó a cabo comparativamente un brutal y hasta genocida dominio colonial como el de los ingleses, aunque hayan sin duda habido injusticias y arbitrariedades producto de las imperfecciones y errores de los hombres.

Demos otro ejemplo más de la brutalidad homicida con que las tropas británicas han actuado en el exterior, en este caso en la tierra ocupada de Irlanda del Norte, ocupación realmente colonial de tierra irlandesa que todavía está dominada por el Reino Unido de la Gran Bretaña a costa de la unidad de Irlanda. Me refiero a la Masacre del Domingo Sangriento, sucedida el 30 de enero de 1972 en la ciudad de Derry (conocida oficialmente por los británicos como Londonderry) en la provincia norirlandesa del Úlster. Aquel día hubo una multitudinaria manifestación pacífica por los derechos civiles de los católicos norirlandeses protestando contra los arrestos y encarcelamientos sin juicio –la internación sin juicio- de sospechosos de pertenecer al IRA (Ejército Republicano Irlandés, según sus siglas en inglés), política represiva impuesta por el gobierno del Primer Ministro británico Edward Heath, y contra el discrimen a los católicos en general por parte de la mayoría protestante norirlandesa y del gobierno británico. Se estima que la manifestación habría tenido unos 15.000 integrantes. Las autoridades británicas ordenaron a soldados del Primer Batallón del Regimiento de Paracaidistas del Ejército Británico que fuesen al lugar de la manifestación. El año anterior de 1971, los ataques del IRA contra las fuerzas británicas de ocupación en Irlanda del Norte habían causado la muerte de 10 soldados antes de la imposición de la política de internación sin juicio en agosto de aquel año, muriendo 30 soldados británicos adicionales en atentados al terminar 1971. En la ciudad de Derry, desde que se impone la internación sin juicio hasta el fin de 1971, fueron muertos por el IRA en atentados 7 soldados británicos. Es probable que los paracaidistas enviados contra la manifestación multitudinaria del Domingo Sangriento buscaban venganza por dichas bajas, uniéndose a esta ansia probablemente el tradicional desprecio y los prejuicios que muchos ingleses han tenido hacia los nativos de Irlanda por ser irlandeses y por ser católicos.

Documental sobre la masacre del Domingo Sangriento, ocurrido en 1972 en Irlanda del Norte:

Los paracaidistas fueron al parecer con órdenes de disparar contra los manifestantes desarmados, tiroteándolos no solo a ellos sino también a viandantes, matando en el lugar a 13 civiles, muriendo meses después uno más por las heridas sufridas ese 30 de enero de 1972. Siete de los muertos en el lugar de los hechos eran adolescentes, seis de 17 años. Once civiles más fueron heridos por los tiros, incluyendo a 5 que recibieron tiros en la espalda. Dos civiles más fueron heridos cuando vehículos militares británicos los atropellaron.

Película sobre los hechos del Domingo Sangriento, donde al principio se muestra a un grupo de jóvenes que, no siendo parte de la manifestación principal por haberse separado de ésta, acudieron a atacar una barricada del Ejército Británico a pedradas:

Un informe inicial producto de una investigación del gobierno británico sobre la masacre iniciada tras los trágicos hechos fue manipulado para presentar conclusiones cuya finalidad era justificar la acción de los soldados y librarlos de toda culpa. Tras 12 años de otra investigación oficial británica presidida por Lord Saville, el informe final publicado en 2010 dictaminó que la muerte de los civiles en el Domingo Sangriento de Derry a manos de los paracaidistas británicos fue “injustificada e injustificable”. Es un mérito del actual Primer Ministro británico David Cameron que, siendo del Partido Conservador, generalmente defensor por su patriotismo de las acciones de las fuerzas armadas británicas y de la historia de su país, haya reconocido lo injustificado e injustificable de las muertes causadas por los soldados británicos aquel Domingo Sangriento de 1972, pidiendo oficialmente disculpas en nombre del gobierno británico y del Reino Unido en el Parlamento británico 38 años después de la masacre.

https://actualidad.rt.com/opinion/dr_lajos_szaszdi/view/90433-comprar-espana-imperial-eeuu-historia-blog

https://actualidad.rt.com/opinion/dr_lajos_szaszdi/view/93067-comparar-espana-eeuu-historia-blog

España imperial vs EEUU, comparacion historica II.

Comparando la España imperial con los EE.UU.: Una historia de dos Historias (Parte III) [1]

Respondiendo al artículo titulado ‘Yesterday’s Spain, Today’s America’ (‘La España de ayer, la América [EE.UU.] de hoy’), escrito por el señor James P. Pinkerton, autor y analista político que participa con regularidad como panelista en el programa Fox News Watch del canal de televisión Fox News, es menester contrarrestar el argumento hecho por el ex miembro de planteles presidenciales de la Casa Blanca de que España es un ejemplo de que el poseer “riqueza nacional no es lo mismo que [gozar de] bienestar nacional”. Se considera que es importante y esencial rebatir tanto este argumento como aquellos otros que atacan a la España imperial, pintándola como inferior, ineficaz, sanguinaria, cruel y decadente, para conjurar la falta de conocimiento histórico y los prejuicios antiespañoles con la verdad histórica. Esto es importante, no solo para relatar la historia como realmente sucedió —en base a los hechos históricos y no en base a una imaginación prejuiciada— pero también para defender la herencia hispánica, la historia y la identidad cultural de nosotros los hispanoamericanos, forjados para bien y para mal por la Madre Patria España y por nuestros antepasados de la península Ibérica, que al venir al Nuevo Mundo nos dieron nuestros apellidos españoles y nuestra existencia. Y es que al resaltar la verdad histórica, contrarrestamos y rebatimos a aquellos estadounidenses angloamericanos que poseen una imagen negativa de los hispanoamericanos —pintados de la misma forma como mencioné arriba— y que por sus prejuicios antihispánicos —herencia de sus prejuicios antiespañoles— ahora tienden a perseguir a los inmigrantes indocumentados, esencialmente por ser estos en su inmensa mayoría hispanoamericanos, además de ser en su mayoría católicos.

