España imperial vs EEUU, comparacion historica VII.

Comparando la España imperial con los EE.UU.: Una historia de dos Historias (Parte XI)

Ante el argumento hecho por el Sr. James P. Pinkerton, autor y comentador político de Fox News, en su artículo titulado ‘Yesterday’s Spain, Today’s America’ (‘La España de ayer, la América [EE.UU.] de hoy’) publicado en la revista estadounidense ‘The American Conservative’ (‘El conservador americano’), de que “los españoles, víctimas de agresión en casa, se convirtieron en los victimarios (homicidas) en el extranjero”, con referencia al papel que España jugó en la conquista del Nuevo Mundo, deseo añadir otro punto más con respecto a las ideas religiosas que inspiraron a los anglosajones durante su conquista y ocupación de Norteamérica. En este sentido quiero enfatizar la influencia ejercida por el ‘Viejo Testamento de la Biblia’ tanto sobre los ingleses protestantes que colonizaron las Trece Colonias británicas de Norteamérica como sobre los estadounidenses angloamericanos que expandieron las fronteras de los EE.UU. hacia el oeste norteamericano. Esta influencia bíblica examinada influenció de manera negativa a los anglosajones tanto británicos como estadounidenses en sus tratos hacia los indios americanos, llevando a cabo una política de exterminio y expulsión contra los nativos en imitación de la forma como los antiguos israelitas exterminaron y destruyeron a aquellos pueblos cananeos y otros grupos semitas que ocupaban la tierra de Canaán, región que los israelitas consideraban su “tierra prometida” y que para tomarla la conquistaron a sangre y fuego a través de campañas militares genocidas.

La masacre del pueblo indio pequote del Río Místico se cometió presuntamente siguiendo el ejemplo bíblico de las guerras del Rey David y de las guerras de exterminio de los israelitas.

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Debemos así ver las palabras del capitán inglés John Underhill que participó en la masacre del principal pueblo pequote cerca del actual Río Mystic (Místico) en Connecticut, el 26 de mayo de 1637. Underhill contó en su relación de la masacre cómo algunos jóvenes soldados ingleses que no habían estado en la guerra antes estaban impactados al ver a tantos  indios pequotes muertos o moribundos en el suelo de su pueblo, tantos cuerpos unos encima de otros que según Underhill con dificultad se podía pasar. Los jóvenes soldados ingleses le preguntaban al capitán Underhill “¿por qué estaba tan furioso? ¿No deberían los cristianos tener más misericordia y compasión?”, según las palabras de Underhill. Ante lo cual Underhill respondió en su relación: “Pero yo les referiría a la guerra de David (el Rey David bíblico) cuando un pueblo se crece a tal altura de sangre, y peca contra Dios y el hombre, y todos se confederan en la acción, ahí Él no tiene respeto a las personas, pero las destroza, y las corta, y las pasa a cuchillo, y la más terrible muerte que puede haber: a veces las Escrituras declaran que mujeres y niños deben morir con sus padres; a veces el caso cambia: pero no vamos a disputar esto ahora. Tenemos suficiente luz de la Palabra de Dios para nuestras acciones”.

Procedamos así a ver las acciones del Rey David israelita como están relatadas en el ‘Viejo Testamento de la Biblia’. Recordemos que el Rey David es ante todo un personaje histórico, glorificado por la antigua religión hebrea cuyo texto sagrado fue escrito por los propios israelitas según su punto de vista parcializado y favorable a David, descrito como un hombre que fue el instrumento de Yavé, de Dios en la tierra. Sus actos, sin embargo, indican que David no hacía la voluntad de un Creador que según el Viejo Testamento escrito por los israelitas se comunicaba con él, sino más bien que hacía lo que a él le daba la gana para realizar sus ambiciones de poder y satisfacer sus bajas pasiones, utilizando el nombre de Dios y la entidad divina para justificar sus actos humanos. En esto David ha sido como muchos gobernantes de la historia. 

Pero para aquellos angloamericanos estadounidenses fundamentalistas religiosos que denuncian las acciones de los conquistadores españoles en América, les recuerdo las prácticas de guerra de su ídolo bíblico David y del Rey Saúl israelita. Según “La Nueva Biblia Latinoamericana” católica, en vista que Micol, hija de Saúl, estaba enamorada de David y el rey de los israelitas se la ofrecía como esposa, Saúl “…le mandó decir [a David]: ‘El rey no quiere dote para su hija, sino que quiere los prepucios de cien incircuncisos filisteos, para vengarse así de sus enemigos’”. (1-Samuel 18, 25). David no perdió el tiempo y se esmeró en la sangriento y macabra tarea exigida por Saúl: “Aún no se había cumplido el plazo, cuando David partió con sus hombres y mató a doscientos filisteos; entregó sus prepucios al rey y Saúl tuvo que darle a su hija Micol por esposa” (1-Samuel 18, 26-27). Esta práctica de contar y comprobar el número de enemigos que habían sido matados se habrá inspirado en los antiguos egipcios, quienes en sus guerras contabilizaban el número de enemigos muertos en batalla cortando, juntando y contando el número de penes o de una de las manos de cada cuerpo de un combatiente enemigo caído. 

Bajorrelieve del templo de Ramses III en Medinet Habú, Egipto, mostrando una escena de la batalla terrestre de Djahy en Canaán, donde el ejército egipcio derrotó una invasión de los Pueblos del Mar. Se aprecian los presuntos guerreros aqueos con sus cascos coronados al parecer con crines de caballo y con escudos redondos, probablemente de bronce, precursores de las armas de los griegos de la época clásica. Estos aqueos serían los filisteos de la Biblia.

Hay que decir que los filisteos al parecer eran originalmente aqueos, antiguos griegos de la Edad del Bronce que fueron parte de los llamados Pueblos del Mar que invadieron Egipto en el siglo XII antes de Cristo y que tras ser derrotados por la armada y el ejército del Faraón Ramsés III, fueron asentados en la Franja de Gaza por los egipcios como pueblo vasallo aliado, allí establecidos en una marca defensiva para proteger las fronteras orientales de Egipto en el sector habitado por ellos. Evidencia arqueológica apunta a que los filisteos eran aqueos que colonizaron la región llamada después Filistea o Filistina (de donde viene el nombre Palestina), que incluía cinco ciudades-estado (Gaza, Ascalón, Asdod, Ecrón y Gat), asentados por orden de Ramsés III. No eran por ello los bárbaros que los israelitas describen y condenan en el Viejo Testamento por ellos escrito de forma parcializada, según su versión de los hechos. Los filisteos eran más bien un pueblo civilizado como los aqueos de las antiguas ciudades-estado de la civilización micénica de donde procedían, ciudades con grandes palacios como Micenas (cuyo rey según La Ilíada fue el famoso Agamenón), Pilos (cuyo rey fue Néstor según La Ilíada), Tirinto, Argos (cuyo rey según Homero fue Diómedes), Orcómeno y Tebas (la ciudad del Rey Edipo). Más bien, quienes en cambio eran unos bárbaros y fundamentalistas religiosos homicidas, como los terroristas modernos del Cercano Oriente, eran los antiguos israelitas Moisés, Josué, Samuel y el Rey David, y los hombres que ejecutaban sus órdenes de exterminio y guerra total.  

Les recordaría a los conservadores angloamericanos estadounidenses que son fundamentalistas religiosos evangélicos que aún con las brutalidades cometidas en la conquista española de América, ni Francisco Pizarro ni Hernán Cortés ni Hernando de Soto o Sebastián de Benalcázar cometieron una macabra “hazaña” como la cometida por David para ganar la mano de la hija del Rey Saúl. Y para colmo los fundamentalistas religiosos responderían en sus sitios de culto “Amén” tras leerles que David le entregó al Rey Saúl 200 prepucios de filisteos muertos en combate o simplemente asesinados, pues para hacer su “colecta” más rápida no es improbable que David y sus hombres hayan matado a todo varón filisteo que encontrasen, incluidos civiles desarmados y menores de 18 años. Entonces, le invito a los conservadores estadounidenses que no condenen las muertes en combate o los crímenes de guerra cometidos contra los indios en la conquista española americana sino que más bien digan también “Amén” al recordarlos, mientras justifiquen y honren religiosamente con la misma palabra de origen hebreo los crímenes y atrocidades cometidos por David y por aquellos antiguos israelitas que cometieron crímenes de guerra y lesa humanidad que figuran en la Biblia, israelitas a quienes los fundamentalistas religiosos celebran todavía en el siglo XXI como “pueblo elegido”, después de haber visto los crímenes y genocidios del siglo XX. Que no sean por ello unos fariseos.

La matanza de los sacerdotes israelitas de Yavé y de su ciudad de Nob por orden del Rey Saúl

David eso sí tuvo un buen maestro en cometer atrocidades en su suegro el Rey Saúl. Después que David cayó en desgracia con Saúl, éste le persiguió y castigó bárbaramente a aquellos que ayudaron al fugitivo David. Así el Rey Saúl ordenó la masacre del sacerdote israelita Ajimelec y a su ciudad de Nob. Tras tratar de justificarse por haber ayudado a David y a sus hombres con comida, habiéndole dado también el sacerdote a David la espada que guardaba del gigante filisteo Goliat que David había matado en combate años antes, Saúl le dijo al sacerdote de Yavé: “‘Vas a morir, Ajimelec, tú y toda la familia de tu padre’. En seguida el rey dijo a los de su guardia que estaban a su lado: ‘Acérquense y maten a los sacerdotes de Yavé porque también están con David y, sabiendo que él huía, no me lo comunicaron’. Pero los servidores [israelitas] del rey no quisieron levantar su mano para herir a los sacerdotes de Yavé. Dijo entonces el rey a Doeg: ‘Acércate tú y da muerte a los sacerdotes’. El edomita Doeg se acercó e hirió de muerte a los sacerdotes; aquel día mató ochenta y cinco hombres que llevaban traje sacerdotal. Después de esto, Saúl pasó a cuchillo a Nob, la ciudad de los sacerdotes, matando a hombres y mujeres, jóvenes y niños, bueyes, burros y ovejas” (1-Samuel 22, 16-19). ¿Palabra del Altísimo? ¿“Amén”? Como un texto histórico, relatando en este caso un crimen de lesa humanidad, el libro de Samuel sí. Como texto religioso a seguir, a ser reverenciado y a ser imitado, este pasaje de la masacre de la ciudad de Nob del libro de Samuel, no.   n el siglo XXI manos, a quienes los fundamentalistas religiosos los tienen por