España invirtió sus recursos para promover el bienestar nacional durante su época de apogeo y territorios ultramarinos. Por ejemplo, en tiempos del rey Felipe II en la segunda mitad del siglo XVI se construyó en la ciudad de Valladolid —donde nació el monarca— por orden suya un sistema de suministro de agua potable a base de cañerías, arcas de captación que eran depósitos de agua y fuentes de agua públicas. Esta obra se realizó para prevenir nuevas epidemias que habrían podido surgir al consumirse las aguas contaminadas del río Pisuerga. Con el nuevo sistema de suministro de agua se proporcionaba agua potable a la creciente población de Valladolid, siendo dicho sistema obra del arquitecto e ingeniero Juan de Herrera. Esta obra se realizó en mampostería y hormigón de cal y con una longitud de 6,535 metros fue un gran logro de ingeniería para su tiempo. Bajo Juan de Herrera, quien rediseñó y dirigió la construcción del palacio Monasterio de San Lorenzo de El Escorial y creó el estilo arquitectónico que lleva su nombre —herreriano— la obra de abastecimiento de agua potable a Valladolid se inicia en 1586 y se termina en 1622.

Palacio Monasterio de San Lorenzo de El Escorial por Juan de Herrera, siglo XVI:

Otro ejemplo de obra pública para el bien común fue el llamado Artificio de Juanelo, máquina hidráulica diseñada por el italiano Juanelo Turriano y que construida en tiempos de Felipe II para subir agua del río Tajo a la ciudad de Toledo y que ya funcionaba en 1568. Otras obras dignas de mención son acueductos para suministro de agua potable o de regadío construidos tanto en España como en la América española en los siglos XVI, XVII y XVIII. Algunos ejemplos son: el acueducto de Plasencia en España, obra del siglo XVI de Juan de Flandes destinada a llevar agua potable a la ciudad; el acueducto de Los Arcos de Calanda, del siglo XVII y construido para llevar agua de riego para la agricultura, considerada una de las obras de arquitectura hidráulica de mayor importancia de la provincia aragonesa de Teruel en España; el acueducto de Querétaro en México, obra monumental construida en el siglo XVIII (1726-1738) con 74 arcos con una altura media de unos 23 metros y una extensión de 1.300 metros, obra construida para dotar de agua potable a la ciudad y el acueducto del Padre Tembleque, considerado el exponente de arquitectura hidráulica más importante de las construcciones hechas en América en el siglo XVI —considerada también una de las construcciones de su tipo más importantes del mundo— y que se estima se construyó entre 1545 (época de Carlos I) y 1562 (época de Felipe II). Este acueducto fue diseñado y su construcción dirigida por el toledano fray Francisco de Tembleque, y la obra tiene 42 km de largo, con areneros a modo de filtros de agua, siendo casi el 95% de su tramo bajo tierra, poseyendo la parte en la superficie y en el tramo de la Barranca de Tepeyahualco 66 arcos con una altura de hasta 38,75 metros y una longitud de unos 900 metros. Con la construcción del acueducto se suministró agua potable de manantial a las poblaciones indígenas de Otumba y Zempoala.

Acueducto del Padre Tembleque, México, siglo XVI:

En cuanto a promover el bien común, los españoles fundaron y construyeron ciudades y poblaciones en América con un trazado urbano de cuadrícula (trazado visto en ciudades tan tempranas como Santo Domingo o San Juan de Puerto Rico), con calles de trazado recto, poseyendo plaza mayor, catedral o iglesia mayor y municipio o cabildo, cuyos miembros eran elegidos entre los vecinos y cuyos alcaldes o jueces ordinarios, renovados en su puesto cada año, ejercían jurisdicción civil y criminal. Cabe añadir que las posesiones españolas en América no eran colonias en lo jurídico sino extensiones de la corona de Castilla y León, gozando las Indias de “igualdad jurídica” con Castilla de acuerdo al historiador Ciriaco Pérez-Bustamante. Por ello la colonización de América fue como un traslado a las Indias de las instituciones políticas, jurídicas y religiosas que había en España, hablándose de las “Españas” al referirse a los reinos y provincias españolas en América. En este sentido, la labor colonizadora de España en las Indias tiene su eco en la labor colonizadora romana en Europa, Norte de África y Asia, donde se extendió una población colonizadora latina, extendiendo Roma sus instituciones políticas, jurídicas, su religión, su cultura, civilización y lengua y su sangre a las poblaciones nativas de su imperio, como hizo España en sus dominios. España contribuyó al bien común de todas las poblaciones americanas en sus dominios al introducir animales domésticos como el ganado vacuno, las ovejas, los caballos, los burros, cabras y gallinas, cultivos como los del trigo, el arroz, el ajo, el almendro, los olivos, las naranjas y limones, las uvas, hortalizas y legumbres y la caña de azúcar.

Se introdujeron industrias como la de la seda en México en el siglo XVI, promovida por el virrey don Antonio de Mendoza, que llegó a un acuerdo comercial con Martín Cortés (hijo del conquistador Hernán Cortés), quien acordó plantar 10.000 moreras (de cuyas hojas se alimenta el gusano de seda) y desarrollar los tejidos de seda por un periodo de 15 años, siendo por este convenio Martín Cortés socio del rey de España. En el siglo XVI se introdujo la industria de los paños de lana en la actual sierra ecuatoriana, utilizándose la maestría en el trabajo de telas de los indios locales que usaban ya la lana de oveja, exportándose sus tejidos hasta el norte de la actual Argentina. Industrias navales como los ya mencionados astilleros de Guayaquil, que empezaron a operar en el siglo XVI, desarrollaron una industria local y regional de jarcias y cabos hechos de cabuya para los barcos, obteniéndose la brea para calafatear los cascos de los barcos y hacerlos impermeables de pozos naturales de brea en la actual provincia de Santa Elena, en la costa ecuatoriana, siendo las velas de las naves producidas de lonas hechas en Chachapoyas en el Perú, siendo estas industrias importantes fuentes de trabajo e ingresos para las economías locales en su tiempo.