Otro mal ejemplo seguido por David en cuanto a cometer crímenes de lesa humanidad y genocidio habría sido el del Juez y profeta Samuel, quien según el Viejo Testamento lo ungió como futuro rey israelita y sucesor del Rey Saúl. Así relata el Viejo Testamento lo siguiente ocurrido en el siglo XI antes de Cristo: “Después de esto dijo Samuel a Saúl: ‘A mí me envió Yavé para consagrarte rey de su pueblo. Escucha, pues, ahora lo que te manda decir. Esta es la palabra de Yavé de los ejércitos: “He decidido castigar a Amalec por lo que le hizo a Israel, puesto que no lo dejó seguir su camino cuando regresaba de Egipto. Ahora vete y castiga a Amalec, destruyendo como maldición todo lo que tiene. No le tengas compasión, mata hombres y mujeres, jóvenes y niños, bueyes y ovejas, camellos y burros”’” (1–Samuel 15, 1-3). Cabe comentar que esta terrible sentencia no fue dada por Dios sino por un viejo Juez israelita amargado, rencoroso, cruel y vengativo, Samuel, quien había “decidido castigar” a los amalecitas como venganza por estos haberse opuesto al paso de los israelitas por la Península de Sinaí tras su salida de Egipto, unos doscientos años antes.  

Escena de la película ‘El Rey David’ donde el juez y profeta Samuel asesina a Agag, el cautivo rey de los amalecitas:


Sigue el relato del Viejo Testamento: “Batió Saúl a los amalecitas desde Havilá en dirección de Sur, que está al este de Egipto. Tomó vivo a Agag, rey de los amalecitas, y pasó a cuchillo a todo el pueblo. Pero Saúl y el ejército perdonaron la vida a Agag y a lo mejor de sus rebaños y ganados, a los vacunos y a los corderos gordos; en una palabra, no quisieron condenar a la destrucción nada de lo bueno que había. Pero, en cambio, todo el ganado flaco y que no servía lo sacrificaron” (1-Samuel 15, 7-9). Esto desagradó a Samuel, quien tras la masacre de los amalecitas y aún no contento con lo que había hecho Saúl por haber dejado con vida al rey amalecita vencido, le increpó a Saúl echándole en cara que había desobedecido a Yavé por no cumplir con la siguiente misión, que realmente se la había dado el mismo Samuel y no Dios: “‘Anda a acabar con todos esos pecadores, los amalecitas; hazles la guerra hasta que no quede ninguno’” (1-Samuel 15, 18). Tras repudiar a Saúl como rey por haberle desobedecido, Samuel hizo lo siguiente: “Después dijo Samuel: ‘Tráiganme a Agag, rey de los amalecitas’. Y vino Agag hacia él resistiéndose y diciendo: ‘En realidad es amarga la muerte’. Samuel respondió: ‘Así como tu espada ha dejado sin hijos a tantas madres, así tu madre será madre sin hijos’. Y Samuel degolló a Agag delante de Yavé en Guilgal” (1-Samuel 15, 32-33). Samuel ejecutó en el pobre rey de los amalecitas su sentencia y no la de Dios, asesinando a Agag a sangre fría.   

La enciclopedia de internet llamada Enciclopedia Judía.com (JewishEncyclopedia.com) llama a las campañas de genocidio practicadas por los antiguos israelitas descritas en el Viejo Testamento “guerra sagrada de exterminio”, al referirse a la campaña militar de este tipo que David antes de ser rey llevó a cabo contra los amalecitas, pueblo que no era israelita y estaba al parecer relacionado con los edomitas. No hay realmente mucha diferencia entre los genocidios del siglo XX y las guerras de exterminio practicadas por los israelitas, excepto que las del siglo pasado asesinaron por millones, mientras que las guerras de los israelitas contra otros pueblos y naciones se cobraban decenas de miles de víctimas. Las guerras sagradas de exterminio practicadas por los antiguos israelitas fueron hechas bajo una justificación religiosa, pero fueron también probablemente realizadas por motivos racistas, xenófobos y para robar y obtener botín de guerra. En la cuenta final posiblemente se habrían llegado a sumar en la densamente poblada tierra de Canaán y regiones vecinas cientos de miles de masacrados al contarse el número total de vidas no judías exterminadas y masacradas por los israelitas – según ellos en nombre de Yavé – y al añadirse las poblaciones israelitas masacradas por su propia gente, durante los siglos desde la salida de Egipto hasta el fin del reinado de David.