Y ya que se habla tanto ahora de los recortes presupuestarios de defensa en EE.UU. y cómo eso puede afectar la seguridad de los norteamericanos, la Corona española gastó millones durante los siglos XVI, XVII y XVIII para fortificar sus ciudades para no solo mantener su posesión sobre ellas sino también para proteger la propiedad privada y las vidas de sus habitantes ante la amenaza constante de enemigos como los ingleses, holandeses y franceses, que por lo general atacaban poblaciones españolas para saquearlas de todo lo que tuviese valor, destruyéndolas de paso, siendo los piratas y corsarios de esas naciones —los terroristas de entonces— aficionados también a matar civiles, a torturarlos para que confesasen donde tenían dinero y joyas escondidas y a violar a las mujeres en el proceso. Para garantizar la seguridad de sus habitantes y sus propiedades se construyeron las obras de fortificación de San Juan de Puerto Rico, de Cartagena de Indias, en la actual Colombia, de La Habana y Santiago de Cuba, de Campeche, Mérida y Veracruz en México, de Puerto Cabello en Venezuela, de Portobelo en Panamá, de El Callao en Perú, de Manila en las Filipinas, etc.

Castillo de San Felipe del Morro, San Juan de Puerto Rico:

También se construyeron hospitales tanto en España como en las Indias para cuidado no solo de los enfermos sino también de los huérfanos, los mendigos y los desamparados, cumpliendo con importantes labores sanitarias y sociales. Un ejemplo es el hospital de Jesús Nazareno en Ciudad de México, fundado en 1524 por Hernán Cortes, cuyos restos se hallan enterrados en la iglesia del hospital. Y este autor nació en el hospital Auxilio Mutuo, fundado en Puerto Rico por los españoles en 1883.

Ya en el siglo XVIII para el bien común se establecen en España los ‘Pósitos’ en 5.000 localidades para el almacenamiento de trigo en graneros públicos y su venta, y para garantizar que hubiese suficientes granos para la siembra. Se instituyen también los montes de piedad para proporcionar préstamos agrícolas, los montepíos, para ayudar económicamente a las viudas y huérfanos de militares españoles, asilos, hospitales y otras entidades de beneficencia, sin olvidarnos del papel que la Iglesia jugó en este sentido durante los siglos mencionados. Hay que mencionar también que para promover la industria, la Corona española en el siglo XVIII estableció fábricas modelo con maestros y obreros extranjeros que sirviesen de escuelas de aprendizaje para los fabricantes nacionales en España, como las fábricas de paños de Guadalajara, la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara en Madrid, la fábrica de sedas de Talavera, la Real Fábrica de porcelanas del Buen Retiro en Madrid, la Real Fábrica de Cristales de La Granja de San Ildefonso en Segovia, la fábrica de algodones de Ávila, etc. Y como una nota adicional, los españoles construyeron en el siglo XIX faros en la costas de Puerto Rico como los de Fajardo, Maunabo o el del Castillo de San Felipe del Morro en la ciudad de San Juan para ayudar a la navegación costanera. España también construyó en el siglo XIX una extensa red de carreteras pavimentadas en Puerto Rico, levantando numerosos puentes incluyendo puentes de hierro y el primer puente colgante de las Antillas, habiendo también iniciado el proyecto de construir una línea de ferrocarril que diese la vuelta a la Isla antes de la invasión estadounidense y el cambio de soberanía en 1898. Según la Autoridad de Carreteras y Transportación de Puerto Rico, la isla tenía ese año 267,4 km de carreteras pavimentadas de importancia y 49 puentes hechos de fábrica o de metal de más de diez metros de largo. Para 1898 tanto Cuba como Puerto Rico eran provincias españolas de ultramar, teniendo ambas mayor autonomía política aquel año que lo que ahora Puerto Rico tiene como territorio de EE.UU. ¿Que España no se ocupaba del bienestar nacional de sus ciudadanos?

Ahora veamos la preocupación por la riqueza material y por el bienestar nacional por parte de otros. Durante el apogeo de la Revolución Industrial en el siglo XIX los empresarios ingleses dueños de fábricas y minas inspirados por la doctrina económica liberal del ‘laissez-faire’, que promovía el afán de lucro como motor de las actividades económicas para lograr un máximo de ganancias con la menor intervención del Estado posible en la vida económica del país, explotaban a sus trabajadores con largas horas de trabajo en pésimas condiciones y con bajísimos salarios de subsistencia. Se logró un gran progreso económico y tecnológico sin duda, pero a un alto costo humano, llevando a Karl Marx a escribir ‘El capital’ como respuesta al sistema económico capitalista y sus abusos en la Gran Bretaña. Los seguidores del ‘laissez-faire’ británicos, debido a su manera de ver el mundo de no gastar en aquello que no dejase ganancia alguna sino más bien crease gastos y pérdidas económicas, se opusieron desde el sector privado y el Gobierno británico a dar ayuda humanitaria a la población de Irlanda durante la gran hambruna que padeció provocada por la epidemia que destruyó la cosecha de la papa, alimento que era para muchos el único medio de alimentación y subsistencia. Incluso el fundador del periódico ‘The Economist’ llegó a decir sobre la hambruna irlandesa y el hecho que la gente se moría de hambre, que no le correspondía a un hombre el proveer de alimentos a otro (esto me recuerda cómo hace media década oí en Washington DC a un seguidor y promotor del neoliberalismo económico, la última versión del liberalismo económico del ‘laissez-faire’, que la salud de las personas no era un derecho, al oponerse a la idea de un plan de salud universal para aquellos que no tendrían dinero para pagar un seguro médico. Y así entre 1845 y 1852, en parte estimulada por la inacción del Gobierno británico influenciado por el ‘laissez-faire’ o por la poca reacción a la hambruna debido a prejuicios —un alto funcionario inglés protestante encargado de suministrar la ayuda limitó su suministro a los damnificados católicos porque “el juicio de Dios envió la calamidad para ensenarle a los irlandeses una lección”— hasta un millón quinientos mil irlandeses murieron de hambre y hasta dos millones se vieron forzados a salir de su patria. Y todo esto ocurrió durante el apogeo del poderío económico e industrial británico. ¡Esto nunca ocurrió bajo España en sus dominios!

O miremos ahora las acciones de los grandes empresarios industriales en los EE.UU. en el siglo XIX, tras la guerra civil de 1861-1865. Por ejemplo, en 1889 ocurrió la inundación que destruyó buena parte del pueblo de Johnstown en Pensilvania. La tragedia se debió a que una represa que contenía un lago artificial se abrió como resultado de fuertes lluvias y la subida del nivel del lago, destruyendo el gran torrente de las aguas del lago 1.600 casas y matando a 2.209 personas, una de las mayores tragedias de EE.UU. antes de los atentados del once de septiembre de 2001. La cuestión es que la represa colapsó por haber sido debilitada por las irresponsables obras que se hicieron en beneficio de un club exclusivo para altos empresarios y ejecutivos asociados a la empresa siderúrgica Carnegie Steel, que iban junto al lago para entretenerse. Y Andrew Carnegie, el fundador de Carnegie Steel, impuso para aumentar sus ganancias al máximo condiciones infrahumanas a sus trabajadores en su instalación de producción de acero modelo de Homestead, Pensilvania, con jornadas de doce horas de trabajo seis días a la semana y salarios miserables. Como resultado en 1892 los obreros de Homestead se fueron a la huelga y se encerraron en la fábrica. La empresa envió a guardias de seguridad armados para entrar en las instalaciones del acero por la fuerza. En los tiroteos murieron nueve con once heridos del lado de los trabajadores, sufriendo los guardias privados siete muertos y doce heridos. Y el magnate financiero J.P. Morgan introdujo el método de la ‘morganización’, que era para aumentar las ganancias al máximo el reducir el número de trabajadores echándolos a la calle y haciendo que los que quedasen trabajasen por aquellos que perdieron su trabajo, pagándoles menos. Este método fue adoptado por Andrew Carnegie y por el magnate del petróleo John D. Rockefeller. Sí, hubo mucho progreso en los EE.UU. con la expansión de los ferrocarriles, del uso del acero para la construcción gracias a Carnegie, de la extensión del uso del queroseno en la iluminación y después del uso de la gasolina gracias a Rockefeller, del uso de la electricidad gracias a J.P. Morgan, pero a un alto precio humano. Mucho progreso lograron, friendo en el proceso salchichas para el diablo. Incluso, Carnegie, J.P. Morgan y Rockefeller financiaron la campaña política y la elección del presidente republicano William McKinley en 1896, para derrotar al demócrata William Jennings Bryan, quien quería traer ante la justicia a dichos empresarios por sus métodos monopolísticos, abusivos e intimidatorios. Claro está, ganó McKinley y Carnegie, Rockefeller y J.P. Morgan siguieron actuando como si nada.

Quiero añadir, que las elecciones estadounidenses pasadas de noviembre de 2012 tenían igualmente a un candidato a la presidencia republicano, Mitt Romney, financiado generosamente al parecer por empresarios de Wall Street y probablemente por magnates empresariales que incluirían a extranjeros, quizás alguno de ellos dueño de intereses en la prensa y televisión, caso que recuerda al de McKinley. La diferencia es que aún con todo el dinero que recibió, Romney (quien seguía una campaña contra los inmigrantes indocumentados, en su mayoría hispanoamericanos) fue derrotado, siendo derrotados también los intereses económicos detrás de él en un país en que el 0,5% de la población controla el 20% de la riqueza y donde hay 20 millones desempleados o sin trabajo a tiempo completo (diciéndose también que el número real de adultos desempleados en EE.UU. es de 82 millones). Y esta derrota, me enorgullece decirlo, se debió en parte gracias al voto hispanoamericano. El que ríe último, ríe mejor.

Comparando la España imperial con EE.UU.: Una historia de dos Historias (Parte IV) [2]

Nuevamente en respuesta al artículo titulado ‘Yesterday’s Spain, Today’s America’ (‘La España de ayer, la América [EE.UU.] de hoy’) por el señor James P. Pinkerton, autor y analista político angloamericano conservador estadounidense, vamos a comentar otros argumentos que el comentarista de Fox News ha hecho con respecto a sus alegados errores históricos de España y los españoles.

Pinkerton alega que los siglos XV al XVII fueron “los años de gloria de riqueza y poder españoles” y añade que en los museos españoles se ven “pocas pinturas por no españoles de siglos más recientes” y que esto indicaría que ya no había dinero en España para comprar obras de arte extranjeras, como en los siglos mencionados arriba. Deseo en este sentido aclarar que parece omitirse el siglo XVIII, siglo de recuperación económica, de continuo flujo de oro y plata americanas, en el que los reyes Borbones españoles encargaron pinturas a artistas extranjeros de renombre como el italiano Corrado Giaquinto, el francés de ascendencia flamenca Louis-Michel van Loo, los italianos Jacopo Amigoni y Juan Bautista Tiépolo, el alemán Antón Rafael Mengs o el francés Jean Ranc. Y debe añadirse que no haría falta buscar artistas de fuera con las obras del gran pintor español Francisco de Goya y Lucientes de fines del siglo XVIII y comienzos del XIX. Había dinero para invertir en arte en el siglo XVIII y ejemplos son la construcción del nuevo Palacio Real de Madrid, del Palacio Real de La Granja de San Ildefonso, del Palacio Real de Riofrío, la ampliación y terminación de la construcción del Palacio Real de Aranjuez o la remodelación y ampliación del Palacio Real de El Pardo.