Grabado de Gustave Doré titulada “La muerte de Agag”, mostrando el momento en que el profeta Samuel se prepara para asesinar al rey de los amalecitas, cuyos súbditos incluyendo a mujeres y niños ya habían sido masacrados por Saúl por orden de Samuel

Hay que añadir que Dios, Yavé para los antiguos israelitas como Moisés, Josué, Samuel o David no es el Dios de los cristianos, uno de amor y paz como enseñó Jesucristo. El Yavé de los antiguos israelitas es un dios sirio-cananeo, el Yavé que para los antiguos sirios de tiempos de Abraham era el hermano menor de Baal y el hijo del dios padre Tor, el toro, a quienes se les hacían sacrificios humanos. Ese Yavé de los israelitas era un dios vengativo, de los ejércitos y de violencia, de matanzas que al realizarse en “guerras sagradas de exterminio” eran realmente sacrificios humanos colectivos de poblaciones enteras a manos de los israelitas. Ese Yavé de los israelitas no es como el Dios sobre el cual los antiguos israelitas escribieron al comienzo del libro del Génesis, realizado según su punto de vista, donde dicen que hizo al hombre a Su imagen y semejanza. No, fue más bien que los israelitas se imaginaron a Yavé a su imagen y semejanza humana israelita, como un dios vengativo, sanguinario y de la guerra. Esa no es la imagen de Dios como enseñó Jesús de Nazaret, quien para los creyentes cristianos es Dios Hijo y por lo tanto representa en su mensaje de paz, compasión, perdón, misericordia y amor la verdadera imagen de Dios, no el dios de guerra, genocida, vengativo y rencoroso, hermano menor de Baal – el de los sacrificios humanos – inventado por los antiguos israelitas a su imagen y semejanza humana, como cuando los antiguos griegos se inventaron a sus dioses con imagen humana y con los mismos defectos y veleidades de los hombres.

Este Yavé de imagen y semejanza israelita de los antiguos israelitas es el mismo seguido por aquellos conservadores angloamericanos estadounidenses fundamentalistas religiosos que aunque se hacen llamar cristianos le dan énfasis al Viejo Testamento sobre el Nuevo Testamento que contiene las enseñanzas de Jesús. Ese mal ejemplo del Viejo Testamento con su prédica a favor de la violencia y derramamiento de sangre fue imitado por los angloamericanos estadounidenses fundamentalistas religiosos protestantes en su trato genocida contra los indios norteamericanos y los filipinos. Ese mensaje de error de los fundamentalistas religiosos estadounidenses, de prestar atención al Viejo Testamento con su violencia y exterminios por encima del mensaje del Nuevo Testamento, ha sido exportado a través de las sectas fundamentalistas religiosas evangélicas de los EE.UU. a Hispanoamérica y España. Y ese mensaje de error de fanatismo y violencia religiosa va también de EE.UU. a la Tierra Santa a través de los fundamentalistas religiosos estadounidenses angloamericanos que van como colonos – y alienígenas ilegales (illegal aliens) – a los asentamientos ilegales en los territorios ocupados por Israel de Palestina en Cisjordania. Y si los llamados conservadores angloamericanos estadounidenses que son evangélicos fundamentalistas religiosos atacan y apoyan la persecución y expulsión de los inmigrantes hispanoamericanos con papeles irregulares, les invito a que condenen primero y pidan la expulsión de los colonos inmigrantes ilegales estadounidenses fundamentalistas religiosos que son unos alienígenas ilegales (illegal aliens) por ocupar ilegalmente tierras palestinas en colonias ilegales en los territorios ocupados de Palestina por parte de Israel. Les invito a esos angloamericanos estadounidenses evangélicos fundamentalistas religiosos que no sean unos fariseos y condenen primero a sus compatriotas colonos inmigrantes ilegales que viven ilegalmente en Palestina para vivir su fantasía “bíblica”, antes de perseguir a los inmigrantes hispanoamericanos con papeles irregulares que viven en EE.UU. o que intentan entrar a ese país en busca de un trabajo honesto y no en busca de las tierras de otros.

Foto mostrando los cuerpos de niños víctimas del ataque de armas químicas contra el pueblo de Halabja en el Kurdistán iraquí en 1988 por orden de Saddam Hussein. Así se habrían visto esparcidos sobre el suelo los cuerpos sin vida de niños amalecitas, bañados en sangre, tras ser masacrados junto con las mujeres y hombres de la población amalecita por el ejército israelita bajo el mando del Rey Saúl. Empero, el autor intelectual de la masacre y quien la ordenó fue el juez y profeta israelita Samuel, culpable también del crimen de guerra de genocidio

Hay que añadir que las palabras dichas por Samuel antes de asesinar al rey de los amalecitas, Agag: “Así como tu espada ha dejado sin hijos a tantas madres, así tu madre será madre sin hijos”, son citadas por fundamentalistas religiosos como dignas de recuerdo, de ejemplo y de ser imitadas. Pero le recuerdo a los llamados conservadores angloamericanos estadounidenses que son fundamentalistas religiosos evangélicos que las palabras de venganza de Samuel, usadas para justificar su regicidio y el genocidio contra los amalecitas, por algo que habría ocurrido unos doscientos años antes, van en contra del verdadero mensaje de Cristo de amor y perdón. Y las enseñanzas de Jesús, requeridas para todos los cristianos, han de reemplazar al mensaje de odio, de violencia, de homicidio y genocidio y de venganza de líderes israelitas del Viejo Testamento como Samuel, mensaje que no viene de Dios sino de la imagen pagana que los antiguos israelitas hicieron de Yavé, a su humana imagen y semejanza llena de defectos y crímenes. Son las palabras mencionadas de Samuel unas que incitan a la venganza homicida, al genocidio y al terrorismo.