Palacio Real de Madrid, en cuyo diseño y construcción participaron tres arquitectos italianos:

El comentarista de Fox News sostiene que por las pinturas holandesas y flamencas del siglo XVII que vio en los museos madrileños del Prado y Thyssen-Bornemisza, “muchas de las calles y plazas de la ciudad estaban pavimentadas [en Holanda y Flandes]; aquéllas en España no lo estaban”. Ante esto me basta citar la obra del gran historiador Francisco Morales Padrón, de la Universidad de Sevilla, ‘Historia de Sevilla. La ciudad del Quinientos. Volumen III’, en la que revela en la página 36 que la ciudad de Sevilla tenía suelo de ladrillo y que en tiempos de los Reyes Católicos había un inspector que examinaba el que el enladrillado de las calles sevillanas estuviese en óptimas condiciones, pues si no lo estaban, el Cabildo pagaba por las reparaciones del enladrillado y después le pasaba la factura al vecindario. Pero las ciudades españolas de la Península Ibérica de los siglos XV al XVIII no eran las únicas pavimentadas. Como ejemplo, se habla que tras el saqueo por el pirata británico Henry Morgan de la ciudad panameña de Portobelo en 1668, los piratas se llevaron todo excepto las “tejas y piedras del empedrado” de las calles de la “desafortunada ciudad”. Otro ejemplo era Ciudad de México, que desde ya el siglo XVI tenía calles empedradas. Y yendo más atrás, antes de la conquista romana de la Península Ibérica ésta tenía ciudades y poblaciones con calles pavimentadas. Así dice el historiador Ciriaco Pérez-Bustamante de la población ibérica hallada en el pueblo de Azaila, en la provincia aragonesa de Teruel, “que era una verdadera ciudad” que tenía “calles enlosadas, [y] aceras”. La cultura ibérica se desarrolló desde el año 500 hasta el 133 antes de Cristo. Otro ejemplo fue la ciudad celtíbera de Numancia, que tuvo “calles rectas y simétricas, aceras y piedras para pasar de un lado a otro de las calles”.

Como ejemplo de que las calles de Madrid, la capital española, no estaban pavimentadas en el siglo XVIII, Pinkerton presenta como prueba una pintura de ese siglo en la que carruajes de caballos levantaban el polvo de la tierra en el Paseo del Prado. Esto no ha de sorprendernos, pues el Paseo del Prado al estar en los límites del Madrid de aquel entonces era considerado un paseo campestre, un jardín urbano, de ahí su nombre, ‘Prado’. No lejos de su famosa Fuente de la Cibeles se halla la Puerta de Alcalá, también construida en el siglo XVIII para marcar los límites de Madrid, estando cerca también el Palacio del Buen Retiro, residencia real medio campestre de recreo del siglo XVII fuera del bullicio del viejo casco urbano madrileño y del antiguo Real Alcázar de Madrid. Y según el número XV de ‘La Ilustración Española y Americana’, de abril de 1888, la villa de Madrid en 1778 tenía “sus calles empedradas”, poseía “alumbrado público”, un “cuerpo de serenos” para proporcionar seguridad por las calles de Madrid durante la noche, “grande y espacioso paseo [del Prado] con fuentes monumentales y frondoso arbolado”, etc. Y no nos olvidemos de Ciudad de México, la capital del Virreinato de Nueva España, que en el siglo XVIII era tan magnífica que viajeros franceses la elogiaron como mejor que París, resaltando si bien recuerdo entre otras cosas su limpieza.

¿El presidente John F. Kennedy reaccionario durante la Crisis de los misiles de Cuba?

Los prejuicios antiespañoles de la Leyenda Negra se aprecian en el argumento del artículo de ‘The American Conservative’ que las sociedades burguesas de los Países Bajos, católicas y protestantes, experimentaron un progreso político, económico y social que las elevó por encima –dice él– “de los gobernantes feudales y reaccionarios de España”, ignorando que los burgueses católicos de los Países Bajos españoles en los siglos XVI y XVII prosperaron bajo la protección y gobierno de quien en la mayor parte de aquellos siglos (excepto por el periodo de 1598-1621) fue su señor temporal, el Rey de España. Y nada más alejado de la realidad histórica lo de “gobernantes feudales y reaccionarios”. Los Reyes Católicos establecieron las bases de uno de los primeros estados modernos de la Europa de su tiempo. Acabaron, por ejemplo, con la rebeldía y descontrol de la nobleza feudal española, llegándose por ejemplo a la demolición de castillos en Galicia para impedir que los usasen los nobles para rebelarse contra la Corona. Estos monarcas más bien transformaron a los nobles, que hasta ese entonces eran señores feudales, en miembros de una nobleza cortesana, presente en la Corte junto a los Reyes y dedicada al servicio del Estado. Los Reyes Católicos introducen con fuerza la idea del estado moderno caracterizado por la centralización administrativa para sostener el poder absoluto de la Corona, por la unidad política y religiosa, por el establecimiento de un ejército permanente reemplazando el basado en obligaciones feudales, etc. Bajo los reyes Carlos I y Felipe II se desarrolla el gobierno a base de consejos, como el Consejo de Castilla, el de Estado, el de Indias, basados en expertos que antecedían y quizás superaban en especialización a los ministerios posteriores. Y en cuanto a reaccionarios, la defensa de la fe católica por monarcas como Felipe II equivalía a la defensa del capitalismo y la democracia liberal por EE.UU. y presidentes como Ronald Reagan durante la Guerra Fría, pues el comunismo del siglo XX por su militancia y desafío del orden establecido occidental equivalía al protestantismo del siglo XVI. Si los reyes españoles de los siglos XVI y XVII fueron reaccionarios, entonces también lo fueron los presidentes Harry S. Truman, Dwight D. Eisenhower, John F. Kennedy y Ronald Reagan o antes Abraham Lincoln, al reaccionar este con la fuerza militar contra la independencia de los estados sureños de la Confederación.