Comparando la España imperial con EE.UU.: Una historia de dos Historias (Parte XII)

Otro posible ejemplo de cómo este mensaje bíblico negativo del Viejo Testamento, del ojo por ojo y diente por diente, pudo haber influenciado a los colonos puritanos ingleses de Nueva Inglaterra, en el actual EE.UU., es el caso de la colona inglesa puritana Hannah Duston, que vivió en la colonia de Massachusetts.

Durante la Guerra de la Liga de Augsburgo (1688-1697) que enfrentaba en Norteamérica a Inglaterra contra Francia, indios aliados de los franceses atacaron en una incursión en marzo de 1697 el pueblo de Hannah Duston, madre de 9 niños y de 40 años de edad. Su marido escapó con ocho de sus hijos, pero ella fue capturada junto con su niña bebé de seis días. Según la versión de los colonos puritanos, en el ataque por una banda de indios abenaki del Canadá francés murieron 13 colonos ingleses y 13 fueron capturados. Durante la marcha al cautiverio, un guerrero indio mató a la bebé de Hannah Duston. Los indios podrían haber actuado en represalia, porque los colonos ingleses cometían atrocidades contra ellos, matándolos tan solo por ser indios sin diferenciar edad o sexo. Hannah Duston y otra colona cautiva fueron dadas a una familia india de dos hombres, tres mujeres y siete niños que no habían tomado parte en el ataque al pueblo de Duston. Habían pasado ya seis semanas del ataque y una noche Hannah Duston incitó a revelarse a la otra colona inglesa cautiva y a un muchacho colono inglés también cautivo de la familia india ya desde un año. Duston tomó un hacha y mató mientras dormían a los dos hombres que había en la familia indígena, a dos de las mujeres indias y a seis de los niños con el hacha, escapando gravemente herida en la cabeza una anciana india y un niño nativo de dos años. Pero para probar que los habían matado a todos y cobrar la recompensa que se les daba a los colonos ingleses por matar indios, Duston le cortó a todas sus víctimas los cueros cabelludos y escapó con los otros dos colonos, recibiendo de la Corte General de Massachusetts por haber matado a los indios una recompensa de 25 libras esterlinas, dividiéndose los otros dos ingleses otras 25 libras.