Para probar su argumento de que los gobernantes españoles no invertían en el bienestar de su pueblo, Pinkerton dice entre otras cosas que Holanda en el siglo XIX tenía más de tres veces el índice de alfabetismo de España. A esto hay que decir que para 1900 Holanda tenía una población de unos 5.100.000 habitantes mientras que la población española ese año era de unos 18.600.000. El índice de alfabetismo de los holandeses en 1900 era de un 85%, mientras que en España lo era de cerca de un 44%. Ciertamente que las diferencias porcentuales son significativas, pero no hay que olvidar que a la pérdida de la mayor parte de su imperio americano con sus minas de plata y oro, hay que añadir en el siglo XIX la Guerra de Independencia española contra la Francia de Napoleón, la segunda invasión francesa de los Cien Mil Hijos de San Luis (130.000 soldados), tres guerras civiles carlistas, levantamientos y golpes de Estado militares, inestabilidad social y política con un cambio de monarquía a república y otro de vuelta a la monarquía, etc., mientras que Holanda experimentó un período de relativa estabilidad, paz y prosperidad durante el siglo XIX. Más aún, Holanda tiene un área y población mucho menores a los de España, teniendo Holanda una densidad poblacional mucho mayor, lo que facilitaría para 1900 la educación de su más pequeña población. España en cambio poseía para 1900 como posee actualmente una distribución poblacional muy irregular, además de sufrir de una densidad poblacional menor a la de la mayoría de los países de Europa Occidental, lo que habría dificultado en el siglo XIX la educación de la población. Con todo, el número total de alfabetizados en España fue en 1900 de unos 8.170.000, mientras que el de la población holandesa, más pequeña, era de más de 4.300.000.

Contando España con una población de 10.536.000 en 1797, según el historiador y economista Gabriel Tortella en su libro ‘El Desarrollo de la España Moderna’ (versión en inglés), su índice de alfabetismo entre 1750 y 1805 habría sido -incluyendo el 11,69% de semialfabetizados- de alrededor del 49,94% (aproximadamente unos 5.260.000 en 1797), habiendo un 50,04% de analfabetos citando cifras del trabajo de Jacques Soubeyroux titulado ‘Niveles de alfabetización en la España del siglo XVIII’. En comparación, para fines del siglo XVIII la población de Inglaterra era de unos 9 millones, teniendo un índice de alfabetismo del 63% (unos 5.670.000). En contraste, Francia, con una población más de tres veces mayor que la de Inglaterra, tenía para fines del siglo XVIII un índice de alfabetismo de alrededor de un 37% (más o menos unos 10.360.000 si su población total era de 28 millones).

La masacre de Wounded Knee (‘rodilla herida’) de diciembre de 1890 cometida por el U.S. Army contra los indios Sioux. 20 soldados recibieron la Medalla de Honor del Congreso:

Pinkerton alega que los casi 800 años de guerra de la Reconquista cristiana en España contra los musulmanes dejó una “mancha roja sangrienta” en la “cultura española”, creando en esta un “virus” de aventuras militares que infectó a los españoles, contrastando ello, según este autor, con los “solo” 130 años de guerras de religión en Europa, las que realmente duraron 166 años desde 1524 hasta al menos la batalla del Boyne de 1690 en Irlanda, incluyendo la guerra polaco-sueca de 1655-1660 entre la luterana e invasora Suecia y las católicas Polonia y Lituania. Realmente toda Europa y no solo España ha estado en guerra desde los buenos tiempos del Imperio Romano cuando imperaba la Pax Romana. No olvidemos por ejemplo: las guerras de los francos de Carlomagno en los siglos VIII y IX contra los paganos sajones, contra los vikingos, contra los ávaros (turcos descendientes de los hunos de Atila) en la actual Hungría, contra los navarros de Pamplona y los moros españoles de Zaragoza antes de establecer la Marca Hispánica; los ataques vikingos por toda Europa Occidental desde fines del siglo VIII hasta el siglo XI; los ataques de los húngaros a caballo por la misma extensión geográfica durante la primera mitad del siglo X; las Cruzadas (unas nueve en total) protagonizadas mayormente por franceses (francos), flamencos, alemanes, ingleses e italianos en el Levante entre los años 1095 a 1291; las numerosas guerras feudales en Europa en las que señores feudales asediaban el castillo del contrario y la Guerra Anglo-Francesa de 1202 a 1214 entre el Rey de Inglaterra Juan Sin Tierra y el rey de Francia Felipe II Augusto; las guerras de conquista del siglo XIII de los Caballeros Teutones alemanes contra los pueblos bálticos y contra los rusos, habiendo estos últimos derrotado bajo el mando del príncipe Alexander Nevsky de Novgorod la invasión de los Caballeros Livonios de la Orden de los Caballeros Teutones en 1242; la Guerra de los Cien Años entre Francia e Inglaterra desde 1337 hasta 1453 con sus sangrientas batallas de Crécy, Poitiers y Angicourt, que se extendió a la guerra civil de Castilla (entre el rey Pedro I el Cruel y su medio hermano y futuro rey Enrique II Trastamara) y que además incluyó la guerra civil francesa entre el partido de los Armagnac y los del duque de Borgoña; las guerras de los condotieros mercenarios de los siglos XIV y XV en Italia; la Guerra de las Rosas, la guerra civil inglesa tras la Guerra de los Cien Años; las guerras entre el duque Carlos de Borgoña y la Confederación Suiza también de la segunda mitad del siglo XV; las guerras de Italia de fines del siglo XV y del primer tercio del siglo XVI; las guerras de religión ya mencionadas y ya en el siglo XVII la Guerra de los Veinticuatro Años (o Guerra Franco-Española de 1635-1659) iniciada por Francia contra España, la Guerra Civil Inglesa, las tres guerras navales angloholandesas, las guerras contra la Francia de Luis XIV; la Guerra de Sucesión de España a comienzos del siglo XVIII y en este siglo la Gran Guerra del Norte entre Rusia y Suecia, la Guerra de Sucesión de Polonia, la Guerra del Asiento (o de la Oreja de Jenkins) iniciada por Gran Bretaña contra España, la Guerra de Sucesión de Austria, la Guerra de los Siete Años, la Guerra de la Revolución Americana, las guerras de la Revolución Francesa y Napoleón de fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, etc., etc., etc… Europa ha estado en guerras constantes, culminando en las dos guerras mundiales y las guerras de la ex Yugoslavia del siglo XX, así que no se puede decir que España ha sido la única en hacer la guerra o el país que lo ha hecho con más frecuencia en Europa.