Glorificación de una venganza asesina con ecos del Viejo Testamento: Estatua a Hannah Duston, portando en la mano derecha el hacha homicida y en la mano izquierda la representación de los cueros cabelludos de los dos hombres, dos mujeres y seis niños indios que mató por venganza y dinero. El monumento se halla en Boscawen, Nueva Hampshire, por donde Hannah Duston asesinó a la familia de indios abenaki que la tenían cautiva y de donde se escapó.
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Por su ‘hazaña’ que tan poco tiene de cristiana pero mucho del Viejo Testamento –no olvidemos que como cristianos fundamentalistas religiosos los puritanos prestaban más atención al Viejo Testamento que al Nuevo Testamento– a Hannah Duston se la ha celebrado como una “heroína popular” y “madre de la tradición americana de cacería de cueros cabelludos” de indios, siendo la primera mujer en los EE.UU. a la que se le erigió una estatua en monumento. No, no, no, los españoles no hicieron una cosa semejante, como el matar indios como costumbre y el pagar dinero por cada indio asesinado. Más bien, esto fue cosa de los ingleses y después de los angloamericanos estadounidenses, sus descendientes, como lo practicaron en California bajo la bandera de las barras y las estrellas y en donde se pagaron en el siglo XIX 25.000 dólares en recompensas por cueros cabelludos de indios de California, con diferencias en la cantidad a pagar dependiendo de si el cuero cabelludo era de un hombre, de una mujer o de niños indios, pagándose también más o menos dependiendo del tamaño de la cabellera y presumiblemente así de la edad del niño indio asesinado. Y los holandeses, al parecer, introdujeron la práctica de tomar como trofeos los cueros cabelludos de los vencidos entre los indios en Norteamérica. No olvidemos que los holandeses eran en su mayoría cristianos fundamentalistas al ser calvinistas –los puritanos eran los calvinistas ingleses– y por ello seguidores más del Viejo Testamento que del Nuevo Testamento. En el siglo XVII cuando existían asentamientos holandeses en Norteamérica como Nueva Amsterdam (el futuro Nueva York) y estaba Holanda en guerra con Francia, los holandeses le pagaban a los indios una recompensa por cada cuero cabelludo de piel blanca y pelo claro y rubio que les traían, como prueba que los indios habían matado colonos franceses del Canadá.
Prosigamos examinando los crímenes de guerra de David, discípulo de Samuel y Saúl en sus sangrientas “hazañas”. Tras caer en desgracia con el Rey Saúl, David se fue a refugiar junto con su mesnada de guerreros en el reino filisteo de la ciudad–estado de Gat, cuyo rey Aquís les dio asilo a cambio de que entrasen a su servicio. Dice así el primer libro de Samuel: “Subía David con su gente a hacer correrías contra los guesuritas, los guergueseos y los amalecitas, porque antiguamente éstos eran los habitantes de la región desde Telam, yendo hacia el sur y hacia Egipto. Devastaba la comarca y no dejaba con vida hombre ni mujer; se apoderaba de las ovejas, bueyes, burros, camellos y vestidos, y volvía donde Aquís. Aquís preguntaba: ‘¿A quiénes han atacado esta vez?’ David respondía: ‘Al sur de Judá, o el territorio de Jerajmeel, o de los quenitas’. David no dejaba hombre ni mujer con vida, para no tener que llevarlos a Gat, pues decía: ‘No sea que hablen contra nosotros y nos denuncien a los filisteos’. De esta forma se comportó David todo el tiempo que habitó en el país de los filisteos” (1-Samuel 27, 8-11). Los guesuritas fueron un pueblo que vivió en el desierto entre Arabia y la tierra de los filisteos, los guergueseos fueron una tribu descrita como rica en ganado y ropajes que habitó la tierra entre el sur de Palestina y Egipto junto con los guesuritas y amalecitas. Lo amalecitas también fueron una nación nómada que habitó el sur de Palestina y que no siendo árabes, según parece estaban relacionados con la nación de los edomitas.
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Después de la muerte del Rey Saúl en el campo de batalla contra los filisteos, David será declarado primero Rey de Judá y después Rey de Israel tras la muerte, probablemente ordenada por él, del Rey Isbaal de Israel, hijo de Saúl y contra quien David combatió por dos años para arrebatarle el trono. David como rey llevó a cabo guerras de conquista de reinos vecinos caracterizadas por su brutalidad y masacres tanto de prisioneros de guerra como de civiles. Uno de los países conquistados por David fue el Reino de Moab al este del Mar Muerto. Tras derrotar a los moabitas, el Rey David mandó matar probablemente a la mayoría de los prisioneros de guerra de Moab de la siguiente forma: “Venció también a los moabitas; les hacía tender en tierra y los medía con un cordel: dos cordeles, a los que eran destinados a la muerte, y un cordel, a los que se perdonaba la vida. Los moabitas fueron sometidos a David y le pagaron contribuciones” (2-Samuel 8, 2). Podrían así haber así dado muerte a dos terceras partes de los prisioneros moabitas, perdonando la vida a la tercera parte restante.
Había importantes motivos económicos para estas conquistas hechas por David. Tanto el Reino de Moab como los reinos de Edom, Amón y el reino arameo de Aram-Sobá, también conquistados por el Rey David, estaban en la importante ruta comercial internacional conocida como el Camino del Rey (probablemente en referencia al Faraón de Egipto, que siglos antes la habría establecido para comunicar comercial y militarmente a Egipto con los territorios del imperio egipcio en Canaán y Siria) que comunicaba al Río Nilo en Egipto con el Río Éufrates y Mesopotamia, pasando por los mercados de Palestina, Transjordania y Siria.