Escena de la película ‘Hidalgo’. En la matanza de Wounded Knee el U.S. Army masacró a 90 hombres y a 200 mujeres y niños indios Sioux, muriendo después otros 7 por sus heridas:

Añade Pinkerton que, debido a su belicismo, “muchas generaciones de hombres jóvenes querían ser el próximo Cid” en España y que una vez que la reconquista se acabó en la Península Ibérica “los españoles todavía sentían la necesidad de combatir musulmanes en otra parte; España nuevamente trató de probar la suerte en la invasión del Norte de África”. La respuesta a esto es que Portugal, y sobre todo España, llevaron a cabo campañas militares y navales en el Norte de África como guerras preventivas contra los piratas berberiscos que operaban desde las costas de Berbería, o sea, Marruecos, Argelia, Túnez y Libia contra el tráfico mercantil marítimo cristiano del Mediterráneo Occidental. Además, los piratas berberiscos atacaban con frecuencia también las costas cristianas peninsulares del sur de España y del Mediterráneo, las costas del sur de Portugal, las Islas Baleares y las costas de Italia, incluyendo las de Sicilia, del Reino de Nápoles, de Cerdeña, Córcega, Génova, Toscana, el Lacio y Malta, llevándose a veces los piratas moros poblaciones enteras de la costa como esclavos, hombres, mujeres y niños. Se estima que de los siglos XVI al XIX, de 800.000 a 1,25 millones de europeos, la mayor parte de España, Italia y Portugal fueron capturados como esclavos por piratas berberiscos y turcos operando desde Berbería. España llevó a cabo campañas de conquista de puertos del Norte de África para negárselos a los moros como bases desde las que lanzar sus incursiones de piratería. Además, ya en el siglo XVI Libia, Túnez y la ciudad de Argel eran parte del Imperio Otomano, la gran amenaza de la Cristiandad Occidental, y sus puertos servían de base para llevar a cabo ataques navales y anfibios turcos y, potencialmente, para una nueva invasión turca en el Mediterráneo Occidental. El famoso escritor español Miguel de Cervantes, autor de ‘Don Quijote de la Mancha’, fue capturado en el mar por piratas argelinos cerca de las costas catalanas, permaneciendo como esclavo en Argel durante cinco años. Las expediciones portuguesas y españolas en el Norte de África estaban motivadas también por la lucha de estas potencias cristianas contra el Islam, ya que la región norteafricana había sido cristiana (y también parte de Occidente por haber sido parte del Imperio Romano) antes de la invasión árabe de la región de Berbería, iniciada en el año 647. Portugal incluso tuvo motivos económicos para conquistar la ciudad marroquí de Tánger en 1471 después de tres tentativas, una conquista que le negó a los moros el puerto por el cual vendían el oro del África Occidental (proveniente de Ghana y de Timbuktú en Malí) a los estados italianos.

¿Sería acaso que cuando el Presidente de los EE.UU. Thomas Jefferson envió buques de guerra de la incipiente Armada de EE.UU. a la costa de Berbería como parte de la llamada Primera Guerra de Berbería de 1801 a 1805 y en la que es famoso el ataque naval americano contra la ciudad libia de Trípoli de 1804, que este ‘padre fundador’ de los EE.UU. pensó en querer ser como el Cid? O sería más bien el hecho de que EE.UU. tenía que pagar tributo a los estados de Berbería para evitar que sus barcos mercantes fuesen atacados por los piratas berberiscos y que, sometidos sus intereses a vejaciones, agresiones y la exigencia de mayor tributo a pagar, llevó a los EE.UU. a atacar Trípoli? Los mismos motivos que llevaron a España a combatir contra los piratas berberiscos tanto en la mar como en el Norte de África en los siglos XVI, XVII y XVIII se reflejan en la respuesta que el embajador libio de la ciudad de Trípoli, en palabras de los plenipotenciarios americanos, le dio en Londres a Thomas Jefferson y John Adams en 1785 cuando los negociadores estadounidenses le preguntaron por qué Trípoli amenazaba con hacerle la guerra a naciones que no le habían agredido, como los EE.UU.: “Estaba escrito en su Corán, que todas las naciones que no han reconocido al Profeta [Mahoma] eran pecadores, contra quienes era el derecho y deber de los creyentes [musulmanes] de saquear y esclavizar; y que cada musulmán que haya sido muerto en esta guerra estaba asegurado de ir al paraíso”.