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David envió al comandante de su ejército y sobrino Joab a atacar con un ejército israelita al Reino de Ammón, que estaba al norte del Reino de Moab. El drama de la guerra y conquista de Ammón empezó con la muerte del rey de los amonitas, cuando David envió una delegación a la capital amonita para darle las condolencias por la muerte de su rey al hijo y sucesor de éste, Janún. Es probable que como sospechaban los asesores del nuevo rey amonita, la visita de los emisarios israelitas tenía la verdadera misión de espiar las defensas de la capital amonita, Rabbá (la actual capital jordana de Ammán). La conquista de Ammón era consistente con las campañas militares de David de someter a los otros reinos vecinos al este y sur de Israel y Judá: Moab, Aram-Sobá y Edom. Y no hay que olvidar a los espías israelitas que entraron en Jericó antes de su destrucción para reconocer sus defensas y estado de la ciudad. El Viejo Testamento relata lo sucedido: “Pero cuando los servidores de David llegaron al país de Ammón, los jefes dijeron a Janún, su señor: ‘¿Crees que David te ha enviado condolencias por consideración a tu padre? ¿No será más bien a fin de explorar la ciudad, conocer sus defensas y más tarde destruirnos, por lo que David te ha enviado sus servidores?’ Entonces Janún tomó a los servidores de David, les hizo afeitar la mitad de la barba, cortar los vestidos a la altura de las nalgas y luego los despidió” (2-Samuel 10, 2-4). La humillación pública de los emisarios israelitas fue la excusa que David buscaba para justificar su invasión y conquista del Reino de Ammón. Así David envió bajo el mando de su sobrino Joab a todo su ejército incluyendo a su guardia real a atacar la capital amonita de Rabbá. Anticipando las intenciones agresivas de David, el Rey de Ammón solicitó ayuda de Hadadezer, rey arameo de Sobá. Las fuerzas israelitas bajo Joab se enfrentaron al ejército aliado amonita-arameo ante la ciudad de Rabbá, venciendo los israelitas tras hacer huir al ejército arameo. Empero, las pérdidas israelitas habrían sido considerables pues Joab levantó el asedio a Rabbá y regresó con su ejército a Israel, entrando él en Jerusalén.
David decidió entonces movilizar a todos los israelitas capaces de combatir y a sus aliados para hacerle la guerra a Hadadezer. Sigue el relato bíblico del Viejo Testamento: “Al ver los arameos que habían sido vencidos por Israel, concentraron sus fuerzas. Hadadezer mandó mensajeros y movilizó a los arameos que estaban al otro lado del Jordán. Estos vinieron a Jelán, mandados por Sobac, jefe del ejército de Hadadezer. Habiéndose sabido David, reunió a todo Israel, pasó el Jordán y llegó a Jelam. Los arameos presentaron batalla a David y se trabó el combate; pero tuvieron que huir ante Israel. David mató a los combatientes de setecientos carros de guerra, y cayeron cuarenta mil hombres de a pie. También cayó Sobac, el general en jefe, quien murió allí mismo” (2-Samuel 10, 15-18). Aunque probablemente las cifras de arameos muertos sean exageradas, su magnitud y el hecho que el general arameo fue muerto reflejan que el ejército arameo fue aniquilado por el ejército de David, matándose a los heridos y no haciéndose prisioneros, viviendo solo aquellos que lograran escapar a la batalla y a la matanza de los vencidos.
Tras derrotar al ejército arameo, David invadió el reino de Hadadezer en Siria para expandir sus dominios hasta el Río Éufrates. Dice el Viejo Testamento: “David derrotó a Hadadezer, rey de Sobá, en Jamat, cuando éste iba a establecer su dominio sobre la región del río Eufrates. David tomó mil carros de guerra, siete mil soldados de caballería y veinte mil de infantería; luego cortó los jarretes de todos los caballos de los carros, a excepción de cien carros que guardó” (1-Crónicas 18, 3-4). La versión del segundo libro de Samuel dice lo siguiente sobre la guerra de David contra el reino arameo de Sobá en Siria: “Venció asimismo a Hadadezer, hijo de Rojob, rey de Sobá, cuando salía a extender su poder hasta el río Eufrates. David le capturó mil setecientos hombres de a caballo y a veinte mil infantes. Desjarretó a todos los caballos de los carros de guerra, reservándose solamente cien” (2-Samuel 8, 3-4).
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Pero la guerra no acabó con la derrota de Hadadezer, al intervenir los que temían ser conquistados por los israelitas: “Los arameos de Damasco vinieron a socorrer a Hadadezer, pero David derrotó ese ejército de veintidós mil hombres. Después de esto, David puso gobernadores en Aram de Damasco, y los arameos quedaron sometidos a David, pagando impuestos” (2-Samuel 8, 5-6). Según las Crónicas: “Los arameos de Damasco vinieron en socorro de Hadadezer rey de Sobá, y David mató a veintidós mil de los arameos. David estableció gobernadores en Aram de Damasco, y los arameos quedaron sometidos a David, pagándole impuestos” (1-Crónicas 18, 5-6).
Tras someter a los arameos en Siria, David procedió a conquistar a los amonitas como parte de sus planes de expandir su imperio israelita, enviando a su general en jefe Joab. Así relata el primer libro de las Crónicas: “A la vuelta del año, en el tiempo en que los reyes salen a pelear, Joab se fue con la mayor parte del ejército para asolar el país de los hijos de Ammón; después fue a sitiar a Raba, mientras David se quedó en Jerusalén. Entre tanto Joab conquistó a Raba y la destruyó. David tomó la corona del dios Milcom de encima de su cabeza. Comprobaron que pesaba un talento de oro, con una piedra preciosa que fue puesta en la cabeza de David. Se llevó además un gran botín de la ciudad. Sacó de la ciudad a todos sus habitantes y los hizo despedazar con sierras, con trillos de dientes de acero y con hoces. Así hizo con todas las ciudades de los amonitas. Luego David regresó con todo su ejército a Jerusalén” (1-Crónicas 20, 1-3). David ordenó que los amonitas destruyesen las murallas de sus ciudades con los instrumentos y utensilios descritos para que al quedar indefensos no pudiesen resistir a nuevos ataques israelitas, disuadiéndolos así de rebelarse contra David y sus sucesores. Se puede apreciar por este pasaje y el siguiente uno de los intereses de David en conquistar el país de Ammón, la codicia de posesionarse de sus numerosas riquezas y botín de guerra.
La versión del final de la guerra contra los amonitas de acuerdo al segundo libro de Samuel es la siguiente: “Joab atacó a Rabbá de los amonitas y se apoderó de la ciudad del rey (Nota: la ciudadela amurallada donde estaba el palacio real y palacios de príncipes y miembros de la familia real amonitas). Envió entonces unos mensajeros a David para decirle: ‘Ataqué a Rabbá y me apoderé de la ciudadela. Reúne, pues, ahora el resto del ejército y ven a sitiar a la ciudad para que te apoderes de ella; no sea que la tome yo y que le den mi nombre’. David reunió todo el ejército, fue a Rabbá, asaltó la ciudad y la tomó. Le quitó al dios Milcom su corona de oro, que pesaba treinta y cinco kilos, y puso de adorno en su turbante una piedra preciosa que allí había. El botín que llevó de la ciudad fue enorme. En cuanto a sus habitantes, los hizo salir de la ciudad, los puso a manejar la sierra, las rastras y las hachas de hierro y los hizo trabajar en la fabricación de ladrillos; lo mismo hizo con todas las ciudades de los amonitas. Y luego David y todo su ejército volvieron a Jerusalén” (2-Samuel 12, 26-31).
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Tras estas conquistas el turno a ser sometido le tocó al reino de Edom, rico por sus minas de cobre e hierro y por pasar por su territorio la importante ruta comercial internacional del Camino del Rey. En esta campaña de conquista el ejército israelita de David bajo el mando de su general en jefe, Joab, se luciría por su brutalidad y crímenes de guerra por su exterminio de la población masculina edomita. Dice el segundo libro de Samuel: “David se hizo famoso y, de vuelta de la campaña de Aram, derrotó a un ejército edomita de dieciocho mil hombres en el valle de la Sal. Puso gobernadores en Edom y todos los edomitas quedaron sometidos a David” (2-Samuel 8, 13-14). Añade el libro de los Reyes: “Yavé suscitó a Salomón un adversario de nombre Hadad, edomita, de la familia real de Edom. Cuando David venció a Edom y Joab, jefe del ejército, subió a sepultar los muertos, mató a todos los varones de Edom, pues Joab y todo Israel permanecieron allí seis meses hasta exterminar a todos los varones. Pero Hadad logró escapar con algunos hombres edomitas de entre los servidores de su padre para irse a refugiar a Egipto. Hadad era entonces un niño de pocos años” (1-Reyes 11, 14-17). Según este relato, las tropas israelitas enviados por David y bajo el mando de Joab habrían exterminado a todos los varones edomitas, niños incluidos, que no habrían podido escapar a la campaña de exterminio de seis meses de duración. Presumiblemente, las mujeres y las niñas edomitas habrían sido esclavizadas y repartidas como sirvientes y concubinas forzadas entre los israelitas.
El botín de guerra en metales ganado por David tras sus numerosas guerras de conquista fue considerable, sin duda uno de sus principales objetivos al hacerle la guerra total a sus vecinos. Dice el libro de las Crónicas: “David tomó los escudos de oro que llevaban los servidores de Hadadezer y los llevó a Jerusalén. De Tibjat y Kun, ciudades de Hadadezer, David tomó una gran cantidad de bronce, con el cual Salomón (su hijo y heredero) hizo el Mar de Bronce (Nota: enorme depósito hecho de bronce conteniendo el agua para las abluciones de los sacerdotes del templo), las columnas y los utensilios de bronce” (1-Crónicas 18, 7-8), de su famoso Templo en Jerusalén. Toú, el rey de Jamat, reino cananeo sirio, envió a su hijo Hadoram con regalos para David tras haber derrotado éste a Hadadezer, con quien el rey de Jamat estuvo en guerra. Sigue el relato bíblico: “Hadoram traía toda clase de objetos de oro, de plata y de bronce. El rey David los consagró también a Yavé con la plata y el oro que habían tomado a todas las naciones; a Edom, a Moab, a los hijos de Ammón, a los filisteos y a los amalecitas” (1-Crónicas 18, 11).
El Templo de Salomón según una reconstrucción computarizada. Se aprecia parte del Mar de Bronce a la derecha, las dos columnas de este metal a la entrada del templo, elementos decorativos y parte de los diez recipientes menores de bronce sobre ruedas para abluciones de los sacerdotes. Todo este bronce fue capturado y robado en los reinos que el Rey David conquistó.
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Haciendo mención de los regalos de oro, plata y bronce que trajo Hadoram a David, dice el segundo libro de Samuel: “El rey David los consagró también a Yavé junto con la plata y con el oro que ya había consagrado procedente de las naciones que él había sometido: Aram, Moab, los amonitas, los filisteos, Amalec, y lo que había quitado a Hadadezer, hijo de Rojob, rey de Sobá” (2-Samuel 8, 11-12). Hay que añadir que la construcción del mismo Templo de Salomón se habrá pagado con el oro y la plata robados como botín de guerra en las conquistas militares del Rey David. Más aún, el Templo también se habrá construido con el dinero obtenido por Israel gracias a su control de buena parte del Camino del Rey y por ello del comercio a través de esta ruta entre Egipto por un lado y Siria y Mesopotamia por otro, control que se hizo posible gracias a las guerras de conquista y agresión de David contra los moabitas, amonitas, edomitas y arameos. Así que no me vengan con falsedades como que el oro dentro de las iglesias españolas era lo que se habían robado de América, lo cual nada tiene que ver con la realidad histórica pues los metales dentro de las iglesias habían sido extraídos de las minas legalmente, así como los indios extraían los metales antes de la llegada de los españoles o como después de la independencia de España se han extraído los metales de las minas en Hispanoamérica. Más bien, que reconozcan los angloamericanos estadounidenses fundamentalistas religiosos que el oro, la plata y el bronce capturados por David y que éste luego “consagró” eran realmente metales robados tomados como botín de guerra por su codicia, y que el bronce del famoso Templo de Salomón, construido por hijo y heredero de David, fue bronce robado por su padre.
Fuentes:

https://actualidad.rt.com/opinion/dr_lajos_szaszdi/view/103705-espana-imperial-eeuu-historia [1]

https://actualidad.rt.com/opinion/dr_lajos_szaszdi/view/103957-espana-imperial-eeuu-historia-blog [2]

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