Los gobernantes de EE.UU. han alegado que invadieron Afganistán en 2001 para impedir que este país bajo control talibán siguiese siendo usado como santuario de bases de terroristas islamistas desde las que pudieran planear y atacar de nuevo a los EE.UU., después de los atentados de Al-Qaeda del 11 de septiembre de aquel año. Igualmente, España atacó y conquistó ciudades de la costa de Berbería para impedir que fuesen nidos de piratas y mercados de esclavos cristianos, puertos desde donde estrangulaban el tráfico marítimo europeo mediterráneo y devastaban y despoblaban las costas españolas e italianas.

Finalmente, antes de hablar de las tendencias sanguinarias y belicistas de los españoles del siglo XVI -tendencias que son producto de una visión prejuiciada antiespañola anglosajona en vista de las guerras que todos los europeos en general, y los ingleses en particular, practicaban (estos últimos contra Escocia, los irlandeses, Francia, España y después Holanda)– hablemos desde una perspectiva histórica y sociológica de la experiencia de la violencia en los EE.UU.

El uso de la violencia se puede caracterizar en los EE.UU. por cuatro elementos: 1)Tendencia social a usar la violencia para resolver disputas. Esto se puede apreciar desde el recurso de los puñetazos para responder a desacuerdos en un entorno social como resolver a tiros de arma de fuego disputas personales, como se vio en el Lejano Oeste norteamericano o las disputas de clan entre los Hatfield y los McCoy en el siglo XIX. El uso frecuente de demandas judiciales en la sociedad americana ha sido ya desde el siglo XVII durante el periodo colonial inglés un medio para reemplazar con medios legales el recurso de la violencia para resolver disputas, pero la tendencia a la violencia suele resurgir hoy en día de vez en cuando; 2) La cultura de las armas de fuego en la sociedad estadounidense, nacida originalmente de los colonos fronterizos ingleses y después estadounidenses como medio de sustento a través de la caza para obtener alimentos o pieles para vender, como medio de defensa contra las fieras, los indios hostiles, los forajidos o los enemigos de potencias extranjeras en caso de guerra; 3) La cultura de la muerte que promueve la violencia en películas de Hollywood, programas de televisión y juegos de video y que, probablemente, satisfacen el gusto de muchos norteamericanos por la violencia. Dicho gusto se pudo ver en las masacres y genocidio de indios en Norteamérica desde los siglos XVII hasta fines del XIX y de filipinos desde 1899 hasta 1913 tras la conquista por los EE.UU. de las Islas Filipinas a España en 1898; en los linchamientos de estadounidenses negros en el Sur de los EE.UU., ocurriendo éstas bárbaras prácticas a veces como picnics y eventos sociales; en el ametrallamiento por parte de pilotos de caza estadounidenses de civiles alemanes al final de la Segunda Guerra Mundial, cuando habían recibido órdenes de ametrallar todo lo que se moviese, ametrallando incluso a mujeres y niños; en celebrar las ejecuciones públicas de reos; en la práctica de los abortos legales, que fueron ya más de 55.613.000 desde 1973 a 2012 en los EE.UU.; y en el gusto de disparar a todo lo que se mueva por el hecho de matar, fueran raras iguanas de las Islas Galápagos tiroteadas por soldados americanos basados en la Isla Baltra durante la Segunda Guerra Mundial -poniendo a estos reptiles en vías de extinción-, bisontes americanos o búfalos, a los que desde los trenes en el siglo XIX disparaban los pasajeros por el placer de matar, llegando a haber hasta 30 millones de búfalos de los que millones fueron también muertos por motivos económicos, quedando al final sólo 541. Está también el gusto en los casos más extremos de masacrar personas con armas de fuego por parte de individuos inadaptados, como la matanza de diciembre de 2012 de 20 niños y 6 adultos en la escuela de Newtown, Connecticut por el antisocial Adam Lanza o la masacre de 29 civiles palestinos en Hebrón con 125 heridos cometida por el médico estadounidense Baruch Goldstein en 1994.

La cultura de la muerte de EE.UU. se percibe también en el gusto morboso de los soldados americanos de mutilar a sus víctimas, siendo ejemplos de esto la masacre de indios de Sand Creek de 1864 por el U.S. Army, cuando los soldados americanos le cortaron el cuero cabelludo no sólo a los indios varones muertos sino también a mujeres, niños y bebés, adornando sus armas de fuego, sus sombreros y su equipo no solo con los cueros cabelludos de sus víctimas sino también con fetos extraídos del vientre de las madres y con órganos genitales y sexuales de hombres y mujeres, mostrando en triunfo estos trofeos en Denver, Colorado en un teatro y varios bares; la masacre por soldados del U.S. Army en Mai Lai, Vietnám del Sur de 1968, donde mujeres vietnamesas antes de ser asesinadas fueron violadas por grupos de soldados y en donde los cuerpos de víctimas habían sido mutilados al ser marcados sobre sus pechos con bayonetas la letra ‘C’ de la Compañía C a la que pertenecían las tropas americanas que cometieron la matanza; o los asesinatos en 2010 de civiles inocentes del Distrito de Maywand en Afganistán por cinco soldados del U.S. Army, en los que estos coleccionaron partes mutiladas de sus víctimas como trofeos, incluyendo parte de un cráneo, una cabeza y dedos de la mano. Estos crímenes cometidos por soldados parecen indicar que hay americanos corrientes que nunca cometerían estos crímenes en la sociedad estadounidense por temor a la ley, pero que se desahogan haciéndolo en otras tierras donde esperarían actuar con impunidad y sin temor de la justicia. Así pues, ¿quién tiene realmente en Occidente una “mancha roja sangrienta” en su cultura?

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